Movimiento de los Focolares
De ateo a presidente del consejo parroquial

De ateo a presidente del consejo parroquial

Hace algunos años, lejos de mi familia, tuve que compartir vivienda por un tiempo con un colega de trabajo. Alberto, mi colega, era ateo. Hablábamos de deportes, cultura, religiones, etc. Yo le compartí un par de veces lo que había sido para mí la conversión, el encuentro con Dios, en Jesús. Me agradecía cortésmente, aunque, por supuesto, permanecía en sus convicciones.

Por otro lado, yo sabía que poner en práctica la palabra de Dios significaba amar concretamente a esta persona. Comencé, entonces, a interesarme de su vida, de su familia, de lo que le gustaba, de lo que le molestaba o lo que lo hacía sufrir.

Viendo que Alberto estaba muy ocupado, me ofrecí a cocinar más de lo que me correspondía y también hasta lavarle la ropa. A él le gustaba salir a correr y, aunque no era mi deporte favorito, empecé a salir a correr con él para conectar más con sus intereses.

Un día me propuso salir «a mujeres». Cortésmente le dije que no y le expliqué que para mí el sexo era algo muy profundo. Me miró medio incrédulo y, me dijo: «tengo que pensar en lo que me dices».

Nuestros caminos se separaron. Volví a encontrarlo años después en un aeropuerto. Nos abrazamos y me dijo: “¿sabes de dónde vengo? De una junta. Soy el presidente del consejo parroquial”. ¡Sorpresa! Yo no podía creerlo.

Alberto agregó: «Miguel, ¿recuerdas hace tantos años, cuando tú cocinabas en días en los que yo tendría que haberlo hecho, o cuando me lavabas la ropa y salías a correr conmigo? Yo te observaba, y veía que tú tenías algo dentro de ti, una luz, una fuerza para tu vida que a mí me faltaba. Pues bien, fue eso lo que me tocó y empezó, poco a poco, a sacudir mi corazón y mi mente. ¿Cuál fue el resultado? Una profunda conversación interior con Dios. Empecé a leer el Evangelio y a cambiar mi estilo de vida. Llegó el bautismo y, heme aquí: de ateo a presidente del consejo parroquial. ¡Gracias por aquellos meses que vivimos juntos!”

M. N. – México
(de focolaresciudadnueva.com)

Foto: © Kampus by Pexels

Querido Papa Francisco

Querido Papa Francisco

Querido Papa Francisco, tal vez no lo recuerda, pero nos conocimos el 26 de septiembre de 2014, cuando Ud. recibió en audiencia privada a una delegación del Movimiento de los Focolares. Yo formaba parte de ese grupo, Luciana Scalacci de Abbadia San Salvatore, en representación de las culturas no religiosas que también tienen una casa en los Focolares. Soy una de esas personas que –como me dijo una vez Jesús Morán– “ayudaron a Chiara Lubich a abrir nuevas pistas para el carisma de la unidad”. Soy una persona no creyente que ha recibido mucho del Movimiento.

En ese día extraordinario, tuve el privilegio de intercambiar con Ud. algunas palabras que nunca olvidaré, y que aquí le transmito.

Luciana: «Santidad, cuando Ud. asumió el cargo de obispo de Roma, yo le escribí una carta, aun sabiendo que Ud. no tendría la oportunidad de leerla, por las tantas cartas que recibe, pero para mí era importante hacerle llegar mi afecto y mis buenos deseos, porque yo, Santidad, no me reconozco en ninguna fe religiosa, pero desde hace más de 20 años formo parte del Movimiento de los Focolares, que me devolvió la esperanza de que todavía es posible construir un mundo unido».

Papa: «Rece por mí, o mejor dicho, Ud. que no es creyente, piense en mí con fuerza, piense en mí siempre, lo necesito».

Luciana: «Pero mire, Santidad, que a mi manera yo rezo por usted.».

Papa: «¡Eso! una oración laica y piense en mí con mucha fuerza, lo necesito».

Luciana: «Santidad, ¡buena salud, con coraje, con fuerza! La Iglesia Católica y el mundo tiene necesidad de usted. La Iglesia Católica tiene necesidad de Ud.».

Papa: «Piense en mí con fuerza y rece laicamente por mí».

Ahora, querido Papa Francisco, Ud. está en una cama de hospital, y yo también estoy en las mismas condiciones. Ambos delante de la fragilidad de nuestra humanidad. Quería asegurarle que no dejo de pensar en Ud. y rezar laicamente por Ud. Ud. rece cristianamente por mí. Con afecto,

Luciana Scalacci
(Fuente: Città Nuova– Foto: ©VaticanMedia)