Movimiento de los Focolares

Justicia económica, apuesta posible

May 18, 2011

La economía global ofrece oportunidades pero también conlleva riesgos. Hay que hacer que el mercado se convierta en un lugar de inclusión para todos. Por Luigino Bruni.

La economía globalizada es una máquina potentísima, pero frágil e inestable. Este es uno de los mensajes que podemos sacar de la crisis que estamos atravesando. La economía globalizada crea enormes oportunidades de riqueza, pero produce también nuevos costes, una incertidumbre radical de los sistemas financieros y fuertes desequilibrios sociales. Muchas veces las consecuencias de las crisis las pagan otros sectores distintos de los que las provocaron y normalmente son mucho más pobres. Por eso la justicia social es hoy directamente el tema dominante de la nueva economía. Lo estamos viendo en Oriente Medio (no olvidemos que lo que ha desencadenado la revolución de estos meses son problemas de justicia económica), y creo que lo seguiremos viendo en los próximos años en los países árabes, pero también en China e India donde, una vez que las libertades individuales y la democracia levanten el vuelo, dejará de tolerarse la enorme desigualdad que encontramos hoy en estos nuevos colosos. Estoy convencido de que el mundo se está haciendo cada vez más intolerante con respecto a la desigualdad, dentro de cada país y entre distintos países, como si el hombre post-moderno, informado y global,después de la democracia política empezara a pedir seriamente democracia económica. Y parece que se está dando cuenta, aunque tarde y con dificultad, de que la democracia económica es parte esencial de la democracia política. En efecto, el mercado, que es un ámbito de la vida en común regido por la regla de oro de la ventaja mutua, no es capaz de asegurar la justicia distributiva, sino más bien todo lo contrario. A no ser que vaya acompañado de otros principios e instituciones coesenciales, con el tiempo el mercado tiende a aumentar las desigualdades. El mercado es, por una parte, un lugar de libertad y creatividad que se basa en el talento individual y los talentos no están uniformemente distribuidos entre la población. Pero por otra parte, en la competición del mercado no salimos todos de la misma línea y aquellos que hoy tienen más (recursos, educación, oportunidades …) tienden a tener todavía más mañana. Entonces ¿qué podemos hacer? El 29 de mayo de 2011 es el aniversario de la institución de la Economía de Comunión (EdC), el proyecto económico lanzado en Brasil por Chiara Lubich, en el mismo mes en que Juan Pablo II publicó la Centesimus annus, una encíclica que Chiara leyó y meditó durante aquel viaje. En esta ocasión, representantes del mundo de la EdC volverán a encontrarse en Sao Paulo del 25 al 29 de mayo para hacer balance de estos primeros 20 años y sobre todo para mirar a los próximos 20 (www.edc-online.org). El mensaje lanzado por Chiara durante aquel viaje a Brasil sigue hoy muy vivo, está creciendo y madurando en la historia, mucho más allá de la comunidad (los Focolares) en la que nació, como bien ha percibido Benedicto XVI cuando ha querido señalarla en la Caritas in Veritate como una experiencia a desarrollar y difundir.. El mensaje es sencillo y claro: la empresa debe ser antes que nada un instrumento y un lugar de inclusión, de comunión y de justicia, ya que a la vez que produce riqueza se encarga de redistribuirla. Si queremos que la democracia económica y la justicia redistributiva crezcan, no podemos dejarlo todo en manos de los estados o los gobiernos. Debe ser la propia empresa, impulsada por la sociedad civil y por los ciudadanos del mundo, la que evolucione y empiece a ocuparse de cosas nuevas, de las “res novae” del contexto globalizado en que vivimos. La empresa no puede limitarse a operar dentro de la legalidad, pagar los impuestos (aun cuando lo haga) y hacer un poco de filantropía para apaciguar a los clientes. En esta nueva fase, a la empresa se le pide más, mucho más, si queremos que la sociedad civil considere a la empresa y a la economía como amigas del Bien común. Bienvenido sea el cumpleaños de la EdC si sirve para recordar a todas las empresas esta necesidad de convertirse en otra cosa, de evolucionar hacia una economía a la medida del hombre. Editorial publicado en Mondo e Missione n.5/2011

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