4 Mar 2017 | Sin categorizar
[…] Jesús dijo: “Donde dos o más están reunidos en mi nombre – que quiere decir en mi amor- allí estoy yo en medio de ellos”. Es una espléndida posibilidad ofrecida también a la familia, la de convertirse en sede de la presencia de Dios. Para una familia que vive así, nada de lo que sucede a su alrededor le es ajeno. Simplemente, siendo como es, tiene la capacidad de dar testimonio, anunciar, sanar el tejido social que la rodea, porque la vida habla y obra por sí misma. Por experiencia propia sé que una familia así sabe abrir las puertas y el corazón a las necesidades y a los dramas que afectan a la sociedad, a sus soledades y a sus marginaciones. Sabe incluso concretar y organizar la solidaridad en círculos cada vez más amplios, hasta llegar a promover acciones eficaces que influyen en las instituciones, impiden la aprobación de leyes y disposiciones equivocadas, orientan a los políticos. Por la presencia y la actividad de sus miembros en los distintos sectores de la sociedad, una familia así sabe también entablar un diálogo con las instituciones, recabar los recursos para cubrir necesidades concretas, crear la conciencia y las condiciones para políticas familiares adecuadas y para crear corrientes de opinión basadas en los valores. Creo que en el mundo no exista nada más hermoso que una familia así. Porque, preguntémonos, en el fondo ¿qué busca la Humanidad? La felicidad. ¿Dónde va a buscarla? En el amor, en la belleza, y con tal de obtenerla está dispuesta a cualquier cosa. Allí, en aquellas familias existe la plenitud del amor humano y la belleza del amor sobrenatural. Conozco familias así y son realmente maravillosas. Ejercen una gran atracción sobre todos. Aparentemente parecen familias como las demás, pero esconden un secreto, un secreto de amor: el dolor amado las une a Cristo que habita en sus casas, atraído por el amor recíproco que las une, y con ellas – con estas familias – Él está transformando el mundo. He querido compartir con ustedes estas reflexiones, que he recogido del fondo de mi corazón y de las experiencias de muchas, muchas familias. Querría suscitar en todos nosotros un compromiso concreto para trabajar con todos los medios posibles para el bien verdadero de la familia. En efecto, es demasiado importante la salud de la primera célula de la sociedad para los destinos de la Humanidad entera. “Salvar a la familia – escribió el gran escritor Igino Giordani – es salvar la civilización. La nación está compuesta por familias; si éstas perecen, también aquella vacila” Y añadió: “Los esposos se hacen colaboradores de Dios en el dar a la Humanidad vida y amor. […] Amor que de la familia se extiende a la profesión, a la ciudad, a la nación, a la Humanidad, propagándose como una onda en círculos concéntricos que llegan al infinito. Desde hace veinte siglos arde un anhelo revolucionario, encendido por el Evangelio, y pide amor”. Chiara Lubich Mira el video integral
3 Mar 2017 | Sin categorizar
Han pasado siete años desde la primavera árabe y la inolvidable plaza Tahrir, símbolo de todas las plazas de Egipto, Túnez, Libia, Yemen, abarrotadas de mujeres, hombres y un sinnúmero de jóvenes que exigían con fuerza la caída de los regímenes autocráticos, el respeto de los derechos humanos y además transparencia, libertad de información, justicia social. Siete largos años que en Egipto, que es un punto de referencia histórico y cultural del mundo árabe, han sido marcados por una crisis política sin igual. Aún se vive una fuerte inestabilidad interna, causada por esporádicos actos de terrorismo, que traen como efecto la caída del turismo y de la inversión extranjera. A pesar de los esfuerzos del gobierno por invertir en infraestructuras (como la inauguración del nuevo canal de Suez) y por resanar las relaciones internacionales, la crisis económica generada afecta a los 90 millones de habitantes del país. Las grandes áreas urbanas están ubicadas a lo largo de las orillas del Nilo (5% del territorio). Diez millones sólo en la capital, El Cairo (que durante el día llegan a ser 12), es la segunda ciudad africana más poblada.
Sumergidas en esta metrópolis, las familias que viven la espiritualidad de los Focolares, provienen de todos los niveles sociales y pertenecen a distintas iglesias cristianas. Viven las mismas dificultades de todos: el desempleo creciente, la crisis del rol de los padres en una sociedad cada vez más lejana de los valores religiosos y civiles y que encandila a las nuevas generaciones con los faros del consumismo. Sin embargo son familias que tratan de ir “contra la corriente”, ayudándose recíprocamente y arremangándose al servicio de escuelas, iglesias, instituciones. El pasado 27 de enero, con el título “Fuente de esperanza y alegría”, se desarrolló un congreso sobre la familia, del que participaron unas 300 personas. Una fiesta con canciones, momentos de intercambio, danzas, reflexiones sobre los temas del diálogo entre esposos, de la relación entre padres e hijos, y luego sobre el dolor, la enfermedad, las divisiones y las dificultades de las familias. Hubo numerosos testimonios palpables de ese amor que sana los sufrimientos, como el de Wagih y su esposa, quien fue víctima de un ictus y vive ahora en silla de ruedas; o el de una pareja que a través del diálogo logró recoger los platos rotos de una familia casi despedazada; o el de otra que comprendió cómo los niños seguramente necesitan ser amados, pero sobre todo necesitan tener padres que se amen entre ellos.
«Las familias del Focolar – escriben desde El Cairo – dan una gran contribución también a través del Instituto San José por la Familia y Pro Vida, nacido en marzo de 1994, encarnando el Evangelio en la vida familiar y en el seno de la sociedad. El Instituto se encarga de la preparación al matrimonio de jóvenes parejas y trabaja además en asesoría familiar, con sucursales en varias diócesis. Ellas brindan fuerza y ánimo, en medio de tantas dificultades, incluso en el mundo musulmán. En estos años el número de casos de anulación del matrimonio se ha reducido al mínimo, a pesar de la elevada cantidad de parejas con problemas que acuden allí. El Instituto ofrece su contribución en los distintos eventos en el campo de la familia, representando a la Santa Sede en los congresos internacionales del mundo musulmán». Desde 2007, está activa la Fundación Koz Kazah, en la comunidad de Shubra, uno de los barrios más poblados de El Cairo, y el pasado 25 de febrero se inauguró una nueva sede en Fagala. Su finalidad es la de llevar adelante, en colaboración con AMU, proyectos sociales, programas de formación para niños en situación de vulnerabilidad, acciones para reavivar el sentido de pertenencia a la propia ciudad (limpieza de las calles, murales, conferencias, espectáculos). En una sociedad, no sólo la egipcia, que parece haber perdido las razones de la esperanza y de la alegría, estas acciones constructivas parecen emanar el perfume de otra primavera. AMU: Proyecto CHANCE FOR TOMORROW
2 Mar 2017 | Sin categorizar
1 Mar 2017 | Sin categorizar
Klaus Hemmerle tuvo un rol esencial en el nacimiento, junto con Chiara Lubich, de la comunión entre obispos que adhieren a la espiritualidad de la unidad. Los fragmentos que transmitimos a continuación fueron tomados del libro: “Klaus Hemmerle, luce dentro le cose” (Klaus Hemmerle, la luz dentro de las cosas”), Città Nuova, Roma, 1998. «Aún después de la radical conversión de nuestra vida, que ocurrió una vez para siempre en el Bautismo, todos nosotros tenemos incesante necesidad de convertirnos. También en el caso en que el bautizado no se aleje de Dios, los pretextos que la sociedad alega y las tentaciones de la vida cotidiana nos invaden de modo tal que nos encierran en nuestro propio yo, de forma que esa palabra irrepetible por la cual el bautizado se convirtió gracias a Cristo, se empaña, se altera, se quiebra. La herida que la vida de Dios sufre en nosotros, necesita de una constante curación» (pág. 82) «Perdona nuestro pecados como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Jesús es realista, conoce nuestras debilidades. No nos juzga, pero tampoco dice que da lo mismo la forma en que tú vivas. Nos llama al arrepentimiento, a la con-versión, a recomenzar incesantemente. Nos perdona, nos enseña a perdonar a los demás. La amistad con Él se empantana, si nuestra vida no es una incesante conversión» (pág. 73) «Para cada uno de nosotros, hoy, existe una cruz que llevamos encima. Pero debe ser llevada ¡hoy mismo! De lo contrario, es la cruz la que nos lleva, y entonces nos sentimos infinitamente oprimidos, atormentados, anulados, y ni siquiera nos damos cuenta de que fue la cruz la que nos arrastró. Pero si nosotros tenemos el coraje de cargar la cruz, entonces ella se transforma en la cosa más preciosa del mundo» (pág. 89) «Cuando los discípulos ven en Jesús al Dios grande y poderoso, no logran encontrarlo. Deben arrodillarse en el suelo, mirar el polvo: Jesús está allí, que lava los pies a los suyos. El don de sí mismo, el “abajamiento”, el servicio, la toma de conciencia madura de la banalidad de las necesidades humanas, el hacerse pequeños, la capacidad de renunciar a algo, la fortaleza en darse totalmente, el no aparecer, el esconderse, todo esto que no tiene nada que ver con el brillo de Dios, es el rasgo más luminoso y central de nuestro culto a Dios, es Eucaristía» (pág. 101) «Yo, sigo fracasando siempre, no puedo hacer otra cosa que vivir del perdón de Dios. Pero este perdón se demuestra en el perdón al hermano, tiene en este perdón su esencia, repercute en la comunidad con la que estamos vinculados recíprocamente con la misericordia que nos hace nuevamente libres, para ser juntos hijos del Padre con el Señor, el único Señor, en medio de ellos». (pág. 74)
28 Feb 2017 | Focolare Worldwide
Federico: Un italiano y una uruguaya, ¿cuántas posibilidades tienen de encontrarse? Sin embargo a nosotros nos sucedió, hace siete años, frecuentando un centro latinoamericano en Roma; yo para dar una mano en la animación, ella para hablar un poco su idioma. Nuestras miradas se cruzaron y empezamos a hacer una casa juntos. Las restricciones económicas nos llevaron a dejar la gran ciudad para ir a vivir al pueblito de mis padres, también porque estaba por realizarse uno de nuestros deseos más grandes: la llegada de un hijo. La felicidad no faltaba, pero el estrés por el nacimiento y por la rapidez del cambio de vida no nos dejaban ni respirar. Laura: Como si no fuera suficiente, mi mamá, que se hacía cargo de mi papá inválido y de mi hermano menor, se enfermó gravemente. Pensé en ir enseguida a Uruguay, al menos un par de meses, también porque, quizás, no habría tenido otra posibilidad para hacerle conocer al pequeño a mi madre. Pero mientras tanto con Federico ya estábamos viviendo en dos planetas diferentes: yo encerrada en la casa con el niño, él siempre fuera para escapar de las tensiones entre nosotros. Cuando nuestras miradas se entrecruzaron había sólo rencor, cansancio, incomprensión. «A mi regreso –le dije al irme- o nos dejamos o estaremos juntos para siempre». Federico: La distancia física llegó a ser también del corazón. Los meses transcurrían y ella no regresaba, y yo me encontré en otro camino. Por honestidad sentí que tenía que decirle que no quería volver con ella y que quizás se podía quedar allí donde estaba. Laura: El dolor fue grande, aunque me lo esperaba. Recogí toda mi fuerza, dejé de lado mi sufrimiento y decidí regresar a Italia, aun consciente de que tenía pocas probabilidades. De hecho, cuando regresé a la casa, él no quería vivir conmigo. Federico: Un día le conté a mi hermano lo que estaba pasando y él me habló de una pareja con mucha experiencia que podía ayudarnos. La propuesta no me convenció mucho, pero al final, por el bien del niño, acepté que quizás ellos nos podrían ayudar a dejarnos sin desencadenar una guerra –me dije. Era una tarde de finales de mayo. En el parque donde nos encontramos había cerezas maduras, todo hablaba de esperanza y de paz, pero en nuestros corazones hervían sensaciones contrastantes. La mano fuerte de ese hombre que estrechaba la mía y el rostro delicado de su esposa me provocaron un largo escalofrío en la espalda. Vi que también a Laura la impactaron. El coloquio duró media hora. La misma noche corté en seco con todo y regresé a casa. Regresando las lágrimas bañaban mi rostro, pero el alma estaba empezando a volar: ¡lo podía lograr!
Laura: Cuando vi que Federico regresaba no lo podía creer. La nueva cita con esa pareja era en la ciudadela de Loppiano (Florencia), donde nos encontraremos con otras parejas amigas y otras en crisis como nosotros. En el curso, organizado por las Familias Nuevas de los Focolares, lo primero de lo que hablamos –casi como un juego- fue del arte japonés del kintsugi, según el cual una jarra de cerámica rota no se descarta, sino que se restaura con oro. Haciendo así se vuelve todavía más valioso. El clima nuevo que se respiraba nos regeneraba y nos dábamos cuenta de ello. Comprendimos que el oro que puede recomponer nuestra pareja es el perdón que nos pedimos el uno al otro y que encontramos la fuerza de donarnos recíprocamente. Federico: La espiritualidad de la unidad en la que está basado el curso, los consejos de los expertos, la ayuda de otras parejas: es una mezcla que refuerza nuestra voluntad de renacer como pareja y da un impulso fundamental a nuestro proceso de cambio. A partir de entonces todos los días nos declaramos que estamos dispuestos a volver a empezar, sin dar nada por descontado, esforzándonos en ponernos en los zapatos del otro. Laura: Después de dos años llegamos a tomar una decisión importante: casarnos por la Iglesia, para hacer que el amor por excelencia vele sobre nuestras vidas y siga brotando hasta el final. Ahora estamos esperando a nuestro segundo hijo que nacerá en julio. Realmente Dios-Amor ha sabido escribir derecho en nuestras líneas torcidas.