Movimiento de los Focolares
Espiritualidad de la Unidad: Jesús Abandonado

Espiritualidad de la Unidad: Jesús Abandonado

Ave Cerquetti, ‘Crocifissione’ – Lienz (Austria) 1975

En el verano de 1949, Giordani fue a visitar a Chiara que estaba descansando en el valle de Primiero, en Tonadico, en las montañas de la zona de Trento. Junto con la comunidad vivían intensamente el pasaje del Evangelio sobre el abandono de Jesús. El 12 de julio Chiara escribió: “¡Jesús abandonado! Lo importante es que cuando pasa, estemos atentos a escuchar lo que nos quiere decir, porque siempre tiene cosas nuevas para decirnos. Jesús abandonado nos quiere perfectos: Jesús es el único maestro y él se sirve de todas las circunstancias para plasmarnos, para limar los ángulos de nuestro carácter, para santificarnos. Lo único que tenemos que hacer es interpretar todas las voces de las circunstancias como su voz. Todo lo que sucede a mi alrededor, sucede para mí, todo es una expresión coral del amor de Dios hacia mí”. Al final de aquel verano, descendieron desde Primiero a la ciudad. En una hoja timbrada de la Cámara de Diputados que Giordani le dejó, Chiara escribió sin interrupción aquella obra maestra que inicia con un verso ya célebre: “Tengo un sólo esposo en la tierra, Jesús abandonado… “. El descenso de aquel “pequeño Tabor” indica que Jesús Abandonato es el camino hacia la unidad: “Iré por el mundo buscándolo en cada instante de mi vida”, estaba escrito en aquella hoja. Jesús Abandonado es, entonces, el “secreto” de la unidad. Chiara escribirá en el 2000: “Desde el principio comprendimos que todo tiene otra cara, que el árbol tiene sus raíces. El Evangelio te cubre de amor, pero lo exige todo. ‘Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere – leemos en San Juan – queda solo; pero si muere, da mucho fruto’ (Jn 12,24). Y la personificación de esto es Jesús crucificado, cuyo fruto fue la redención de la humanidad. ¡Jesús crucificado! En un episodio de aquellos primeros meses del 1944 tuvimos una nueva comprensión de él. En una circunstancia supimos que el dolor más grande que Jesús había sufrido, y por lo tanto, su mayor acto de amor, fue cuando en la cruz experimentó el abandono del Padre: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). Nos dejó profundamente impresionadas. Y la juventud, el entusiasmo, pero sobre todo la gracia de Dios, nos impulsaron a elegirlo precisamente a Él en su abandono, como camino para realizar nuestro ideal de amor”. “Desde aquel momento, nos pareció descubrir su rostro por todas partes. Él, que experimentó en sí mismo la separación de los hombres de Dios y entre ellos, y había sentido al Padre lejos de él, lo reconocimos no solamente en todos los dolores personales, que no han faltado, y en los de los prójimos, a menudo solos, abandonados, olvidados, sino también en todas las divisiones, los traumas, las rupturas, las indiferencias reciprocas, grandes o pequeñas: en las familias, entre las generaciones, entre pobres y ricos; a veces en la misma Iglesia; y, más tarde, entre las distintas Iglesias; como más adelante entre religiones y entre los que creen y los que tienen otras convicciones”. “Pero todos estos desgarros no nos han asustado; al contrario, por el amor a él abandonado, nos han atraído. Y él mismo nos ha enseñado cómo afrontarlas, como vivirlas, cómo contribuir a superarlas cuando, después del abandono, volvió a poner su espíritu en las manos del Padre: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» (Lc 23,46), con lo que permitió a la humanidad recomponerse en sí misma y con Dios, y le indicó el modo. Por eso él se manifestó como llave de la unidad, remedio para toda desunidad. Él era el que recomponía la unidad entre nosotros cuando se rompía. Él era aquel en el que reconocíamos y amábamos las grandes y trágicas divisiones de la humanidad y de la Iglesia. Él se convirtió en nuestro único Esposo. Y nuestra convivencia con un Esposo así ha sido tan rica y fecunda que me ha llevado a escribir un libro, como una carta de amor, como un canto, un himno de alegría y de gratitud a Él”.

Espiritualidad de la Unidad: Jesús Abandonado

Emergencia Italia, dispara la solidaridad

El aluvión que se ha abatido varias veces sobre Italia, en particular en las regiones de Liguria y Toscana, ha causado muertos, heridos e importantes daños. Pueblos enteros aislados días y días: aún la situación es crítica. El Consorcio Tassano, empresa de Economía de Comunión ha salido al campo, empresarios y trabajadores juntos, para unirse a la ola de solidaridad y a los grandes esfuerzos para reducir los daños. Nos cuenta, en directo, Maurizio Cantamessa, presidente del Consorcio Tassano Colocación de Empleo, que tiene varias estructuras en las zonas dañadas. «Tres estructuras han sido dañadas de distinta manera: dos han quedado aisladas completamente y por tanto, se puede imaginar lo que esto ha comportado para los suministros, los cambios de turno del personal: solo por decir que el presidente del Grupo Tassano, Giacomo Linaro, cuando le llamé el viernes por la mañana estaba pelando patatas para la comida de los que se hospedan allí, porque él mismo había quedado aislado en la estructura. En Brugnato, sin embargo, en la casa con 133 personas ancianas ha entrado el agua a un metro de altura y por tanto, apenas fue posible desalojamos en masa. «Hemos encontrado fango por todas partes, hemos tenido que sacarlo con palas: nos hemos encontrado en una situación casi surrealista, en un pueblo donde había fango por todos sitios y gente caminando en medio. Desde Sestri Levante hemos ido una veintena de personas y en la estructura encontramos a otras cincuenta personas de protección civil trabajando. Por el pueblo había otros grupos de trabajo en los lugares más diversos, con toda la gente que interactuaba y se asistía a escenas inusuales. «Cuando suceden estos cataclismo nos encontramos en una sociedad transformada: la gente se mueve con una predisposición de ayuda y todo es distinto. He visto un coche en medio de la calle cortar el paso y gente que bajaba a la calle para ayudar al conductor a moverla; o un pequeño accidente entre coches en el que uno de los conductores asumía la culpa de lo sucedido. Parece una sociedad invertida. Cierto, no nos deseamos aluviones, pero constatamos que a veces desgracias como esta sacan de las personas lo mejor. «Hemos trabajado al máximo sábado y domingo para lograr llevar a las habitaciones a la gente que se hospeda allí, porque temporáneamente habían sido transferidos a otros lugares, con varias molestias. Esto no quiere decir que las cosas están bien pero se va adelante» A cargo de Antonella Ferrucci Lee todo: http://www.edc-online.org/it/home/eventi-italia/2026-quando-i-disastri-tirano-fuori-il-meglio-che-ce-in-noi.html

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El fruto de la Redención

Jesús, resucitando de la muerte, apareció a las mujeres, venidas al sepulcro y les dijo: «No teman, vayan y anuncien a mis hermanos…». En el momento conclusivo, les dio a los discípulos el nombre de hermanos. Así como se presentó entonces, se presenta todavía ahora, como hermano: el primogénito. Resucitando había vencido la muerte y recuperado la fraternidad. Había venido a la tierra para restablecer la paternidad del Padre; había bajado al infierno para vencer al enemigo de los hombres; ahora declaraba la reconstruida fraternidad de los hijos, de la familia de Dios.

El mundo de hoy está dominado por el temor y por el egoísmo. Y ¿cuál es el resultado? (…) La humanidad sufre porque entre pueblo y pueblo, clase y clase, individuo e individuo, la vida no circula, o circula sin rumbo: y vida son las riquezas y la religión, la ciencia y la técnica, la filosofía y el arte… Pero a su vez filosofía y arte y técnica y ciencia y bienes económicos no circulan si el amor no les da el impulso, no abre de par en par los caminos y no supera las divisiones. La religión misma ha de ser liberada, redimida, a cada momento, de las incrustaciones, limitaciones y fracturas causadas por las culpas de los redimidos.
La circulación de los bienes no ocurre cuando y como debería ocurrir, porque los hombres ya no se reconocen hermanos, es decir, no se aman.

El hombre que nos molesta en el tranvía: que pasa desdeñoso o distraído o enigmático a nuestro lado, por la acera; ese hombre que explotamos en la oficina y en el campo o en el banquillo de la justicia o de la moneda, no lo vemos como a un hermano. El hombre que rechazamos, porque es de otra clase o de otro credo, no lo consideramos hijo de nuestro Padre: al máximo parecerá hijo ilegítimo, digno de lástima. El hombre al que le disparamos en la guerra o que nos dispara, no nos parece hermano: lo consideramos un artefacto homicida. La criatura, que traficamos para nuestra lujuria, no vive como nuestra hermana: es carne en venta, y vale menos que el dinero con que se paga. Desde esta perspectiva, la sociedad se parece a un leprosario, o una segregación celular.

Toda división, toda discordia es una barrera para el amor: y el amor es Dios, y Dios es la vida. Y si no pasa la vida, se estanca la muerte.

(…) Si Dios fuese exclusivamente Fuerza, Honor, Temor, se habría quedado solo; no habría generado un Hijo, ni suscitado una creación. Se habría encerrado en sí mismo, no se abría abierto. Pero el amor es trinitario: es un círculo: Padre, Hijo, Espíritu Santo. (…) La Trinidad es Tres y es Uno: Tres que se aman forman el Uno; Uno que se distingue en Tres para amar. Infinito juego de amor. A imagen y semejanza de la Trinidad, también las criaturas racionales descubren en el amor un impulso para generar otra vida. (…) El amor es la expresión de Dios hacia la creación: y es el regreso del Yo a Dios mediante el hermano.

[…] Este movimiento es circular: un partir de la fuente y un regresar a la desembocadura.

Se va a Dios si está el Hermano, se va al Hermano si está Dios: yo estoy si está Dios y si está el Hermano: sin ellos no tendría razón de ser, desde el momento que mi razón de ser es amar.

[…] Cristo volvió a poner en circulación todos los tesoros de la vida, en el cauce del amor, mediante el cual se transmite el calor, la luz, la inteligencia, para volvernos a abrir el camino que lleva a la unidad, donde está Dios.

Esto lo obtuvo viniendo entre nosotros, habitando entre nosotros, haciéndose de los nuestros, hasta que murió para redimirnos. La Redención, así como nos ha liberado de las divisiones, nos ha reunido con Dios. Cristo ha vuelto a poner a Dios en nosotros. Por ello nos mandó que nos amaramos: que donde está el amor, allí está Dios «Dios es amor: y quien está en el amor, está en Dios y Dios en él» (l Jn. 4, 16).

Il Fratello, Città Nuova, 2011, pp.29-30, 34, 36, 37-38.

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Una ciudadela para Holanda

A media hora en carro del aeropuerto de Eindhoven se encuentra la ciudadela del Movimiento de los Focolares en Holanda: Marienkroon (Maria cononada). Falta poco para la llegada y los autos que llevan a Marìa Voce, Giancarlo Faletti, se ven literalmente rodeados por una nube de bicicletas decoradas con globos y pequeñas luces, que tocan sus campanas. Acompañados por este cortejo, llegan delante del arco de la entrada mientras que cae la noche. El pesado portón está cerrado, es María Voce (Emmaus) quien lo abre, con una gran llave. Más allá del portón está un enorme prado verde, rodeado por las construcciones del ex monasterio cistercense que fue reestructurado en gran parte hace diez años, para adaptarlo a las exigencias de un moderno centro de cultura y espiritualidad. Mientras suena la tromba, la bandera del Movimiento con la estrella dorada de cuatro puntas sobre un fondo azul, es izada. Un momento sencillo, y lleno de significado. Cada uno de los habitantes de la ciudadela quiere darle la bienvenida personalmente a la presidente y al co-presidente. Se prosigue con la visita del complejo que a menudo acoge a estudiantes y asociaciones que quieren conocer sus características y estilo de vida. Los eventos culturales que se realizan regularmente son muy apreciados por los habitantes de zona; cada año aquí tiene lugar, entre otras cosas, la feria del libro, una semana de vacaciones para muchachos de los alrededores, una subasta de plantas, además de realizar los más diversos encuentros de espiritualidad. También hay una torre, un laguito, dos establos, una capillita y un pequeño cementerio que, además de los padres que nos han precedido, acoge también a los primeros cuatro habitantes de la ciudadela que fueron al cielo. Situada en el centro de Holanda Marienkroon atrae a personas de todo tipo: jóvenes y adultos, cristianos y personas de otras religiones o sin una referencia religiosa. Después de una búsqueda que duró más de 10 años, en el 2000 el Movimiento le compró a los padres cirtercenses el terreno y las construcciones, por el valor simbólico de un euro. Dos de los padres viven todavía aquí, junto al cardenal Simonis: son tres amigos del Movimiento. En los próximos años están previstas muchas otras obras de remodelación de la ciudadela, para que sea cada vez más funcional y responda a la profecía de Chiara Lubich quien, en una visita suya a Holanda en 1982, decía: “Primero que nada tenemos que hacer ver la vida de una comunidad, el lugar donde se trata de vivir el Evangelio. Esto atrae y después la evangelización resulta espontánea”. Del enviado Giulio Meazzini

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La unidad en los albores del Movimiento de los Focolares

Video de Chiara en Amsterdam 1982

«¿Qué es la unidad? ¡Ah, es algo maravilloso! Porque la unidad, la que piensa Jesús cuando dice «amaos …» hasta el punto de morir, incluso dispuesto a morir el uno por el otro, esa unidad que Jesús dice “donde dos o más están unidos allí estoy yo”, no es una mezcla de personas, no es un grupo de personas, allí está Jesús, ese es el punto. La unidad realmente manifiesta, engendra Jesús. Recuerdo, he encontrado cartas de los primeros tiempos cuando empezábamos a vivir así y en cierto modo a experimentar la presencia de Cristo en medio de nosotros. ¡Qué sorpresa! Porque antes no lo habíamos experimentado, precedentemente nuestro cristianismo era muy individual. Esto es lo que está escrito, por ejemplo: «¡Oh la unidad, la unidad, ¡qué divina belleza! ¿Quién podrá atreverse a hablar de ella? ¡Es inefable! Se siente, se ve, se goza, pero es inefable. Todos gozan de su presencia, todos sufren de su ausencia. Es paz, es gozo, es ardor, es amor, es clima de heroísmo, de máxima generosidad. ¡Es Jesús entre nosotros!” ¿Cómo se explica esta realidad? Vean, Jesús resucitado dijo una frase fabulosa: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (cf Mt 28,20). Dijo que estará con nosotros todos los días. ¿Pero dónde está? Sin duda en la Iglesia, porque la Iglesia es el Cuerpo de Cristo; y especialmente con los que anuncian el Evangelio porque Jesús se lo dijo; sabemos que Jesús, por ejemplo está especialmente presente en la Eucaristía, está allí, Jesús está en su Iglesia y también en su Palabra por ejemplo, las palabras de Jesús no son como las nuestras, son una presencia de Jesús y nosotros nutriéndonos de ellas nos nutrimos de Jesús; Jesús está en los sucesores de los Apóstoles, en nuestros obispos, está allí, habla a través de ellos; Jesús está en los pobres, por ejemplo, dijo que está detrás de los pobres, en fin que se esconde en ellos, en todos los que sufren. Pero Jesús también dijo: «Donde dos o más están unidos», en la comunidad, etc., está también allí. Me he dado cuenta de que hoy el mundo que no cree o que cree diversamente está especialmente impresionado por esta presencia de Jesús. «De esto conocerán todos que sois discípulos míos, si os tenéis amor los unos por los otros» (Jn 13,35). Hemos visto que hoy es un modo sentido de dar testimonio de Cristo, porque, mirad, ¿qué hace la unidad? Lo dijo Pablo VI en una parroquia de Roma, la unidad genera Cristo en medio de nosotros, la unidad lo expresa, lo manifiesta, lo revela. Jesús no es una realidad de hace veinte siglos, está en su Iglesia ahora y nos repite las palabras sus palabras. Jesús es actual y la unidad tiene esto de bonito, que lo muestra. Tanto es así que Jesús dijo: «Que sean uno para que el mundo crea». Es así. El Movimiento ha tratado de hacerlo así durante todos estos años de mantener fe en esta presencia de Jesús, del Resucitado en medio de nosotros. Y nosotros atribuimos a su presencia esta difusión universal del Movimiento, es él quien se ha abierto camino, es él que ha dado testimoniado el cristianismo. Y entonces, ¿qué tenemos que hacer, qué conclusión podemos sacar de este día? En estos días he tenido ocasión de tomar contacto con muchos holandeses y he admirado una cosa que no encuentro en otras naciones: que en el corazón de todos estos holandeses hay un gran amor por Holanda y un gran amor por su Iglesia. Y entonces, ¿qué hacemos? Es necesario que este amor se haga concreto. Entonces tratemos de poner la presencia de Jesús resucitado en nuestras familias, en las parroquias, por todas partes, con este amor recíproco que era el secreto de los primeros cristianos. Y si está el Resucitado ¿cuál será la consecuencia? una nueva primavera, y todo resurgirá. Este es mi deseo. Y ¿cuáles serán los frutos de esta presencia de Jesús? Los mismos que constatamos cuando empezamos el Movimiento: una gran alegría, paz, los mismos frutos del Espíritu Santo. Este es mi deseo, irnos, pero teniendo en los corazones este deseo: ¡haré de todo para que el Resucitado esté en medio de nosotros! Esto.»