21 Abr 2018 | Sin categorizar
«No estamos sumergidos en la casualidad, ni somos arrastrados por una serie de eventos desordenados. Nuestra vida y nuestra presencia en el mundo son fruto de una vocación divina». El Papa Francisco lo recuerda con estas palabras, en el mensaje dirigido en especial a los jóvenes en ocasión de la 55ª Jornada mundial de oración por las vocaciones. El mensaje está programado para el 22 de abril y está centrado en el tema: “Escuchar, discernir, vivir el llamado del Señor”. La relación entre los jóvenes, la fe y la vocación estará en el centro del próximo sínodo de octubre. «En esa ocasión –observa el Papa- tendremos la posibilidad de profundizar que, en el centro de nuestra vida, existe el llamado que Dios nos dirige, de vivir la alegría. Los jóvenes y los chicos de los Focolares recuerdan las palabras de Chiara Lubich, dirigidas a ellos mismos en 1998: «Dios llama de formas distintas y variadas. Llama a muchos con funciones y misiones particulares. Por ejemplo llama a los jóvenes a la sublime vocación del sacerdocio, a ser otros Cristo. Llama a hombres y mujeres en variadísimos canteros del jardín de la Iglesia, que son las familias religiosas. Llama a hombres y mujeres en los modernos movimientos eclesiales para donarse a Dios individual y comunitariamente. O a formar una familia, modelo de muchas otras pequeñas iglesias. Recuerden: Él llama a cualquier edad. Llama también a los chicos, a los niños. Llama desde todos los puntos de la tierra».
21 Abr 2018 | Sin categorizar
«Para que vuelva la paz, no dejemos de rezar. En este momento, además, todos debemos sentirnos llamados a seguir con decisión una línea de vida que corrija, al menos dentro de nosotros (pero por la comunión de los santos, en muchos), el error que se ha cometido. Los hombres no han hecho la voluntad de Dios, del Dios de la paz, han hecho la propia. Debemos imponernos, como nunca lo hemos hecho, para cumplir perfectamente su voluntad. “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Estas palabras de Jesús deben asumir para nosotros, hoy, una importancia muy particular. Frente a éstas, cualquier otra cosa debe ser secundaria. No tiene que importarnos tanto en nuestra vida, por ejemplo, estar sanos o enfermos, estudiar o servir, dormir o rezar, vivir o morir. Lo importante es que hagamos nuestra su voluntad, que seamos su voluntad viva. Así vivíamos en los primeros tiempos de nuestro Movimiento cuando, en medio de una guerra, el Espíritu apenas nos había iluminado acerca del valor de las cosas. Frente al derrumbe provocado por el odio, Dios se había revelado como el único ideal que no muere, que ninguna bomba puede derribar. Dios Amor. Este gran descubrimiento era una bomba espiritual de tal magnitud, que nos hizo olvidar literalmente todas las que caían alrededor. Descubríamos que más allá de todo y de todos, está Dios que es Amor, está su providencia que, para aquellos que lo aman, hace que todo coopere al bien. Descubríamos la huella de su amor en todas las circunstancias, también bajo los azotes del dolor. Él nos amaba inmensamente. Y nosotros ¿cómo corresponder a su amor? “No quien dice Señor, Señor, sino quien hace mi voluntad, ése me ama”. Podíamos, por tanto, amarlo haciendo su voluntad. Viviendo así nos habituamos a escuchar con creciente atención “la voz” dentro de nosotros, la voz de la conciencia que nos subrayaba la voluntad de Dios expresada de las más diferentes maneras: a través de su Palabra, de los deberes del propio estado, de las circunstancias, las inspiraciones. Teníamos la certeza de que Dios habría llevado nuestra vida hacia una divina aventura, antes desconocida para nosotros, donde, espectadores y actores al mismo tiempo de su designio de amor, dábamos la contribución, momento tras momento, de nuestra libre voluntad. Poco después nos hizo entrever destellos sobre nuestro futuro, haciéndonos captar con seguridad el fin para el cual el Movimiento estaba naciendo: realizar la oración del testamento de Jesús: «Padre, que todos sean uno», contribuir a la realización de un mundo más unido. También ahora podemos vivir de este modo. ¿Hemos tenido un brusco y doloroso cambio de vida? […] ¿Vivimos momentos de miedo, de angustia, de duda incluso de que nos quiten la vida? O ¿llevamos la vida de siempre, con nuestras tareas de cada día, lejos todavía del peligro? Valga para todos lo que más vale: no esto o aquello, sino la voluntad de Dios: ponernos a la “escucha”, ponerla en el primer lugar en nuestro corazón, en la memoria, en la mente; poner, antes que cualquier otra cosa, todas nuestras fuerzas a su servicio. […] De este modo, Cristo permanecerá en nuestro corazón y así, estaremos todos más compactos, más unidos, seremos más “uno”, compartiendo cada cosa, rezando con eficacia los unos por los otros y para que vuelva la paz». Fuente: Città Nuova n. 4/1991. Artículo recogido después en: Chiara Lubich, Attualità. Leggere il proprio tempo, Città Nuova, pág. 85-87, 2013.
20 Abr 2018 | Sin categorizar

Jesús Morán. Foto © 2018 Consejo Ecuménico de las Iglesias
«Con el progreso de los medios de transporte y de las técnicas de información, el universo se ha reducido bruscamente; las distancias dejaron de ser un obstáculo para que los hombres más diversos se vincularan». Sin embargo, esta multiplicidad de relaciones « la mayoría de las veces desemboca en una multiplicación de barreras e incomprensiones». Jesús Morán en su intervención en Ginebra (Suiza), comenzó citando estas palabras del antropólogo francés Roger Bastide, quien vivió en el siglo pasado. Morán considera que el “diálogo” es la característica emergente de nuestro tiempo, a pesar de que todavía no se ha realizado completamente. «La humanidad está más preparada que nunca para ser sí misma, sin embargo se ve obligada a reconocer su incapacidad de responder a su vocación». El contexto en el que presentó su intervención fue un encuentro convocado para recordar la rica colaboración y amistad entre el Movimiento de los Focolares y Chiara Lubich y el Consejo Ecuménico de las Iglesias. Este organismo, constituido en 1948, ha hecho del diálogo el instrumento principal de una eficaz búsqueda de unidad entre las Iglesias cristianas. El diálogo – sostiene el copresidente de los Focolares- está en la raíz de la naturaleza humana y podemos encontrar sus “fuentes” en todas las culturas, tanto en la occidental como en la oriental. Para los cristianos, es el mismo Jesús la “llave” del diálogo: el amor recíproco, el perder la propia vida por amor hasta el abandono. «¿Cuáles son los pilares de una cultura del diálogo? –se pregunta Morán-. El primero es que el diálogo está inscripto en la naturaleza del hombre. El hombre se hace más hombre en el diálogo». El segundo es que «en el diálogo cada hombre se completa a sí mismo con el don del otro. Tenemos necesidad unos de otros para poder ser nosotros mismos. En el diálogo yo le regalo al otro mi alteridad, mi diversidad».
Además, «cada diálogo es siempre un encuentro personal, por lo tanto, no se trata de palabras o de pensamientos, sino de donar nuestro ser. El diálogo no es una simple conversación, ni una discusión, sino que es algo que toca lo más profundo de los interlocutores». Más aún, «el diálogo exige silencio y escucha» y «es algo existencial, porque nos arriesgamos a nosotros mismos, comprometemos nuestra visión de las cosas, nuestra “identidad” cultural, eclesial, que no se pierde sino que se ve enriquecida gracias a su apertura». «El diálogo auténtico está relacionado con la verdad, es siempre una profundización de la verdad. […] Cada uno participa y pone en común con los demás su propia participación de la verdad, que es una para todos». «El diálogo – continúa Morán- exige una fuerte voluntad. Como dice Chiara Lubich, “el hacerse uno profundamente”. Sabemos que el modelo sublime e inefable de esta dinámica de amor es Jesús Abandonado. Él representa verdaderamente el riesgo de la alteridad que conduce a la reciprocidad. […]. Su “perder” ganó para nosotros y en nosotros un espacio perenne de Luz y Verdad: el Espíritu Santo». Finalmente, «el diálogo es posible sólo entre personas verdaderas» basadas en una ley, «la de la reciprocidad, en la cual encuentra sentido y legitimidad».
Después, Jesús Morán delineó un aspecto ulterior, que pone en evidencia el típico aporte de los Focolares a la causa de la unidad de los cristianos: el “diálogo de la vida”. Éste lleva a «vivir relaciones basadas en el Evangelio, en el intercambio de experiencias, sobre lo más precioso que se puede compartir con el hermano y la hermana de otra Iglesia». Citando las palabras del Card. Walter Kasper, Obispo y Teólogo católico, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos -“El ecumenismo del amor y el ecumenismo de la verdad, que siguen manteniendo toda su importancia, deben ser realizados a través de un ecumenismo de la vida”- Morán observa que «es necesario convencerse de que esta dimensión vital del diálogo no está ausente del pensamiento teológico, sino que es el primer nivel y el más radical, y es a partir de allí, sólo a partir de allí, que se puede acceder, en un segundo momento y con verdadero provecho, al nivel de la razón teológica». «El diálogo – concluye Morán- es el ritmo de las relaciones trinitarias. Entre Ellas existe un continuo intercambio de roles y de dones. […]. Nada se pierde. En el riesgo del diálogo colocamos todo de nosotros mismos y todo del otro, en el espacio trascendente del Espíritu que nos mancomuna, y por lo tanto está toda la humanidad. El que dialoga construye la historia». Foto gallery: https://oikoumene.photoshelter.com/galleries
20 Abr 2018 | Sin categorizar
El Instituto Universitario Sophia (IUS) ha recibido, el pasado 16 de abril, la quinta etapa del proyecto de diálogo y colaboración Wings of Unity, que involucra a docentes y expertos del mundo cristiano y musulmán. Promotores, junto al IUS, el Islamic Centre of England de Londres y el Risalat International Institute de Qum. Durante el proyecto, co-dirigido por Piero Coda y Mohammad Shomali, se han recorrido algunas pistas innovativas en el ámbito del diálogo interreligioso a través de seminarios, conferencias públicas, escuelas de verano y varias publicaciones. La jornada de estudio se ha desarrollado en el contexto más amplio de la visita organizada del 15 al 18 de abril a la ciudadela de Loppiano, donde tiene su sede el Istituto Universitario Sophia. Durante estos días el grupo de amigos musulmanes ha tenido la posibilidad de conocer en profundidad la original convivencia multi-cultural animada por el carisma de Chiara Lubich. Fuente: Istituto Universitario Sophia https://vimeo.com/265783668
19 Abr 2018 | Focolare Worldwide
«Han pasado 18 años, pero la fuerza de aquella manifestación aún nos moviliza a todos los que participamos. Había llegado a Roma algunos meses antes, en diciembre de 1999. Iniciaba para mí un período durante el cual trabajaría como gráfico en el Centro gen internacional, en preparación del Genfest. No podía imaginar entonces las sorpresas que ese año me tenía reservadas! Un día de febrero del 2000, estando solo con la guitarra, nació una canción que luego se convertiría en mi oración cotidiana: “Luz”. Está inspirada en la vida de Chiara Badano, una gen como nosotros, ahora beata, que en sus últimos momentos ofreció su dolor por el Genfest. “Corran, brillen, no tengan miedo… la luz está en cada uno de nosotros”, digo en la canción. Aquel Genfest era un gran reto pues sería el primero en ser organizado totalmente por nosotros, los jóvenes. Fue una experiencia maravillosa de unidad y madurez.
En la ciudadela internacional de Loppiano se realizaría la primera reunión del Equipo de la Música y en su transcurso teníamos que crear 4 temas musicales oficiales. Canté mi canción delante de todos y fue acogida por todos como propia. “Luz” inició la lista de canciones oficiales del evento y se convirtió en un “tema mágico” como muchos la describen, con adaptaciones luego en diversos idiomas. Cuando tiempo después conocí a los padres de Chiara Badano, María Teresa y Ruggero, me abrazaron y me dijeron que había encontrado la mejor manera de hacerla conocer, “porque cantar es rezar dos veces”. Llegado el momento de crear un logo de la manifestación, participé con una propuesta que deseaba proyectar una onda expansiva que permaneciera como una huella en el tiempo, como sería este Genfest. Otro regalo… mi propuesta fue elegida! Aquel 17 de Agosto empezamos temprano a preparar los equipos, la decoración, las pruebas de sonido, los últimos detalles… Horas antes de comenzar, 25.000 jóvenes hacían fila para entrar al Estadio. Tres, dos, uno…y una percusión con distintos ritmos del mundo, un sonido sutil como un latido de corazón, daba inicio al Genfest 2000! El programa fue variado y rico. Su objetivo era demostrar al mundo que la unidad es posible. Alrededor de las 18:30 me tocaba cantar “Basta 1 Sonrisa”, una canción que había escrito en Costa Rica 4 años atrás.
Luego, la presentación de Chiara “Luce” como un ejemplo de santidad, con sus 18 años y su espléndida sonrisa proyectada en la gran pantalla, dejó entre los presentes un profundo suspiro de eternidad. De inmendiato empezaron a sonar los acordes de la canción “Luz”. Finalmente el gran momento. Chiara Lubich lanzando su propuesta a las nuevas generaciones: “La idea de un mundo unido, por la cual hoy muchos jóvenes trabajan, no será sólo una utopía, sino que en el tiempo será una gran realidad. Y el futuro está sobre todo en sus manos”. A modo de conclusión, se presentó la propuesta del Genfest: el “Proyecto Africa”, que promovía la ayuda al hospital de Fontem, en Camerún, como punto clave en la respuesta a las necesidades urgentes de esta región. Finalizaba el Genfest pero aún nos esperaba la gran cita de la JMJ, el 19 y 20 de Agosto, en la explanada de Tor Vergata con Juan Pablo II. Otro día histórico, con 2 millones de jóvenes, en el que ni el calor del día o el frío de la noche opacaron la alegría de estar todos juntos. Inolvidable la consigna del Papa: “ No tengan miedo de ser los santos del Tercer milenio…” Antes de partir de regreso para Costa Rica, en Diciembre de ese año tuve la posibilidad de saludar a Chiara Lubich y de dejarle por escrito en un pequeño libro, el relato de la mágica experiencia vivida. Un año inolvidable. Pero los regalos no habían terminado. Tiempo después conocí a Tina Murg, de Austria, quien también había participado artísticamente del Genfest del 2000. Hoy es mi esposa!»
Sandro Rojas Badilla
Escucha la canción “Luz” Foto: Sandro Rojas Badilla