Japón, a 70 años del fin de la guerra

 
Toshiko Tsuhako, de Okinawa, tenía 12 años cuando Hiroshima y Nagasaki fueron destruidas por los ataques nucleares. El recuerdo de la guerra la impulsa todavía hoy a vivir para construir un mundo de paz.

Tsuhako-san-2-250x300«El 22 de agosto de 1944, perdí a mi única hermana en la tragedia naval de Tsushima maru», el barco de pasajeros hundido por un submarino americano, en donde murieron más de 1400 civiles, entre ellos, más de 700 niños. «Mi mamá, hasta su muerte a los 96 años, siguió sufriendo y repitiendo: “La guerra se me la comió”». Quien narra su historia, desde lo profundo de su corazón, es la señora Toshiko Tsuhako. Su ciudad, en la isla de Okinawa, fue el escenario, entre abril y junio de 1945, de la única batalla terrestre que se combatió en Japón, que dejó 150 mil muertos.

«Tenía todavía la edad de una niña inocente cuando me encontré en medio de la trágica experiencia de la guerra, en contacto con las dolorosas heridas que ella provoca al cuerpo y al alma de las personas. Cuando tenía 12 años llegó el final de la guerra. Mi madre era de constitución frágil y como quedé de única hija me dediqué con todas mis fuerzas a tratar de sostenerla y aliviar su aflicción. Cuando tenía 16 años encontré la fe cristiana y recibí la gracia del bautismo».

Siendo adulta entré en contacto con la espiritualidad de los Focolares: «Quedé muy sorprendida al escuchar que la fundadora Chiara Lubich, había entendido durante la II Guerra Mundial, que Dios la amaba inmensamente y que todos somos hermanos y hermanas que aspiran a un mundo unido, porque esta realidad coincidía con el gran sueño que llevaba dentro desde que era chica».

«También si sabía que todo lo que sucede está en las manos de Dios, muchísimas veces me preguntaba: “¿por qué todavía hay guerras tan dolorosas y crueles?”, mientras que yo seguía soñando siempre con una “Familia global” donde todas las personas vivieran la gratitud recíproca y la comunión».

«Para construir un mundo verdadero de paz pienso que Dios tiene necesidad de la colaboración de los hombres. Es necesario cultivar corazones que amen también a su país, pero sobre todo, almas sensibles que se donen por el bien de las personas, que sepan amar».

«En este aniversario del fin de la guerra –testimonia Toshiko – renuevo mi confianza en Dios y mi compromiso de seguir por el camino de la construcción de la paz”.

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