Movimiento de los Focolares

Protagonistas de un nuevo futuro

Feb 1, 2026

Idea del Mes - Febrero 2026

Desde tiempos remotos, la humanidad cultiva el deseo de conocer el futuro, a través de ritos mágicos o de la interpretación de los signos de la naturaleza. Algunas de las más grandes obras de la Antigüedad de las diversas culturas y religiones están marcadas por esta tensión. A menudo nacen en los períodos históricos de mayor sufrimiento de un pueblo.

Pero ¿es realmente útil saber qué sucederá? ¿Qué nos ofrece el conocer de antemano los acontecimientos que viviremos, o la manera en que los viviremos? Ninguna de las tradiciones legendarias lo revela plenamente y, más a menudo, el simbolismo oculta una búsqueda muy concreta y la espera de un mañana mejor que dé sentido a los sufrimientos de hoy.

Podría decirse que, cuando las cosas van bien, el futuro no nos preocupa; mientras que cuando van mal, nos sostiene y nos anima la esperanza de que mañana puedan cambiar para mejor. Es la necesidad profunda de esperar un mundo nuevo, diferente, no solo para mí, sino para todos.

El mundo de hoy expresa un “grito” que concierne a toda la humanidad. Aunque no nos afecte directamente, basta con mirar los informativos o hojear los periódicos para darnos cuenta de tragedias de todo tipo. ¿Cómo las vivimos nosotros? ¿Nos acostumbramos y tratamos de sobrevivir o por el contrario, nos dejamos interpelar por el futuro y actuamos en consecuencia?
El mundo que imaginamos, ciertamente, aún no existe; y, sin embargo, como recordaba George Orwell, es posible. Pero ¿cuál, entre los posibles mundos? ¿Qué podemos hacer nosotros? Una respuesta la encontramos en el pensamiento de Albert Camus: «La verdadera generosidad hacia el futuro consiste en darlo todo al presente» [1]

El futuro, por tanto, no es solo algo que hay que esperar, sino que puede prepararse y, en cierto modo, anticiparse ya desde ahora. Depende de nuestra actitud y de nuestras acciones cotidianas. No sabemos cuándo veremos los frutos del cambio: es como una semilla silenciosa que crece sin que nos demos cuenta y que, con el tiempo, se convierte en una planta capaz de nutrir, proteger y generar vida a su alrededor.

La sorpresa es que no podemos imaginar las consecuencias: la novedad está garantizada. Será un futuro imprevisible, nacido de relaciones transformadas, de sentimientos compartidos y de una solidaridad que se hace acción.

Para convertirse en motor de cambio y de renovación de la sociedad se necesita valentía, dejarse interpelar por quien sufre, por quien está solo, por quien necesita nuestra ayuda o nuestro consejo. No estaremos exentos de dificultades y de luchas interiores, pero tampoco faltarán momentos de alegría y de auténtica plenitud.

Recientemente, en Florencia, tuvo lugar un evento para sensibilizar e implicar a los participantes en una caravana de fraternidad: una ocasión para reflexionar y compartir experiencias sobre cómo construir un futuro de paz desde distintos ámbitos: económico, sindical, reconversión industrial, ecológico, etc. Una acción que se quiere extender como una mancha de aceite a otras ciudades y países.

¡Ánimo! Seamos actores y no espectadores para que el futuro sea un presente de fraternidad, concordia y paz.

[1] (L’Hommerévolté, 1951).

Foto © Thophilong-Pixabay

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