Movimiento de los Focolares
Educar en red para cambiar el mundo

Educar en red para cambiar el mundo

EdU_PartecipantiEdU (EducaciónUnidad), equipo interdisciplinar e internacional de estudio del área pedagógica y educativa, se encontró en España (Centro Mariápolis Luminosa, Madrid) en un seminario que tuvo la inclusión educativa como tema central. Educadores de Brasil, Croacia, Italia, Kenia, Burundi, Eslovenia, Corea, Polonia, Portugal y, por supuesto, España. Y se ha contado con contribuciones a través de internet desde Argentina, Méjico, España y Estados Unidos, han profundizado tres grandes temáticas: las relaciones, la comunidad y arte y deporte. La sala del Seminario se amplió al mundo entero gracias a la transmisión en directo por internet, permitiendo participar desde otros lugares de España o hasta desde Benín, con aportes de Argentina, México y EEUU. Muy interesantes y estimulantes las aportaciones teóricas, que servían de marco a las experiencias llevadas a cabo en los lugares más variados: viviendo el dado del arte de amar en Burundi, las relaciones creadas en la Escuela Rayo de Sol (Croacia), la Asociación Autismo Sevilla… o la implicación de la educación en la comunidad y de la comunidad en la educación, como en Argentina, donde se crea una escuela en una comunidad originaria con el objetico de educar a los niños sin recursos; al final, es la escuela la que rescata las tradiciones del lugar que estaban desapareciendo, a través de talleres de orfebrería, telares o instrumentos musicales. EdU_KoreaLa diversidad de experiencias mostradas ha sido uno de los puntos fuertes de un seminario pensado como laboratorio, ya que –según una participante en el mismo- “te dan la sensación de que no estás sólo en el mundo, luchando; sino que hay muchas personas que están junto a ti trabajando por lo mismo”. Se ha creado, de hecho, una red aún más amplia y estrecha entre todos los participantes, con la certeza de que “el verdadero trabajo, empieza ahora”, como decían muchos. También ha habido ocasión de conocer proyectos internacionales como Living Peace, Scholas Ocurrentes y Sportmeet. Y en el aspecto de la contribución del arte a la educación, la fotógrafa y educadora Concha Casajús mostró parte de sus trabajos, un diaporama denuncia a partir de fotografías realizadas a víctimas de abusos sexuales en Congo. Al concluir el Seminario, los participantes estaban aún más convencidos de que la inclusión es un estilo de vida, una necesidad en un mundo tan complejo y variado como el actual; y, más concretamente, la educación inclusiva es una prioridad en todos los ámbitos. El Seminario estuvo precedido por un Simposio que se desarrolló el 22 de abril en la Universidad Complutense de Madrid. También dedicado a la inclusión educativa, contó para su apertura con la presencia del Rector de la Universidad Nacional de Educación a distancia, Alejandro Tiana, quien se mostró como un apasionado de la inclusión. Kishore Singh, Relator Especial de Naciones Unidas sobre el Derecho a la Educación, ha enviado un mensaje de agradecimiento a la organización del Simposio. La próxima cita de EdU será en Polonia el 3 y 4 de junio, durante la Conferencia Interdisciplinar Internacional en ocasión del 20º aniversario de la entrega del doctorado h. c. a Chiara Lubich en Ciencias Sociales por parte de la Universidad Católica de Lublin “Juan Pablo II”.

Congo: el compromiso de los jóvenes por la paz

Congo: el compromiso de los jóvenes por la paz

Micheline Mwendike

Micheline Mwendike

«En la República Democrática del Congo – asegura Micheline a quien encontramos en Castel Gandolfo (Roma) participando en el Congreso OnCity promovido por los Focolares – las diferencias son muy evidentes. Son más de 400 las tribus y etnias, y entre una ciudad y otra no sólo cambian las costumbres alimenticias sino también los idiomas que en todo el país son más de 800. Además, sólo en Goma, mi ciudad, existen más de 200 iglesias de distintas confesiones cristianas, mezquitas musulmanas y otras formas de culto». ¿Cuándo la diferencia étnica y religiosa comenzó a ser un problema? «Durante la dictadura del presidente Mobutu, el sufrimiento de la población desde el punto de vista económico, cultural y político era demasiado grande. Y el concepto sobre “quién es el otro” con su idioma y su cultura, fue manipulado por ideologías que llevaron a considerar la cultura del otro como un factor que había que eliminar. Así es que, en 1992, en cada pueblo comenzó la guerra contra el enemigo que era la tribu que estaba enfrente. El que tiene hoy menos de 24 años no puede saber lo que es la paz porque ha visto solamente la guerra y los daños que ésta provoca. Todos hemos perdido a personas queridas. Pero la guerra no ha destruido nuestras culturas. Éstas todavía existen, con toda su belleza. Nosotros, los jóvenes que tratamos de vivir la espiritualidad de la unidad, queremos reencontrar los vínculos que nos unen y que nos complementan unos con otros».  Estás comprometida en un movimiento de jóvenes que quiere la paz en Congo, ¿de qué se trata? «Es un movimiento activo constituido por jóvenes congoleses. Soñamos con una sociedad en la que se respete la dignidad de las personas y la justicia social. Nuestro país es rico pero sus habitantes son pobres. Queremos contribuir activamente en la construcción del Congo. Estamos convencidos de que el cambio debe partir de nosotros los congoleses sin distinción de tribu, religión, idioma. En este sentido trabajamos para que la población tome conciencia de su potencial y de sus deberes. Yo misma, involucrándome activamente en acciones para contribuir al cambio, me siento más fuerte, más protagonista. Es también gracias a la información y a la amistad con personas de distintas tribus, que he comprendido que en todos los grupos están los buenos y los malos, que fueron algunos de los líderes los que instrumentalizaron el odio por motivos de poder».  ¿Cuál es la contribución específica que ustedes ofrecen como movimiento de jóvenes? «Tratamos de que la gente conozca la verdad de los hechos y de la vida del país. Por ejemplo: hemos denunciado una masacre sobre la cual el gobierno no realizó ninguna investigación para encontrar a los culpables, ni trató de proteger a la población de la zona que fue atacada. Organizamos discusiones sobre temas importantes como la paz, el rol de la comunidad internacional, el rol de nosotros los jóvenes, tratando de construir las bases sobres las cuales construir juntos nuestro futuro. Queremos difundir  la convicción de que las soluciones se encuentran en la colaboración entre todos. Para nosotros los jóvenes es difícil comprender por qué existe esta espiral de violencia que durante  largos años ha devastado nuestro país. Para los jóvenes es más fácil comprender que pertenecer a una tribu es uno de los numerosos aspectos de la identidad de las personas. El mensaje que queremos transmitir es que nuestras respectivas diversidades no se deben ver como un motivo de división sino como un factor positivo que hace a la humanidad más rica».

Palabra de vida

Siempre ha sido este el deseo de Dios: poner su morada entre nosotros, su pueblo. Ya las primeras páginas de la Biblia nos lo muestran descendiendo del cielo, paseando por el jardín y conversando con Adán y Eva. ¿No nos creó para esto? ¿Qué desea el que ama sino estar con la persona amada? El libro del Apocalipsis, que escruta el proyecto de Dios sobre la historia, nos da la certeza de que el deseo de Dios se realizará en plenitud. Él ya comenzó a poner su morada en medio de nosotros cuando vino Jesús, el Emmanuel, el «Dios-con-nosotros». Y ahora que Jesús ha resucitado, su presencia ya no está limitada a un lugar ni a un tiempo: se ha extendido al mundo entero. Con Jesús comenzó la construcción de una nueva comunidad humana muy original, un pueblo compuesto por muchos pueblos. Dios no solo quiere habitar en mi alma, en mi familia y en mi pueblo, sino entre todos los pueblos, llamados a formar un solo pueblo. Por otra parte, la actual movilidad humana está cambiando el mismo concepto de pueblo. En muchos países el pueblo está compuesto ya por muchos pueblos. Somos muy diferentes por color de piel, cultura y religión. Muchas veces nos miramos con desconfianza, recelo o miedo. Hacemos la guerra unos contra otros. Pero Dios es Padre de todos, nos ama a todos y a cada uno. No quiere habitar con un pueblo –«por supuesto, el nuestro», podríamos pensar– y dejar solos a los demás pueblos. Para Él somos todos hijos e hijas suyos, una única familia. Así pues, guiados por la Palabra de vida de este mes, ejercitémonos en apreciar la diversidad, en respetar al otro, en mirarlo como una persona que forma parte de mí: yo soy el otro y el otro es yo; el otro vive en mí y yo vivo en el otro. Comenzando por las personas con las que vivo cada día. De este modo podemos hacer sitio a la presencia de Dios entre nosotros. Y Él recompondrá  la  unidad,  salvaguardará  la  identidad  de  cada  pueblo, creará  una  nueva «socialidad». Así lo intuyó Chiara Lubich ya en 1959, en una página de extrema actualidad y de increíble profecía: «El día en que los hombres –pero no en cuanto individuos, sino en cuanto pueblos– […] sean capaces de posponerse a sí mismos, de posponer la idea que tienen de su patria, […] y esto lo hagan por ese amor recíproco entre los Estados que Dios pide (lo mismo que pide el amor recíproco entre los hermanos), ese día será el comienzo de una nueva era, porque ese día […] se hará vivo y presente Jesús entre los pueblos […].» Éstos son tiempos en los que cada pueblo ha de traspasar sus propias fronteras y mirar más lejos. Ha llegado el momento de amar la patria de los demás como la nuestra. Nuestros ojos tienen que adquirir una nueva pureza. No basta con desapegarnos de nosotros mismos para ser cristianos. Hoy los tiempos exigen al seguidor de Cristo algo más: una conciencia social del cristianismo […].» […] nosotros esperamos que el Señor tenga piedad de este mundo dividido y disperso, de estos pueblos encerrados en su propio cascarón contemplando su belleza –única para ellos– limitada e insatisfactoria, defendiendo con uñas y dientes sus tesoros –incluidos tantos bienes que podrían hacer falta a otros pueblos que se mueren de hambre– y haga caer las barreras y que fluya ininterrumpidamente la caridad entre una tierra y otra, como un torrente de bienes espirituales y materiales.»Esperemos que el Señor componga un orden nuevo en el mundo: Él, el único capaz de hacer de la humanidad una familia y de cultivar la diversidad entre los pueblos para que en el esplendor de cada uno puesto al servicio de los demás, resplandezca la única luz de vida que embellece la patria terrenal y la convierte en antesala de la Patria eterna»1. FABIO CIARDI 1 «María, reina del mundo»: C. LUBICH, Pensamientos (1961), en Escritos espirituales/1, Ciudad Nueva, Madrid 1995, pp. 211-213. Cf. también ID., La doctrina espiritual, Madrid 2002, pp. 300-301.

Evangelio vivido: sin excluir a nadie

Evangelio vivido: sin excluir a nadie

Dormía en compañía de las ratas «Me importaban sólo la plata, la ropa de marca, las mujeres y la diversión. Después de haber experimentado la cárcel por posesión y venta de heroína, volví a llevar la misma vida de antes, entre violencia, estupefacientes y alcohol. Hace aproximadamente tres años, un tipo que yo consideraba como amigo, me robó droga y plata. Enojado conmigo mismo, con Dios y con el mundo entero, caí muy bajo. Dormía en una casa abandonada, en medio de la basura y en compañía de las ratas. Un día un desconocido, sin preguntarse quién era yo, me invitó a comer en su casa y me trató como a un hermano. Me sentí impulsado a acompañarlo en la iglesia a la que asistía y allí, por primera vez después de un largo tiempo, experimenté una sensación de paz. Luego volví allá también solo. Me quedaba en silencio por horas, aprendía a rezar. Intenté cambiar de vida. Aunque tuve recaídas, cada vez Jesús me dio la fuerza de reponerme. Hoy en día vivo en una comunidad de rehabilitación y trato de devolver la ayuda recibida estando al servicio de quienes pasan necesidad.» (Samuele – Italia) 20160428-01La sastrería «Cuando ella pasaba delante de nuestro taller de sastrería, le echaba una mirada triste a los vestidos de la vitrina. Un día la invité a pasar. Estaba vestida de manera pobre, pero con gusto. Volvió varias veces, de tal suerte que pude conocer su historia: para cuidar a sus padres había dejado su trabajo y, una vez que se quedó sola, ya no pudo ejercer su oficio de sastre. Hablé con el director de la sastrería y la señora fue contratada. Decir que es la mejor es poco. Supe por varias clientes que desde que ella está, vienen más gustosamente al taller, se sienten mejor recibidas.» (J.B. – Argentina) Inculturación «En mi escuela primaria, hay muchos niños extranjeros. Socializar con ellos no es fácil, sobre todo con un grupo de pequeños gitanos: molestan durante la clase, son agresivos, en muchos casos sus padres están en la cárcel. Un día, para ayudar a una colega de quinto curso, desesperada porque ya no lograba manejar el grupo, los recibí en mi salón. Pensando en Jesús como ejemplo de paciencia y mansedumbre, les preparé los mejores lugares y los presenté a los estudiantes como tutores de los más pequeños. Luego, para que se sintieran protagonistas, les pedí que me enseñaran algo de su idioma, dedicando a esto parte de la clase. Ahora se portan mejor y la inculturación está progresando.» (E. – Italia)

Papa Francisco a la “Aldea por la Tierra”

Papa Francisco a la “Aldea por la Tierra”

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Foto: Lorenzo Russo

«Escuchándolos hablar, me vinieron a la mente dos imágenes: el desierto y el bosque. Pensé: estas personas, todos ustedes, toman el desierto para transformarlo en un bosque. Van donde está el desierto, donde no hay esperanza y hacen cosas que convierten el desierto en bosque. El bosque está lleno de árboles, lleno de verde y demasiado desordenado… pero así es la vida! Pasar del desierto al bosque es un hermoso trabajo que ustedes hacen. ¡Ustedes transforman los desiertos en bosques! Después se verá cómo se pueden regular ciertas cosas del bosque… Pero allí hay vida, aquí no: en el desierto hay muerte. Muchos desiertos en las ciudades, muchos desiertos en la vida de las personas que no tienen futuro, porque –y subrayo una palabra dicha aquí– siempre existen los prejuicios, los temores. Y esta gente tiene que vivir y morir en el desierto, en las ciudades. Ustedes hacen el milagro con su trabajo de cambiar el desierto en bosque: Sigan así. Pero, ¿cómo es su plan de trabajo? No sé … Nosotros nos acercamos y vemos qué es lo que podemos hacer. ¡Y ésto es vida! Porque a la vida se la debe tomar así como viene. Es como el arquero en el fútbol, tiene que atajar los pelotazos que vienen de todos lados: de acá, de allá … Pero no hay que tener miedo de la vida, no hay que temerle a los conflictos. Una vez alguien me dijo –no sé si es cierto, si alguien quiere puede verificar, yo no he verificado– que la palabra conflicto en idioma chino se compone de dos signos: un signo que dice «riesgo», y otro signo que dice «oportunidad». El conflicto, es verdad, es un riesgo, pero es también una oportunidad. Al conflicto podemos tomarlo como algo de lo que debemos alejarnos o evitar: «No, allí hay un conflicto, me mantengo lejos». Nosotros, los cristianos sabemos bien lo que hizo el levita, lo que hizo el sacerdote, con el pobre hombre caído en el camino. Encontraron la manera para no ver, para no acercarse (cf. Lc 10,30-37). Quien no se arriesga, no puede acercarse a la realidad: para conocer la realidad, para hacerlo desde el corazón, es necesario acercarse. Y acercarse es un riesgo, pero también una oportunidad: para mí y para la persona a la que me acerco. Para mí y para la comunidad a la que me acerco.
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Foto: Lorenzo Russo

Pienso en los testimonios que dieron, por ejemplo, con todo el trabajo en la cárcel. El conflicto: nunca, nunca, nunca darse vuelta para no ver el conflicto. Los conflictos se deben asumir, los males se deben asumir para resolverlos. El desierto es feo, ya sea el que está en el corazón de todos nosotros, o aquel que está en las ciudades, en los suburbios, eso es algo feo. Incluso el desierto que se encuentra en los barrios protegidos … Es feo, también allí está el desierto. Pero no hay que tener miedo de ir al desierto, para convertirlo en bosque; hay vida exuberante, y se puede ir a secar muchas lágrimas para que todos puedan sonreír. Me hace venir a la mente ese Salmo del pueblo de Israel, cuando estaba en cautiverio en Babilonia, y decían: «No podemos cantar nuestras canciones, porque estamos en tierra extranjera». Ellos tenían los instrumentos allí con ellos, pero no tenían la alegría porque eran rehenes en un país extranjero. Pero cuando fueron liberados, el Salmo dice: «No podían creer, nuestra boca se llenó de sonrisas» (Sal 137). Y así, en este tránsitar desde el desierto hasta el bosque, hacia la vida, está la sonrisa. Les doy una tarea para hacer «en la casa»: miren un día las caras de la gente cuando van por la calle: están preocupados, cada uno encerrado en sí mismo, falta la sonrisa, falta la ternura, en otras palabras la amistad social, nos falta esta amistad social. Donde no hay amistad social, siempre está el odio, la guerra. Nosotros estamos viviendo en una «tercera guerra mundial de a trozos», por todas partes. Miren el mapa del mundo y verán esto. En cambio, la amistad social, a menudo se debe hacer con el perdón – la primera palabra– con el perdón. Muchas veces se hace con el acercarse: yo me acerco a ese problema, a ese conflicto, a esa dificultad, y como hemos escuchado lo que hacen estos chicos y chicas valientes en los lugares donde se juega a las apuestas y mucha gente pierde todo ahí, todo, todo. En Buenos Aires vi a ancianas que iban al banco a recibir su jubilación y después inmediatamente al casino! Acercarse al lugar del conflicto. Y estos [los chicos] van, se acercan. Acercarse … Hay otra cosa que tiene que ver con el juego, con el deporte y también con el arte: es la gratuidad. La amistad social, se da en la gratuidad, y esta sabiduría de la gratuidad que se aprende, se aprende: con el juego,mcon el deporte, con el arte, con la alegría de estar juntos, con el acercarse… Es una palabra, gratuidad, que no se debe olvidar en este mundo, en el que parece que si no pagas no se puede vivir, donde la persona, el hombre y la mujer, que Dios ha creado justamente como centro del mundo, para estar al centro de la economía, fueron desplazados y en el centro tenemos un hermoso dios, el dios dinero. Hoy, en el centro del mundo está el dios del dinero y los que pueden acercarse a adorar este dios se acercan, y aquellos que no pueden terminan en el hambre, la enfermedad, la explotación … Piensen en la explotación de los niños, los jóvenes. Gratuidad: es la palabra clave. Gratuidad que empuja a que yo dé mi vida así como es, para ir con los demás y hacer que este desierto se convierta en bosque. La gratuidad, esto es algo hermoso! Y el perdón, también, perdonar. Porque, con el perdón, se aleja el rencor, el resentimiento. Y luego, siempre construir, no destruir, construir. Así, éstas son las cosas que vienen a la mente. ¿Cómo se hace esto? Simplemente siendo conscientes de que todos tenemos algo en común, todos somos seres humanos. Y en esta humanidad nos acercamos para trabajar juntos. «Pero yo soy de esta religión, de aquella…» ¡No importa! Todos adelante para trabajar juntos. ¡Respetarse, respetarse! Y así veremos este milagro: el milagro de un desierto que se convierte en bosque. ¡Muchas Gracias por todo lo que hacen! ¡Gracias!» Jornada mundial por la Tierra 2016 PALABRAS DEL SANTO PADRE FRANCISCO DURANTE LA VISITA A LA MANIFESTACIÓN «ALDEA POR LA TIERRA» Roma, Villa Borghese Domingo, 24 de abril de 2016 Fuente:  Zenit Papa Francisco en la Mariápolis https://vimeo.com/164229191 https://vimeo.com/164066584