Movimiento de los Focolares

Refugiados en Hungría

Sep 11, 2015

Un flujo cotidiano de miles de emigrantes pasa la frontera húngara con destino a Austria y Alemania. Una situación de emergencia que hace difícil manejar la crisis. Y después está la gente en quienes a menudo prevalece el sentido de humanidad.

Ungheria_01«Un dolor que encontramos, bajo distintas formas, ante la puerta de nuestras casas, todos los días», escriben Viktoria Bakacsi y Laszlo Vizsolyi, responsables del Movimiento de los Focolares de Hungría, para expresar lo que están viviendo en este período. «Hemos escuchado las palabras del papa Francisco, y ahora procuraremos entender cómo ponerlas en práctica aún más». «Ya desde hace meses –escriben- el flujo de emigrantes es continuo. Todos los días llegan a Hungría alrededor de 2000 personas: familias con niños, muy cansados, desesperados, incluso enfermos, sin documentos y sin nada, con la firme voluntad de proseguir hacia Alemania u otro destino. En medio de la confusión que se ha generado, muchísimas personas se mueven y ayudan a través de asociaciones civiles y organizaciones eclesiales». En esta dramática situación también el Movimiento de los Focolares en Hungría busca qué hacer: «Hemos puesto en común experiencias e ideas –prosiguen Viktoria y Laszlo – y con el Nuncio Alberto Bottari de Castello, nos comprometimos a unir fuerzas y trabajar de forma coordinada para ser más eficaces. Estamos trabajando junto con algunas órdenes religiosas, como los Jesuitas que ya tienen un programa elaborado, y grupos como la Comunidad de San Egidio que no sólo tiene la organización y la experiencia, sino también abogados expertos». Ungheria_02Algunos miembros de los Focolares que trabajan en la parroquia van todos los días a la Estación de Keleti. Una de ellas escribe: «Desde hace casi dos meses estoy en medio de los refugiados. Somos muchos los que los ayudamos. Hay numerosos niños, personas desesperadas… En cada uno trato de ver el rostro de Jesús, y esto me da la fuerza. Ellos agradecen mucho cualquier tipo de ayuda; los niños se alegran con el más mínimo regalo». Y una psicóloga agrega: «Trato de poner en común mi profesión para sostener a los muchos voluntarios». Un sacerdote focolarino escribe: «El jueves pasado teníamos un encuentro para los sacerdotes. Después de haber leído la Palabra de vida del mes fuimos los seis a la Estación de los refugiados para ayudarlos». Una chico cuenta: «Después del campamento de los Jóvenes por un Mundo Unido fuimos donde los refugiados sobre todo para estar con los niños. Éramos unos veinte. Alrededor de nosotros, disfrazados de Gibì y Doppiaw, se sumaron unos setenta jóvenes, niños y familias. Jugamos, dibujamos y poco a poco se fue creando un ambiente cálido; también estas otras personas presentaron sus danzas. Tratamos de comunicarnos de todas las maneras posibles –casi ninguno habla inglés- muchos de ellos se divirtieron tratando de enseñarnos alguna palabra en árabe. Seguimos yendo una vez por semana». Ungheria_05«Nos dimos cuenta de las dificultades para comunicarse y de la falta de información. Una focolarina se puso a ayudar en Caritas a hacer carteles explicativos y a buscar personas que hablen árabe para que sirvan como intérpretes. También en Szeged seguimos ayudando a los refugiados que llegan continuamente. Además de las campañas de recolección que se han vuelto regulares, llevamos cajas de fruta. Una de nosotras que es policía, va todos los días después del trabajo a ayudar a las mujeres y a los niños». «Somos conscientes –concluyen- de que todo lo que podemos hacer es sólo una gota en el océano… pero no queremos que falte».

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