3 Nov 2016 | Sin categorizar
Era el 22 de octubre de 1991 cuando el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa, lo eligió por unanimidad para que fuera Arzobispo de Constantinopla-Nueva Roma y Patriarca Ecuménico. El recién elegido Patriarca ya había conocido a Chiara Lubich en los años en que, como diácono, estudiaba en Roma y en los repetidos viajes de Chiara a Estambul para visitar al Patriarca Atenágoras y, sucesivamente, al Patriarca Demetrio. Estuvo presente en varios de aquellos encuentros y, sobre todo del carisma profético de Atenágoras, había heredado esa pasión por la unidad de la Iglesia por la cual Chiara también vibraba con un vigor particular. Con el correr de los años, la amistad espiritual y la comunión fueron creciendo. El Patriarca visitó a Chiara cuando ella se encontraba internada en el Hospital Gemelli de Roma, algunos días antes de su fallecimiento, llevándole su bendición… Recordamos también la visita de octubre de 2015 a Loppiano, donde recibió el primer doctorado honoris causa en Cultura de la Unidad por el Instituto Universitario Sophia. Un mes después fue él quien recibió en la Escuela teológica de Halki (Estambul) al 34º encuentro ecuménico de los obispos amigos del Movimiento.
Este aniversario se vive por lo tanto con gran participación y alegría de todo el Movimiento. Es difícil hacer un balance exhaustivo de estos 25 años de trabajo paciente y tenaz, manso y generoso. “25 años benditos”, así los define María Voce, en un breve video mensaje. La Presidente de los Focolares expresa sentimientos de “gratitud a Dios por los dones que El le ha concedido”, por ser “guía iluminada para Su iglesia”, pero también por “involucrar a muchos en el pensamiento y en la acción concreta (…) en favor de la vida, de la creación, del diálogo, de la paz y de la construcción de la fraternidad universal”. Sábado 22 de octubre: un ambiente de fiesta en la Iglesia de S. Giorgio, la Sede del Patriarcado Ecuménico, en Estambul. Lo que pasa es que se celebra la Divina Liturgia, momento culminante de las celebraciones de este Jubileo. En griego moderno “efcharistó” es el término que se usa para decir “gracias”. Y tal vez ninguna otra palabra exprese mejor el agradecimiento a Dios por el don que El hizo a la Iglesia y al mundo a través de este hombre. En presencia de numerosos metropolitas provenientes de diversos países y vinculados al Patriarcado Ecuménico, del vicario apostólico Rubén Tierrablanca de Estambul y de un Mufti Dede Bektasi de Albania, el Patriarca hace un balance de estos años como siervo humilde y agradecido.
Monseñor Nicholas Wyrwoll, evidencia la importancia de este cuarto de siglo bajo su guía: «Muchísimas cosas cambiaron. Bartolomé ahora es reconocido como Patriarca Ecuménico, un título que no se podía nombrar ni siquiera en la Liturgia. Un cambio notable fue el del Santo Sínodo, que es el órgano de gobierno más importante de la Iglesia Bizantina. Antes, los miembros provenían de Turquía, ahora son invitados del mundo entero y se alternan con una periodicidad de seis meses. Él supo involucrar a la minúscula comunidad griega que quedó en Turquía y a las autoridades turcas en la restauración de muchas iglesias y monasterios, conservando y valorizando el enorme patrimonio cristiano de este país. Además está su interés por la salvaguardia de la Creación. Colaboró con todas las religiones; es un líder escuchado a nivel mundial. En la homilía, el Patriarca subrayó la importancia del diálogo y de la comunión: «Somos de distinta cultura, de distinta historia, de distintas experiencias -afirmó-; la expresión común de nuestra fe no se encuentra en las palabras, sino en la oración común”. Y saludó cordialmente al Mufti de Albania. Recordó el Sínodo Pan-ortodoxo realizado en Creta. Con él la búsqueda de la unidad en la Iglesia, y en particular con la Iglesia Católica, ha alcanzado una aceleración fenomenal».
2 Nov 2016 | Sin categorizar
Maria Voce, usted dirige el Movimiento de los Focolares que el próximo 15 de noviembre organiza en la UNESCO un encuentro cuyo título es “Reinventar la paz”. ¿Puede decirnos qué hacer con respecto a la “guerra mundial a trozos” de la que habla el Papa Francisco? ¿Se trata hoy de reinventar la “paz a pequeños trozos” y favorecer por todas partes iniciativas concretas, como pequeñas luces que brillan en la oscuridad? Las miles pequeñas acciones de paz que llevan adelante cuantos se relacionan con el Movimiento de los Focolares, que tienen ya valor por sí mismas, como las de muchísimos otros, forman parte de un designio unitario y tienen una visión común: tender a la fraternidad universal, orientarse al “que todos sean uno”: el sueño de un Dios [Cf. Jn 17,21]. Esta visión y este horizonte estimulan, sostienen y ayudan a recomenzar siempre, más allá de las dificultades y en medio de los sufrimientos que requiere el compromiso de construir la paz. Hace 20 años que la fundadora de los Focolares, Chiara Lubich, recibió en la UNESCO el premio por la Educación a la Paz. El 15 de noviembre en París este encuentro presentará las numerosas iniciativas que el Movimiento ha puesto en marcha para avanzar por el camino de una paz concreta. En Tierra Santa por ejemplo – Jordania, Palestina e Israel especialmente – tierras fundamentales para la paz en el mundo, ¿qué están promoviendo los Focolares para responder a la pregunta sobre la educación a la paz y que puede ser fuente de inspiración también en otros lugares entre las personas de buena voluntad? El encuentro entre culturas y religiones que los Focolares promueven es una experiencia cotidiana. No se limita a la tolerancia o al simple reconocimiento de la diversidad; supera incluso la reconciliación. Tal encuentro crea, por decir así, una nueva identidad, más amplia, común, compartida. De hecho, es un diálogo que involucra a personas de las más variadas convicciones, incluso no religiosas, e impulsa a hacerse cargo de las necesidades concretas, para responder juntos a los desafíos en el campo social, económico, cultural, político. Se realiza en contextos afectados por crisis gravísimas, como Siria, Irak, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Nigeria, y muchos otros. Y de igual modo en Tierra Santa. La convicción es común: si hay un extremismo de la violencia, tratamos de responder de un modo estructuralmente distinto, es decir, con el extremismo del diálogo. Un compromiso que requiere el máximo empeño personal y comunitario, y es arriesgado, exigente, desafiante. Lo viven chicos, jóvenes y familias; cristianos, hebreos y musulmanes. Son personas que se esfuerzan, ante todo, en cortar en sí mismos las raíces de la incomprensión, del temor, del resentimiento. Un extremismo alimentado, día tras día, poniendo en práctica un arte: el arte de amar. En el plano del diálogo islamo-cristiano en particular, ¿qué se esperan de este encuentro en la UNESCO del próximo 15 de noviembre, sobre todo, después de apenas un año del atentado del 13 de noviembre en París? ¿Qué mensaje quieren enviar sobre este argumento? Esperamos que pueda llevarnos, a nosotros y a muchos otros, a una nueva y más radical toma de conciencia de que el designio de Dios sobre la Humanidad es que se componga en una sola familia, unida y plural, que supone las diversidades pero no las contrapone. Una realidad que hay que construir precisamente por la vía del diálogo, en la cual el islamo-cristiano es cada vez más importante y necesario, como demuestran los hechos, pero no es el único. Fuente: Vatican Insider
2 Nov 2016 | Senza categoria
¿Cómo podemos tener la certeza de haber elegido verdaderamente a Dios y cómo concretar esta elección en la actitud del vivir cotidiano? «Chiara: (…) Sólo se puede estar seguros de lo que se vive en el presente: yo ahora, quiero esta voluntad de Dios, quiero encontrarme con estos sacerdotes, tan amados por María, tan amados por Dios. ¿Quiero estar aquí? ¡Lo quiero, con todo el corazón! Pero si me dijera en este momento: «Mira, Chiara, puedes elegir: puedes también morir y venir enseguida al Paraíso con Jesús y María, con todos los nuestros de la Mariápolis celestial, con todos los santos, con todos los ángeles; pero ésta no sería la voluntad de Dios, sería tu voluntad:¿qué es lo que elegirías?”. Yo elijo estar aquí, con ustedes, porque elijo la voluntad de Dios. (…) Desde que empecé a vivir así, naturalmente vuelvo a empezar en cada momento. Pues he entendido que aquella frase: «el justo peca siete veces», quiere decir un sin fin de veces, porque se escapa siempre de la voluntad de Dios, hay que estar siempre al tanto para volver a ponerse dentro de la voluntad de Dios. (…) Otra experiencia que he hecho viviendo así es que cada acto, aún el más pequeño: desde lavarse a vestirse, a recoger un papel, a poner una cosa en su lugar, a encontrase con una persona… todo se vuelve un acto solemne. Es maravilloso, porque éste es un camino para todos; realmente creo que haya sido María quien nos lo ha sugerido, pues María es la mamá de todos: de los sacerdotes, de los laicos, de las mujeres, de los hombres, de los niños, de los ancianos, de todos, ella es la mamá de todos nosotros, pues es la mamá de la Iglesia; por eso nos ha dado un camino hecho para todos. (…) Ahora, esta vía es tan sencilla que todos los niños la pueden vivir, los sacerdotes, las chicas, los hombres, los casados, todos la pueden emprender, por lo que se abre una vía de acceso a la santidad para todos…, basta que lo quieran, pues ya no son ellos los que viven, es Dios quien vive en ellos. ¡A mí esto me da una inmensa alegría! Es haber podido obtener de María el secreto de la santidad, de una santidad popular, de una santidad universal para todo el pueblo de Dios. Por lo cual, para hacer lo que el Concilio desea, de que la santidad sea para todos, que no se limite a los conventos, a ciertas categorías de personas, aquí hemos encontrado el camino. Y esto es algo extraordinario. Porque, decir: «Tú puedes hacerte santo en un estado de perfección»; muy bien, ve, hazte fraile, hazte monja, etc. Pero poder decir a todos: hay un camino en el que tú puedes hacerte santo; mira, tú que quizás no puedes ir a la iglesia porque las circunstancias te lo impiden realmente; tú que estás tras el Muro de Berlín, donde no puedes tener contacto con los sacerdotes; tú que estás en prisión, tu puedes hacerte santo, es la voluntad de Dios vivida, perdiendo todo: la libertad, si estás en la cárcel; el contacto con la Iglesia, si estás “tras el muro de Berlín”… Tú lo puedes. Esto es algo extraordinario. Sólo María podía inventar algo así. Sólo una mamá que nos ama a todos y a cada uno personalmente. Sólo ella. Yo no me lo explico de otro modo. Es extraordinario. (…) Y es que la sencillez es una de las cosas más difíciles de entenderse. Porque es la unidad y es misteriosa. Entonces ¿cómo puede ser? Hay que elegir a Dios una vez; y luego ponerse en esta vía (…)». Chiara Lubich Texto completo Fuente: Centro Chiara Lubich