María, maestra de vida

Foto: Pixabay

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Mi familia está compuesta por mi hermana, mi madre y yo. Mi madre fue la que nos crió a nosotras dos. Pasamos momentos muy críticos: a mi madre le costaba encontrar trabajo. Además había fricciones con la dueña de la casa porque no teníamos la plata para pagar el alquiler. Para mi madre era de verdad un calvario administrar el poco dinero que ganaba. Por esto fue muy importante el apoyo que recibimos a través de la asociación Acción por Familias Nuevas onlus (AFN) del Movimiento de los Focolares. A partir de allí, poco a poco, se abrió en la zona sur de nuestra ciudad Cochabamba, el Centro Rincón de Luz, en el cual se ofrece apoyo escolar y una comida al día a los niños y a los chicos que asisten a las escuelas del barrio. El centro fue de una gran ayuda para mí, me devolvió la sonrisa y me ofreció importantes momentos de formación. En el Centro éramos como una gran familia en la cual los profesores a menudo eran como nuestros “segundos padres” Gracias a las personas que tuvieron confianza en mí, hoy puedo contar con orgullo que terminé mi ciclo de estudios con buenos resultados y estoy cursando el primer semestre en la Universidad. Pronto será una profesional.
Trataré de que le llegue la ayuda que yo recibí, a las personas que están a mi alrededor, comenzando, por ejemplo desde el Centro para transmitir mis conocimientos a los niños. Quisiera también abrir un lugar para las personas que viven en la calle, ofreciéndoles a ellos un modo de ir adelante. Comprendí que es cierto que puedo cambiar la vida de un niño e indicarle el camino para un futuro mejor. Por esto invito a todas las personas a ayudar: ¡todos podemos! Para mí la cosa más importante no fue solo la ayuda económica, sino la confianza que me dieron: ella es una semilla de esperanza, es una luz que se enciende no sólo en el joven, sino también en sus padres. Fuente: Teens (nuestra traducción)
La Comunidad de San Egidio cumple 50 años. Una historia que empezó el 7 de febrero de 1968, en Roma, a través de Andrea Riccardi junto a un pequeño grupo de colegiales que querían cambiar el mundo. «Descubrimos en estos años, junto a tantas personas del mundo, la alegría del Evangelio», declaró el presidente de la Comunidad, Marco Impagliazzo. «Desde San Egidio, en el corazón de Trastevere (Roma) – se lee en el comunicado difundido para la ocasión – inició una aventura que ha llevado a la Comunidad a las periferias humanas y existenciales de distintos continentes, desde el compromiso con los pobres de todo tipo de condición hasta los programas de tratamiento del Sida y el su registro etnográfico, del diálogo interreligioso al trabajo por la paz». El próximo sábado 10 de febrero “el pueblo de San Egidio” se reunirá en la Basílica romana de San Juan de Letrán para una celebración precedida por el Cardenal Secretario del Estado Vaticano, Pietro Parolin. A nombre de los Focolares estará presente la presidente María Voce, junto con algunos de sus colaboradores. En su cálido mensaje agradeció «vivamente al Espíritu Santo por el Carisma que ha otorgado a la Iglesia y a la humanidad y por los frutos surgidos en estos cincuenta años de vida, gracias también a la fidelidad de ustedes». Agregó que «la Comunidad, esparcida hoy en 70 países, ha contribuido y contribuye a edificar la paz en el mundo, mediante un diálogo valiente a todo nivel con una atención muy especial hacia los más olvidados por la sociedad», y recordó la paz obtenida en 1992 en Mozambique y los “pasillos humanitarios” en favor de los refugiados. María Voce subrayó, entre los tantos momentos vividos juntos, uno “especial”: «el feliz compromiso asumido al unísono y en forma del todo especial por Chiara Lubich y Andrea Riccardi, después del histórico encuentro de los Movimientos con el Papa en Pentecostés de 1998, que produjo muchos frutos para la gloria de Dios». Y concluyó con el augurio suyo y de los Focolares «de realizar plenamente el designio de Dios sobre su Comunidad». Mira el nuevo sitio: www.santegidio.org
También el Movimiento de los Focolares adhiere, el próximo 23 de febrero, a la Jornada de oración y ayuno por la paz y en contra de toda forma de violencia. La iniciativa, que promueve el Papa Francisco con un anuncio sorpresivo, ante 20 mil fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, en ocasión del acostumbrado Ángelus dominical, se dirige de modo especial a las poblaciones de la República Democrática del Congo y del Sud Sudán que están sufriendo una grave escalada de violencia y opresión, pero sin olvidar todas las situaciones de conflicto que están produciéndose ya de modo prolongado en cada parte del mundo. Se trata de una iniciativa que no es nueva: ya en el pasado el Papa Francisco había invitado a «todos los creyentes, también a los hermanos y hermanas no católicos y no cristianos» a unirse en un momento común de oración, con las modalidades que cada uno considere más oportuna, para implorar juntos el don de la paz y para preguntarse qué contribución cada uno puede dar para detener la violencia. «Las victorias obtenidas con la violencia – dijo el Papa- son falsas victorias»