24 Mar 2017 | Sin categorizar
Las consagradas están allá, en las fronteras más arduas y riesgosas. Los peligros no las detienen, aún a costa de la vida, confiando sólo en el Esposo de su alma. En el Instituto Virgen del Carmen de Sassone (Roma), se está desarrollando el retiro anual para éstas mujeres: religiosas de varias congregaciones que en la espiritualidad de comunión ven fortalecida su donación a Dios y valorado el servicio hacia los más excluidos. Cada una tiene una historia fascinante, que brota del carisma que suscitó la familia religiosa a la que pertenecen. Quien habla es Sor Viera, Franciscana de los Pobres: «A los 9 años, junto con mis hermanos, ayudé a mi papá a construir la casa, y a los 14 ya trabajaba en una planta vitivinicola donde reinaban la ambigüedad y vulgaridad, que muy pronto se convirtieron en mi estilo de vida. Sedienta de justicia, me afilié a un partido extremista, pero a los 22 años, harta de todo, me encontré en la terraza del tercer piso para acabar con mi vida. Lo que me detuvo fue, in extremis, el pensamiento de la desesperación en la que se sumiría mi mamá. En los días siguientes, en la parada del bus, encontré a una religiosa que nunca antes había visto, quien intuyó mi malestar y me invitó a un encuentro de jóvenes de los Focolares. Acepté porque quería vencer la idea del suicidio que seguía atormentándome. Escuchando sus vivencias del Evangelio, pensaba que estaban locos, que no hacían sino malgastar el tiempo. Sin embargo, esa noche experimenté una alegría que jamás había percibido. Dios me estaba tomando de la mano, manifestándose tal como realmente es: Amor. En el trabajo empecé a poner en práctica, aunque con dificultad, el mandamiento del amor recíproco, a utilizar frases y tonos serenos, a sonreír y a prestar mayor atención a las compañeras ancianas. Cada vez más, asistiendo a los encuentros con los jóvenes de los Focolares y con Cristina – la religiosa que me había hablado de ellos – advertía la exigencia de recorrer un camino serio con Dios. Después de una trayectoria de formación, dejé mi casa y mi trabajo para ingresar a la Orden de las Hermanas Franciscanas de los Pobres, una congregación al servicio de los más pobres, entre los que están las chicas de la calle encaminadas hacia la prostitución, la prisión, etc. Desde hace casi 23 años estoy comprometida en la pastoral penitenciaria, en contacto con los reclusos, sin tener en cuenta su credo y cultura, tanto en la cárcel de Rebibbia (Roma) como, recientemente, en la de Pistoia. Voy allá sólo para escucharlos, sin esperar nada. Me pongo a su disposición para llamar a sus familiares, a los abogados; les llevo todo lo necesario para enviar sus cartas. Colaboro con los educadores dialogando con ellos, sobre todo cuando surgen problemas. Cada vez que entro en esos ambientes pienso en las palabras que Jesús dirigió a los fariseos que querían apedrear a la adúltera: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Viviendo en primera persona la misericordia de Dios, trato de tener un profundo sentido de acogida hacia cada uno de ellos, tal como es, en la plena confianza. Sólo Dios juzga, un Dios que ama a todos. A menudo la confianza se vuelve recíproca y entonces se sienten impulsados a hablar de sus vivencias, de sus dramas, de sus dificultades de convivencia, del sufrimiento por verse faltos incluso de lo necesario. Esta actitud de hacerse uno que Chiara Lubich nos enseñó, es la llave de oro que me permite construir un diálogo pacífico y respetuoso con todos. En Pistoia los reclusos son unos 200, entre adultos y jóvenes, además de la sección llamada Menor para quienes cometieron delitos graves. Al inicio fue difícil afrontarlos, porque en Rebibbia me encontraba sólo con mujeres. Pero luego me di cuenta de que “No hay ni hombre ni mujer”, como dice San Pablo, y que todos son candidatos a la unidad. Voy a verlos tres o cuatro veces por semana. Conversamos en la capilla, delante de Jesús Eucaristía, y en general todos me dicen que estos coloquios deben repetirse, que me siguen esperando. Me cuentan de sus angustias, sus miedos, sentimientos que trato de aliviar recordándoles que cada uno de nosotros está en el centro del amor de Dios. Algunos me confían también que han regresado a Dios, como hizo recientemente una reclusa de Rebibbia, quien luego me escribió: “Quisiera recuperar todo el tiempo que tiré al viento. Espero que la vida me dé una segunda oportunidad para poder rescatarme a mí misma y a mi familia, para demostrar que yo también valgo, que yo también puedo hacer algo bueno. Queridísima Sor Viera, espero que me permita seguir teniendo su amistad, agradezco a Dios que nos hizo encontrar”.
22 Mar 2017 | Senza categoria
STREAMING – Česká Televize – El Card. Dominik Duka OP, Arzobispo de Praga, los familiares y el Movimiento de los Focolares, anuncian el funeral del Card. Vlk para el sábado 25 de marzo (11 horas), en la Catedral de los Santos Venceslao y Adalberto en Praga. Su cuerpo será depuesto en la tumba arzobispal de la Catedral. Miloslav Vlk, Arzobispo Emérito de Praga y Primate Emérito de Boemia, es el 62° sucesor de San Adalberto y 35° Arzobispo en la Cátedra de Praga.
21 Mar 2017 | Sin categorizar
“Precioso don”, “vivo testigo del Carisma de la unidad” y “verdadera Palabra vivida”. Así define María Voce, presidente del Movimiento de los Focolares, al Card. Miloslav Vlk, fallecido el sábado 18 de marzo en Praga. En una comunicación a todos los miembros del Movimiento María Voce pone en evidencia cuán “edificante” ha sido el modo en el que Vlk ha vivido el último período de su vida, caracterizado por la disminución de las fuerzas pero al mismo tiempo por “una actitud de continua gratitud a Dios por los dones recibidos de Él”. Subraya el “profundísimo vínculo” del Cardenal con el Movimiento de los Focolares “desde los inicios de su ministerio clandestino en la entonces Checoslovaquia bajo el régimen comunista”. Expresa la profunda gratitud por el gran compromiso y la dedicación con la que durante 18 años desarrolló la tarea de moderador del grupo de los Obispos que se declaran “amigos del Movimiento”, cuya actividad siguió con vivo interés y participación incluso desde el hospital. María Voce recuerda que el Card. Miloslav estuvo “circundado por las oraciones, tanto de su Comunidad diocesana como de los miembros del Movimiento y de los amigos de otras denominaciones cristianas, hebreos y musulmanes con los que recorrió, durante años, un camino de diálogo”. Y hace referencia a los “numerosos testimonios sobre su ejemplo de humildad, de comunión y sabiduría evangélica que subrayan su capacidad de hacerse ‘hermano’ con sencillez junto a los hermanos y al mismo tiempo expresar su autoridad de ‘padre’ sabiendo entusiasmar y motivar a quienes tenía a su lado”. “Estamos delante de una gran herencia”, concluye María Voce. “Una herencia que se ha de recoger y descubrir más profundamente”.
21 Mar 2017 | Sin categorizar
Desde hace más de 25 años estoy en contacto constante con el padre Nabil, sacerdote católico de rito melquita de Siria, casado y padre de cinco hijos. Nos conocimos siendo ambos seminaristas, durante un encuentro del Movimiento de los Focolares. Desde que empezó la terrible guerra en Siria, nos fue espontáneo vivir esta situación juntos. ¡Cuántas personas involucradas en la oración por la gente en Siria, para invocar la paz! Nació así una comunión espiritual que une también las dos comunidades parroquiales, la suya en Siria y la nuestra en Suiza. Cuando sus dos hijas mayores no pudieron seguir estudiando en Siria, nuestra comunidad de Basilea las acogió. Durante el verano pasado, ya que tenía que cambiar de parroquia, pude tomarme el tiempo necesario para ir a verlo. ¡Empezaron así los 40 días en Siria! A las 3 de la madrugada llegué a Beirut, donde el padre Nabil me acogió en el aeropuerto. Con un vehículo repleto de personas y equipajes, emprendimos el camino hacia Siria. En la frontera recibimos una cálida acogida por parte del jefe. Mientras revisaban el auto y los documentos, fuimos sus huéspedes. Luego volvimos a arrancar, recorriendo rutas secundarias – las principales estaban cerradas – pasando por un sinnúmero de puestos de control, hasta llegar al pueblo del padre Nabil, que dista unos 5 km de la ciudad de Hama. Nos recibieron en varias casas y experimenté una acogida cálida y alegre. Descubrí una comunidad muy viva. Cada noche, en la parroquia, se encontraban, por turnos, más de 200 niños y jóvenes. En total eran más de 900 las personas que cada semana pasaban unas horas juntos. Era una fiesta cotidiana. El compromiso y la dedicación de los 70 jóvenes responsables eran fuertes, a pesar del hecho que asistían la escuela o a la universidad y estaban justo en periodo de exámenes. Con el paso de los días, empecé a entender que esta vida plena se desarrollaba en el marco de un dolor desgarrador. Descubrí que los estruendos que se escuchaban cotidianamente, provenían de los bombardeos. Entendí que los asentamientos de los “rebeldes” estaban ubicados sólo a unos pocos kilómetros de distancia. Me enteré de que apenas una semana antes, una aldea cristiana a 12 kilómetros de allá, fue asaltada y hubo muchos muertos. Varias familias ya no podían comprar lo necesario para vivir. Fuimos a visitar a unos enfermos que no podían recibir asistencia. De noche todo era oscuro: había sólo unas luces LED con las baterías. Descubrí en muchas casas las foto de los hijos muertos en guerra. Ya casi no quedaba ni una familia completa, porque más de 3.000 jóvenes viajaron al exterior. Un día, durante un funeral, cayeron dos granadas provocando dos muertos. Me preguntaba: esta gente ¿de dónde saca fuerza para no desesperarse? El hecho es que desde hace varios años, se ha desarrollado una gran comunidad que se inspira en la Espiritualidad de la unidad. Son más de 200 personas, organizadas en pequeños grupos, que se nutren de la Palabra de Dios y se hacen cargo de la gente que está en dificultad y de los niños. Han armado un pequeño centro social que se encarga de las personas con enfermedades graves y consiguen medicinas y asistencia médica, con la ayuda de la solidaridad de los ciudadanos y también internacional. Regularmente se visitaban hasta 450 familias para apoyarlas en las necesidades más urgentes. Se trataba de cultivar con esmero también las relaciones entre los varios grupos religiosos. De hecho, junto con los demás sacerdotes de la ciudad, nos invitaron a la cena del Ramadán con más de 200 Imanes de la ciudad de Hama. Durante la última semana tuve la ocasión de participar en la Mariápolis. Había más de 200 personas procedentes de varias ciudades y regiones del país: Damasco, Homs, Hama, Alepo y Latakia. Por primera vez, desde el inicio de la guerra, fue posible correr el riesgo de viajar y encontrarse. Todos han sufrido muchísimo, han perdido sus casas, el trabajo e incluso familiares queridos . Pero no han perdido la fe y el amor. (Ruedi Beck) Fuente: Revista Gen’s, enero – marzo de 2017, págs. 38-40