Movimiento de los Focolares

El Evangelio vivido: trabajar en dúo

Nov 20, 2016

La Palabra de vida de este mes invita a no desanimarnos frente a las adversidades y a confiar en Dios. El llega incluso donde nosotros no llegamos.

foto pdv20161120Sabía todo «Como sacerdote, creía que sabía dar una opinión sobre cualquier tema. Un día fui invitado a celebrar la misa en el retiro de algunos jóvenes comprometidos, que durante la celebración hicieron explícitamente el pacto de estar dispuestos a dar la vida el uno por el otro. Me quedé impactado: ¿Sería yo capaz de hacer una cosa así? Todo lo que sabía me pareció, no digo inútil, sino insuficiente para ser un verdadero cristiano. ¡Cuántas cosas que descuidé a causa del estudio, cuántas omisiones justificadas por algún compromiso que consideraba importante…! Esos jóvenes me cambiaron la vida» (R. P. – Francia) Antes del ofrecimiento «Después de mudarnos al nuevo pueblito, nació una amistad con una familia de vecinos que nos ayudó mucho a integrarnos en el nuevo ambiente, a ubicar a los niños en la escuela… La estima era recíproca; los hijos de esa familia nos llamaban tíos, y lo mismo hacían nuestros hijos con ellos. Lamentablemente, pasando el tiempo, algo se deterioró y los hijos de los vecinos comenzaron a saludarnos con un “buen día, señores”. No podíamos seguir así, también porque integrábamos la misma comunidad parroquial. Un domingo en la misa, el Evangelio que se leyó nos recordaba que antes de llevar tu ofrenda al altar es bueno reconciliarse con el hermano… Mi esposa y yo nos miramos y decidimos proceder como decía el Evangelio. Saliendo de la misa, fuimos hacia nuestros vecinos y les pedimos perdón si los habíamos ofendido en algo. Después de un incómodo momento de sorpresa, nos abrazamos» (A.T. – Hungría) Era otra persona «En el hospital donde trabajo como ginecóloga se internó  una mujer conocida como prostituta. Las otras pacientes y también alguna enfermera trataban de evitarla. Notando su aislamiento, le presté una atención especial, y esto animó también a las otras a dirigirle la palabra, a brindarle ayuda. El mismo relato de su triste vida les llamó la atención y despertó su  benevolencia. Después de pocos días ya parecía otra persona. Cuando fue dada de alta, decía: «La verdadera curación no es física… Mi vida recomienza de otro modo» (M. S. – Polonia)

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