Movimiento de los Focolares

Chile: ¿Cómo no amarlo?

Sep 19, 2015

En un país donde la naturaleza no regala nada, la noche del 16 de septiembre un temblor de magnitud 8,4 dio inicio a un “enjambre sísmico” e hizo que se disparara la alerta de tsunami. Un millón de personas tuvieron que dejar su casa. El relato de Alberto Barlocci, desde La Serena, una ciudad cerca del epicentro.

20150918-01«“He perdido todo” confiesa entre lágrimas un pescador de Guanaquero –un pueblito a 450 km al norte de Santiago, en el Pacífico. “Pero nos restableceremos, como hemos hecho siempre nosotros chilenos”. El camarógrafo lo abraza con un gesto solidario. Son algunas de las reacciones después de la noche del terremoto. La noche del miércoles 16 de septiembre, poco antes de las ocho de la noche, empezó la cadena de movimientos sísmicos de los cuales el primero fue uno muy fuerte de 8,4 grados en la escala Richter. Los siguientes, de asentamiento, llegaron a superar los 7 grados. La longitud del movimiento sísmico nos llevó a buscar refugio en el jardín de casa. Los vecinos del barrio también salieron a la calle. “¿Cómo estás? ¿Todo bien?”. “Todo ok, no te preocupes. ¿Y vos?, se preguntaban recíprocamente. “¿Necesitas algo?”. No hay temor ni nerviosismo. Incluso los niños ya saben qué hay que hacer. En Chile lo enseñan en las escuelas y en los grandes edificios, las escuelas y los supermercados está bien señalada la zona de seguridad que protege de eventuales derrumbes. Después de la experiencia del 2010 el país está más preparado. Estamos en La Serena, a 480 km al norte de la capital chilena, Santiago. El epicentro del terremoto evidentemente fue cerca de nosotros por la intensidad del sisma. La luz se fue y sólo cuando encontramos una radio de pilas supimos que el epicentro había sido más o menos a 100 km de aquí. En un triángulo de pequeñas ciudades, de 20/30 mil habitantes. Illapel sufrió fuertes daños. Pero los grandes centros no. Pasa menos de una hora y por radio confirman que hay alerta de tsunami. En todo el país empiezan la evacuación de 6 mil km. de costa, del desértico norte al frío sur: un millón de personas tienen que buscar refugio en lugares más altos, por lo menos a 30 metros sobre el nivel del mar. Las olas llegan, en forma de una masa de agua que avanza elevando cuatro metros el nivel del mar. El puerto de Coquimbo, con 150 mil habitantes queda sumergido en parte. También llegan noticias de las víctimas. Las más esperadas. Estamos a pocas horas de los tradicionales festejos por la independencia chilena, el 18 y el 19. Doce personas este año no participarán en la cita. Hay cinco desaparecidos. De los muertos, tres fallecieron por un infarto, a otros tres se los llevó el mar, el resto perdió la vida debido a la caída de rocas de la montaña, o al derrumbe de algún muro. El gobierno declaró estado de emergencia en algunas provincias de la IV Región. La presidente Michelle Bachelet, le habló al país: el operativo de rescate ya está en marcha. El pensamiento se dirige a quien lo ha perdido todo: aldeas de pescadores, los habitantes de la zona del epicentro. Es la octava emergencia en menos de dos años. El terremoto en el norte el año pasado, y este año, las inundaciones. En marzo se inundó la región más árida del planeta: el desierto de Atacama. Después los volcanes: uno el año pasado y una erupción hace algunos meses; la tremenda sequía de sur a norte, y todavía Valparaíso que se vio afectada dos veces por los incendios en zonas de los alrededores, y ahora nuevamente el terremoto y el tsunami… Terminando el terrible balance, recordamos al viejo pescador de Guanaquero. “¡Nos restableceremos!”. En sus ojos brilla un destello de tenacidad y perseverancia. La misma que te explica cómo en las laderas áridas y escarpadas de los montes del norte, repentinamente aparezcan manchas verdes. Son los cultivos de aguacate y de uva. Literalmente arrancadas a la tierra, aprovechando cada gota de humedad para su irrigación. Sólo la tenacidad y la perseverancia puede sacarle frutos a una naturaleza que, aquí, no te regala nada. Y es que es así como se ha construido este país. ¿Cómo no amarlo?». De Alberto Barlocci, desde Chile

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

Pascua: el fundamento de la Gran Esperanza

Pascua: el fundamento de la Gran Esperanza

Esta reflexión acerca de las razones y los orígenes pascuales de la esperanza cristiana, que “se atreve” a hablar aún a los hombres de hoy, nos la ofrece Declan J. O’Byrne, teólogo y rector del Instituto Universitario Sophia.

Ojos de Pascua

Ojos de Pascua

Klaus Hemmerle (1929-1994), obispo de Aachen (en Aquisgrán, Alemania), teólogo y filósofo, gracias a su especial característica, dio un aporte importante a la profundización doctrinal del carisma de la unidad. Con estas palabras, nos introduce en el misterio de la Pascua y de la Resurrección de Cristo, invitándonos a sumergirnos plenamente en este momento y a adoptar una nueva perspectiva.

La cruz, fuente de comunión

La cruz, fuente de comunión

La muerte de Jesús en la cruz nos revela a un hombre arraigado en una relación tan profunda con el Padre, que es capaz de confiar en Él hasta el final. Por eso, ese calvario se convierte en el tesoro en el que se concentra todo el amor de Dios por nosotros. Las palabras de Igino Giordani nos invitan a hacer espacio para el silencio y la escucha, a fin de emprender este camino de contemplación, redención y comunión con Dios y entre los hombres.