Lanzar la red, contra toda esperanza

“Carlos me llama una noche de agosto mientras me encuentro descansando en un pueblito de los Pirineos. Su situación es desesperada: perdió el trabajo desde hace algunos mes, las deudas se acumularon, será desalojado a la brevedad, no tiene donde ir….

Nos conocemos desde hace años, desde cuando elegimos –junto con muchos otros en aquélla época jóvenes como nosotros- el tratar de poner en práctica las palabras de Jesús. Su vida, sin embargo, no fue fácil: un matrimonio que fue en crisis después de 15 años. Dos hijos ya independientes y que siguen siendo el principal motivo de vida de Carlos, que ahora se quedó solo.

¿Qué puedo hacer, en pleno verano? Nos comunicamos por celular y skype con algunos amigos y logramos conseguir que él pueda usar una casita que está deshabitada hace tiempo. La arreglamos con la ayuda de un amigo de Rumania, y logramos conseguir la cantidad necesaria para cubrir los gastos para poder re estructurarla.

Mientras tanto se presenta un trabajo para Carlos. Considerando la crisis actual y sus 61 años se puede decir que es un hecho sorprendente: está dentro de las “sorpresas” a las que no nos acostumbramos nunca, y sin embargo son los frutos “normales” de tratar de vivir el Evangelio en lo cotidiano. Encontró un trabajo duro: es de noche y tiene que descargar cajas por horas y horas. Sufre dolor de espalda, pero no se puede permitir rechazarlo. Después de algunos días, se le abre una nueva posibilidad como agente comercial, ¡su trabajo de siempre! Un nuevo “hecho sorprendente” que nos hace sentir cercano el amor de Dios.

A mediados de septiembre Carlos se muda a la casita arreglada para él. De repente me llama, muy alterado, para decirme que al día siguiente se tendría que presentar ante el juez, con la orden de pagar 5.000 € de alquileres atrasados. Trato de tranquilizarlo, pero la situación se presenta dramática. Nosotros, sus amigos, ya habíamos agotado nuestros pobres recursos y no podemos alcanzar esa cifra. Nos queda la fe en el amor de Dios que no puede abandonar a Carlos.

Mientras estoy en una reunión de trabajo me llega un sms: “Hay novedades, ¡fue mucho mejor de lo previsto!” Después de haber puesto su situación sobre la mesa – dijo que siempre había pagado los gastos fijos, que mantuvo una óptima relación con los dueños del apartamento, pero que luego había perdido el trabajo y no pudo más responder a los compromisos mensuales; pero dijo también que estaba dispuesto a devolver lo que debe en el tiempo y límite de su actual posibilidad, dado que ahora tiene un buen trabajo – el juez decide reducir la deuda a solo 1.500 € a condición de que los pague antes del 30 de octubre, de lo contrario se apelará a otra sentencia más grave.

Ahora hay que superar el último escollo: encontrar los 1.500 € se hace más posible. Estamos en octubre. La Palabra de vida nos recuerda de “lanzar la red” donde la habíamos ya lanzado sin éxito. Probamos otra vez a lanzar la red con fé renovada y una persona que antes nos había dicho que no, frente a esta cantidad reducida, ¡acepta anticipar la cifra! Carlos con su trabajo podrá ahora, poco a poco, devolver esta última deuda”.

(Juan, Barcelona)

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