Movimiento de los Focolares

La unidad, una prioridad para Maria Voce Emmaus

Jun 19, 2026

El 20 de junio de 2026 se cumple el primer aniversario del fallecimiento de Maria Voce Emmaus, la primera presidenta del Movimiento de los Focolares (2008-2021) tras la muerte de Chiara Lubich. Nos planteamos una pregunta: ¿cómo vivió Emmaus la unidad en su día a día? Las focolarinas que formaron parte de su focolar en los últimos años comparten algunos hechos, “florecillas”, que demuestran cómo el amor recíproco, vivido en toda circunstancia, sienta las bases para merecer la unidad como un don de Dios.

En su vida cotidiana en el focolar, Maria Voce Emmaus vivió de manera sencilla y luminosa ese Evangelio de la unidad que se comunica con inteligencia, libertad y creatividad.

Poseía una característica que llamaba inmediatamente la atención: movilizaba su corazón, su imaginación y toda su inteligencia para amar verdaderamente a cada persona tal como deseaba ser amada, sin esquemas ni soluciones prefabricadas. Cada persona era única, y ella se tomaba esto muy en serio.

Una de nosotras, por ejemplo, recuerda que cuando llegó, no podía comer queso. Un detalle, diríamos. Pero no. Para Emmaus, no lo era. Sin hacer pesar nada, siempre se aseguraba de que hubiera alternativas en las comidas. No era solo consideración, era una forma de decir que cada una es importante tal como es. Y esto también se aplicaba a las diferentes preferencias alimentarias o sensibilidades: las respetaba con una libertad capaz de aceptar incluso lo que podría parecer cuestionable.

Con Emmaus, de verdad, todo era posible. No por grandes planes, sino por esa capacidad de escuchar los deseos más profundos y hacerlos florecer. Así, el sueño de una de nosotras —ir a un país de habla inglesa para mejorar su inglés— se convirtió, con sorprendente sencillez, en su regalo de cumpleaños.

En el focolar, también tenía una sensibilidad especial hacia las diferentes culturas. No solo las apreciaba, sino que las acogía y valoraba con profundo respeto. Durante un festival tradicional coreano, animó a una de nosotras a vivir el momento plenamente: vestirse con el traje típico, realizar el ritual según la tradición, sin simplificaciones. Y no se limitó a observar: quiso participar activamente, preparando un bonito sobrecito con una suma de dinero, como se espera de un anciano hacia el más joven. Era su manera de decir que cada cultura es un regalo que debemos atesorar.

También sabía reconocer y apoyar los gustos y preferencias de cada una. A quien les gustaba los eventos culturales, no solo le decía: “Ve, es bonito”. Ella misma los buscaba en los alrededores, los recomendaba, los animaba y los acompañaba. Era como si hiciera suyos los sueños de los demás.

Y luego estaban los regalos. Nunca eran regalos “así no más”. Eran considerados, buscados, cuidadosamente preparados. Eran muestras concretas de amor personalizado —como un reloj especial o un paseo por la playa en un cumpleaños— que llegaban no solo a nosotros o a otros focolares, sino también a nuestras propias familias: hermanas, padres, sobrinas y sobrinos.

El arte siempre ha estado presente en nuestro focolar, como aliado para fomentar la unidad entre nosotras. ¡Cuántas veces hemos cantado juntas!, ¡se sabía de memoria muchas canciones y poesías!… ¡o representado pequeñas obras de teatro! La que preparó para la fiesta del nombre de María fue inolvidable: una reinterpretación libre y alegre, inspirada en la “Divina Comedia” de Dante, el gran poeta italiano, vivida con ella y para ella, que transformó un simple momento en una profunda experiencia con María.

En el fondo, esa era su forma de vida: creaba la familia. Un episodio lo ilustra bien. Un domingo por la tarde, sin previo aviso, visitamos con todo el focolar a la focolarina casada que se acababa de mudar al Centro. Cuando, sorprendida, preguntó por el intercomunicador quién era, Emmaus respondió con sencillez y alegría: “¡Tu familia!”.

En otra ocasión, nos llamó un fin de semana para invitarnos a sus vacaciones. Nos sorprendió que hubiera visto ropa en una tienda que nos podría gustar. Así que nos la probamos y elegimos prendas según el gusto y el estilo de cada una, ¡con esa alegría que se siente cuando Jesús está presente!

Al reflexionar sobre nuestra vida con Emaús, podemos afirmar que la unidad no es una idea abstracta. Es algo que se construye día a día, que requiere que nos involucremos personalmente en las relaciones con los demás, en los detalles, en las atenciones, en la creatividad del amor. Ella nos demostró que la unidad es posible cuando cada uno ama y se siente verdaderamente amado.

Las focolarinas que han vivido en el Focolar con Emmaus
En las fotos, distintos momentos de la vida cotidiana – © Archivio CSC Audiovisivi

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