Suiza: ¿cuál será mi camino?
¿Qué mueve a un grupo de jóvenes, de los 22 a los 34 años, provenientes de las tres regiones lingüísticas de Suiza, a transcurrir algunos días en la montaña junto a ocho focolarinos y focolarinas, una pareja de focolarinos casados y un sacerdote? “El focolar tras las bambalinas”, un fin de semana con el espléndido marco de los Alpes del Vallese, no sólo para gozar de la naturaleza, sino también para plantearse, en un ambiente ideal, una serie de preguntas existenciales sobre la vida transcurrida y la futura, cuando la primera es mucho más breve que la segunda. Entre estas preguntas: ¿Cuál será mi camino? Una pregunta que a menudo no es fácil responder, si se formula cuando existe la extraordinaria y a menudo irrepetible posibilidad de elegir a 360°, entre todos los caminos posibles. Para emprender conscientemente uno –pensaron los organizadores– ayuda bajar el volumen del bullicio cotidiano y encontrar un espacio donde sea más fácil escuchar una sugerencia, a menudo susurrada a los oídos del corazón. «A partir de esto surgió la idea de pasar un fin de semana juntos, donde nos pudiéramos expresar con libertad y sinceridad, y donde Jesús –si así lo quería– pudiese hablar en la intimidad de cada uno. Una mezcla de reflexión profunda y vida en común, constituída por paseos, juegos, limpieza, cocina, oración, para expresar de la mejor forma la belleza y también la “normalidad” de seguirlo también hoy».
“Tras las bambalinas” de la vida del focolar hay un llamado personal de Dios, a realizar una convivencia de laicos, vírgenes y casados (según su estado), plenamente injertados en el mundo, pero fuertes por la presencia espiritual de Jesús en medio de ellos, fruto del amor recíproco. Una “presencia” que quieren llevar a todas partes, con el objetivo y el horizonte de la unidad entre las personas y entre los pueblos, en un mundo más fraterno y unido, en el respeto de la diversidad. Algunos de los jóvenes presentes nunca habían reflexionado sobre esta posibilidad, otros ya habían decidido formarse una familia, otros en cambio nunca se habían planteado la pregunta. Pero en todos había un deseo común de profundizar una relación personal con Dios y conocer lo específico de esta forma de convivencia según el modelo de la familia de Nazaret, nacida a partir del carisma de Chiara Lubich. “¿Están en medio de todos, no tienen un convento que los proteja, cómo hacen?” “Bello, pero ¿no es demasiado fatigoso?” “¿Qué significa hoy día seguir a Jesús?”. Fueron muchas las preguntas espontáneas y muchas las respuestas, a partir de las experiencias personales y de los escritos, meditados juntos, sobre la espiritualidad evangélica de la unidad.
Kati e Istvan, casados, compartieron sus propias alegrías y dificultades y las elecciones fundamentales de su familia. «Quedé muy impresionado por la profundidad de los temas que tratamos a pesar de que no nos conocíamos» dijo un joven. «Vine con muchas preguntas y recibí muchas respuestas», concluyó una chica, regresando a su ciudad. Peter, sacerdote, comentó: «Un fin de semana inesperado. Algunos de los chicos expresaron el deseo de seguir confrontándonos también después, vivimos por ustedes y con ustedes, en la incertidumbre ante la elección del propio camino, pero con la certeza de que ya no están solos en la búsqueda».
Gen Verde: Start Now … ¿y después?
Todo comenzó con una batería verde, en el Centro internacional de Loppiano, en diciembre de 1966. Un regalo poco común para un grupo de chicas. El instrumento se convirtió en el símbolo de una revolución permanente para contribuir a realizar un mundo más unido y fraterno. Así nació el Gen Verde: brío, capacidad, palabras, gestos y profesionalidad en sinergia para decir con la música que la humanidad tiene todavía y siempre una oportunidad, que se puede elegir la paz en lugar de la guerra, la comunicación en cambio de los muros, el diálogo en vez del silencio. En casi 50 años de actividad, el conjunto ha llegado a plazas, teatros y estadios de todo el mundo con más de 1500 espectáculos y eventos, cientos de giras, 69 álbumes en 9 idiomas. A la fecha son 147 las cantantes, músicos, actrices, bailarinas y técnicos que han formado parte del Gen Verde, cuyo aporte profesional ha dado vida a producciones artísticas diversificadas cuyos géneros van desde conciertos en vivo hasta musicales, sin olvidar la actividad didáctica y formativa dirigida a los jóvenes, a través de talleres y cursos específicos.
Se requiere mucho trabajo para preparar un proyecto, días intensísimos para vivirlo, pero después ¿qué queda? Lo preguntamos a los protagonistas de algunos lugares donde llegó la iniciativa en muchos países del mundo. De lo que nos relataron emergen algunas características comunes. La primera: el concierto actual que presentamos en las giras “Start Now” motiva a relacionarse con los demás desde una forma distinta de vivir, basada en la confianza, la apertura, la atención al bien común. Este estilo prosigue también después, en lo cotidiano. La segunda: el valor de ser los primeros en cambiar el mundo alrededor de sí, porque “Juntos somos más fuertes. Podemos soñar en grande si hacemos las cosas juntos”. Alguien lo llamó “espíritu de fraternidad”. La tercera característica, podríamos llamarla compartir: el impulso, el deseo de comunicar al otro la experiencia vivida, de contagiar e involucrar a todos en la empresa de mejorar el mundo, allí donde está cada uno.
“Logramos relacionarnos mejor con la gente y a veces influir también en otras personas para que hagan como nosotros”, nos cuenta un chico. Y un profesor, hablando de sus alumnos con quienes participó el en proyecto, dijo: “Han sabido demostrar que tienen una profunda humanidad que quizás yo había subvalorado en estos años. Ya no los veo como chicos a veces inmaduros, sino como personas capaces de comprometerse”. El deseo de difundir esta forma constructiva de afrontar la realidad ha hecho florecer distintas iniciativas. En Palermo, en el sur de Italia, por ejemplo, ya están trabajando para una segunda edición de Start Now 2018. En La Spezia, en el norte, los jóvenes que participaron en el proyecto inventaron una tarde de “lavacar” a favor de Nigeria y un “baile con disfraces de los años Sesenta” para recoger fondos para un dispensario en Man, en Costa de Marfil. Una conexión, Via Skype antes de la fiesta, con los amigos del país africano les hizo sentir la fraternidad.
En Huétor Tájar (España), el espíritu de Start Now animó la tradicional “carrera de solidaridad”: “Comprendimos –escribe una chica– que la vida es más bella si va acompañada por la sonrisa y la alegría”. Siempre en España, en Azpeitia, nos pidieron que presentáramos el proyecto en su Universidad. Son pequeños pasos con grandes horizontes, que hacen que todos se sientan parte de un coro donde no puede faltar la voz de ninguno. Y todavía muchos otros efectos, aquí y allá en el mundo, suscitados al compartir el proyecto Start Now. No son fuegos artificiales que después se apagan dejando sólo el recuerdo y la nostalgia, sino una chispa que se enciende, que contagia y se expande. Chiara Favotti
El recuerdo del Card. Pironio
El 5 de febrero es el vigésimo aniversario de la muerte del Card. Eduardo Francisco Pironio (1920 – 1998), de quien está en curso la causa de canonización. Nacido en Nueve de Julio, Argentina, era el vigésimo tercer hijo de una familia de origen italiano; fue ordenado sacerdote en 1943. Pironio, primero fue obispo titular en Ceciri y sucesivamente en La Plata, se convirtió en el secretario general y después en el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericana (CELAM). Fue llamado a Roma por el Papa Pablo VI, quien lo nombró Prefecto de la Congregación para los Religiosos y los Institutos Seculares y Cardenal en 1976. Juan Pablo II lo nombró presidente del Consejo Pontificio para los Laicos. Y desde esa función, el Card. Pironio, mediante un Decreto el 29 de junio de 1990, entregó a Chiara Lubich la aprobación definitiva de los Estatutos Generales de la Obra de María (Movimiento de los Focolares). Con una misa en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Luján iniciaron, el 4 de febrero, las celebraciones, promovidas en su honor por la Acción Católica argentina, que tendrán su momento central el próximo 31 de mayo, en Buenos Aires. El Movimiento de los Focolares se asocia con gratitud a la memoria de una de las figuras más eminentes de la reciente historia eclesial.
El diálogo como un estilo de vida
«El diálogo a 360 grados con todos, también con personas de otras convicciones, se convirtió en la característica de nuestra familia, con los hijos Pietro, Elena y Matteo». Annamaría y Mario Raimondi son un rio que fluye cuando cuentan sobre las innumerables experiencias vividas en su familia orientada al diálogo. Ahora viven en Lecco, pequeña ciudad tranquila del norte de Italia, sobre el lago Como (“que está solo a tres cuartos de hora de Milán”, puntualiza Annamaría). El es profesor de Química-Física de la Universidad de Milán, ella es maestra, ambos están jubilados. Pero sólo “formalmente”. Son muy vivaces y están en plena actividad, además de sus actividades familiares pues tienen ya tres nietos, también trabajan para la Diócesis, con una función referida al ecumenismo, y están al servicio de la comunidad de los Focolares del lugar. «Por mi trabajo – explica Mario- viajamos mucho siempre, especialmente a Inglaterra, a París y a USA. Conocimos la comunidad de los focolares de Boston, cuando estaba allá para hacer una investigación. La espiritualidad de la unidad nos abrió el corazón y la mente hacia muchos hermanos de culturas y credos religiosos distintos. Joe, un colega que conocí en París, es uno de éstos que con el correr del tiempo es ya casi un hermano». «En 1975- continúa Annamaria- con los hijos pequeños fuimos alojados en Bristol, en Inglaterra, en la casa de su familia.

Mario y Joe
«El verano pasado – continúa Annamaría- supimos que un señor inglés de 80 años había sufrido un infarto mientras estaba con un grupo de amigos paseando por el lago de Como. El hospital estaba bastante cerca de nuestra casa. Él y la esposa, no conociendo el italiano, estaban en dificultades. El resto de la comitiva, había regresado a Inglaterra. Durante su estadía en el hospital, que duró dos semanas, fuimos a visitarlo cada día, ayudándolo a comunicarse con los médicos, a encontrar un alojamiento para la esposa en el convento de las hermanas que vivían cerca del hospital, los ayudamos en las cosas cotidianas como si nos conociéramos desde siempre. Les llevamos la Palabra de Vida y compartimos momentos sencillos pero intensos. Cuando se volvían a su país, los acompañamos al aeropuerto. Fue allí que Antony, así se llama el esposo, nos dijo: “¿Les puedo dar una bendición?”. En ese momento descubrimos que era un ministro anglicano. El recuerdo de ese saludo tan especial está siempre con nosotros. Volviendo a Londres, Antony y su esposa, ya en estrecho contacto con la comunidad de los Focolares, nos agradecen todavía hoy recordando aquel momento con gratitud». Chiara Favotti

