Calcedonia: un nuevo pacto entre los obispos cristianos

© CSC Audiovisivi – R. Meier

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«A menudo nosotros somos llevados, por el lenguaje que usamos, a hacernos una idea no exacta de lo que sucedió en Nazaret, en el momento en el que el ángel le comunicó a la Virgen santa que el Verbo se haría carne. La mentalidad antropomórfica nos lleva a considerar a Dios lejano, en lo alto, en los cielos, que manda a su Hijo a un lugar remoto para hacerse hombre. No es así. Dios está en todas partes, está en el cielo, en la tierra y en cada lugar. Por lo tanto, Dios estaba en la pequeña habitación de la Virgen en Nazaret cuando se le apareció el ángel. Pero era infinitamente distante de las criaturas por el abismo de pecado y por su natural pequeñez. Dios, en el instante que la Virgen pronunció su sí, en el seno purísimo de ella se desposó con la naturaleza humana, desposó a la criatura, obrando un acercamiento inimaginable entre la divinidad y el universo. Desde entonces Él está en medio nuestro. Aquella distancia infinita que nuestra imaginación ha expresado poniendo a Dios lejos de nosotros, por encima de los cielos, se ve anulada: Él está en la tierra, Él es nuestro conciudadano». Pascual Foresi, Teologia della socialità, Città Nuova 1963, pág. 66
El 27 de noviembre se concluyó la primera parte del Congreso ecuménico de los obispos amigos de los Focolares, en el Monasterio de la Santísima Trinidad en la isla de Halki. El Card. Francis Kriengsak puso en evidencia como la unidad entre las distintas iglesias cristianas está al servicio de toda la familia humana. «La diversidad es un don y un enriquecimiento recíproco, -son las palabras del Cardenal- pero es posible sólo con una escucha sin juicio, con el diálogo de la vida, compartiendo experiencias, con una acogida que armoniza los varios carismas». Del conocimiento recíproco emergieron los desafíos y las características particulares de cada iglesia sobre problemáticas álgidas.

Jesús Morán
Al concluir esta primera parte del Congreso, los obispos hicieron propio el llamado del Patriarca Bartolomé I, de rezar por el seminario teológico se vuelva abrir. Además invocaron la liberación de los dos obispos que fueron raptados en Siria en abril del 2013: el obispo greco-ortodoxo de Aleppo, Paul Yazigi, y el arzobispo siro-ortodoxo Gregorios Yohanna Ibrahim, obispo amigo de los Focolares y asiduo participante de estos encuentros. Ahora ha caído la noche y también la lluvia cae suavemente sobre la isla. Las carrozas bajan por la colina llevando una carga mucho más ligera: obispos hermanos comprometidos a vivir el amor recíproco para que Jesús Resucitado pueda volver a donar nueva luz al mundo. De la enviada Adriana Avellaneda
“Karibu Kenya Papa” (Bienvenido a Kenia, Papa). Entre cantos y bailes festivos, en la tarde del 25 de noviembre, el Papa desembarca en Nairobi para su primera etapa en tierra africana. Desde el aeropuerto hasta la ciudad, dos alas de multitud acompañan el auto papal: un simple auto de color gris. Ya desde el primer saludo Francisco expresa su amor por esta “Nación joven y vigorosa, una comunidad con ricas diversidades”. “Kenia fue bendecido no sólo por la inmensa belleza, de sus montañas, sus ríos y lagos, sus selvas, sus sabanas y espacios semi-desiertos, sino también su abundancia de recursos naturales”. Y continúa: “En un mundo que sigue explotando estas riquezas en lugar de proteger la casa común”, auspicio que sus valores inspiren “los esfuerzos de los gobernantes en la promoción de modelos responsables de desarrollo económico”. La agenda papal es intensísima: encuentro con el clero, al que ‘regala’ tres palabras: llorar, rezar, servir; el encuentro con los representantes de la ONU de Nairobi, a quienes pide un ‘cambio de ruta”, de modo que la economía y la política se pongan al servicio de la persona a fin de que desaparezcan enfermedades como la malaria y la tuberculosis, que se continúe luchando contra la deforestación y se orienten hacia un comercio más igualitario y a un desarrollo que tenga en cuenta a los pobres.
Fue significativo el encuentro con los líderes de las diversas iglesias y de las comunidades musulmanas y animistas, en donde afirmó que el diálogo ecuménico e interreligioso no son un lujo ni una opción. Después dijo con fuerza, esa frase que tuvo eco en todo el mundo: “Que nunca el santo nombre de Dios sea utilizado para justificar el odio y la violencia” El 27, último día en Nairobi, fue a Kangemi, un barrio muy pobre donde se concentra la degradación humana y ambiental que lo impulsó a convertirse en el paladín ante la ONU. Lo esperaban 100 mil personas, también aquí bailando y cantando. Y Francisco no los decepciona: “Me siento en casa”, dijo. “Comparto este momento con ustedes, hermanos y hermanas, que tienen un lugar especial en mi vida y en mis elecciones. Sus dolores no me son indiferentes. Conozco los sufrimientos que encuentran. ¿Cómo podemos no denunciar las injusticias sufridas?” Antes de partir para Uganda, en el estadio Kassarani se encuentra con los jóvenes para responder a sus preguntas entre las cuales: ¿cómo vencer el tribalismo, la corrupción, el reclutamiento de los jóvenes?. “Vencer el tribalismo –responde el Papa- es un trabajo de cada día, un trabajo de la oreja, escuchar a los otros, un trabajo del corazón, abrirlo a los otros, y un trabajo de la mano, estrecharse la mano uno al otro”. “La corrupción es algo que se insinúa dentro nuestro, es como el azúcar, es dulce, nos gusta, es fácil, pero luego terminamos mal”. Y, ¿cómo superar la radicalización?. “Lo primero que debemos hacer para evitar que un joven sea reclutado es darle educación y trabajo”. Cada encuentro suyo es desbordante de afecto, cercanía, amor. Y el pueblo responde expresando gratitud, alegría, esperanza. El tema de la inculturación del Evangelio es uno de los desafíos más significativos en estas tierras, en las cuales se debe tener en cuenta varios aspectos, percibidos como valores, preexistentes al cristianismo: la visión familiar, el rol del clan, la poligamia tribal y la musulmana, etc. Es un desafío que también los Focolares han acogido desde su llegada a África, en los años ’60, y que continúa comprometiéndolos en una sincera búsqueda con las personas del lugar, en el espíritu de la reciprocidad. Un camino que trajo Chiara Lubich en 1992 fundando, justo aquí en Nairobi, una ciudadela de testimonio donde se realizan cursos de inculturación especializados. El próximo tendrá lugar en mayo de 2016 donde participarán también María Voce y Jesús Morán presidente y co-presidente de los Focolares respectivamente.
Estas palabras están dirigidas a mí. El Señor viene y debo estar preparado para acogerlo. Cada día le pido: «Ven, Señor Jesús». Y Él responde: «Sí, vengo pronto» (cf. Ap 22, 17.20). Está a la puerta y llama, pide entrar en casa (cf. Ap 3, 20). No puedo dejarlo fuera de mi vida. La invitación a acoger al Señor que viene es de Juan el Bautista. Está dirigida a los judíos de su tiempo. A ellos les pedía que confesasen sus pecados y se convirtiesen, que cambiasen de vida. Estaba seguro de que la venida del Mesías sería inminente. ¿Lo reconocería el pueblo, que lo esperaba desde hacía siglos, escucharía sus palabras, lo seguiría? Juan sabía que para acogerlo hacía falta prepararse; y de ahí la apremiante invitación: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». Estas palabras están dirigidas a mí porque Jesús sigue viniendo cada día. Cada día llama a mi puerta, y, lo mismo que para los judíos de tiempos del Bautista, tampoco para mí es fácil reconocerlo. En aquel entonces, contrariamente a las expectativas normales, se presentó como un humilde carpintero proveniente de Nazaret, un pueblo desconocido. Hoy se presenta con las trazas de un emigrante, de un parado, del empresario que da trabajo, de la compañera de clase, de los familiares, y también de personas en las cuales el rostro del Señor no siempre se ve con toda su luminosidad; incluso a veces parece escondido. Su voz sutil, que invita a perdonar, a ofrecer confianza y amistad, a no conformarse a opciones contrarias al Evangelio, muchas veces está dominada por otras voces que instigan al odio, al provecho personal o a la corrupción. De ahí la metáfora de los caminos tortuosos e impracticables, que recuerdan a los obstáculos que se interponen a la venida de Dios en nuestra vida de cada día. No hace falta enumerar las mezquindades, egoísmos y pecados que anidan en el corazón y nos vuelven ciegos a su presencia y sordos a su voz. Cada uno de nosotros, si es sincero, sabe cuáles son las barreras que le impiden el encuentro con Jesús, con su palabra, con las personas con quienes Él se identifica. Y ahí está la invitación de la Palabra de vida, que hoy va dirigida a mí precisamente: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». “Allanar” ese juicio que me lleva a condenar al otro, a dejar de hablarle, y en lugar de eso llegar a entenderlo, amarlo, ponerme a su servicio. “Allanar” el comportamiento erróneo, que me lleva a traicionar una amistad, que me hace ser violento o incumplir las leyes civiles, para convertirme más bien en una persona dispuesta a soportar incluso la injusticia con tal de salvar una relación, a implicarme personalmente para que crezca la fraternidad en mi entorno. Es una palabra dura y fuerte la que se nos propone en este mes, pero también una palabra liberadora, que puede cambiarme la vida, abrirme al encuentro con Jesús, de modo que venga a vivir en mí y sea Él quien actúe y ame en mí. Si la vivimos, esta palabra puede hacer mucho más: puede hacer que nazca Jesús en medio de nosotros, en la comunidad cristiana, en la familia, en los grupos en que actuamos. Juan la dirigió a todo el pueblo: «[y Dios] habitó entre nosotros» (Jn 1, 14), en medio de su pueblo. Por eso, ayudándonos unos a otros, queremos allanar los senderos de nuestras relaciones, eliminar cualquier desviación que pueda haber entre nosotros, vivir la misericordia a la que nos invita este año santo. Así, juntos, seremos la casa, la familia capaz de acoger a Dios. Será Navidad: Jesús encontrará el camino abierto y podrá quedarse en medio de nosotros. Fabio Ciardi