Movimiento de los Focolares

Evangelio y vida: acoger siempre

Feb 21, 2015

Breves historias en donde los protagonistas reciben la fascinante invitación de la Palabra de Vida de reconocer lo positivo que existe en el otro.

«Después de una dolorosa y destructiva desilusión, por el fracaso de la relación con su pareja, nuestra hija vino a vivir con nosotros junto con su niña. A menudo estaba amargada y agresiva. Una mañana, por una tontería, me trató mal a mí y a sus hermanos, gritó y se fue al trabajo dando un portazo. Me quedé mal, me parecía que había superado todo límite. No nos merecemos este trato. Pero, ¿qué hacer para que ella sienta mi amor? Preparé un almuerzo como para una fiesta, hice un postre, puse el mantel más lindo… Cuando volvió, la saludé como si no hubiese pasado nada. Ella sonrió, sentí que no sólo la había perdonado sino que también había olvidado todo. La armonía volvió a reinar entre todos» (R. B. – Italia)

20150221-01«El sábado, mis padres y yo estábamos cerrando nuestro almacén cuando entraron dos hombres encapuchados que nos obligaron a abrir la caja fuerte. Mi papá, pensando que era la enésima rapiña con armas de juguete, los invitó a irse. Y en cambio recibió un balazo que lo hirió no gravemente. Después que los delincuentes huyeron, en un momento recordé que existe gente distinta, que se prodiga por los muchachos de un barrio en riesgo de otra ciudad siciliana. Decidí entonces, junto con algunos amigos, hacer también yo alguna cosa para impedir que los muchachos entren en el ambiente de la delincuencia. Un poco titubeante, ingresé en un barrio marginal, y, cuando conocí los problemas reales del lugar, me puse en contacto con la administración municipal, con las familias de algunos agentes de seguridad asesinados… Nació un grupo que quiere demostrar, sobre todo a los más jóvenes, que existe un mundo sin violencia, mejor. Ese sábado me cambió la vida». (M. – Sicilia, Italia )

«Tenía 12 años cuando mis padres se separaron. Entre tanto dolor, existía uno en especial que no me dejaba en paz: no lograba perdonar a mi papá por habernos dejado para formar otra familia. Al principio, cuando llamaba por teléfono, no quería ni siquiera responderle. Hasta que un día, le pedí ayuda a Jesús y encontré el valor para demostrarle que no le guardaba rencor. El cumpleaños de mi papá me dio la oportunidad de demostrarle algo porque cuando le llevé mi regalo, vi que se conmovió. Me confesó, que más allá de todo, para él lo más importante eran y seguían siéndo los hijos. Desde ese momento fue como que se abrió para él la puerta de mi corazón. A continuación, sabiendo que estaba muy solo, me resultó espontáneo hablarle de Dios, decirle que Dios ama a cada uno inmensamente. Se tranquilizó y expresó el deseo de profundizar el tema. La experiencia con mi papá me está haciendo comprender que todos se pueden equivocar, pero que cada uno tiene que tener la posibilidad de volver a levantarse». (H. – Brasil)

 

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