Movimiento de los Focolares
Evangelio y vida: acoger siempre

Evangelio y vida: acoger siempre

«Después de una dolorosa y destructiva desilusión, por el fracaso de la relación con su pareja, nuestra hija vino a vivir con nosotros junto con su niña. A menudo estaba amargada y agresiva. Una mañana, por una tontería, me trató mal a mí y a sus hermanos, gritó y se fue al trabajo dando un portazo. Me quedé mal, me parecía que había superado todo límite. No nos merecemos este trato. Pero, ¿qué hacer para que ella sienta mi amor? Preparé un almuerzo como para una fiesta, hice un postre, puse el mantel más lindo… Cuando volvió, la saludé como si no hubiese pasado nada. Ella sonrió, sentí que no sólo la había perdonado sino que también había olvidado todo. La armonía volvió a reinar entre todos» (R. B. – Italia)

20150221-01«El sábado, mis padres y yo estábamos cerrando nuestro almacén cuando entraron dos hombres encapuchados que nos obligaron a abrir la caja fuerte. Mi papá, pensando que era la enésima rapiña con armas de juguete, los invitó a irse. Y en cambio recibió un balazo que lo hirió no gravemente. Después que los delincuentes huyeron, en un momento recordé que existe gente distinta, que se prodiga por los muchachos de un barrio en riesgo de otra ciudad siciliana. Decidí entonces, junto con algunos amigos, hacer también yo alguna cosa para impedir que los muchachos entren en el ambiente de la delincuencia. Un poco titubeante, ingresé en un barrio marginal, y, cuando conocí los problemas reales del lugar, me puse en contacto con la administración municipal, con las familias de algunos agentes de seguridad asesinados… Nació un grupo que quiere demostrar, sobre todo a los más jóvenes, que existe un mundo sin violencia, mejor. Ese sábado me cambió la vida». (M. – Sicilia, Italia )

«Tenía 12 años cuando mis padres se separaron. Entre tanto dolor, existía uno en especial que no me dejaba en paz: no lograba perdonar a mi papá por habernos dejado para formar otra familia. Al principio, cuando llamaba por teléfono, no quería ni siquiera responderle. Hasta que un día, le pedí ayuda a Jesús y encontré el valor para demostrarle que no le guardaba rencor. El cumpleaños de mi papá me dio la oportunidad de demostrarle algo porque cuando le llevé mi regalo, vi que se conmovió. Me confesó, que más allá de todo, para él lo más importante eran y seguían siéndo los hijos. Desde ese momento fue como que se abrió para él la puerta de mi corazón. A continuación, sabiendo que estaba muy solo, me resultó espontáneo hablarle de Dios, decirle que Dios ama a cada uno inmensamente. Se tranquilizó y expresó el deseo de profundizar el tema. La experiencia con mi papá me está haciendo comprender que todos se pueden equivocar, pero que cada uno tiene que tener la posibilidad de volver a levantarse». (H. – Brasil)

 

Zoom sobre Ucrania

Zoom sobre Ucrania

20150212-a El padre Mychayl Melnyk es un sacerdote greco-católico que vive la espiritualidad de los Focolares. Las páginas de la Revista Cittá Nuova nos han ayudado a seguir los acontecimientos de su amado y devastado país. Un año después del estallido del conflicto le pedimos que hiciera una lectura de lo sucedido. «Desde la revuelta en el Plaza Maidan al conflicto en el sur-este ha pasado casi un año y hasta el momento hay un saldo de cinco mil muertos y más de un millón de refugiados. La guerra en Donbass ya lleva meses. La gente está muriendo, las estructuras están colapsando, cientos de miles de personas han escapado. En el mosaico de los territorios controlados por los ucranianos y los separatistas, en el caos de las bandas, en los comandos en guerra entre ellos, en los ejércitos mal armados y mal adiestrados, todo podría ser un efecto colateral de una guerra de todos contra todos». Por todo esto, según el Padre Mychayl, hoy más que nunca Ucrania necesita una educación a la paz, en donde todos sean protagonistas: adultos y jóvenes, educadores y niños, padres e hijos: «Una pedagogía de paz sencilla, pero cautivadora, basada en la coherencia entre la teoría y la práctica, en los valores y las experiencias. Una educación para consolidar la cultura de la Paz, es la única que puede respetar y responder a las más auténticas exigencias de todos, en el arduo camino hacia la fraternidad universal en Ucrania». Ante la pregunta sobre cuáles son los pasos necesarios que hay que dar en Ucrania, afirma: «Me permito responder con lo que Chiara Lubich dijo en Londres en el 2004: (…) se debería proponer a todos los actores políticos que formulen un pacto de fraternidad a favor de su país, que ponga el bien del mismo por encima de cualquier interés parcial, ya sea individual, de grupo, de clase o de partido. Porque la fraternidad ofrece posibilidades sorprendentes: permite apuntar siempre a valorar las exigencias que de lo contrario pueden llegar a convertirse en conflictos incurables. Armoniza, por ejemplo, las experiencias de las autonomías locales con el sentido de la historia común; consolida la conciencia de la importancia de los organismos internacionales y de todos esos procesos que buscan superar las barreras y alcanzan importantes etapas hacia la unidad de la familia humana». La crisis ucraniana ha generado, después de la guerra de los Balcanes, la más grande ola de refugiados: más de 900.000 son sólo los desplazados dentro del territorio. «En la ciudad de Donetsk es imposible tener una vida normal. Los ancianos –testigos por segunda vez de los horrores de la guerra- mueren por falta de tratamiento médico o tienen que dejar sus casas. Muchos no reciben la pensión estatal. En las áreas controladas por los separatistas hay de todo en las tiendas y en las farmacias, pero no hay dinero. Los bancos y la oficina del correo cerraron». ¿Cómo reconstruir las casas, las calles y esos puentes que no son sólo los de las conexiones estructurales, para sanar esas heridas invisibles? «No es algo fácil. Brindar una ayuda psicológica a las poblaciones afectadas es más difícil que reconstruir una calle o mandar ayuda humanitaria. Ya desde hace algunos años los docentes del Instituto Universitario Sophia, en colaboración con el Dicasterio de Justicia y Paz, están haciendo cursos para formar a los jóvenes para que puedan dar su aporte como ciudadanos, para construir el bien común de Ucrania». «Después de la ola de protestas y de la guerra, el país necesita estas “Escuelas de participación” que forman al compromiso civil y político, radicadas dentro de tejido ciudadano; lugares en donde se experimente una acción política basada en valores compartidos y nutrida por el ideal de la “fraternidad universal”. Ucrania, gracias a las manifestaciones de la plaza Maidan, se ha convertido en una auténtica nación, un pueblo que quiere construir su vida sobre los valores cristianos. Ahora se trata de transformar los valores vividos durante las protestas en la plaza en cosas concretas de la vida cotidiana; de hacerse cargo de las expectativas y de las necesidades más profundas del país, para no caer definitivamente en la apatía». Las escuelas de Participación ofrecen, de hecho, modelos de interpretación y propuestas operativas dirigidas a difundir la cultura de la paz: «Uno de los principales desafíos para Ucrania es la situación de los emigrantes dentro del territorio, su integración a otras regiones de Ucrania, y la superación de las consecuencias de las hostilidades. Una formación basada en conocimientos y competencias flexibles, es lo que se necesita, para promover el diálogo intercultural e interreligioso, los derechos humanos, la mediación, la prevención y la resolución de conflictos, la educación a la no violencia, la tolerancia, la aceptación y el respeto recíprocos y a la reconciliación, son los objetivos que queremos plantearnos en el centro educativo para el futuro».

Chiara Lubich: «No existe una parte de la vida que sea indigna de ser vivida»

Centro Chiara Lubich – Video (en italiano)

«Si nosotros ponemos a la base de las leyes o de las iniciativas sociales la mentalidad de irrespeto al que sufre, al incapacitado, al anciano, poco a poco creamos una falsa sociedad, porque damos importancia solamente a algunos valores, como la salud física, la fuerza, la productividad exasperada, el poder y alteramos el fin por el que vive un Estado, que es el bien del hombre y de la sociedad.

La salud, como se sabe, es un don precioso que es necesario salvaguardar.

Por eso, es necesario hacer de manera que nuestro físico y el de nuestros hermanos se nutra, descanse, no se exponga a enfermedades, a accidentes, a un deporte exagerado.

También el cuerpo, de hecho, es importante para un cristiano.

Pero, si la integridad del cuerpo estuviese en peligro, tenemos que recordar que hay una Vida que no está condicionada por nuestro estado de salud, sino por el amor sobrenatural que arde en nuestro corazón.

Y esta Vida superior es la que da valor a la vida física también durante la enfermedad.

De hecho, si las enfermedades se consideran sólo bajo el punto de vista humano sólo se pueden definir como desgracias. Pero si se miran con la perspectiva cristiana, vemos que son pruebas en las que nos entrenamos para la gran prueba que nos espera cuando debamos afrontar el paso a la Otra vida.

¿No ha dicho recientemente el Santo Padre que las enfermedades son ejercicios espirituales que Dios mismo nos predica?

Los enfermos tienen mayor fortuna, de otro tipo, que los demás.

La Iglesia, en ascética y mística, habla de las enfermedades no sólo como de algo que pertenece al campo de la Medicina, sino como purificaciones que Dios envía, por lo tanto, como peldaños hacia la unión con Dios.

La fe nos dice, además, que el hombre en las enfermedades participa de los sufrimientos de Cristo. Es, pues, otro Cristo crucificado que puede ofrecer su sufrimiento por lo que más vale: la salvación eterna de los hombres.

Nosotros, en el torbellino del trabajo y de la vida cotidiana a veces nos vemos tentados de considerar a las personas que sufren sólo como casos marginales a los que hay que ayudar para que superen rápidamente la enfermedad y vuelvan pronto a la actividad y no pensamos que ellos son, desde ahora, los que más pueden hacer y obrar.

Pero los enfermos son capaces de desarrollar bien su función en favor de la humanidad, si se sienten comprendidos y amados. Con el amor se les podrá ayudar a dar un significado a su estado, a ser conscientes de lo que ellos representan.

Y lo que vale para los enfermos, vale para los discapacitados. También el que tiene una incapacidad de cualquier tipo necesita amor.

Siente la exigencia de ser reconocido por el valor que tiene su vida: sagrada como cualquier otra vida, con toda la dignidad que de ello deriva. Necesita ser considerado como una persona que ha de vivir lo más posible conviviendo normalmente entre los demás hombres.

¿Y que podemos decir de los ancianos?

Toda vida necesita amor. También los ancianos necesitan amor.

Hoy en día, los ancianos constituyen incluso un problema, porque se nota un gran aumento de personas de edad avanzada, debido a que se prolonga el nivel medio de la vida.

Se advierte así que en la sociedad se tiende a marginar a los ancianos, a considerarlos, porque no producen, una carga social. Se habla de los ancianos como si fueran una categoría en sí, casi como si no se tratase de hombres.

Después, en los mismos ancianos, al desgaste físico acompaña, a menudo, un grave malestar psicológico: sentirse superados.

Hace falta volver a dar esperanza a los ancianos.

La vejez no es otra cosa que la tercera etapa de la existencia. La vida que nace, la vida que crece, la vida que declina no son sino tres aspectos del misterio de la existencia que proviene de Dios-Amor.

En ciertos países asiáticos y africanos el anciano es valorizado porque se le considera un maestro de vida, porque posee la sabiduría.

El anciano, efectivamente, es una persona que pone de relieve lo esencial, lo más importante. Recordemos lo que se dice de San Juan Evangelista que con más de 80 años, cuando visitaba las comunidades cristianas y le preguntaban cuál había sido el mensaje de Jesús, siempre respondía: «Amaos recíprocamente», como si no tuviese nada más que añadir. Pero con esta frase verdaderamente centraba el pensamiento de Cristo.

Privarse de los ancianos es privarse de un patrimonio.

Es necesario valorizarlos, amándolos. Y valorizarlos también cuando están enfermos, incluso de gravedad; cuando humanamente no existen esperanzas y la necesidad de asistencia es más exigente.

Ante Dios no existe vida, ni hay etapa de la vida, que sea indigna de ser vivida».

 

 

 

Educación: el cofre del tesoro

Educación: el cofre del tesoro

PUn pacto educativo que es necesario reconstruir de forma armoniosa: entre la familia, la escuela, las instituciones civiles, la cultura. Ésta es la idea que subyace al proyecto de las Scholas Occurrentes, [las escuelas que salen al encuentro, escuelas cercanas] surgidas en Argentina por iniciativa del entonces arzobispo de Buenos Aires J.M. Bergoglio y hoy presentadas a nivel internacional. «La iniciativa de Scholas quiere de alguna forma reintegrar el esfuerzo de todos a favor de la educación, quiere volver a estipular el pacto educativo de manera armoniosa, porque sólo sí nos armonizamos, todos nosotros responsables de la educación de nuestros muchachos y jóvenes, ésta podrá cambiar. Es por esto que Scholas promueve la cultura, el deporte, la ciencia; por esto Scholas tiende puentes, sale de lo “pequeño” y va más lejos. Hoy en día se está realizando esta interacción, este conocimiento, en todos los continentes», subraya el papa Francisco, a conclusión del 4° congreso mundial que se llevó a cabo en el Vaticano del 2 al 5 de febrero pasados. El momento culminante de estos días fue la conexión en video conferencia con algunos chicos discapacitados que participan en los programas de inclusión escolar de las 400.000 escuelas vinculadas al proyecto. Entre ellos estaba Isabel de 13 años, no vidente, quien ama el atletismo y le pidió al Papa que les diga a quienes están en dificultades «que no se rindan, porque con un poco de esfuerzo se puede llegar a donde sea». Sí, porque «en todos ustedes hay un cofre», dijo Francisco en el video mensaje a los chicos, «y dentro de él hay un tesoro. Vuestro trabajo es abrir el cofre, sacar el tesoro, hacerlo crecer, darlo a los demás y recibir el tesoro de los demás». Estaban presentes más de 250 personas entre los mayores expertos en materia de educación y responsabilidad social, de credos y culturas distintas, además de delegaciones de organizaciones deportivas, como también representantes del mundo del arte, del espectáculo y de la cultura, y de sociedades de Tecnología, información y comunicación (TIC’s) que, a través de la tecnología más avanzada, permiten «construir un aula en donde todos puedan encontrar un lugar», tal como declaró José María del Corral, director de las Scholas. 20150210-01En su intervención el Papa indicó las siguientes pistas de trabajo para la educación: redescubrir el juego como camino educativo, educar a la belleza, volver a encontrar la armonía entre el “lenguaje de la cabeza” y el “lenguaje del corazón”. Palabras que resultaron como una chispa para los actores en juego, presentes en el congreso de Scholas, quienes, en los días anteriores habían presentado experiencias, investigaciones y proyectos educativos en los que el aprendizaje y la solidaridad se funden en una línea pedagógica incluyente: alumnos con necesidades educativas especiales, dependencias, pobreza, cuidado del medio ambiente. Al respecto se presentaron, entre otros, algunos proyectos surgidos en el ámbito de los Focolares, como el proyecto Udisha en la India, la campaña contra del juego de azar de Slot Mob en Italia, el proyecto Living Peace en Egipto. Dos mañanas se dedicaron además a profundizar en la pedagogía del Aprendizaje y el Servicio Solidario, desarrollada y promovida por María Nieves Tapia de los Focolares y presentada en sus principios teóricos por Carina Rossa, de Educación y Unidad (EDU). La red de Scholas se comprometió en aplicarla. «Quienes salen ganando con todo esto son los muchachos», concluyó papa Francisco, subrayando así la importancia de este trabajo que conduce a construir puentes entre jóvenes de todas las naciones y credos, mediante la educación a la paz y a la fraternidad. Más aún, afirmó también: «No vamos a cambiar el mundo, si no cambiamos la educación». Un verdadero «plan de rescate» en curso, tal como lo definió en otras ocasiones, para poner freno a la ‘cultura del descarte’ que no está dejando lugar, en la sociedad, a toda una generación de niños y jóvenes. Y seguir creyendo que «la vida es un tesoro hermoso, pero tiene sentido sólo si la donamos». Información para adherir al proyecto: www.scholasoccurrentes.org Discurso integral del Papa  

Gabón: Una familia para los demás

Gabón: Una familia para los demás

20150207-a«Con veintiocho años de matrimonio, cuatro hijos, de los cuales tres se quedaron en Lubumbashi (Congo) para estudiar en la Universidad, el descubrimiento de Dios como amor, el ponerlo en el primer lugar de nuestra vida personal y de pareja, han sido los antecedentes espirituales que nos impulsaron a dejar todo para seguir a Cristo.

Desde hacía mucho tiempo la comunidad del Movimiento en Gabón estaba pidiendo la apertura de un focolar en Libreville. Así, en el 2011, llegamos nosotros como “familia-focolar”.

Nuestra elección nos llevó a ofrecer nuestra disponibilidad, a dejar nuestro trabajo y a ir a una tierra nueva. Nunca nos habíamos separado de nuestros hijos por un período tan largo. No fue fácil, pero con el consenso de toda la familia, sentimos que lo podíamos hacer. Eran muchos los interrogantes… pero la confianza en Dios-Amor era grande.

A nuestra llegada a Gabón la primera preocupación fue la de reforzar nuestro amor recíproco de esposos. De este modo el amor entre nosotros creció más, llevándonos a recomenzar siempre y amarnos el uno al otro y amar a todos los que encontrábamos.

Aquí hemos encontrado una comunidad realmente acogedora, receptiva y, a pesar de las estrecheces de la vida, muy generosa. Hemos hecho numerosos viajes recorriendo todo el país, para encontrarnos con las comunidades más lejanas. Todos nos han acogido con entusiasmo. Incluso, en algunas aldeas, nos esperaban a lo largo de las calles, con ramas de árboles plantadas a lo largo del recorrido para manifestar su alegría.

La familia cristiana aquí, como en el resto de África, sufre el contragolpe de las mutaciones socioculturales, y esto nos cuestiona mucho. Estamos acompañando en el camino de la fe a muchas parejas y hoy día varias de ellas han recibido el sacramento del matrimonio, otras están haciendo un camino para prepararse a regularizar su unión.

Hemos experimentado fuertemente la providencia de Dios, empezando por la casa que nos donó el Arzobispo de Libreville para las actividades del Movimiento. Para amoblarla, cada persona de la comunidad trajo lo que podía: una cama, un colchón, un par de sábanas, una cocina económica, un tenedor, un plato… Simultáneamente, todas las comunidades de Gabón se han organizado para ayudar concretamente con las necesidades de nuestra vida cotidiana. Periódicamente nos hacen llegar mandioca, arroz, bananos. A menudo alguno toca la puerta y con sorpresa vemos llegar aquello que necesitamos.

La unidad, el amor, la fe en las palabras del Evangelio nos han permitido superar las inevitables dificultades que encontramos aquí: la falta de trabajo, la enfermedad, la incomprensión…

Después de tres años, regresamos a Lubumbashi. Encontramos a nuestros hijos crecidos en edad y sabiduría. También en esto hemos visto que el Evangelio es verdadero. Volver a verlos fue una grandísima alegría y con cada uno de ellos sentimos una profunda unidad de corazón y de alma.

Cuando regresamos, ellos nuevamente renovaron su disponibilidad de ‘mandarnos’ de misión, lo que quiere decir hacer que las personas encuentren a Dios a través de nuestro amor recíproco y cubrir, con el calor de la familia y nuestra unidad, el gran deseo de la comunidad de Gabón de contar con un auténtico focolar”.

Jeanne y Agustín Mbwambu