De un pesebre a la Cruz

Foto: Pixabay

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La fiesta de la primavera (春節, 春节, chūnjié) o capodanno lunare (農曆新年, 农历新年, nónglì xīnnián), en Occidente conocido como el Año Nuevo chino, es una de las fiestas tradicionales más importante y sentida, que celebra el comienzo del año nuevo de acuerdo con el calendario chino. Las celebraciones comenzarán el 16 de febrero y durarán alrededor de dos semanas hasta el Festival de los Faroles, con numerosas actividades, espectáculos y mercados. En la víspera de Año Nuevo, las familias se reúnen para la «cena de encuentro», la comida más importante del año. En esta ocasión, varias generaciones se sientan alrededor de mesas redondas, probando comida y disfrutando juntos. Las calles, casas y edificios están decorados de rojo, el color principal de las vacaciones. Rezar en un templo durante el Año Nuevo se considera de buen augurio para el año que comienza. En Shanghai, miles de personas llegan al Templo de Longhua, el más grande de la ciudad. En Loppiano, la ciudadela internacional de los Focolares, donde muchos residentes provienen del continente asiático, celebrarán la entrada en el «año del perro» con una fiesta, el sábado 17 de febrero, una oportunidad para entrar en las culturas asiáticas a través de juegos, arte, música y bailes.
Hace poco concluyó. en Castel Gandolfo (Roma), el Curso internacional para novios organizado por las Familias Nuevas de los Focolares en el que participaron 65 parejas. Se habló de la elección personal y de cómo identificar y superar las crisis en la relación, con amplias aclaraciones sobre comunicación, afectividad y espiritualidad, hubo momentos de intercambio, pero lo que tuvo mayor incidencia fueron las historias de vida. ¿Una entre todas? Massimo y Francesca de Roma, casados hace 17 años, él gerente de una compañía de telecomunicaciones y ella profesora de italiano para extranjeros. Francesca: Según los médicos no podríamos ni debíamos tener hijos y si quedase embarazada, era seguro que no lograría llegar a término. Una condena sin posibilidad de apelación. Sobre el desconsuelo de los primeros momentos llegó una tranquilizadora convicción: la fecundidad no es sólo la capacidad biológica sino el saber generar amor alrededor. Así seguimos llevando adelante con el mismo entusiasmo las iniciativas que habían acompañado nuestras elecciones juveniles en favor de los demás. Abiertos a la vida, a pesar del temor producido por los abortos seguidos y traumáticos.
No habían pasado dos años cuando descubrimos que esperábamos un niño. Como era previsible fue un embarazo difícil que llegó a término no obstante el veredicto de los médicos, quienes no dejaron de recordarnos los grandes riesgos y los muchos cuidados que teníamos que tener. En muchos momentos difíciles apelamos a Dios, el autor de la vida. Esto nos hacía todavía más conscientes de la preciosidad de esa personita que quería crecer dentro de mí a pesar de la severa opinión de los médicos”. La ternura del uno hacia el otro se intensificó, alejando los temores y dando sentido a nuestro dolor. Alessandro nació bien, sanísimo. También yo bien. Los médicos quedaron sorprendidos, pero nos dijeron: ahora tienen un hijo, no se arriesguen más. Massimo: Nosotros en cambio seguimos abiertos a la vida y después de dos años llegó un nuevo embarazo, seguido por una nueva ola de incredulidad, escepticismo y recomendaciones por parte de los médicos. Ya cuando el embarazo iba avanzado surgió la sospecha del síndrome de Down, que había que confirmar con una amniocentesis. Una vez más, a pesar de lo traumático de la noticia, sentimos que era más fuerte la certeza en el amor de Dios por nosotros y por nuestro hijo, a quien queríamos dar una acogida incondicional. Por esto, renunciamos al test y a los riesgos que éste implicaba y nos quedamos con la duda hasta su nacimiento. Fueron meses de temor y de desaliento que superamos haciendo el esfuerzo por no dejarnos dominar por el dolor sino tratando de vivirlo como una posibilidad de amarnos entre nosotros y a todos. Cuando nació Matteo nos dijeron que no tenía síndrome de Down, sino una malformación cardíaca que requería una cirugía que se podía hacer sólo cuando tuviera 4 meses de vida.
Francesca: Fueron cuatro meses en los cuales el cansancio y sobre todo la impotencia ante el dolor inocente nos llevaban a momentos de incomprensión. A veces, la disponibilidad de querernos parecía desvanecerse, porque yo tenía que quedarme en el hospital con Matteo y Massimo en casa con Alessandro o tenía que ir al trabajo; nos veíamos sólo en el reparto del hospital y a menudo una frase poco acertada provocaba una discusión. Massimo: Una noche, después de ir a verlos al hospital, al despedirnos en el pasillo ambos advertimos la exigencia de un diálogo sincero, benéfico, a corazón abierto. Comprendimos que en medio de todas las preocupaciones, la única que requería espacio era la de querernos. Y también ahora, cuando las inevitables tensiones cotidianas parecen tomar preminencia, recordamos nuevamente esos momentos de luz en los cuales como familia el dolor regeneró en nosotros un amor más auténtico.

Robert Chelhod, en el centro, con los focolarinos de Alepo
¿Cómo encontraste a las personas a tu regreso? «Desanimadas y desilusionadas. Pero también deseosas de seguir adelante. Hay un cansancio por los años pasados, por las condiciones de vida, pero al mismo tiempo la voluntad de volver a empezar». ¿Qué se puede hacer por Siria hoy? «Por quien tiene fe, se puede seguir rezando. Y después apostar, junto con los sirios que el país está vivo. En Siria tenemos necesidad de apoyo. No sólo desde el punto de vista económico que ciertamente es importante, pero también para creer junto con nosotros que este país, cuna de civilizaciones, puede renacer. Que todavía la paz es posible. Tenemos necesidad de sentir que el mundo siente nuestro sufrimiento, el de un país que está desapareciendo». En el lugar coordinas los proyectos sociales sostenidos a través de la Amu. ¿Cómo hacen para moverse? «Los proyectos van desde ayuda para la comida a la ayuda para la escolarización. Después hay ayuda para la salud, porque la salud pública, por la escasez de médicos, medicinas e instrumental, no logra responder ni a los estándares mínimos de acceso. Además de la ayuda a las familias, se han estructurado algunos proyectos estables: dos de refuerzo escolar, en Damasco y en Homs, cada uno con 100 niños, cristianos y musulmanes; dos centros de salud, para la atención del cáncer y de diálisis; y una escuela para niños sordomudos, que había empezado antes de la guerra. Estos proyectos ofrecen una posibilidad de trabajo a tantos jóvenes del lugar. La cuestión del trabajo es fundamental. Estamos soñando en un futuro próximo la posibilidad de trabajar con microcrédito para hacer que las actividades vuelvan a empezar. Alepo era una ciudad llena de comerciantes, que hoy podrían volver a empezar, pero hace falta el capital inicial».
Muchos en cambio siguen emigrando… «El éxodo, sobre todo de los cristianos, no se logra detener. El motivo es la inseguridad, la falta de trabajo. La iglesia sufre, ésta es históricamente tierra de cristianos, antes de la llegada del Islam. Se trata de hacer lo posible para ayudar y sostener. Pero los recursos son muy pocos. La mayor parte de los jóvenes está en el ejército. Encuentras algún universitario, o chicos. Pero la generación entre los 25-40 no está. En la ciudad de Alepo se calcula una disminución de cristianos de 130 mil a 40 mil, y mientras tanto han llegado muchos musulmanes que han emigrado de sus ciudades destruidas». ¿Qué incidencia tiene esto en el diálogo interreligioso? «En Alepo los cristianos se consideraban un poco la élite del país. Con la guerra, dado que las zonas musulmanas fueron destruidas, muchos se refugiaron en las zonas cristianas. Entonces los cristianos se abrieron a los musulmanes, tuvieron que acogerlos. El obispo emérito latino de Alepo, Mons. Armando Bortolaso, durante la guerra me dijo: “Ahora es el momento de ser verdaderos cristianos”. Al mismo tiempo los musulmanes conocieron más de cerca a los cristianos. Quedaron impresionados por esta ayuda concreta. Hay cosas positivas, hay cosas negativas. Lo positivo es que esta guerra nos ha unido más entre sirios». Fuente: Città Nuova