Maria Voce: hacia el nuevo encuentro entre las religiones en Asís
Hacia el nuevo encuentro entre las religiones en Asís. Cita con las sorpresas del Espíritu.
Primero que nada quisiera expresar la mía y nuestra alegría y gratitud hacia el Papa Benedicto XVI por haber convocado un nuevo gran encuentro en la ciudad de San Francisco. Es la alegría que nace ante una inspiración que comportará nueva celeridad y profundidad a la hora de vivir las propias convicciones religiosas al servicio de la paz. Resulta urgente precisamente hoy, cuando, por un absurdo, se difunde el temor hacia la religión, olvidando su natural fuente vital de paz, y se le imputa la primera causa de muchos conflictos, tensiones, fobias, intolerancia y persecución con trasfondo religioso que pululan en el mundo.
Indudablemente, en este tiempo de grandes cambios, “los muros dentro de los cuales vivían las distintas civilizaciones con sus culturas se están desmoronando”, como observa el filósofo Giuseppe Zanghi. Al mismo tiempo “una ciudad-mundo sin muros se perfila en el horizonte, llena de esperanza”. Es la visión propuesta por Chiara Lubich en Londres en el 2004, ante una concurrida platea donde estaban presentes representantes de numerosas religiones. Como respuesta ante el interrogante de cuál futuro le espera a la sociedad multicultural, multiétnica y multireligiosa de nuestro tiempo, ante el riesgo de combates entre civilizaciones, se había referido a la visión de San Agustín en los tiempos de la caída del Imperio Romano bajo la presión de la migración de los pueblos: no es el fin de una civilización, sino el nacimiento de un mundo nuevo.
Un mundo nuevo en difícil gestación. Ya al inicio de los años Setenta, Chiara percibía los indicios del “sentido de penosa incertidumbre, de un sufrimiento que –había dicho- la humanidad más o menos siente y seguramente sentirá en la medida en que varios puntos de la tierra se vean sacudidos por el impacto con otros pueblos desconocidos hasta entonces”. Hablando a los jóvenes en un congreso internacional, les pidió “no cerrar los ojos ante este trance de la humanidad sino entrar conscientemente en la gestación del mundo nuevo”. “Están aquí –había agregado- para formarse con una mentalidad global, para llegar a ser ‘hombres-mundo’”.
Por un momento la visión de este mundo nuevo se convirtió en una experiencia precisamente hace veinticinco años, en el primer histórico encuentro de los jefes religiosos del mundo en Asís. Así lo refirió Juan Pablo II pocos meses después, en la vigilia de la Navidad de 1986, en un denso discurso dirigido a sus más estrechos colaboradores de la Curia Romana: “Parecía que por un momento se expresaba visiblemente la unidad escondida, pero radical que el Verbo divino, en quien todo fue creado y subsiste, ha establecido entre los hombres y las mujeres de este mundo”. Una visión que abraza el presente, “a quienes ahora comparten las ansias y las alegrías de este final del siglo XX”. Pero también pasado y futuro: “También quienes nos han precedido en la historia y quienes tomarán nuestro lugar hasta que el Señor venga”.
Es la gran visión del designio de Dios sobre el género humano, ilustrada por el Concilio Vaticano II, desde las primeras líneas de la declaración Nostra aetate: «varios pueblos», pero «una sola comunidad» extendida por toda la faz de la tierra, que en Asís se hizo visible. El beato Juan Pablo II lo profundizó a lo largo de todo su denso discurso. Es una “unidad real” – afirmó- “que se basa en el misterio de la creación divina y pertenece a la identidad misma del ser humano”. “Todos los hombres –prosiguió refiriéndose a los textos conciliares- están llamados a la unidad del pueblo de Dios que prefigura y promueve la paz universal”.
Una perspectiva que lanza nueva luz sobre la misión de la Iglesia delineada en el Concilio: “Ser germen de unidad y de esperanza para la humanidad” es por lo tanto el llamado a no “rechazar nada de lo que es verdadero y santo” en las diversas religiones, es más invita a “subrayar y hacer progresar los valores espirituales, morales y sociales” a acoger en ella “los rayos de verdad que pueden iluminar a todos los hombres”.
Y hoy el Papa Benedicto XVI recoge la consigna de su predecesor quien, ya desde entonces, invitaba a “reencontrar y mantener siempre vivo el espíritu de Asís, como motivo de esperanza para el futuro”.
En estos veinticinco años el camino abierto por el beato Juan Pablo II, en la actuación de la enseñanza conciliar, ha hecho una gran camino gracias a la acción del Espíritu Santo que entrelaza admirablemente las enseñanzas y los gestos proféticos de los Papas con la vida de muchos testigos, antiguos y nuevos carismas, órdenes monásticas y nuevos Movimientos eclesiales, por Él suscitados en la Iglesia católica y en las otras Iglesias y comunidades eclesiales.
Es Él quien guía la historia al desplegarse este gran designio de unidad, a pesar de las muchas sombras que pesan sobre nuestro planeta. Somos testigos. También para nuestro Movimiento, casi de sorpresa, se abrió la página inexplorada del diálogo interreligioso. Chiara Lubich acogió este signo del Espíritu Santo a través del interés manifestado hacia su experiencia por parte de representantes de distintas religiones presentes en la Guildhall de Londres en 1979, cuando se le otorgó el premio Templeton por el progreso de la religión.
Desde ese momento innumerables adelantos han tenido lugar en esos 30 años. Continuamente se renueva la sorpresa al ver cómo el sendero espiritual por el cual Dios nos ha conducido se entrecruza con otras vías espirituales y, manteniendo nuestra identidad, con un constante impulso misionero, cuales testigos de Jesucristo, “camino, verdad y vida”, nos permite encontrarnos y comprendernos con los seguidores de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad.
Es esta la vía que estamos experimentando. Cuando Chiara en 1972 invitó a los jóvenes a convertirse en protagonistas en la gestación de un mundo nuevo, les entregó aquella que es en definitiva “una potentísima arma de amor”, “el modelo capaz de recomponer la unidad del mundo”: Jesús crucificado que llega a gritar el abandono del Padre. “a ustedes les toca revivirlo para dar un impulso indispensable y decisivo al cambio que la humanidad está afrontando”.
Es Él, el Señor crucificado y resucitado, la clave que abre el diálogo también en las situaciones más difíciles, el modelo de ese amor radicalmente desinteresado, de esa kenosis, de ese vacío de amor necesario para acoger al otro.
Fue inesperada la solicitud que le hicieron a Chiara de que hablara ante grandes asambleas de budistas en Tokio, a monjes y monjas budistas en Tailandia, de musulmanes en Harlem, a las poblaciones animistas en Camerún. Y tales solicitudes se han repetido también conmigo, en mis recientes viajes a África y Asia, y he constatado nuevamente con maravilla cuánto realmente el amor y la unidad están inscritos en el ADN de cada hombre.
Hoy el diálogo entre las religiones no puede limitarse a los líderes, a estudiosos y especialistas. Debe convertirse en un diálogo del pueblo, un diálogo de la vida, que se revela cada vez más indispensable para la pacífica convivencia en nuestras ciudades y países, al encontrarnos viviendo codo a codo con musulmanes y budistas, hindúes y sikhs. Es una crónica por descubrir y quizás por inventar, sin dejarnos abrumar por el rumor de hechos de intolerancia y violencia.
Es el testimonio cotidiano el que abre camino: lo hemos experimentado en varias partes del mundo. Así fue en Argelia, delante de la imagen en sentido único de un Islam cerrado e impenetrable, y de una minoría cristiana a la defensiva; desde los años Sesenta se ha abierto otro panorama: empezó y se ha desarrollado un diálogo espiritual profundo entre cristianos y musulmanes.
«Eras un ejemplo magnífico de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace y lo que se es. Viniste en medio nuestro derritiendo un mar de hielo y destruyendo los muros que nos separaban para construir un puente indestructible” Son las palabras de Sidi Ahmed Benchoukri, un musulmán, quien fue prefecto de la región de Tlemcen, dirigidas a Ulises Caglioni, un focolarino, en Argelia desde 1966, en el momento de su funeral en el 2003, en Castelgandolfo. En una larga carta a un grupo de amigos musulmanes escribe: «Siempre dio testimonio de su fe. Para nosotros fue el modelo del creyente. Era un hombre de Dios, un hombre que hace parte de nosotros mismos”.
Hemos experimentado el auténtico rostro del Islam y la fuerza de paz del diálogo también en otros puntos cruciales como Turquía, Tierra Santa, Líbano, Paquistán, Estados Unidos, para no hablar de Europa. Por doquiera conocemos cristianos y musulmanes que dan testimonio que se puede pasar del temor hacia el otro al descubrimiento del otro, y se puede incidir en la fraterna convivencia en las ciudades. En un reciente congreso del Movimiento en Italia, un imán declaró: “Aprendí a no rendirme ante la lógica amigo-enemigo, a apostar por la unidad de la familia humana unida por vínculos de interdependencia y fraternidad, a mirar al otro con la certeza que encontrarás una riqueza desconocida”.
Seguimos y rezamos desde ahora por la gran cita de Asís el próximo octubre. A la espera de las nuevas sorpresas que nos reservará el Espíritu Santo.
Maria Voce, Presidente del Movimiento de los Focolares
Chiara Luce en la JMJ 2011
Del 16 al 21 de agosto cita en Madrid para cientos de miles de jóvenes provenientes de todo el mundo para participar en la 11ª JMJ. Este evento se realizará este verano por las calles, auditorios, plazas, colegios, escuelas, parques de la ciudad de Madrid. Están previstos conciertos, exposiciones, visitas guiadas a los museos, obras teatrales, etc.… un programa cultural con el título “Festival de la Juventud”. Entre todas hay una actividad especial, como lo demuestra el gran interés de la organización misma. Se trata de la presentación de la figura de Chiara Badano –una joven italiana, recientemente beatificada, más conocida como Chiara Luce- con un espectáculo que entrelazará música, teatro, declamación y coreografía. Tendrá lugar el 17 de agosto, a las 10.00 p.m., en el Auditorio Pilar García Peña, ubicado en el Parque Pinar del Rey. Podrán participar 3000 personas en este espectáculo que se prevé inolvidable.
Con esta presentación se desea mostrar “el Amor con la A mayúscula, que dona la felicidad” como testimonia la vida de quien ha sido “un rayo de Luz” –son palabras de Benedicto XVI durante el Angelus del 26 de Septiembre de 2010, el día después de la beatificación de Chiara Badano-. Será por lo tanto una fiesta para todos los jóvenes, “que pueden encontrar en ella un ejemplo de coherencia cristiana”, dijo todavía el Papa. Pablo Alcolea, profesor de música involucrado activamente en la preparación del evento, nos cuenta que está haciendo una experiencia de Dios: “Implica mucho esfuerzo, al conjugar trabajo y voluntariado, pero es una linda ocasión para dejarse llevar de la mano del padre confiando en Él”. Otro joven español, Pablo Garrido, co-responsable de la parte musical del espectáculo, asegura: “La primera palabra que se me vino a la cabeza fue ‘locura’. Preparar algo de este calilbre, según mi parecer entra en la categría del milagro, pero es muy gratificante, verificar cómo todos nosotros hemos puesto enseguida manos a la obra, construyendo esta experiencia de unidad”. Otro integrante del grupo musical, Antonio Alcántara, nos cuenta que lo vive como algo muy personal, “como si la misma Chiara Luce me pidiera que participara, con el deseo de poner mi granito de arena para transmitir su estilo de vida, su ideal de vivir unidos más allá de la distancia y del tiempo”. “Una oportunidad fantástica –prosigue Pablo Alcolea- para contemplar a través de la música la experiencia de vida de Chiara Luce Badano”. Otros eventos muy esperados por todos serán los conciertos del http://www.genrosso.com/index.php?lang=it, grupo musical internacional del Movimiento de los Focolares, el 16 y el 18 de agosto, con “Dimensión indeleble”. http://www.youtube.com/watch?v=akWjPRkdgJA.
LoppianoLab, un arsenal de ideas y de retos
Regresa la cita anual de LoppianoLab, taller nacional y multi-evento, a realizarse del 15 al 18 de septiembre próximos, en la ciudadela internacional de Loppiano (Florencia). La primera edición, el años pasado, registró alrededor de 3.000 presencias en el arco de 4 días. “Esperar con Italia. En red por el Bien común en el 150° de la unidad». Es el título que hace de hilo conductor de las tantas citas que están en cartelera y que apuntan todas en la misma dirección: crear sinergias y entretejer relaciones entre mundos, disciplinas, personas. Si, porque, a pesar de las apremiantes y cotidianas fuerzas centrípetas que luchan en el tejido del país, hay deseo de encuentro e intercambio en esta Italia del 2011, en donde la precariedad es a menudo el mínimo común denominador tanto para los ciudadanos como para la gran empresa. Para no hablar de otras voces fugitivas como cultura, comunicación o formación, en donde cuesta encontrar una dirección socialmente compartida. En el LoppianoLab, la oferta está clara: no se pretenden encontrar todas las respuestas, sino más bien trazar un itinerario compartido y ofrecer un espacio de diálogo a 360°, en donde la economía se entrecruce con la cultura, con la formación, con la comunicación, para aprender a remar todos en la misma dirección: la del bien común del país. Los promotores del evento expresan bien el panorama heterogéneo que es el marco de la cita: que va de la ciudadela internacional de Loppiano –con 800 habitantes de unos sesenta países-, a la Zona Empresarial Bonfanti, de las empresas de EdC, al Instituto Universitario Sophia, al Grupo editorial Cittá Nuova. También este año habrá una Expo de las empresas, con doble función, de espacio expositivo y de encuentro, con exposiciones y mesas redondas para las empresas en búsqueda de ideas y proyectos, dirigidos hacia una economía más al servicio del hombre. Está en programa la Convención de Economía de Comunión, 20 años después de su nacimiento, la propuesta cultural del Instituto Universitario Sophia: “La trinidad, ¿un camino de vida?”. Teología, filosofía, arte y cine en diálogo. El Grupo editorial Città Nuova propone una serie de talleres sobre el tema de la participación y el compromiso social, junto al congreso “¡Ánimo Italia!”: que ofrece un diálogo entre expertos, jóvenes en “búsqueda de futuro” y ciudadanos comprometidos. Entre las novedades de esta edición de la Open city están: una serie de itinerarios entre distintas culturas, ritmos y sabores, en el espíritu de fraternidad que caracteriza estos lugares. Se cerrará la serie de citas con una plenaria, en el congreso que lleva el título del evento, a cargo de los cuatro promotores. Entonces hasta la vista en Loppiano Lab: arsenal de ideas y de retos en todas partes, por una Italia cada vez más “construida por todos. Programa de LoppianoLab 2011
La inmensidad de Dios
Contemplando la inmensidad del universo, la extraordinaria belleza de la naturaleza, su potencia, me remonté espontáneamente al Creador de todo y tuve una nueva comprensión de la inmensidad de Dios. La impresión fue tan fuerte y nueva que me habría lanzado de rodillas a adorar, a alabar, a glorificar a Dios. Sentí una gran necesidad de hacerlo, como se esa fuese mi vocación actual. Era casi como si se me abrieran los ojos, entendí como nunca antes, quién es Aquél que hemos elegido como ideal, o mejor Aquél que nos ha elegido a nosotros. Lo vi tan grande, que me parecía imposible que hubiese pensado en nosotros. Y esta impresión de su inmensidad permaneció en mi corazón durante algunos días. Ahora rezar: “Santificado sea Tu Nombre” o “Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo” es otra cosa para mí: es una necesidad del corazón. (…) Nosotros vamos en camino. Y, cuando uno viaja, ya piensa en el ambiente que lo acogerá a su llegada, en el paisaje, en la ciudad, y se prepara. Así tenemos que hacer también nosotros. ¿Allá arriba se alabará a Dios? Entonces alabémoslo desde este momento. Dejemos que nuestro corazón grite todo nuestro amor, lo proclame, junto con los ángeles, con los santos: “Santo, Santo, Santo”. Expresémosle nuestra alabanza con la boca y con el corazón. Aprovechemos para reavivar ciertas oraciones cotidianas que hacemos que tienen esta finalidad. Y démosle gloria con todo nuestro ser. (…) Alabémoslo más allá de la naturaleza o en la profundidad de nuestro corazón. Sobre todo, vivamos muertos a nosotros mismos y vivos a la voluntad de Dios, al amor hacia los hermanos. Seamos también nosotros, como decía Isabel de la Trinidad, una “alabanza de su gloria”. Así anticiparemos un poco el Paraíso, y repondremos a Dios por la indiferencia de innumerables corazones que hoy viven en el mundo. Chiara Lubich, Rocca di Papa, 22.1.1987



