28 Ene 2016 | Sin categorizar
Sophia y la inserción en el mundo laboral: ¿es una relación más o menos difícil con respecto a otros itinerarios académicos? Ocho años después de la inauguración del Instituto Universitario Sophia (IUS), la italiana Licia Paglione, que da clases de Métodos de investigación social, fue la primera en realizar una investigación a partir de estos interrogantes. Algunas observaciones tomadas de los reportes de la investigación. El target lo constituían los primeros 80 graduados en el IUS, es decir quienes cursaron y concluyeron uno de los cursos bienales de Maestría y sacaron el título antes del 2014. En los primeros dos meses del 2015 a ese grupo se le invitó a que respondiera un cuestionario semi-estructurado, elaborado para recopilar alguna información esencial, relativa a la trayectoria profesional y a la vida emprendida al finalizar los estudios en Sophia. Sobre el total de los jóvenes graduados respondieron 61 (el 75% del total) provenientes de 30 países del mundo; su colaboración permitió analizar el peso que estudiar en Sophia ha tenido a la hora de buscar un trabajo. El primer dato indica que los estudios se concluyeron en los dos años previstos en el 91% de los casos; el 81% de los graduados encontró trabajo menos de 6 meses después de la graduación, el 96% en ese año. Hoy el 51% de los graduados tiene trabajo fijo, el 26% tiene un trabajo interino; en el 62% de los casos se trata de un trabajo de tiempo completo, el 26% trabaja medio tiempo, mientras que el 13% de los casos tienen una segunda actividad. La mayoría de los graduados (63%) actualmente se desempeña en cargos de responsabilidad en las empresas, en la administración pública, en universidades y otros centros de cultura, en organizaciones no lucrativas: el 28% trabajan de forma independiente, o son empresarios o consultores; el 7% son directores y funcionarios de altos cargos, el 28% trabaja en el ámbito científico-cultural, en la formación y la investigación. La eficacia de la formación, con respecto a la actual posibilidad de encontrar trabajo parece confirmada: más de dos tercios de los graduados (68%) piensa que la formación ofrecida por el IUS concuerda con el trabajo que realiza. Dicha eficacia se pone en relación con algunas capacidades transversales específicas, que los graduados consideran haber obtenido o reforzado en el período de estudios en Sophia. En especial se refieren a la capacidad de interactuar en contextos “plurales” en el aspecto cultural y disciplinario; de considerar los problemas integrando perspectivas y competencias distintas; de manejar situaciones de conflicto trabajando en sinergia con los otros actores sociales y culturales, promoviendo soluciones innovadoras. En fin, hay que resaltar que ninguno de los graduados se arrepintió del itinerario elegido, el 72% estaría de acuerdo en volver a hacerlo, mientras que el 28% repetiría la experiencia sugiriendo algunas modificaciones. Entre ellas, se pone de relieve la falta de pasantías accesibles a lo largo del bienio. Una prioridad que las personas de la administración del Instituto pusieron en la mira. “Interesante también el análisis de las fortalezas –comenta Licia Paglione – : estudiar en Sophia significa sobre todo involucrarse en un camino de descubrimiento y maduración de la propia identidad ‘en relación’, un camino que incluye y valora los recursos intelectuales y al mismo tiempo incide en la dimensión psicológica y afectiva, espiritual y operativa, y promueve en todos el compromiso«.
27 Ene 2016 | Palabra de vida, Sin categorizar
¿Quién no ha visto llorar a un niño y echarse en los brazos de su madre? Suceda lo que suceda, sea cosa pequeña o grande, la madre le seca las lágrimas, lo cubre de cariño y al poco rato el niño vuelve a sonreír. A él le basta con sentir su presencia y su afecto. Así hace Dios con nosotros, comparándose con una madre. Con estas palabras Dios se dirige a su pueblo que ha vuelto del exilio en Babilonia. Después de haber visto demoler sus casas y el Templo, después de haber sido deportado a tierra extranjera, donde ha experimentado decepción y desánimo, el pueblo vuelve a su patria y debe volver a empezar a partir de las ruinas que ha dejado la destrucción sufrida. La tragedia vivida por Israel es la misma que se repite para tantos pueblos en guerra, víctimas de actos terroristas o de explotación inhumana. Casas y calles en ruinas, lugares símbolo de su identidad arrasados, saqueo de bienes, lugares de culto destruidos. Cuántas personas secuestradas, millones se ven obligadas a huir, miles encuentran la muerte en el desierto o en el mar. Parece un apocalipsis. Esta Palabra de vida es una invitación a creer en la acción amorosa de Dios incluso donde no se percibe su presencia. Es un anuncio de esperanza. Él está al lado de quienes sufren persecución, injusticias y exilio. Está con nosotros, con nuestra familia, con nuestro pueblo. Conoce nuestro dolor personal y el de la humanidad entera. Se ha hecho uno de nosotros hasta morir en la cruz. Por eso sabe comprendernos y consolarnos. Precisamente como una madre, que sienta al niño en sus rodillas y lo consuela. Hace falta abrir los ojos y el corazón para «verlo». En la medida en que experimentemos la ternura de su amor, conseguiremos transmitirla a todos los que viven inmersos en el dolor y en la prueba; seremos instrumentos de consuelo. Así lo sugiere el apóstol Pablo a los corintios: «consolar nosotros a los demás en cualquier lucha mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Co 1, 4). Es también la experiencia íntima y concreta de Chiara Lubich: «Señor, dame a todos los que están solos… He sentido en mi corazón la pasión que invade al tuyo por todo el abandono en que está sumido el mundo entero. Amo a todo ser enfermo y solo. ¿Quién consuela su llanto? ¿Quién llora con él su muerte lenta? Y ¿quién estrecha contra su pecho el corazón desesperado? Haz, Dios mío, que sea en el mundo el sacramento tangible de tu amor: que sea tus brazos, que abrazan y transforman en amor toda la soledad del mundo»[1]. FABIO CIARDI [1] C. Lubich, Meditaciones, Ciudad Nueva, Madrid 1964, 200710, p. 22. Ed. en catalán en Escrits espirituals/1, Ciutat Nova / Publicacions de l’Abadia de Montserrat 1982, p. 33.
27 Ene 2016 | Sin categorizar
Tras la solicitud presentada por el Movimiento de los Focolares el 7 de diciembre de 2013 al Obispo de Frascati, Mons. Raffaello Martinelli, el 27 de enero del año pasado se abrió la Causa de Beatificación de Chiara Lubich. «Nuestro único deseo es ofrecer a la Iglesia y a la humanidad el don que Chiara ha sido para nosotros y para muchísimas personas», había dicho en esa ocasión la presidente de los Focolares, Maria Voce. «Acogiendo el carisma que Dios le daba (…) Chiara se ha prodigado para que muchos pudieran recorrer este camino de vida evangélica con una determinación siempre renovada, para ayudar, a cuantos encontraba, a poner a Dios en el primer lugar y “hacerse santos juntos”. Su mirada y su corazón estaban movidos por un amor universal, capaz de abrazar a todos los hombres más allá de toda diferencia, siempre orientado a realizar el testamento de Jesús: “Ut omnes unum sint” (Que todos sean uno)».
Durante este año, el Tribunal Diocesano ha escuchado a decenas de personas, consideradas en grado de contribuir a que se conozca la vida y el carisma de Chiara, lo más plenamente posible. Entre los testimonios hay muchos de los primeros y de las primeras compañeras de Chiara, autoridades religiosas y civiles, familiares, personas de otros Movimientos, de otras Iglesias y de otras convicciones. Recordamos este primer aniversario con un fragmento de la intervención que Chiara pronunció en Loppiano, el 14 de mayo de 1987, en el que subraya la “santidad de pueblo” o “santidad colectiva” que nace del carisma de la unidad. «Estamos siempre en camino para realizar nuestra santificación. Sin este objetivo, además, la vida tendría poco sentido porque Dios, que nos ha creado, también nos ha llamado a la santidad. Todas las personas deben perseguir esta meta. De hecho, la llamada a la santidad es universal. […] Todos deberían alcanzar la propia perfección. Y quien pone en ello todo su empeño alcanza dicha meta caminando por caminos diferentes.
También nosotros tenemos el camino. […] Para nosotros es voluntad de Dios caminar por un camino de santidad colectiva. Y para realizar esto es necesario tener presentes dos elementos de nuestra espiritualidad, de los que no podemos prescindir. Nosotros sólo podemos hacernos santos manteniendo vivo al Resucitado en nosotros y al Resucitado entre nosotros. Estamos en medio del mundo y, para cualquier parte nos giremos, encontramos algo que está en antítesis con Cristo y con su mentalidad. En el mundo, por doquier, se respira aire de consumismo, de hedonismo, de materialismo, de secularismo. ¿Cómo llevar eficaz y constantemente, y de un modo cada vez más amplio, la presencia de Dios a la sociedad de hoy? ¿Cómo defenderse de las acechanzas del mundo, siempre dispuestas a atacarnos y desanimarnos? ¿Cómo mantener los propósitos que hacemos en los momentos de gracia? La Virgen con su Obra nos ha ofrecido una posibilidad fabulosa: ha construido por todas partes, de distintos modos, pequeñas o no tan pequeñas comunidades que tienen como vocación tener a Jesús presente en medio de ellas. Pide, por lo tanto, no sólo superar las dificultades personales abrazando a Jesús Abandonado, para que el Resucitado esté en nosotros, sino también construir la unidad con los hermanos, para que el Resucitado esté en medio de nosotros. Ella sabe que solos, en un mundo como el nuestro, sería difícil que lográsemos. Por eso ha “inventado” esta espiritualidad que llamamos colectiva, precisamente, porque son muchas las personas que la viven juntas […]».
27 Ene 2016 | Focolare Worldwide
Todo comenzó en 2002 cuando la comunidad local del Movimiento de los Focolares conoció a Mustapha Baztami, Imam de la comunidad de Teramo, un hombre de Dios impresionado por la espiritualidad de la unidad al punto que se convirtió en un infatigable difusor de la misma. Desde aquel encuentro siguieron muchos momentos en común con aclaraciones y reflexiones, como por ejemplo, la familia vista por el Corán y la Biblia, para pasar luego a compartir comidas y distintos sabores y ver colores y perfumes variados que se mezclan, así como también las personas que los prueban. Pero el verdadero desafío es el de lograr hacer juntos – musulmanes y cristianos – la experiencia de la fraternidad. Un día, su esposa sufrió un gravísimo accidente. Las prolongadas hospitalizaciones, también en otras ciudades de Italia, permitieron que la comunidad focolarina se estrechara fuertemente en torno a ellos, tal como sucede entre hermanos. Es como una competencia de amor entre el que da y el que recibe, y que se convierte en humus fértil para llegar a otras iniciativas como la de inventar un concurso literario, “Distintos… pero uno”, que ya desde hace quince años los lleva a trabajar codo a codo en un compromiso semanal que dura todo el año. «El ser hijos de Dios es lo que nos une – afirma Donato de los Focolares-. Es esto lo que nos da la libertad de tomar el micrófono y contar la propia historia, o simplemente sonreír por un chiste, o dejar caer alguna lágrima sin pasar vergüenza por ello». «Los ojos de ustedes me miran sin prejuicios», declara una mujer musulmana. Los efectos de este diálogo no pasan desapercibidos en la zona. Una asociación católica invita a Mustapha y a Donato a intervenir en un seminario islamo-cristiano. Todo transcurre de la mejor manera, pero las posiciones de algunos de los participantes del seminario sobre el concepto de la mujer en el Islam, crean fuertes tensiones en la sala. Entonces, Mustapha y Donato deciden intervenir contando que la amistad entre ellos está fundada en la recíproca voluntad de amarse más allá de la cultura y de la religión. Ellos dicen que buscan lo que los une más que aquello que los podría dividir. «Mi vida ha cambiado profundamente – afirma Mustapha- desde que conocí a Chiara Lubich, mujer cristiana, de piel blanca y occidental. Ella me enseñó a amar a todos y a ser el primero en hacerlo». Desde ese momento el seminario tomó otro cariz. Uno de los organizadores lo va a abrazar diciéndole: «Hermano, comprendí que el razonamiento del hombre no vale nada ante el amor». Llega el verano y las dos comunidades juntas con sus familias completas quieren irse de excursión a la montaña. Apenas llegan a la meta, los hombres musulmanes descargan sémola, carne, hortalizas, especias, ollas y cubiertos, y las mujeres toman el lugar en la cocina de la casa del párroco. Pero los cristianos no se quedan atrás: hacen pan casero, preparan aceitunas rellenas a la “ascolana”, gallinita en gelatina. En la normalidad de una jornada entre amigos, cada momento tiene su lugar: el juego de los niños, el intercambio espiritual, el té, el cus-cus, las degustaciones, el paseo. No hay nada programado, pero cada momento es precioso para continuar fortaleciendo una amistad que poco a poco se vuelve más profunda. Al día siguiente, Mustapha manda un mensaje: «…pedimos al Altísimo que continúe iluminando nuestro recorrido común». Y cuando el obispo debe transmitir a la autoridad de policía los datos sobre cómo están las relaciones de su diócesis con la comunidad islámica, relata esta experiencia de verdadero diálogo.
26 Ene 2016 | Focolare Worldwide
Una ciudad al sur de Hungría, Szeged, aloja en el parque central “la mayor manifestación del año, gratis y al aire libre”. Es el Festival “Espacio Abierto” como lo anuncia el comunicado de prensa. El Festival se caracteriza por el gran número de participantes y por las representaciones. Pero, ¿cuál fue la novedad de este acontecimiento? «Cuando hace algunos años se anunció por primera vez que habría una posible manifestación cristiana a nivel ciudadano, nadie creía que un proyecto tan ambicioso pudiera realizarse en nuestro país», escribe Uj Város, la revista de los Focolares de Hungría. «No era el sueño de una sola persona, sino del grupo ecuménico de pastores de esta ciudad. Un sueño que hace un año y medio comenzó a concretarse, involucrando distintas asociaciones religiosas, civiles y políticas», hasta que este Festival pudo realizarse desde el 25 al 27 de septiembre pasado. Como afirma Orsolya Szlaukó, pastora evangélica: «En Szeged, el grupo ecuménico de los pastores lanzó la idea de organizar algo que anuncie el cristianismo. El logo, escrito en cuatro colores, se inspiró en un Salmo así como todo el Festival: “El Señor me sacó a campo abierto” (Sal, 18). Lo soñamos y lo realizamos para ofrecerle un regalo a los habitantes de Szeged, mostrar que las iglesias cristianas están unidas y mostrar también los valores de estas comunidades». «Nuestra misión se dirige a la ciudad y no sólo a nuestras comunidades», afirma uno de los organizadores. «Nuestro rol era el de asegurar que todo funcionara bien, no tanto el de estar en primer plano», afirma Sándor Tari, otro de los organizadores. «Durante el Festival cada uno encontró el programa adecuado para su persona, tanto los jóvenes como los mayores», continúa diciendo la pastora. «Hubo momentos para los conciertos, mesas redondas, juegos lúdicos y stands de distintas organizaciones». «Los 60 stands estaban diseminados como casitas a lo largo de la avenida del parque, formando cuatro barrios de la ciudad en donde se mostraban a los visitantes las iniciativas en acción: un electricista que ofrecía un laboratorio para niños, un stand sanitario por el cual pasaron 700 personas, donantes de sangre, profesores universitarios que ofrecían alguna lección. Las parroquias y las comunidades eclesiales entretenían a los transeúntes con una gran variedad de iniciativas creativas».
Sándor Tari trabajó durante un año entero preparando la zona de los stands. «El objetivo era que estuviera presente cada sector de la ciudad: los agricultores, los obreros, la cultura, la salud…. La condición que se les pedía a los expositores era que estuvieran abiertos a la amistad con los organizadores y entre ellos. Participaron también la Policía y los Bomberos». Sándor cuenta que entre los proyectos consideran también la continuación de este acontecimiento y probablemente una iniciativa semejante se podrá repetir dentro de dos años. «Me gustó mucho el clima de familia, con tantos padres y niños» dijo un padre de familia. Pero también los jóvenes tenían a su disposición un amplio abanico de bandas que se alternaron en el palco, entre ellos el Gen Verde, Hillsong y otros grupos musicales húngaros. «Aquí hay un clima que no se encuentra todos los días y escuchándolos tocar se puede advertir la paz en el fondo del corazón», decía un joven. TV Duna entrevistó al obispo evangélico Péter Gáncs, y ante la pregunta sobre porqué había considerado importante su participación respondió: «Me gustó el título del Festival, Espacio Abierto. A veces tengo la impresión de que las iglesias tienen miedo a salir. Hace 25 años que cambió el régimen y vemos que las personas no entran fácilmente a la iglesia. Debemos salir nosotros. Es por esto que aprecio mucho el hecho de juntarnos de forma ecuménica para salir a las plazas, a las calles». Fuente: Új Város n.1/2016