Movimiento de los Focolares
Desde Caracas (Venezuela): la solidaridad se hace tangible

Desde Caracas (Venezuela): la solidaridad se hace tangible

El miércoles 24 de junio de 2026, a las 6:04 de la tarde, Venezuela cambió su rostro en menos de un minuto. Dos terremotos, de magnitud 7.1 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, sacudieron el centro-norte del país. El epicentro fue localizado cerca de Morón, en el estado de Carabobo, pero el impacto ha sido devastador, sobre todo en La Guaira, en Caracas y en las zonas limítrofes, en donde numerosos entre casas y edificios se derrumbaron. El balance de las víctimas, de los dispersos y de los heridos sigue subiendo mientras prosiguen las tareas de rescate. Equipos especializados provenientes de varios países están llegando para unirse a la búsqueda de los sobrevivientes, junto a las ayudas humanitarias y bienes de primera necesidad, en una respuesta internacional que crece hora tras hora.

Las réplicas no dan tregua; ya son más de 100. Algunas apenas se advierten, otras nos obligan a escapar de las casas continuamente. Vivimos en un estado de alerta constante. Dormimos poco. El cansancio pesa, pero también el miedo. A todo ello se suman las dificultades de una ciudad que trata de seguir funcionando. Las líneas telefónicas y la señal de internet funcionan en forma intermitente, la electricidad sufre continuas fluctuaciones y, en muchos edificios, la provisión de gas ha sido suspendida por precaución. Incluso las decisiones más simples requieren un gran esfuerzo: organizarse, concretar acciones, coordinar equipos o simplemente comunicarse con las personas queridas para saber si están bien. Todo se vuelve complicado cuando la tierra sigue recordándonos que aún no ha terminado de temblar.

Venezuela afronta este terremoto partiendo de una condición de vulnerabilidad. Muchos edificios se han construido sin criterios antisísmicos, que hoy son la norma en otras regiones, y algunos arrastran consigo años de desgaste y mantenimiento insuficiente. Esta emergencia se suma a una realidad socio-económica ya comprometida. Todo ello vuelve aún más complejo el proceso de respuesta.

Sin embargo, en medio de esta realidad tan frágil, estamos descubriendo también una fuerza inmensa que nace de la comunión.

Como Movimiento de los Focolares hemos abierto nuestras casas –los focolares, que afortunadamente no han sufrido daños estructurales– para acoger a los que han tenido que abandonar su vivienda. Algunas familias ya no pueden volver a sus casas, porque los edificios corren el riesgo de derrumbarse. Otras lo han perdido todo. Hemos ofrecido alojamiento, alimentos, ropa y todo lo que pueda aliviar las necesidades más urgentes e inmediatas.

Lamentablemente, el dolor ha tocado también a nuestra familia muy de cerca. Una voluntaria del Movimiento ha perdido a algunos familiares por el derrumbe de los edificios en donde vivían. Solo una sobrina se ha salvado y ya se ha recuperado tras su paso por el hospital. Como ellos, muchas familias esperan noticias entre los escombros; otras lloran a sus seres queridos y muchas siguen aferrándose a la esperanza de encontrar con vida a los que están dispersos.

La solidaridad forma parte de nuestra identidad y en estos días se hace tangible. Desde las primeras horas después del sismo se han multiplicado los viajes entre Caracas y La Guaira: se trata de autos privados, voluntarios, parroquias, organizaciones y vecinos que llevan agua, comida, medicamentos, ropa y artículos de primera necesidad. Enteras comunidades de otras regiones del país que nada más han advertido el terremoto se han organizado espontáneamente para equipar centros de recolección, distribución de las donaciones y preparar las ayudas que siguen llegando a las zonas más afectadas; a través de la Iglesia. Toda pequeña iniciativa, toda llamada telefónica, cada uno de los paquetes es preparado con cuidado, cada persona que ofrece su propio tiempo, teje una red de fraternidad que sostiene a quien más lo necesita.

Nos conmueve profundamente también la cantidad de personas, dentro y fuera de Venezuela, que desean ayudar. No hemos logrado aún responder a todos los mensajes que nos han llegado. Familiares, amigos, miembros del Movimiento y personas que quieren simplemente saber cómo estamos o preguntar cómo pueden colaborar. Estamos activando todas las sinergias posibles para que esta enorme generosidad encuentre canales concretos y llegue allí donde hay una necesidad mayor.

A todos ellos les queremos expresar un agradecimiento sincero. Gracias por las oraciones, por los mensajes de cercanía y por los gestos concretos de solidaridad que ya están actuando. En momentos como este experimentamos de una manera muy viva lo que Chiara Lubich nos ha dejado como horizonte: “Sean una familia”.

Tal vez el desafío más grande es vivir el momento presente. No anticipar el miedo al próximo temblor ni quedarse paralizados por la enormidad del dolor. Permanecer en el presente es, hoy más que nunca, el camino para descubrir lo que el Amor nos pide en cada momento.

Vivir el carisma de la unidad nos lleva, en este contexto, a dar una respuesta concreta: ser puentes en donde hay aislamiento, ofrecer fraternidad en donde el miedo divide y sembrar esperanza allí donde la incertidumbre parece imponerse.

Hay mucho camino por recorrer aún. La emergencia no ha terminado y la reconstrucción requerirá tiempo. Pero en el medio de tantas pérdidas somos también testigos de una humanidad que no se resigna, que se organiza, que comparte lo poco o lo mucho que tiene y que vuelve a recordarnos que cuando la tierra tiembla, el amor puede seguir siendo el terreno más sólido sobre el que reconstruir la esperanza.

La comunidad de los Focolares de Caracas
Fotos: © fotospublicas.com

Chiara Lubich: Unidad

Chiara Lubich: Unidad

[…] La unidad. Pero ¿qué es la unidad? ¿Se puede realizar la unidad?

La unidad es lo que Dios quiere de nosotros.

La unidad es realizar la oración de Jesús: “Padre, que sean uno como tú y yo. Yo en ellos y tú en mí, para que sean uno” (Cf. Jn 17, 21).

Pero la unidad no se puede realizar únicamente con nuestras fuerzas. Solo la puede realizar una gracia especial, que viene del Padre, si encuentra una disposición particular en nosotros, un requisito preciso y necesario:

el amor recíproco, del mandamiento de Jesús, puesto en práctica.

Su amor recíproco, el que Él quiere y que no es –como sabemos – simple amistad espiritual o un acuerdo, o un buen entendimiento.

Se trata de amarnos unos a otros, como Él nos amó. Es decir, hasta el abandono: hasta el desapego completo, material y espiritual, de las cosas y de las criaturas para poder “hacernos uno” recíprocamente y a la perfección.

De esta manera hacemos nuestra parte y reunimos las condiciones para recibir la gracia de la unidad, que no faltará, que no puede faltar.

¡Cuánta gratitud debe nacer en nosotros, llamados a esto, ante este pensamiento! ¡Qué impulso para vivir de tal modo, que obtengamos este don que, donde no se vive así, no existe!

Debemos recordar que en nuestra espiritualidad comunitaria hay una gracia más. Que el Cielo puede abrirse en cada instante para nosotros; y nosotros, si hacemos lo que Él nos pide, invadidos por esta gracia, podemos hacer mucho, mucho por el Reino de Dios.

Sin duda, es esta gracia la que explica la gran expansión de nuestro Movimiento y de tantas estupendas conquistas vinculadas a él.

Conscientes de este privilegio extraordinario, en los primeros tiempos nos expresábamos así:

“Grábense en sus mentes una sola idea. Siempre fue una sola idea la que formó a los grandes santos. Y nuestra idea es esta: ‘la unidad’.

«Mantengan siempre este fuego encendido entre ustedes. Y no tengan miedo de morir. Ya han experimentado que la unidad exige la muerte de todos para dar vida al Uno. Hagan esto como sacrosanto deber, pero ¡les dará inmensa alegría! ¡Jesús prometió la plenitud de la alegría a quien vive la unidad!”.

Durante el próximo mes ¡esforcémonos siempre por obtener este don!

Y no lo esperemos solo para nuestra felicidad, sino para ser capaces de realizar nuestra típica evangelización. La conocen: “Que sean uno para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

¡El mundo tiene una gran necesidad de fe, de creer! Y todos estamos llamados a evangelizar. Un día Francisco dijo a uno de sus discípulos: “Vamos a predicar”. Y con las manos cruzadas dentro de sus mangas y con la mirada baja, caminaron por la ciudad predicando con su actitud la mortificación y la pobreza total.

Lancemos también nosotros, en el mundo, nuestra predicación. Que cualquiera que observe a dos o más de nosotros unidos –en el focolar, en los núcleos, en las unidades, en nuestras reuniones o casualmente juntos– quede impactado por un rayo de nuestra fe y crea; crea en el amor porque lo ha visto.

¡Manos a la obra! Esto es lo que el Señor quiere de nosotros. Lo quiere a través de nuestro carisma grabado en nuestros Estatutos: La unidad es la premisa de cualquier otra voluntad de Dios.
Después podemos también hablar para difundir el Evangelio. Pero después.

Chiara Lubich
(Convesazioni, Città Nuova, Roma 2019, pp 522/4

Foto: © JGH – CSC Audiovisivi

Emergencia por el terremoto en Venezuela

Emergencia por el terremoto en Venezuela

La Coordinación de Emergencias del Movimiento de los Focolares ha puesto en marcha una recaudación extraordinaria de fondos en apoyo de la población de Venezuela, a través de Acción por un Mundo Unido (AMU) y Acción por Familias Nuevas (AFN). Las aportaciones recibidas serán gestionadas conjuntamente por AMU y AFN para hacer llegar a las poblaciones afectadas por el terremoto del 24 de junio de 2026 ayuda de primera necesidad para la alimentación, la atención médica, la vivienda y el acogimiento en diversas ciudades del país, también en colaboración con las Iglesias locales.

Cada contribución permitirá llevar alivio inmediato e imaginar, juntos, caminos de esperanza y reconstrucción.

Se puede donar online:

Azione per un Mondo Unito ETS (AMU) IBAN: IT 58 S 05018 03200 000011204344 presso Banca Popolare Etica Codice SWIFT/BIC: ETICIT22XXX

Azione per Famiglie Nuove ETS | Banca Etica – filiale 1 di Roma – Agenzia n. 0 | Codice IBAN: IT 92 J 05018 03200 000016978561 | BIC/SWIFT: ETICIT22XXX

Motivo: Emergencia Venezuela

En muchos países de la UE y en otros países del mundo existen ventajas fiscales para este tipo de donaciones, según las distintas normativas locales. Los contribuyentes italianos podrán obtener deducciones y desgravaciones fiscales, según la normativa para los Entes del Tercer Sector (ETS).

Foto: © fotospublicas.com

La unidad, una prioridad para Maria Voce Emmaus

La unidad, una prioridad para Maria Voce Emmaus

En su vida cotidiana en el focolar, Maria Voce Emmaus vivió de manera sencilla y luminosa ese Evangelio de la unidad que se comunica con inteligencia, libertad y creatividad.

Poseía una característica que llamaba inmediatamente la atención: movilizaba su corazón, su imaginación y toda su inteligencia para amar verdaderamente a cada persona tal como deseaba ser amada, sin esquemas ni soluciones prefabricadas. Cada persona era única, y ella se tomaba esto muy en serio.

Una de nosotras, por ejemplo, recuerda que cuando llegó, no podía comer queso. Un detalle, diríamos. Pero no. Para Emmaus, no lo era. Sin hacer pesar nada, siempre se aseguraba de que hubiera alternativas en las comidas. No era solo consideración, era una forma de decir que cada una es importante tal como es. Y esto también se aplicaba a las diferentes preferencias alimentarias o sensibilidades: las respetaba con una libertad capaz de aceptar incluso lo que podría parecer cuestionable.

Con Emmaus, de verdad, todo era posible. No por grandes planes, sino por esa capacidad de escuchar los deseos más profundos y hacerlos florecer. Así, el sueño de una de nosotras —ir a un país de habla inglesa para mejorar su inglés— se convirtió, con sorprendente sencillez, en su regalo de cumpleaños.

En el focolar, también tenía una sensibilidad especial hacia las diferentes culturas. No solo las apreciaba, sino que las acogía y valoraba con profundo respeto. Durante un festival tradicional coreano, animó a una de nosotras a vivir el momento plenamente: vestirse con el traje típico, realizar el ritual según la tradición, sin simplificaciones. Y no se limitó a observar: quiso participar activamente, preparando un bonito sobrecito con una suma de dinero, como se espera de un anciano hacia el más joven. Era su manera de decir que cada cultura es un regalo que debemos atesorar.

También sabía reconocer y apoyar los gustos y preferencias de cada una. A quien les gustaba los eventos culturales, no solo le decía: “Ve, es bonito”. Ella misma los buscaba en los alrededores, los recomendaba, los animaba y los acompañaba. Era como si hiciera suyos los sueños de los demás.

Y luego estaban los regalos. Nunca eran regalos “así no más”. Eran considerados, buscados, cuidadosamente preparados. Eran muestras concretas de amor personalizado —como un reloj especial o un paseo por la playa en un cumpleaños— que llegaban no solo a nosotros o a otros focolares, sino también a nuestras propias familias: hermanas, padres, sobrinas y sobrinos.

El arte siempre ha estado presente en nuestro focolar, como aliado para fomentar la unidad entre nosotras. ¡Cuántas veces hemos cantado juntas!, ¡se sabía de memoria muchas canciones y poesías!… ¡o representado pequeñas obras de teatro! La que preparó para la fiesta del nombre de María fue inolvidable: una reinterpretación libre y alegre, inspirada en la “Divina Comedia” de Dante, el gran poeta italiano, vivida con ella y para ella, que transformó un simple momento en una profunda experiencia con María.

En el fondo, esa era su forma de vida: creaba la familia. Un episodio lo ilustra bien. Un domingo por la tarde, sin previo aviso, visitamos con todo el focolar a la focolarina casada que se acababa de mudar al Centro. Cuando, sorprendida, preguntó por el intercomunicador quién era, Emmaus respondió con sencillez y alegría: “¡Tu familia!”.

En otra ocasión, nos llamó un fin de semana para invitarnos a sus vacaciones. Nos sorprendió que hubiera visto ropa en una tienda que nos podría gustar. Así que nos la probamos y elegimos prendas según el gusto y el estilo de cada una, ¡con esa alegría que se siente cuando Jesús está presente!

Al reflexionar sobre nuestra vida con Emaús, podemos afirmar que la unidad no es una idea abstracta. Es algo que se construye día a día, que requiere que nos involucremos personalmente en las relaciones con los demás, en los detalles, en las atenciones, en la creatividad del amor. Ella nos demostró que la unidad es posible cuando cada uno ama y se siente verdaderamente amado.

Las focolarinas que han vivido en el Focolar con Emmaus
En las fotos, distintos momentos de la vida cotidiana – © Archivio CSC Audiovisivi

El prójimo detrás de la pantalla

El prójimo detrás de la pantalla

Hace un tiempo, la tecnología nos permitió reencontrarnos con mis ex compañeros de secundaria después de muchísimos años sin vernos: armamos un grupo de WhatsApp. Entre anécdotas y fotos viejas, logramos identificar a un compañero del que nadie tenía noticias y lo sumamos al grupo.

Él nos contó que estaba en situación de calle. Una serie de problemas de salud, la lucha con un tumor, la pérdida de su empleo y una separación familiar lo habían dejado sin nada. Al principio, algunos compañeros colaboraron con dinero, pero ante un segundo pedido de ayuda, la respuesta fue el silencio o la negativa.

Aunque en la escuela no fuimos amigos cercanos, sentí que no podía ser un espectador más. Me dije a mí mismo que, si él había aparecido en mi vida a través de ese grupo, yo tenía que hacer algo. No podía simplemente ignorarlo.

Decidí encontrarme con él. Quería ver con mis propios ojos cómo estaba y escucharlo. Había pasado unos días en una pensión, pero pronto volvió a la calle. Yo no tenía la capacidad de resolver su problema habitacional ni de ofrecerle un hogar, pero sentí la necesidad de preguntarle a Dios qué quería de mí en esa situación.

Nos juntamos y charlamos largo rato. Me conmovió ver su deterioro físico, así que le ofrecí ayudarlo con una medicina natural que yo podía conseguir para que, al menos, recuperara algo de tranquilidad y bienestar. Pero más allá de lo físico, recordé que él, alguna vez, había sentido una vocación religiosa fuerte, e incluso estuvo cerca de entrar al seminario. Le pregunté por su fe.

Mi ha confessato di essersi allontanato da tutto; erano anni che non metteva piede in chiesa né si avvicinava ai sacramenti. Con totale sincerità, gli ho consigliato che, dato che la sua malattia stava progredendo e si sentiva in pericolo, cercasse rifugio in Dio.

Le sugerí que fuera a misa, que hablara con un sacerdote y, si lo sentía, se confesara. Al día siguiente me llamó emocionado. Había ido a la iglesia, se había confesado y comulgado. Me agradeció profundamente porque se dio cuenta de que, habiendo perdido todo lo material, su relación con Dios era lo único que realmente le quedaba.

Hoy seguimos en contacto. Él logró conseguir una pensión y está un poco mejor. Yo lo sigo ayudando con esta medicación natural complementaria a su tratamiento y, cada tanto, nos juntamos a tomar un café o le acerco algo que necesita, como un par de zapatillas. Pero con el tiempo entendí que lo más importante no fue el remedio ni el calzado: fue el hecho de que alguien se detuviera a hablarle.

A veces, el «prójimo» aparece en un grupo de WhatsApp y corremos el riesgo de dejarlo atrapado en la virtualidad, donde nadie se hace cargo de nada. Mi amigo me enseñó que estar atento a la necesidad del otro, aunque no tengamos la solución definitiva en nuestras manos, ya es mucho. Si todos pudiéramos hacer apenas un poquito, ¿cómo cambiaría la situación de la gente? No dejemos que el otro sea solo un mensaje en una pantalla; hagamos que nuestra ayuda sea concreta, humana y, sobre todo, presente.

Pablo Furlán (Argentina)
Foto ilustrativa: © Pexels-tkirkgoz