Movimiento de los Focolares

Evangelio vivido: ser testimonio

Jun 13, 2019

Los apóstoles, y con ellos todos los discípulos de Jesús, son enviados como “testigos”. De hecho, cuando todo cristiano descubre, a través de Jesús, lo que quiere decir ser hijo de Dios, también se descubre a sí mismo como un enviado. Nuestra vocación y nuestra identidad de hijos se realizan en la misión, en ir hacia los demás como hermanos.

Los apóstoles, y con ellos todos los discípulos de Jesús, son enviados como “testigos”. De hecho, cuando todo cristiano descubre, a través de Jesús, lo que quiere decir ser hijo de Dios, también se descubre a sí mismo como un enviado. Nuestra vocación y nuestra identidad de hijos se realizan en la misión, en ir hacia los demás como hermanos. La billetera Soy un libre profesional sin un sueldo fijo. Un día, mientras me dirigía al estudio y no tenía dinero, encontré una billetera por el suelo. La recogí y fui al trabajo. Contenía mucho dinero, que me habría facilitado gran cantidad de cosas, teniendo en cuenta que también tengo un hijo enfermo. Por un momento sentí la tentación de quedarme con ella. Pero luego decidí ir a buscar al propietario. Para mi sorpresa, me di cuenta de que era un vecino. Delante de la puerta de su casa, volví a sentir la tentación, pero toqué el timbre. Él me agradeció. Me fui a dormir con el corazón liviano. Al día siguiente, me llegó al estudio una cifra notable, totalmente inesperada. (N. – Egipto) Alzheimer Al comienzo parecían todos caprichos de la edad. Cuando, en cambio, el diagnóstico fue claro, Alzheimer, mis jornadas empezaron a llenarse de angustia. El hombre maravilloso con quien me había casado, el padre envidiable de nuestros hijos, se había transformado en un ser del que todos se compadecían. Mientras la enfermedad iba avanzando, en mí también algo se destruía. Lo que hacía por mi marido era como si lo hiciese al viento. Pero también los hijos, con sus familias y sus problemas, me parecían lejanos. Un sacerdote me aconsejó no hacer comparaciones con el pasado y empezar la vida hoy. Algo empezó a moverse dentro de mí, incluso pareció que mi marido encontraba una mayor serenidad, que los hijos percibían cuando venían a vernos. Tras su muerte, el más pequeño me abrazó y me dijo; “Siempre fueron nuestros modelos, pero sobre todo en el último período”. (S.Q. – Portugal) Refugiados Llegaron 230 refugiados a nuestra ciudad, algunos sólo con la ropa que tenían puesta. Apesadumbrados al ver esa situación, nos pusimos a colaborar con la Cáritas invirtiendo tiempo y fuerzas. Poco a poco nació con ellos una amistad y algunas madres empezaron a visitarnos en nuestras casas. Un día Pasa, musulmana, viéndonos preocupados por nuestra hija, gravemente enferma, nos prometió que rezaría todos los días a quien ella llama Allah. Todo nos confirma que es posible la fraternidad, más allá de las distintas culturas o credos religiosos. (U.R.J. – Alemania) La verdadera sociabilidad En nuestro país, comerciantes, choferes de taxi a pedales, docentes y empleados públicos, a raíz del sueldo tan bajo que perciben, tienen que recurrir a préstamos de usureros, con intereses altísimos. Un día con un grupo organizamos una cooperativa de crédito para combatir la crisis económica. Nuestra casa pasó a ser la sede oficial. Tratamos de tener como única regla el Evangelio, apuntando a escuchar hasta el fondo a todos los socios para resolver sus problemas. Hemos involucrado a muchas personas ricas del vecindario, y gracias a su ayuda los choferes de taxi a pedales pudieron comprar sus vehículos, muchos de los jóvenes pudieron continuar sus estudios y las personas enfermas pagarse los tratamientos. Alguna familia recibió ayuda para construir una vivienda, otros juntaron una suma de dinero para poder ir al extranjero a trabajar. Las familias más ricas tomaron conciencia de las necesidades de todos, los pobres superaron ese sentimiento de inferioridad. El Evangelio nos enseña la verdadera sociabilidad. (M.T. – Filipinas) En el autobús Algunos muchachos sentados en los asientos posteriores escuchaban música rap a un volumen muy alto, cantando a voz en cuello. Los pasajeros les mandaban sus miradas amenazantes pero ellos gritaban más aún. Una mujer de mediana edad, con un rostro muy simpático y agradable, se les acercó invitándolos a cantar mejor, para que se pudiera entender la letra de las canciones. Después de un silencio embarazoso empezó un coro. Los chicos comenzaron a sonreír, la letra se entendía y la gente se puso a aplaudir. El clima en el autobús había cambiado completamente. (W.K. – Inglaterra)

Recogido por Chiara Favotti

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