28 May 2018 | Sin categorizar
« “Tú nos enseñaste que el matrimonio significa apertura, realización del proyecto que Dios tiene sobre nosotros. Haremos todos nuestros esfuerzos para que la familia y el mundo lleguen a ser como deben ser”. Maria da Conceição, para todos simplemente São, había escrito estas palabras a Chiara Lubich, nada más haber comenzado nuestra aventura. Nos casamos en Braga en 1981 – cuenta Zé Maia – y de nuestra unión nacieron seis hijos. Luego llegaron los nietos, que ya son nueve. La misma Chiara Lubich, un tiempo antes, le había indicado una frase el Evangelio como programa de vida: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn. 3, 30). ¡Cuántas veces me la había repetido!» Zé y São, ambos portugueses, en 2002 se habían ido a vivir junto con sus hijos a la ciudadela de los Focolares “Arco Iris”, a 50 kilómetros de Lisboa, para dar su aporte concreto a la construcción de ese Centro. En noviembre de 2016, São se encontraba en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo (Roma), participando en un Congreso de “Juntos por Europa”. «Antes de partir – prosigue Zé – me había confiado: “Estoy contenta de participar en este Congreso, creo que será éste el camino que tendremos que recorrer”. Fue su último acto de amor, en la alegría de dar su propia vida por los demás. El día 11, de improviso, por un infarto, Dios la llamó consigo.
¿Y ahora? Estoy haciendo la experiencia de vivirla a ella, que está en mí, en esa “sola carne”, entre el cielo y la tierra. No puedo perder la frescura de sus últimas palabras, ese reto a “ir adelante juntos y con coraje”. Vuelvo a comenzar todos los días, con el estímulo y la ayuda de la vida del focolar. En casa, en mi familia, estamos descubriendo un “nuevo nosotros” y experimentamos que lo que hemos construido con el amor permanece. Y continúa, porque la eternidad es el perfecto amor. Vivo en la búsqueda constante de cómo ser, al mismo tiempo, padre y madre. Vivo como si São estuviera aquí conmigo, acogiendo a los demás, o haciendo las compras. Junto con ella compro flores, preparo una buena comida para mis hijos, o lo que les gusta a mis nietos. Junto a ella digo una palabra que corrige, construye, o incentiva. Es un diálogo continuo, entre el cielo y la tierra. He hecho un nuevo descubrimiento, Jesús Eucaristía. Allí se da “nuestro” encuentro. Los momentos de dolor existen, pero nos hacen dilatar el corazón hacia el prójimo. La soledad está, es una sombra real. Hay que darle la espalda y mirar la luz. Al final de cada jornada descubro la gratitud, cuando levanto la mirada para lograr ver lo invisible, aunque el miedo se presenta como un ladrón, a escondidas, para robarnos la paz. A veces el alma desea volar, irse a otro sitio. Pero luego dejo que ese rayo de luz me hable, me salude y me acompañe». «A veces escribo dos líneas a los hijos, para contarles lo que estoy viviendo con su madre: “Todos los días, en el caleidoscopio del alma, ella se muestra con nuevas bellezas, con todos los matices del cielo azul. Y entonces la contemplo en su misterio”. La vida continúa, hecha de momentos de familia y vida de comunión con todos. Sí, es verdad, siento la necesidad de ella, de su compañía, de su complicidad, de su compartición. Nunca estamos preparados para ver partir a nuestro compañero, a quedarnos solos, sin su palabra o su mirada, bajo todos los aspectos, afectivo, psicológico, relacional. Pero también, concretamente, con los hijos, la familia, el trabajo. En el año 1967 Chiara Lubich les dio a las familias esta reflexión: cuando uno de los dos “parte” para el cielo, “se da que el matrimonio, que había hecho de dos criaturas una sola, no sólo física sino también espiritualmente, por el sacramento del matrimonio, se rompe, por voluntad de Dios. Es algo divino – si así se puede decir – como una pequeña Trinidad que se parte”. Se vive en esos momentos una verdadera purificación, que se afronta poniéndose a amar a quien está a nuestro lado. Este año descubrí qué significa Dios-Amor, el Amor: más que las cosas de Dios, es Dios mismo. Sólo el amor permanece. Hemos vuelto a encontrar una breve oración escrita por São: “Ayúdanos a ser la familia que tú has pensado. Dame la gracia de superar las dificultades con sabiduría, ingenio, inteligencia y bondad. Ayúdanos a verlo todo con tu luz”». Gustavo Clariá
27 May 2018 | Sin categorizar
El enfermero Soy albanés. Tras mucha búsqueda de trabajo me habían tomado como enfermero en un hospital de Macedonia. Un día, para ser coherente con mis principios religiosos, rechacé el pedido de asistir durante un aborto, con gran sorpresa de mis compañeros, porque si hacía así corría el riesgo de que me echaran. Siendo bien consciente de que mi familia, que vive de mi sueldo, iba a sentir el efecto, permanecí fiel a mi posición. Después de algunos días, en privado, el director del hospital me transmitió su admiración por ese gesto. Él también pensaba que había que luchar contra la práctica de los abortos, pero no tenía el coraje de arriesgar su trabajo. S. E. – Macedonia El gallinero Queríamos montar una empresa que fuera al encuentro de la necesidad de los pobres. Juntamos un poco de dinero y empezamos a criar gallinas ponedoras. El primer trabajador que contratamos era un joven de veinte años que, como se demostró después, tenía un comportamiento deshonesto. Una vez, de hecho, desapareció una gran cantidad de huevos y él había sido el único que se había ausentado durante el horario de trabajo. Todas las veces que me disponía a despedirlo, sin embargo, me frenaba: “Es fácil despedir a alguien – me decía yo –; ¿no sería mejor ayudarlo?”. Le pedí ayuda a Dios, y traté de darle confianza a ese joven. Hace algunos meses se estaban muriendo muchas gallinas y el veterinario no conseguía entender qué pasaba. Ese joven, observándolas, se dio cuenta de que dependía de una equivocada disposición de los nidos: las gallinas que iban a poner los huevos no quedaban protegidas de los picotazos de las otras. Cambiamos entonces la disposición y desde ese momento ya no hubo más problemas. P. L. – Camerún Turno nocturno Un colega que hace el turno nocturno en el centro electrónico del banco en donde trabajo, después del enésimo inconveniente, me llama por teléfono desesperado para pedirme que vaya en su ayuda. Aunque me cuesta salir de casa y dejar a mi familia, decido ir a darle una mano. Como primera cosa, trato de absorber su enojo, luego, poco a poco se va calmando, y juntos logramos reconstruir todos los datos que se habían perdido. En ese momento, mi tarea había terminado, pero recordando las palabras de Jesús: “Si alguien te pide que lo acompañes una milla, acompáñalo dos”, le propongo que vuelva a su casa y que yo podía cubrir su turno. Él prefiere quedarse y entonces lo acompaño hasta la medianoche. Más allá del cansancio, experimento también una gran alegría. F. S. – Suiza Incomunicación Después de años de matrimonio, con mi esposa habíamos llegado a una situación de grave incomunicación. Cualquier cosa que dijésemos para aclarar nuestras posiciones y las motivaciones de nuestro comportamiento, era como ponerle más combustible al fuego, hasta incluso llegar a echarnos en cara que entre nosotros, en el fondo, nunca había existido una verdadera comunión. Fueron días de infierno que llenaban toda nuestra vida. Nuestros hijos, por más de que vivieran fuera de casa, se daban cuenta, ellos también, del gran malestar que reinaba entre nosotros. Un día, en el que me sentía particularmente con una gran opresión interior, pedí ayuda a Dios. Después de un rato, me encontraba hojeando una revista en el tranvía y me llamó la atención un artículo sobre la importancia de dar confianza al otro. ¡Era exactamente lo que estaba necesitando! Comprendí que más que analizar acciones y palabras, tenía que volver a darle confianza a mi esposa, demostrándole que creía en ella. Hice la prueba y ese cambio de actitud en mí dio sus frutos. Tras días de silencio, mi esposa y yo volvimos a retomar un nuevo diálogo. F. T. – Hungría
24 May 2018 | Sin categorizar
https://vimeo.com/271706391 (2403M) Copyright 2018 © CSC – P.A.F.O.M. – All rights reserved
«Hace dos semanas estábamos con el Papa en Loppiano. Han pasado dos semanas y nos preguntamos: «¿De verdad sucedió esto?». ¡Sucedió realmente! Y no sólo sucedió sino que nos dejó una tarea para vivirla. Por ello, en este momento me pregunto: «¿Hemos comprendido profundamente lo que ha sucedido?». Tal vez lo vamos descubriendo poco a poco, conforme vamos profundizando su maravilloso discurso, porque el Papa nos lanzó un desafío, nos dijo que estamos al inicio de nuestra historia, al inicio de Loppiano, al inicio de todo, digamos. Y si estamos al inicio, significa que debemos mirar adelante, que algo hay que hacer para seguir adelante. Pero el Papa nos dijo lo que tenemos que hacer: debemos transformar la sociedad, no sólo debemos contentarnos –dijo cosas fuertes– con favorecer las relaciones entre las personas, entre las familias, entre los grupos, entre los pueblos, sino más bien ponernos juntos para vencer el desafío de esta sociedad que va mal y que tiene necesidad del Evangelio, que tiene una necesidad enorme de semillas de vida evangélica que luego florezcan y la transformen. En esto nos sentimos realmente al inicio y verdaderamente estamos al inicio, pero no podemos detenernos, precisamente porque el Papa al decirnos esto nos retó y nos dijo: «Ustedes pueden hacerlo». Y también nos indicó cómo, porque nos dijo: «…transmitiendo a los demás esta espiritualidad del ‘nosotros’, esta ‘cultura del nosotros'», que puede favorecer una alianza global, universal, una nueva civilización, una civilización que nazca de este «nosotros». Y nos dijo también que tenemos una ayuda y un estímulo potente en el carisma. El carisma es un don de Dios, por ello no tenemos que enorgullecernos de haberlo recibido, sin embargo, con la humildad que él nos recordó, tenemos que ser conscientes de este carisma y hacer todo lo posible para transmitirlo a la sociedad que nos rodea. Éste es un camino largo, arduo, pero el Papa dijo: «Tenemos necesidad de hombres y de mujeres capaces de hacer esto». Entonces: ¿Queremos responder a la apelación del Papa? Pienso que sí, queremos responder, y nos ponemos con todo nuestro ser a ir descubriendo, allí donde estamos, el modo para transformar la sociedad que nos rodea. Éste es, creo yo, un compromiso que asumimos hoy pero que durará toda la vida».
24 May 2018 | Sin categorizar
El Instituto Universitario Sophia inaugurará el próximo mes de junio el curso, con un total de 18 horas, conducido por Léonce Bekemans, titular de la Cátedra Jean Monnet Ad Personam “Globalización, Europeización y Desarrollo Humano”, se propone indagar el rol de las ciudades como laboratorios de integración y de los ciudadanos como primeros actores en el proceso de relanzamiento del proyecto europeo. Las clases presentarán el estado del proceso de integración reflexionando sobre conceptos como autonomía, inclusión y ciudadanía europea. Particular atención será puesta en los sistemas de governance y en su dimensión local y regional. El curso se abrirá con una prelusión de Romano Prodi cuyo título será: “Europa hoy. ¿Qué Europa mañana?”. El módulo está dirigido a profesionales, docentes de escuelas primarias y secundarias, estudiosos, administradores y comunicadores. Docentes y dirigentes pedagógicos podrán hacer uso de la Carta del docente (MIUR 170/2016). Están a disposición 15 becas de estudio, para jóvenes hasta los 30 años. Para información e inscripciones: www.sophiauniversity.org, globalstudies@iu-sophia.org.
23 May 2018 | Focolare Worldwide
En 1956, invitado por Igino Giordani, un colega diputado, Tommaso participó en una de las primeras Mariápolis que se realizaron en Fiera de Primiero (Trento). Estaba casado con Assunta, a quien amaba tiernamente y quien lo hizo padre de cuatro hijos, pero allí, a las Dolomitas llegó solo, sólo para complacer al amigo. De hecho no pensaba que el evento sería tan comprometedor. Fue para él una fulguración. “El encuentro con el carisma de la unidad –cuenta él mismo-, me devolvió el cristianismo, la vida interior y quizás también aquella física, el sentido de la vida. Antes veía al prójimo como un nombre colectivo, una multitud, un grupo, sin que existiera un rostro específico; por lo tanto era nadie. Ahora el prójimo era un hermano o hermana que estaba o pasaba cerca de mí”. Y mientras Tommaso estaba todavía en la montaña, formuló este propósito: “Jesús, quiero ser tuyo, tuyo así como lo entiendes Tú; haz de mí lo que quieras”. Nacido en la provincia de Teramo, el 12 de octubre de 1921 en una familia de artesanos. En la Universidad se graduó con la nota más alta, -se convirtió en un estimado profesor de Sociología de la Universidad de su ciuda. Fue consejero comunal (1946-1964) y provincial (1960-1964), presidente de los Institutos y Hospitales asociados (1953-1972). Su inteligencia y su espíritu de servicio desde donde interpretaba su función pública le permitieron ganarse la confianza y el consenso electoral. Su iniciativa política –estuvo en el Parlamento de 1953 a 1972– se destacaba por su sensibilidad hacia los sectores más débiles, que se acentuó al poner en práctica el Ideal de vida que conoció en en la Mariápolis. Escribe: “Estoy experimentando que se puede ‘vivir a María’ también en el rumoroso mundo de la política”.
En 1985 con Assunta, quien también era una focolarina casada, se trasladó al centro del Movimiento para iniciar el “Centro Igino Giordani”, una tarea que le permitió profundizar y poner en evidencia múltiples matices espirituales y humanos y el modelo de vida del amigo y su modelo de vida, ahora Siervo de Dios. Inspirándose en la Palabra que Chiara Lubich le sugirió como guía de su camino espiritual: “Levántate y camina” (Jn. 5,8), se dedicó al desarrollo del Movimiento Humanidad Nueva, con numerosas iniciativas entre ellas el “Triple Pacto” –moral, programático y participativo- elaborado para favorecer la interacción entre elegidos y electores, y el “Llamamiento a la unidad de los pueblos”, presentado en la ONU en 1987. Escribió muchos libros y ensayos que van desde la Sociología a la Historia del cristianismo, de la Teoría Política a la figura y pensamiento de Igino Giordani.
Repasando las etapas de su larga vida (96 años) resaltan la constante tensión a la santidad, vivida en plena unidad con Assunta –quien lo precedió en la Otra Vida en el 2014- y al final, la vigilante espera “del encuentro total” con Dios quien lo llamó a Sí el 24 de abril pasado. En el funeral, entre los numerosos testimonios, fueron significativas las palabras de su hija Gabriella en nombre de sus hermanos: “Te agradecemos por el amor que nos has donado, por la energía ofrecida a la comunidad civil con competencia, honestidad y pasión. Por el compromiso donado al servicio de la Iglesia y de la humanidad en la Obra de María en vista del mundo unido. Por habernos transmitido un gran ideal y por tu coherencia de vida que te empujó a rechazar los privilegios, los cargos públicos y a preferir el dar que el tener. Gracias por los tantos dones recibidos de ti, de los cuales no siempre fuimos conscientes pero que hoy adquieren un valor y espesor nuevos para nosotros, para nuestros hijos y nietos”. El Movimiento de los Focolares en el mundo se une a la familia para dar gracias a Dios por el ejemplo de esta gran figura de hombre, de brillante político, de sencillo focolarino totalmente entregado a Dios, en la certeza de saberlo acogido por siempre por la inmensidad de Su Amor.