Movimiento de los Focolares
La esperanza más allá de los miedos

La esperanza más allá de los miedos

Foto: © CSC Audiovisivi

Promovida por el Movimiento de los Focolares, durante el congreso “Juntos para dar esperanza. Cristianos y Musulmanes en camino con el carisma de la unidad”, se llevó a cabo, el sábado 21, una sesión abierta en la cual participaron numerosas personalidades y promotores de un diálogo vivido en la cotidianidad entre cristianos y musulmanes. En la apertura la Presidente del Movimiento de los Focolares, María Voce, saludó con estas palabras: «Desde hace ya 52 años estamos recorriendo un camino juntos, cristianos y musulmanes, iniciado en 1966, cuando se abrió una comunidad del focolar en Tlemcen (Argelia). Para Chiara Lubich, cuyo ideal es “Que todos sean uno” – la Unidad –, resonó sin duda con más fuerza la realidad del don incluso fuera de nuestros recintos cristianos. Fundamental ha sido vivir y compartir el llamado “arte de amar”». Entre los presentes en el Congreso estaba S.E. Mons. Miguel Ayuso, secretario del Pontificio Consejo para el Diàlogo Interreligioso. «En el actual panorama mundial – afirmó – que vive una profunda transformación hacia una sociedad cada vez más multicultural y multi religiosa, el Movimiento de los Focolares se ha comprometido desde hace tiempo en la promoción del diálogo entre creyentes para que el pluralismo religioso de la humanidad no sea causa de divisiones y guerras, sino que aporte en la construcción de la fraternidad y la paz en el mundo». Intervino también el Imam de Florencia Elzir Izzeddin, Presidente de la Unión de las Comunidades Islámicas de Italia, con quienes los Focolares tienen una relación profunda y proficua de colaboración desde hace muchos años. «Somos todos hermanos. No es nuestro objetivo hacer una única religión, sino construir puentes. Con el diálogo podemos ir al encuentro de esa esperanza que va más allá de los miedos que se han creado a causa del terrorismo internacional. Trabajemos juntos para ir más allá de nuestros miedos». Entre los varios testimonios, el de la comunidad austriaca de los Focolares con los refugiados sirios. Cuenta Hedy Lipburger: «Al sur de Austria, en 2015, llegaron cientos de refugiados. No podíamos ignorarlos, y por ello fuimos a verlos para ayudarlos». Y Mohammad Kamel Alshhada, refugiado sirio, sigue: «Tuve que dejar mi país, no tuvo opción porque si no habría tenido que seguir al Isis para enseñar sus ideas, porque soy profesor. En los primeros tres meses en los campos de refugiados en Austria estaba deprimido y sin esperanza, no podíamos hablar con los habitantes del lugar. Luego, por primera vez, algunas personas del Focolar hablaron con nosotros y se interesaron de nuestra situación. Nos sentíamos aceptados y apreciados, como si alguien nos tomara de la mano y nos ayudara paso a paso a comenzar una nueva vida». Finalmente el testimonio de fuerte unidad entre Mohammad Shomali, director del Centro Islámico de Inglaterra, y Piero Coda, rector de la Universidad Sophia de Loppiano, quienes dieron vida a “Wings of Unity”, un recorrido a través de un Seminario para jóvenes cristianos y musulmanes hacia una profundización de sus respectivas creencias y de caminos de diálogo y paz. Afirma Shomali: «si con sinceridad pedimos a Dios que nos guíe para comprendernos mejor entre nosotros, Dios nos guiará. Debemos pedir a Dios que nos hable juntos. Piero Coda en 2016 en Loppiano hizo propia esta idea mía y dijo que debíamos encontrarle un nombre a este proyecto. Así surgió el nombre “Wings of Unity”, “alas de unidad”». Y Piero Coda: «Advertí en esto un claro proyecto de Dios. Entonces le propuse a Shomali un pacto: Pidámosle a Dios que tome en sus manos nuestro corazón, nuestra mente. Él acogió esta oración con alegría».

Genocidio armenio

Una inmensa tragedia, hace 103 años, inauguró la triste lista de catástrofes del siglo pasado: el genocidio de los armenios. Recordándolo, en 2016, el Papa Francisco lanzó un llamamiento: “Teniendo ante los ojos los terribles efectos que en el siglo pasado causaron el odio, los prejuicios y el deseo desenfrenado de poder, espero sinceramente que la humanidad sea capaz de aprender de esas trágicas experiencias a actuar con responsabilidad y sabiduría para evitar el peligro de volver a caer en tales horrores. Que todos multipliquen sus esfuerzos para que en las disputas internacionales prevalezca siempre el diálogo, la búsqueda constante y auténtica de la paz, la cooperación entre los Estados y el compromiso inquebrantable de las organizaciones internacionales para crear un clima de confianza que favorezca el logro de acuerdos permanentes, que miren hacia el futuro”.

Un aniversario “de familia”

Un aniversario “de familia”

«Recordamos hoy, a una gran mujer, en ocasión del décimo aniversario de su fallecimiento». Quien habla es el Arzobispo de Belgrado, Mons. Hočevar, durante una Santa Misa celebrada el 14 de marzo pasado: «Cuando en el mundo gobernaban las tinieblas, una nueva Luz iluminaba el corazón de Chiara Lubich. Donde el pecado, el odio y el mal creaban división, el amor acercaba, conectaba, unía, construía y restauraba. Bajo el fragor de conflictos históricos, culturales y sociales, hoy, como en aquel entonces, estamos llamados a encender una nueva luz de comprensión, unidad y cooperación» Acercar, vincular unir, construir, son los verbos que tal vez expresan mejor el sentido de una “fiesta” planetaria que comenzó el pasado mes de marzo, y todavía se sigue celebrando, para recordar y relanzar la herencia espiritual dejada por la fundadora de los Focolares. «Si hoy tuviese que dejar esta tierra y se me pidiera una palabra, como la última palabra que exprese nuestro Ideal, les diría, segura de estar siendo comprendida en el sentido más exacto: sean una familia». Fue pronunciada por Chiara Lubich en diciembre de 1973. Estas palabras resuenan como un testamento siempre actual. . Pequeños flash, entre los numerosos ecos que nos llegan de cada ángulo del mundo. En Chiang Mai, entre las montañas de Tailandia septentrional, donde centenares de templos budistas ricamente decorados son el símbolo cultural de la nación, unas sesenta personas, miembros de la comunidad de los Focolares, que pertenecen a cinco distintos grupos étnicos (Thai, Karen, Akha, Lahu, Kachin), junto con otos procedentes de Filipinas, quisieron recordar a Chiara Lubich con una iniciativa de ayuda a una comunidad pobre de la tribu Kachin. «Después de la celebración Eucarística, niños y adultos de la comunidad emprendimos un viaje hacia una aldea pobre, a 7 km de la ciudad, donde viven nuestros amigos de la tribu Kachin. Nos pusimos a limpiar y a preparar, por pedido de los habitantes, un lugar donde los niños pudieran jugar. Al final, este pequeño espacio quedó transformado, pero la mayor aventura se vivió en el corazón y en las relaciones personales, mientras trabajábamos sudando bajo el sol abrazador. En este barrio tan despojado, estaba la presencia de Dios. Tratamos de cambiar el mundo, una aldea a la vez». En seis regiones de Kenia, en contextos político-sociales caracterizados por tensiones, incertidumbre, desconfianza y en algunos casos por verdaderos y reales conflictos entre las personas, la comunidad del lugar, realizó diversas jornadas, para encarnar con nuevo impulso un mensaje de unidad y enfrentar los desafíos y dificultades de un país multiétnico y multirreligioso: en Garissa, en la zona oriental, que sufrió fuertes tensiones entre cristianos y musulmanes, en Amukuro y en Seme, en el oeste; en Mombasa, sobre la costa, pero también en Karatina en el centro y en Meru en el noreste. «Chiara sigue guiándonos también en este momento de nuestra historia» En casi todos los lugares, en los distintos países, las autoridades religiosas o los representantes de la Iglesia estuvieron presentes y participaron de los eventos. Como ocurrió en Varsovia, en Polonia. El Obispo de la Iglesia Metodista, envió un mensaje a la comunidad reunida, y el Nuncio de la Iglesia católica llevó a todos el saludo del Papa Francisco. En Moscú, durante una velada enriquecida por el intercambio espontáneo entre los participantes, el recuerdo de la llegada, en los años ’70, de los primeros focolarinos, en la que en aquél entonces era la Unión Soviética, despertó en todos una renovada gratitud. También en Chelyabinsk, en el extremo oriental de los Urales, a casi 1900 km de Moscú, se reunió la comunidad de los Focolares. En Krasnojarsk, en Rusia siberiana central, se desarrolló durante tres días una “Mariápolis”, definida, no por casualidad “de familia”. La “herencia” de Chiara Lubich resonó con particular intensidad en Dublín, Irlanda, elegida para alojar, en el próximo mes de agosto, el Encuentro Mundial de las Familias. Aquí su figura fue recordada también con testimonios de acogida y atención especial entre las generaciones. En Estocolmo, Suecia, un grupo de jóvenes preparó para todos una cena,  fue una ocasión para un intercambio profundo entre los participantes sobre los efectos de la espiritualidad de la unidad en su propia vida. Un aniversario “de familia” también aquí. Chiara Favotti

Nomadelfia y la ley de la fraternidad

Nomadelfia y la ley de la fraternidad

Copyright © 2018 Nomadelfia

Nomadelfia está ubicada entre las colinas de la zona de la “Mancha Mediterránea” en el sur de Toscana (Grosseto, Italia). En este lugar viven casi 300 personas que eligieron como “regla” la ley evangélica de la fraternidad. Lo explica bien su nombre, un neologismo nacido de la unión de los términos griegos nomos y adelphia, que significa “la fraternidad es ley”. «Nuestro deseo es mostrar que es posible vivir el Evangelio en forma social donándose enteramente a los demás, realizando así los principios de justicia y fraternidad que elegimos seguir, en un camino que consiste en compartir la fe y la vida» cuenta Francesco Matterazzo, actual presidente de la comunidad. La ciudadela está organizada en doce grupos familiares, compuestos por 25-30 personas. Sus bienes los ponen en común, no existe la propiedad privada, no circula el dinero, el trabajo se vive como un acto de amor al hermano y las familias están dispuestas a recibir como hijos a niños que se les confían. Para la Iglesia Católica, Nomadelfia es una parroquia formada por familias, laicos no casados y sacerdotes, que comparten una experiencia que recuerda la de las primeras comunidades de creyentes. Está muy cerca de la ciudad etrusca-romana de Roselle, antigua sede episcopal. Su origen, procede del norte de Italia, de la ciudad de Carpi.

Padre Zeno Saltini. Foto © 2018 Nomadelfia

Aquí, el Padre Zeno Saltini, alrededor de los años ’30, comenzó a recibir y a criar como hijos a niños abandonados, fundando la Obra “Piccoli Apostoli”. Rápidamente, fue seguido por otros sacerdotes y también por Irene, una joven estudiante que se ofreció para ser madre de esos niños. Con la aprobación del obispo, el padre Zeno le confió los más pequeños, abriendo un camino de consagración nuevo en la Iglesia, el de “mamás vocacionales”. Finalizando la guerra, muchas familias se unieron al Padre Zeno, dispuestas a recibir a los huérfanos de guerra y a ayudarlos a crecer como hijos propios. El 14 de febrero de 1948, toda la comunidad aprobó el texto de una Constitución, que fue firmada sobre el altar: así, la “Opera Piccoli Apostoli” se comenzó a llamar Nomadelfia. Después de una serie de trabajosas aventuras, los “nomadélficos” encontraron una casa adecuada para el desarrollo de la comunidad en la ciudad de Grosseto, en una finca donada por la hija de un conocido industrial italiano. “Hoy, nuestra misión no ha cambiado”, explica Francesco Matterazzo. «En un mundo que está cada vez más interconectado y desarrolla nuevos instrumentos para comunicar y unir, se viven también realidades que niegan la dignidad del otro, que levantan muros… por esto creo que la propuesta del camino de la fraternidad ¡tenga más que nunca sentido para el hombre!. Aquí en Nomadelfia, familias, sacerdotes y personas individuales pueden compartir una vida cotidiana más apropiada para el ser humano, con su natural aspiración a los valores superiores como el amor, la amistad, la oración y la contemplación; y socialmente más rica, por la variedad de experiencias y edades que recibe»
Nomadelfia_Visita Centro Focolari_c

©CSC Audiovisivi

Es una comunidad abierta al mundo, dispuesta a compartir el camino con otros carismas, como lo testimonia la experiencia que están realizando con el Movimiento de los Focolares: «Yo espero – continúa- que el camino que estamos recorriendo juntos, no sólo por la común espera del Papa Francisco, y que tiene como etapa también la participación de nuestros jóvenes en el Genfest del 1º de mayo en Loppiano y el trabajo común por el proyecto de una “Prophetic Economy”, pueda ser un testimonio también para la Iglesia. El Señor ha sembrado muchas flores en esta pradera, que es el mundo, muchos carismasy creo que deberíamos buscar todos los modos para colaborar, porque esto enriquece el don que cada uno de nosotros es para la humanidad». Subrayando las palabras de Materazzo, el domingo 22 de abril, una vivaz delegación de “nomadélficos” constituida por los responsables de la ciudadela, adultos y numeros niños, visitaron el Centro del Movimiento de los Focolares. Algunas horas transcurridas juntos bajo la consigna de la alegría y de un clima de familia.

Jornada Mundial de la Tierra

Todos los años se celebra, el día después del equinoccio de primavera, el Earth Day (Día de la Tierra), la más grande manifestación ambiental del planeta, promovida por las Naciones Unidas, para promover la protección de la Tierra. La idea de la creación de un “jornada por la Tierra” se presentó por primera vez en 1962, y tomó forma definitivamente en 1969, después del desastre ambiental causado por el derrame de petróleo de un pozo situado en el lago de Santa Bárbara, en California. En las últimas ediciones, la Jornada ha involucrado hasta a un billón de personas en 192 países del mundo, convirtiéndose en un acontecimiento educativo e informativo de dimensiones planetarias sobre temas como la contaminación, la desertificación, la destrucción de los ecosistemas y el agotamiento de los recursos no renovables. Pero también de la responsabilidad individual por un consumo sostenible, basado en el cuidado de la “Casa común” de todos los seres humanos.