Movimiento de los Focolares
Musulmanes y cristianos: en acción por la fraternidad

Musulmanes y cristianos: en acción por la fraternidad

20151213DonneMusulmane«¡Vayan adelante con valentía por su camino de diálogo y de fraternidad, porque todos somos hijos de Dios!». Dijo con fuerza el Papa Francisco al concluir el Ángelus del 13 de diciembre, dirigiéndose a los cientos de personas del Movimiento de los Focolares y de algunas comunidades islámicas italianas. Estaban juntos para dar testimonio del camino común en curso desde hace años, “cristianos y musulmanes juntos constructores de paz”, como recitaba la pancarta que tenían en San Pedro. Con ellos estaban los imán de las comunidades de Roma, Trieste, Teramo, Catania, jóvenes mujeres y chicos de la Mezquita de Centocelle de Roma, familias con niños, profesores, periodistas. Había cristianos comprometidos desde hace años y otros que recientemente hen emprendido el camino del diálogo. Estaba también una delegación del Movimiento budista japonés Risho Kosei Kai y representantes de Religiones por la paz y de otras religiones. Después de la fiesta en la plaza San Pedro, porque éste era el clima que se respiraba, los 400 protagonistas se trasladaron a la sede de los Agustinianos, a pocas cuadras de la columnata de San Pedro. Compartir el almuerzo propició un espacio de convivencia deseada, había una salita de oración para los musulmanes, la misa para los cristianos. Fue un evento que por su originalidad tuvo bastante eco en la prensa.

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De la izquierda: imam Naher Akkad, Antonio Olivero, Michele Zanzucchi, padre Egidio Canil

El abogado Vincenzo Buonomo, experto en libertad religiosa, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad Pontificia Lateranense, dio inicio al programa de la tarde con una panorámica geopolítica: «la guerra es la única respuesta que Europa ha podido dar ante la acción terrorista –afirma- cuando existen otros instrumentos –las negociaciones, los acuerdos entre países del área, el diálogo. Ciertamente son más comprometedores, pero sin duda son también más eficaces a mediano y largo plazo». Igualmente incisivas fueron las declaraciones del imán de Catania, Abdelhafid Kheit (miembro de la directiva de la UCOII, la Unión de Comunidades Islámicas de Italia quien pocas horas antes atravesó la Puerta Santa de la Misericordia junto a otros amigos cristianos: «No todos creen que la diversidad es una riqueza, pero fue el Señor Dios, que nos hizo diferentes, de lo contrario seríamos una única comunidad». Invertir en la educación a la paz fue la invitación de las asociaciones católicas italianas, para manifestar su apoyo al desafío del diálogo. El espíritu de Asís sopla en esta dirección, a través de la presencia del padre Egidio Canil, franciscano del Sacro Convento, quien exhortó a «atravesar también hoy los ejércitos –como San Francisco en los tiempos de las Cruzadas cuando fue a encontrarse con el Sultán- y llevar la paz». Y después la experiencia real: las palabras de los imán y de los cristianos de varias ciudades italianas que ofrecieron un testimonio de vida. El imán de Centocelle, Mohamed Ben Mohamed, subrayó el compromiso de los jóvenes –tantos de los cuales estaban presentes- para “vencer la guerra contra el mal”; Cenap Aydin, director del Instituto Tevere, exclamó con alegría “¡hoy a nosotros se sumó el Papa!”. Siguieron las experiencias del Centro La Pira de Florencia, que desde 1978 es un lugar de acogida fraterna para quien proviene de otros países y de encuentro entre culturas diferentes; por la comunidad de Trieste, habló el imán Naher Akkad; en cambio el imán Mustapha Batzami presentó de la iniciativa “Distintos pero UNO”, nacida hace 20 años en Abruzzo; en la comunidad de Catania el diálogo entre musulmanes y cristianos que concretó hace tiempo (mediante clases de recuperación en la Mezquita, el encuentro entre familias) llevó a dos momentos públicos de gran relieve, como contaron el imán y Giusy Brogna, quien es la persona referente para el diálogo con el Islam de los Focolares de Italia.
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Amjad Zedan, estudiante sirio del Instituto Universitario Sophia

La presencia de Amjad Zedan, un joven estudiante sirio del Instituto Universitario Sophia, y de Pascal Bedros, libanés residente en Aleppo, trajo a la sala, junto al hielo de la guerra, ese hilo de esperanza de quien cree que “a pesar de casi es demasiado tarde, todavía la situación puede cambiar”, e hizo un llamado al Occidente que todavía no ha comprendido cuan peligroso es lo que se está jugando. El pacto de proximidad y de colaboración firmado entre el Movimiento de los Focolares y las comunidades islámicas de Italia fue la conclusión de la jornada, abriéndola al compromiso cotidiano de asumir la responsabilidad “para que nadie se resigne ante situaciones de convivencia que parecen difíciles”, y se trabaje por un “rechazo inequívoco de la violencia” y una religión que sea “fuente de cohesión social y de paz”.  

Economía de comunión: la parte de quien recibe

Economía de comunión: la parte de quien recibe

20151214-01Es impresionante descubrir que en el mundo no existe sólo la explotación, la competencia desleal, los juegos de interés. Existen empresarios, como por ejemplo los que participan en el proyecto por una Economía de Comunión (EdC) – unos mil en el mundo- que además de querer obtener una ganancia que asegure la vitalidad y continuidad de su empresa, quieren vivir la ‘cultura del dar’ según los fines del mismo proyecto: la ayuda a los necesitados y la formación en esta cultura de las nuevas generaciones. Y para realizarlo, ponen a disposición del proyecto, libremente, una parte de sus utilidades. Socoro y Gomes, brasileños, viven en Taguantinga, una ciudad del Distrito Federal. Tenían ya seis hijos cuando él, debido al alcoholismo, perdió el trabajo. Para mantener a la familia, ella trabajaba como empleada doméstica por horas, pero las entradas eran poquísimas y los hijos, quedándose solos, se desorientaron al punto que el más grande, que era adolescente, cayó en la droga. Fue en ese momento que llegó la primera ayuda de parte de los Focolares, que acogió al chico en la Fazenda da Esperança, una comunidad de recuperación animada por la espiritualidad del Focolar. Sobre la familia pendía también el problema de la ‘casa’, que además de estar casi en ruinas y de ser totalmente insuficiente para una familia tan numerosa, corrían el riesgo de perderla porque habían dejado de pagar a quien les había anticipado el dinero. Se hizo presente esta problemática a la Comisión EdC de su región. Después de un análisis atento, les ofrecieron un préstamo para cubrir la deuda, que irían restituyendo según sus posibilidades. Mientras tanto, Gomes empezó una actividad económica con tanques de gas, pero debido a su problema con el alcohol no logró mantener la actividad. Eran tiempos duros para ellos. A la grave situación económica se sumaron incertidumbres, discrepancias, falta de diálogo. Y en medio de todas estas dificultades él tuvo incluso un infarto. Cuando menos lo esperaban, a Socoro le ofrecen un trabajo fijo como empleada doméstica en la casa de un Cardenal, que le regula su situación laboral y le da un salario justo. Un día, el Cardenal va a visitar a la familia, y tiene un importante diálogo con Gomes, quien decide dejar el alcohol y cambiar de vida. Poco después reciben la visita de dos miembros de la Comisión EdC, venidos para verificar la situación habitacional. Y así, después de un tiempo se les propone si quieren entrar en el programa Habitaçao, que dentro del proyecto EdC prevé el saneamiento y la restructuración de las casas de las familias extremadamente pobres. «Cuando lo supe –confiesa Socoro- sentí una gran emoción. Tenía la sensación de que era Dios mismo quien nos daba esta posibilidad». El trabajo de restructuración en gran parte lo realizaron personas de la comunidad de los Focolares, algunas de las cuales trabajaron de las 5,30 de la mañana a las 7,00 de la noche. Ahora en la casa hay una sala, baño, la habitación de los papás, una para las chicas y una para los chicos. Vivir en una casa así ayuda a quien la habita a reencontrar la propia dignidad. Gomes, ahora totalmente recuperado, parece otra persona. Las dos hijas más grandes, gracias a una beca, frecuentan la universidad. «Viendo a las hijas tan dedicadas al estudio –cuenta Gomes- también yo me sentí impulsado a inscribirme en un curso para adultos, para obtener el diploma de la secundaria». A pesar de que hacía 38 años que no estudiaba, era un desafío que quería enfrentar. En el aula aprende a superar la vergüenza de sentirse viejo y con buena voluntad lo logra. Cuanto salen los concursos del Banco de Brasilia y del Ministerio de Turismo, logra clasificarse entre los primeros 200 y es contratado como empleado en un banco.  

Giordani: la misericordia en el «Magnificat»

Giordani: la misericordia en el «Magnificat»

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«El Magnificat», vitral, comunidad de Taizé

En el centro de este potente himno que es el Magnificat, que expresa el ímpetu de los profetas con la profecía de la redención, está también expresada una referencia a la misericordia divina, que puede parecer un agregado retórico. Me parece que, en cambio, la alusión a la misericordia del Padre, en el centro del himno, tiene un valor capital, y contiene la explicación de la concisa, exuberante lista de hechos divinos, que dan una belleza inaudita e inmediatez constante a la improvisación poética de la jovencita quinceañera, que custodiaba y maduraba en su seno a Jesús. En la primera parte, María exalta al «Potente que hizo grandes cosas» en su «sierva», de modo que todas las generaciones futuras, la declararán bienaventurada. Dios hizo el milagro de la encarnación del Verbo en una joven pobre, humilde, de un desconocido pueblo de Israel; de donde llegará la salvación para la humanidad de todos los tiempos. Por lo tanto ella observa: «su nombre es santo – y su misericordia (va) de generación en generación…» La redención nace pues, de un acto de piedad del Padre divino hacia los hombres. Si él ha realizado ese prodigio de amor, que sólo un Dios podía realizar, que consiste en el nacimiento del Hijo en la tierra a través de una jovencita del pueblo y de hacerlo morir en un patíbulo por el bien de la humanidad, se debe a un acto de misericordia, se debe a un milagro de esa misericordia, que es el amor elevado al máximo grado. Esto exige que se perdone al hermano no hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete: prácticamente siempre, hasta el infinito; que se lo ame hasta dar la vida por él. Dios «ha socorrido a Israel, su siervo, – recordándose de la misericordia…». En síntesis, todo, en el gobierno divino, conduce a la misericordia. Y se verá confirmado y aclarado posteriormente en la conducta de ese Jesús, en nombre de quien María habla, sea cuando le dará de comer a las multitudes y curará enfermos, sea cuando echará a los mercaderes del templo y gritará palabras ásperas contra los fariseos y los soberbios. Es el himno de la total revolución cristiana. Pero el aspecto más revolucionario de ella está justamente en su principio: la misericordia. Por ella no destruye, sino que crea, porque el amor de Dios y del hombre no produce más que bien. El Magnificat precisa las directivas del proceso de evolución, cambio y renacimiento, en que social y políticamente, además de espiritualmente, se traduce el ideal evangélico. Un cambio que parte del amor, y se concreta en la misericordia. Un ideal similar asume hoy un carácter de urgencia y de actualidad nuevas. Irrumpen de todas partes ideologías y protestas, guerrillas y revoluciones: surgen aspiraciones grandes y hermosas y se introducen también programas destructivos de odio. María enseña cómo orientar y construir esta revolución. Es una mujer, la madre de Dios, que enseña con la palabra y la vida: la vida de la madre de la misericordia. El ejemplo de ella vale tanto más, hoy, cuanto más se revaloriza la femineidad.   María nos enseña el camino de la misericordia. Hoy día es evidente la inutilidad y lo absurdo de las guerras, es decir del odio, y la necesidad de sistemas racionales, elaborados mediante acuerdos, diálogo y, sobre todo, mediante intervenciones y dones, de quien puede en favor de quien no puede. Lo vemos: el envío de armas y dinero favoreciendo a éste o a aquél pueblo sirve para alimentar los conflictos, donde la gente sufre, agoniza y muere; y se depositan semillas de odio contra los mismos donadores. La perspectiva de esta jovencita, que entona entre la gente pobre el Magnificat , es decir el método de la misericordia, es una perspectiva de inteligencia divina y humana, la única capaz de resolver el problema de un mundo amenazado por una última definitiva catástrofe, provocada por la estupidez del odio, la droga del suicidio. En síntesis, para volver a tener la paz y el bienestar, es necesario que nosotros curemos las llagas materiales y morales de los que sufren, sea de esta parte o de la otra parte del Océano, sean de Europa o de Asia, de América o de África, usando una piedad, fruto de la comprensión; una caridad que no es debilidad, sino abolición de las injusticias y de los egoísmos para lograr que la coexistencia sea una convivencia, de las naciones, una familia. Así lo quiere Jesús, el hijo de María, como asegura también su Madre. Igino Giordani, en «Mater Ecclesiae» n. 4/1970 www.iginogiordani.info