Movimiento de los Focolares

Necesidad de la unidad

Ene 14, 2013

Una oración espontánea con la que Chiara inició una sesión plenaria del Consejo Ecuménico de las Iglesias en el 2002, en Ginebra.

“Jesús, estamos aquí (…) para pedirte ante todo una cosa grande ¡Señor!

Tú que has dicho: «Donde dos o más están reunidos en mi nombre [en mi amor], yo estoy en medio de ellos» (Mt 18,20), provoca en todos nosotros un gran respeto fraterno, una profunda escucha recíproca, enciende ese amor recíproco que permita, más aún, que merezca tu presencia espiritual en medio de nosotros. Porque, lo sabemos, Señor, sin ti no podemos hacer nada.

Pero, contigo en medio nuestro, podremos recibir la iluminación con tu luz, y podemos ser guiados durante este día (…).

Tú conoces (…) la llamada única aunque distinta, que cae sobre nosotros: trabajar, junto con otros muchos en el mundo cristiano, para que la comunión plena y visible entre las Iglesias se haga un día realidad. Sabemos que esto exige casi un milagro. Por eso te necesitamos a Ti, Jesús.

Nosotros por nuestra parte (…) no podemos dejar de abrirte nuestro corazón y desvelarte los sentimientos más profundos.

Sobre todo sentimos la necesidad de pedirte perdón, en nombre nuestro, y en el de nuestras hermanas y hermanos cristianos de todos los tiempos, perdón por haber roto sin consideración tu túnica y haberla convertido en tantos pedazos: y por la indiferencia de haberla mantenido así. Al mismo tiempo no podemos dejar de alimentar una ardiente esperanza en tu misericordia, mucho mayor que nuestro pecado, y capaz no sólo de perdonar sino de olvidar. De la misma manera no podemos negar una fe grande en tu inmenso amor, que sabe sacar bien de todos los males, si se cree en Ti y se te ama.

Todo esto nos quema en nuestro corazón, en este momento, Jesús, junto con el agradecimiento por todo lo que, con tu gracia, desde hace casi un siglo, los cristianos de muchas Iglesias, empujados por el Espíritu Santo, han hecho para un acercamiento recíproco mediante un diálogo de amor fecundo, un intenso trabajo teológico y una sensibilización general del pueblo por la necesidad de la unidad.

Por ello, – déjanos decírtelo, Señor – si bien ante la siempre viva y dolorosa situación de la todavía no plena comunión, sentimos ese optimismo cristiano que tu infinito Amor no puede dejar de provocar. De esta manera empezamos nuestro trabajo con la seguridad de que Tú, que sabes vencer al mundo, sabrás también ayudarnos y ayudarte a que un día mostremos Tu testamento realizado aquí en la tierra. Todo ello, por haber alcanzado la unidad, podrá dar testimonio al mundo de que Tú eres Rey y Señor de los corazones y de los pueblos. Amén”.

Chiara Lubich al Consejo Ecuménico de las Iglesias

Ginebra, 28 de octubre de 2002

Publicado en Città Nuova Editorial en el volumen titulado Il dialogo è vita  Roma 2002, p.47-49 (la recogida de diversas intervenciones de Chiara Lubich durante su viaje a Ginebra en el 2002, con una fuerte signo ecuménico).

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