Movimiento de los Focolares

Mayo 2014

Abr 30, 2014

“… en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios”. (2 Cor 5,20)

«… en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios»

Pero esta fe en el amor de Dios no puede permanecer encerrada en el interior de cada uno, como bien explica Pablo: Dios nos confió la tarea de conducir a otros a la reconciliación con él (cf 2 Cor 5, 18), encomendando a cada cristiano la gran responsabilidad de dar testimonio del amor de Dios para con sus criaturas.

Todo nuestro comportamiento debería hacer creíble esta verdad que anunciamos. Jesús dijo claramente que antes de presentar la ofrenda en el altar debemos reconciliarnos con nuestros hermanos si tuvieran algo contra nosotros (cf Mateo 5, 23-24).

Y esto vale antes que nada en nuestras comunidades: familias, grupos, asociaciones, Iglesias. Estamos llamados a derribar todas las barreras que se opongan a la concordia entre las personas y los pueblos.

«… en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios»

“En nombre de Cristo” significa “en su lugar”. Haciendo las veces de él, viviendo con él y como él, amémonos como él nos amó, sin limitaciones ni prejuicios, sino abiertos a acoger y apreciar los valores positivos de nuestro prójimo, dispuestos a dar la vida los unos por los otros. Este es el mandamiento por excelencia de Jesús, el distintivo de los cristianos, válido hoy como en los tiempos de los primeros cristianos.

Vivir esta palabra significa convertirnos en reconciliadores.

Y entonces cada gesto, cada palabra, cada actitud que adoptemos, si está impregnada de amor será como las de Jesús. Como él seremos portadores de alegría y de esperanza, de concordia y de paz, de ese mundo reconciliado con Dios (cf 2 Cor 5, 19) que toda la creación espera.

Chiara Lubich

Este comentario se publicó por primera vez en enero de 1997.

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