Ser extranjero no es solo una condición jurídica o geográfica. Es también una experiencia humana que casi todos, de una manera u otra, hemos vivido alguna vez.
Podemos sentirnos extranjeros cada vez que entramos en un contexto cuyos códigos desconocemos: un país nuevo, un nuevo trabajo, una escuela, una residencia, un grupo social o incluso una familia que no es la nuestra. También podemos sentirnos extranjeros cuando las nuevas generaciones utilizan lenguajes y referentes que nos resultan incomprensibles, o cuando descubrimos que la sociedad a la que creíamos pertenecer ha cambiado en una dirección que ya no reconocemos. Todos sabemos qué significa sentirse fuera de lugar: una experiencia común que puede ayudarnos a ponernos en la piel del otro.
La historia de la humanidad ha sido siempre una historia de encuentros entre culturas. Si, por una parte, las migraciones han generado conflictos y dificultades, por otra han favorecido el intercambio, el enriquecimiento mutuo y la profunda transformación de las sociedades. Por eso podemos contemplar el fenómeno migratorio no solo como una emergencia, sino también como una oportunidad para renovar la familia humana. Es una invitación a salir de nuestras seguridades para ir al encuentro del otro.
El verdadero reto es vivir este cambio de época con una mirada capaz de descubrir las semillas de esperanza que las migraciones llevan consigo, transformando la acogida en un espacio donde construir fraternidad.
Podemos empezar con pequeños gestos. Acciones que pueden parecer insignificantes, pero que, unidas a las de muchas otras personas, forman una cadena silenciosa y real capaz de convertirse en un «dique contra la barbarie».
Así lo expresaba Chiara Lubich en una de sus últimas intervenciones públicas, en Londres, en junio de 2004: «[…] nuestra experiencia nos dice que, para quien hoy se dispone a mover las montañas del odio y de la violencia, la tarea es inmensa. Pero aquello que es imposible para millones de personas aisladas y divididas parece hacerse posible para personas que han hecho del amor mutuo, de la comprensión recíproca y de la unidad el motivo esencial de su vida. […]»
Cuando vivimos así, el diálogo puede convertirse en una verdadera cultura del encuentro, en la que la diversidad de cada uno deja de ser una barrera y se convierte en un don para el bien común.
Como testimonio de ello, un párroco suizo explica las «lecciones» que ha aprendido viviendo en un centro de acogida para personas migrantes. Por una parte, la toma de conciencia de hasta qué punto el racismo está latente en cada uno de nosotros; por otra, la extraordinaria fuerza transformadora que nace del encuentro: «Solo un ejemplo: aquí, en Lucerna, vivió con nosotros durante tres años un joven de Ruanda. No tenía documentación y, cuando llegó, estaba muy afectado psicológicamente. Al principio no fue fácil. Pero, poco a poco, su personalidad original volvió a resplandecer y, con ella, también nuestra comunidad plural floreció en una vida aún más hermosa. ¡Cuánto reímos, celebramos, rezamos y superamos juntos incertidumbres y grandes retos! Nos convertimos en hermanos. Esto se hizo especialmente evidente el día de la partida, contra su voluntad, de este hermano nuestro ruandés. Cuatro policías vinieron a buscarlo a nuestra casa para devolverlo por la fuerza a su país. Se sorprendieron mucho al encontrar allí a diez personas de diferentes nacionalidades que habían venido a despedirse de él y ver un ambiente sereno en una situación tan difícil. (…) Han pasado cinco años y sigue muy vivo, de un continente a otro, el profundo vínculo familiar que se ha creado entre nosotros».
LA IDEA DEL MES, es elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida que es la frase de la Escritura que los miembros del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES es traducida a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. www.dialogue4unity.focolare.org
La llaman «la Regla de platino». Todos conocemos la grandeza de la Regla de Oro («haz al otro lo que querrías que te hicieran a ti») y precisamente de ella nace lo que puede considerarse una evolución incluso más universal: «esfuérzate por comprender qué querría el otro que le hicieran y actúa en consecuencia».
Quizá precisamente aquí podamos reconocer una de las formas más auténticas del amor: encontrarnos de igual a igual, cada uno con sus fortalezas y sus fragilidades, en una relación de reciprocidad y respeto, reconociendo el valor y la dignidad de cada vida incluso en los contextos más difíciles. Se trata de mirar con atención a quien tenemos al lado, sin ignorarlo.
«El verdadero amor al prójimo —afirma Chiara Lubich— no hace ningún mal» [1]. De hecho, si amamos, evitamos toda forma de mal, tanto hacia nosotros mismos como hacia nuestros hermanos y hermanas. El primer paso para amar al prójimo es, precisamente, no hacerle daño. Pero para llegar a amar plenamente es necesario ser creativos en el amor: el papa Francisco nos recordaba que no basta con no hacer el mal al prójimo, sino que es necesario elegir hacer el bien, aprovechando todas las ocasiones que se presentan.
Lo sabemos: ninguno de nosotros puede dar lo que no tiene, y solo reconociendo que todo, hemos sido amados en algún momento, podemos liberar plenamente nuestros dones hacia los demás.
¿Cómo vivir, entonces, esta Idea del Mes? Volvamos a poner el amor en el centro de nuestra vida. Amemos a los demás de manera concreta, con creatividad e imaginación y, sobre todo, con una escucha profunda, que viene «de dentro», del corazón.
Doris, una joven de Escocia, nos cuenta: «En nuestras visitas habituales a un refugio para personas sin hogar, entro en un mundo muy diferente del mío. Sé que no importa tanto lo que yo siento, sino amar. Un día, un hombre con una profunda tristeza en el rostro me confió que se sentía dispuesto a acabar con todo, que incluso quería morir. Simplemente me puse a escucharlo y después compartimos un bocadillo y un café. Y comprendí que escuchar y estar presente ya era una forma de demostrar amor. Cuando llegó el momento de irme, me abrazó con fuerza y me sonrió, diciéndome que lo que estábamos haciendo era muy importante, no solo para él, sino para todos los que estaban allí. Sentí la increíble fuerza del amor. Quizá no lo “salvé”, pero su gratitud me llenó de alegría, y eso, por sí solo, ya es algo muy poderoso».
[1]C. Lubich, Palabra de vida, septiembre de 1993, en Palabras de Vida/2 1991-2006) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2026, p. 77.
LA IDEA DEL MES, es elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida que es la frase de la Escritura que los miembros del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES es traducida a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. www. dialogue4unity.focolare.org
Decía el gran científico Louis Pasteur: «Maravillarse de todo es el primer paso de la razón hacia el descubrimiento».
También nos lo recuerda Luigi Ballerini, escritor para jóvenes y médico psicoterapeuta, en el artículo que nos ha inspirado para esta idea [1]: «En el fondo, maravillarse no es más que una forma de confianza […] Es la idea de que todavía existe un mundo por descubrir, comprender y encontrar. Esto explica por qué la pérdida de esta capacidad (maravillarse) es tan grave: sin ella, la vida se hace monótona en la repetición de una mirada cansada que ya no ve nada. […] Si perdemos la capacidad de maravillarnos, no nos volvemos más realistas ni más eficientes; solo perdemos la posibilidad de dejarnos interpelar por la realidad, de reconocer que nosotros mismos podemos seguir cambiando y mejorando a través de aquello que encontramos».
La maravilla nos recuerda que no todo depende de nosotros. Es una invitación a acogerla con el corazón abierto, a reconocer lo que la vida quiere decirnos y a estar agradecidos por ello. La maravilla evoca el asombro, esa extraordinaria capacidad de los niños para abrirse a la vida y a las relaciones; dimensiones, estas, constitutivas del ser humano, que desde hace milenios son una clave de la aventura del pensamiento humano, enseñándonos a descentrarnos para ir al encuentro de las personas que quizá nos esperan, que viven las mismas dificultades cotidianas y las mismas esperanzas que nosotros.
Hoy los desafíos que provienen de las redes sociales y de la Inteligencia Artificial parecen apagar esta capacidad: ¿ya lo hemos visto todo? Y, sobre todo: ¿nos estamos acostumbrando a todo? A menudo son los pequeños gestos los que tienen la capacidad de volver a encender el asombro.
Asombrarse significa mantener viva la capacidad de maravillarse, de aprender de lo nuevo y de reconocer el valor de las personas y de las situaciones que encontramos, sin resignarnos a la indiferencia ante el dolor y el sufrimiento. Tengamos el valor de mirar la realidad con atención y apertura poniéndonos en el lugar de los demás, ofreciendo escucha y apoyo sin juzgar y cuidando de quienes atraviesan momentos importantes o complejos.
Son muchas las historias cotidianas de esfuerzo, de enfermedad, de vidas que parecen perdidas o sin sentido; y, sin embargo, siempre puede surgir un horizonte nuevo e inesperado. En las familias, en los centros sanitarios y asistenciales y en tantas situaciones de fragilidad, es posible contemplar con asombro los signos de la revolución más poderosa: la de un amor capaz de ir más allá de lo que cabría esperar. Dejémonos sorprender con vulnerabilidad y humildad por todo aquello que sale a nuestro encuentro y hagamos que no quede confinado en la intimidad del corazón, sino que se manifieste en las relaciones, en la vida compartida, en el tejido de las futuras generaciones.
LA IDEA DEL MES,es elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares.Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida que es la frase de la Escritura que los miembros del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES es traducida a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. www. dialogue4unity.focolare.org
Si prestamos atención al mundo que nos rodea, nos damos cuenta de que a menudo lo que prevalece es el ruido de las opiniones. Todos desean decir la suya y se multiplican los espacios de debate en los que parece que todos lo saben todo. Sin embargo, no siempre encontramos en ellos auténtica sabiduría; a veces, por el contrario, se corre el riesgo de favorecer la superficialidad, la ignorancia y un progresivo empobrecimiento cultural.
Ante este panorama, ¿qué merece realmente ser escuchado? Existen palabras y Palabras. ¿Qué las distingue? Podemos llamar Palabras, con P mayúscula, a aquellas —escritas o pronunciadas— que, una vez hechas propias, tienen la capacidad de transformarnos. Son palabras que expresan sabiduría, porque ofrecen una clave de lectura de la existencia humana, del deseo de trascendencia y de las relaciones que unen a los seres humanos entre sí y con la naturaleza. Como escribió Rabindranath Tagore, poeta, filósofo y escritor indio: «Las palabras llegan al corazón cuando han salido del corazón».
La Palabra no pertenece a una época, a un lugar concreto o a una religión. Xavier Melloni, antropólogo, teólogo y fenomenólogo de la religión, observa que para algunos la Palabra está inspirada por el Espíritu Santo, mientras que para otros es fruto de la iluminación de la conciencia. Pero ¿cómo reconocer cuándo nos encontramos ante la Palabra?
«Podemos decir que la Palabra es aquello que nos hace capaces de abrirnos a los demás, de entregarnos y de permanecer en silencio, yendo más allá de nosotros mismos hacia una profundidad cada vez mayor. La palabra auténtica es vital y genera vida»[2]. Así, la Palabra, entendida en un sentido amplio, libera de los vínculos a los que estamos sometidos; no depende de intereses ocultos, no es coercitiva, pero se convierte en idolatría cuando deja de ser sabia.
Y, sin embargo, la Palabra no resuena siempre del mismo modo en nuestro interior, incluso cuando está expresada con las mismas palabras. Su acogida está estrechamente ligada al momento de la vida que estamos atravesando. La superficialidad, las preocupaciones afrontadas con autosuficiencia o la indiferencia son obstáculos que impiden que la Palabra dé fruto en nosotros y, a través de nosotros, en los demás.
La Palabra sabia se convierte en un sólido punto de referencia en el camino del ser humano. A veces nos ofrece respuestas; otras veces suscita nuevas preguntas; nos permite contemplar las cosas desde una perspectiva diferente y abrirnos a dimensiones de la realidad que antes no lográbamos percibir; nos hace libres y nos conduce a experimentar aquello que es verdaderamente esencial para nuestra existencia. Solo la Palabra auténtica, la Palabra sabia, puede transformar nuestra manera de pensar y de actuar. Aceptada y vivida, nos ayuda a dar un mayor significado a nuestra existencia, a vivir relaciones más profundas y a construir juntos una sociedad más humana y fraterna.
Cuenta Jordi: «Cada encuentro con la Palabra es personal e íntimo. Mi encuentro con la Palabra llegó después de años centrados en el trabajo y la tecnología. La lectura de libros de distintos ámbitos —biografías, novelas, filosofía, etc.— despertó en mí la búsqueda de la sabiduría para dar sentido a las grandes preguntas de la vida, sostener mi existencia y comprender por qué la Palabra se manifiesta de formas tan diversas y aparentemente contradictorias. En este camino conocí la sabiduría de Chiara Lubich, expresada en una relectura nueva y vital del Evangelio y testimoniada por un estilo de vida estimulante. A pesar de su carácter confesional, demostró ser capaz de entrar en sintonía con personas que, como yo, no tienen convicciones religiosas y de implicarlas en el camino de la fraternidad».
Este mes alimentémonos de Palabras sabias, hagámoslas nuestras y transformémoslas en vida. Y, si tenemos la oportunidad, compartamos los frutos que generan con quienes, como nosotros, están en camino. De este modo construiremos juntos una convivencia más humana y llena de significado.
[1] Esta reflexión se inspira en la intervención de Jordi Illa en el Congreso Internacional promovido por el Centro para el Diálogo con Personas de Convicciones no Religiosas en 2013, titulado «La Palabra». 2 Véase Xavier Melloni, Vers un temps de síntesi, Fragmenta Editorial, Barcelona, 2011, p. 55.
[2] Xavier Melloni, Vers un temps de síntesi, Fragmenta Editorial, Barcelona, 2011, p. 55.
LA IDEA DEL MES, está elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida, que es la frase de la Escritura que las personas del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES se traduce a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. dialogue4unity.focolare.org
¿Nos conformamos con vivir en un mundo donde impera “la ley del más fuerte”? ¿Dónde para tener éxito es necesario aplastar o someter a los demás? ¿Dónde miramos al otro con desconfianza y, por miedo a perder lo que tenemos, levantamos barreras físicas o invisibles? ¿Nos resignamos a dejar pasar los días sin esperanza, sin encontrar sentido a lo que vivimos? Y aún más: ¿eso es realmente vivir plenamente?
En un mundo complejo e incierto, tenemos la oportunidad de ser portadores de una nueva manera de concebir la vida. Pero, para hacerlo, primero es necesario hacer experiencia de ello. ¿Cómo?
Hemos nacido, sin haberlo pedido, con unas capacidades que nos han sido dadas: hay quien tiene facilidad para comunicarse, quien posee una sensibilidad artística y creativa; todos disponemos de una determinada inteligencia, y puede que la vida nos haya brindado oportunidades únicas para desarrollarnos. La pregunta es: ¿qué hacemos con todo ello? Tenemos dos opciones: hacer uso de estas capacidades solo para el beneficio propio, disfrutando de lo que nos aportan, o bien ponerlas al servicio de los demás y compartirlas.
Quizás la segunda opción no nos reporte un beneficio económico inmediato —que hoy parece ser el principal motor del mundo—, pero sin duda nos permitirá contribuir a construir una realidad diferente: un mundo donde la competencia no sea un fin en sí mismo, sino un medio para mejorar y crecer juntos.
No se trata de una realidad impuesta, sino de un proceso que comienza en las relaciones cotidianas y en las decisiones que cada uno toma cuando decide actuar. Las personas que viven así muestran, con hechos, que el cambio es posible. Allí donde actúan, hacen visible un nuevo paradigma y evidencian que este cambio está cerca.
Con humildad compartamos lo que somos y lo que tenemos; acompañemos y ofrezcamos afecto a quien necesita nuestro calor y cercanía, aliviando sufrimientos cuando es necesario; vivamos juntos los valores que son motor de cambio para una sociedad basada en la justicia, el respeto, la paz y la dignidad de todas las personas; una sociedad donde se promueve el perdón y la reconciliación y se busca el bien de todos.
Juntos tendremos más fuerza y mayor credibilidad, sobre todo si perseveramos en nuestras elecciones. Que nuestro actuar no busque reconocimiento ni se base en el cálculo o el interés. La transformación es lenta, a veces imperceptible, pero si somos constantes, el cambio se produce, crece y se consolida. El futuro empieza a hacerse presente.
LA IDEA DEL MES, es elaborada por el “Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas” del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida que es la frase de la Escritura que los miembros del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES es traducida a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. dialogue4unity.focolare.org
En los momentos de la vida en los que nos sentimos desanimados ante el futuro o decepcionados por las personas más cercanas, puede ocurrir algo repentino e inesperado, capaz de dar sentido a todo y transformar ese desencanto en alegría e incluso en una nueva paz dentro y fuera de nosotros.
A veces se trata de una experiencia tan personal y profunda que nos da el valor de salir de nosotros mismos y compartir con los demás el motivo de nuestra alegría, casi como para animar a todos a revivirla, no solo individualmente sino también como grupo. Quién sabe si esto no puede convertirse en nuestra misión: llevar la alegría que es fruto de una transformación interior y que, a su vez, transforma nuestro entorno, renovándolo.
Sin embargo, frente al impulso inicial, a esa sensación de poder «conquistar el mundo», la realidad es difícil de afrontar y los compromisos se vuelven difíciles de mantener. ¿Dónde encontrar la fuerza para no rendirse y ser siempre portadores de alegría y paz? ¿Cómo no dejarse vencer cuando a nuestro alrededor parece que la humanidad ha fracasado como tal?
Puede ayudar tener una mirada diferente sobre las situaciones, lo que significa buscar todo lo positivo que hay en las circunstancias, sin ingenuidad, pero yendo más allá de las apariencias y encontrando la fuerza para no desanimarnos. Descubriremos que si cambiamos la forma en que miramos las cosas, las cosas que miramos, cambian. Se trata de comprometerse en una lucha diaria por el ideal de un mundo renovado.
Podemos encontrar la fuerza uniéndonos a aquellas personas que, como nosotros, no se resignan al statu quo, sino que se unen para ser instrumentos de cambio.
Especialmente en este momento histórico, es fundamental mirar ante todo dentro de nosotros mismos, escuchar nuestra conciencia, que en todo momento nos sugerirá cómo actuar o qué palabras compartir, para que el acercarnos a los demás, compartiendo sus aspiraciones, abra nuevos caminos de renovación de la sociedad.