24 Oct 2015 | Focolare Worldwide
«También nosotros queremos hacer algo por todas las familias necesitadas de la ciudad. Y descubrimos que Caritas tiene aquí en Teramo (Italia) un local donde recoge artículos de primera necesidad para distribuir entre los que los precisan. Así, junto con nuestros padres, fuimos a visitar este local y descubrimos –con mucha alegría- que hay panaderías en nuestra ciudad que donan no sólo el pan que les sobra, sino también el pan fresco del día. Decidimos llevar huevos, mermelada, papel higiénico, servilletas refrescantes (porque, como nos dijeron, a veces las usan en lugar del agua). ¡Llenamos tres carritos de regalos! Nos quedamos de verdad muy felices, tanto los grandes como los pequeños, porque descubrimos un modo de ayudar a las personas que no tienen nada para comer. Ahora que conocemos este supermercado especial, volveremos otras veces y trataremos de involucrar también a nuestros amigos». (Los y las gen 4 y gen 3 de Téramo, Italia)
24 Oct 2015 | Senza categoria
El 17 de octubre, el Aula Nervi, tuvo lugar una celebración solemne, estaban presentes todos los Padres sinodales, delegaciones, embajadores y el Papa Francisco –con un discurso definido como uno de los más importantes de su pontificado-, en el que recordó los 50 años de la institución del Sínodo de los obispos por parte de Pablo VI. «Una obra de arte», afirmó la presidente de los Focolares, María Voce, refiriéndose al discurso del Papa en un comentario inmediatamente después de éste. «Ha mostrado que no puede existir un camino en la Iglesia que no sea sinodal. Me impresionó que subrayara la importancia del sensus fidei, es decir el sentido de la fe, y la infalibilidad del pueblo de Dios cuando escuchan juntos al Espíritu Santo, expresando así la fe de la Iglesia. Y esto siempre a partir de la base. El Papa Francisco nos dio a entender que ha de ser así en todas figuras jurídicas colegiales nacidas después del Concilio Vaticano II. Si no viven esta sinodalidad, partiendo de la gente a la que están dirigidas, no sirven a la comunión. Son una máscara». «Y después la primacía del servicio: «Nunca lo olvidemos-dijo el Papa-. Para los discípulos de Jesús, ayer, hoy y siempre, la única autoridad es la autoridad del servicio, el único poder es el poder de la cruz, según las palabras del Maestro: “ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser primero, que se haga esclavo” (Mt 20,25-27). “Entre ustedes no debe suceder así”: en esta expresión alcanzamos el corazón mismo del misterio de la Iglesia –“entre ustedes no debe suceder así”- y recibimos la luz necesaria para comprender el servicio jerárquico». El Papa habla de “pirámide invertida”, una imagen en la que desde hace algún tiempo nos esforzamos por reflejarnos, precisamente en el sentido que él la explica: «El vértice debe estar por debajo de la base. Por eso quienes ejercitan la autoridad se llaman “ministros”: porque, según el significado original de la palabra, son los más pequeños entre todos». Del discurso emergió una vez más la sintonía entre el papa Francisco y el patriarca Bartolomé I: «El compromiso de edificar una Iglesia sinodal –misión a la cual todos estamos llamados, cada uno en el papel que el Señor le confía- tiene muchas implicaciones ecuménicas. Por esta razón, hablando a una delegación del patriarcado de Constantinopla, recientemente subrayó la convicción que “el atento examen de cómo se articulan en la vida de la Iglesia el principio de sinodalidad y el servicio de quien preside ofrecerá un aporte significativo al progreso de las relaciones entre nuestras Iglesias”». «Es una sintonía –subrayó María Voce- que no sólo existe a propósito de los problemas de la creación, expresados en la encíclica Laudato si’; sino que es precisamente este sentir sinodal de la Iglesia el que impulsa al Papa a buscar la forma de dar pasos concretos hacia la plena comunión. Porque es sólo en la plena comunión de todos los cristianos que se expresa la sinodalidad de la Iglesia». Al final, comentó María Voce, «la búsqueda, no del compromiso, sino de lo que el Espíritu Santo quiere decir, es un gran desafío que exige una gran unidad de toda la Iglesia. Hemos hablado con distintos participantes del Sínodo de la Familia en curso en estos días, también con la familia de focolarinos casados de Colombia, María Angélica y Luis Rojas, y todos nos pedían que rezáramos. Entonces hemos intensificado las oraciones como si también nosotros estuviésemos allí tratando de comprender cómo hacer para acoger las angustias y las dificultades de las familia del tiempo moderno, mirando la familia según el designio de Dios». La motivación y las densas palabras de Pablo VI que acompañaron la institución del Sínodo de los Obispos, el 15 de septiembre de 1965 han sido especialmente importantes para el Movimiento de los Focolares, precisamente porque la institución del Sínodo, explica María Voce, «ha suscitado un nuevo ambiente en la Iglesia, un cambio: el de la colegialidad, de la comunión, el paso de un modo de conducir la Iglesia en forma individual, más bien jerárquico, a un modo colegial». «Como Movimiento de los Focolares, como Movimiento de la unidad, no podíamos dejar de tomar en consideración este acontecimiento, y acogí con alegría la invitación del Card. Baldisseri a participar en la conmemoración». Con los Sínodos, de hecho, se actúa una especie de continuación del Concilio Vaticano II. «Pablo VI, evidentemente movido por el Espíritu Santo, después de haber hecho esa experiencia conciliar tan bella, que llevó a la Iglesia a una realidad nueva – basta pensar en los documentos Gaudium et Spes, Lumen Gentium, Nostra Aetate – sintió que esta experiencia tenía que continuar». «Sínodo», de hecho, quiere decir precisamente «camino juntos», tal como explicaron tanto el Card. Schönborn en su intervención sobre el nacimiento del Sínodo de los Obispos y los varios Sínodos, como el Papa. Significa, por lo tanto, que en «la Iglesia estamos caminando juntos. No el Papa solo, los obispos solos, el pueblo de Dios solo: en el camino que hace la Iglesia todos tienen algo que decir y que dar». Lee también: nota de prensa sobre la participación de los Focolares en la conmemoración del 50° del Sínodo de los obispos.
24 Oct 2015 | Sin categorizar
«Vivo en Nicosia (Chipre). Nací y crecí en una familia que era ortodoxa más bien de nombre… No había profundidad, ni una relación con Jesús. Al contrario. Dios era el aliado y el monopolio de nuestros padres en los casos en que nosotros debíamos obedecer a sus órdenes. Cuando terminé el colegio, gané una beca para estudiar Odontología en Budapest, Hungría. Fue difícil adaptarme a esta nueva realidad: por primera vez estaba sola, lejos de mi familia, tenía que acostumbrarme a vivir con personas desconocidas. En aquélla época no existía el espíritu multicultural que existe ahora. Estaba llena de prejuicios y en una actitud de rechazo. Ese año experimenté grandes desilusiones, también en relación con mis amigos. Mientras tanto dentro mío comenzó una búsqueda profunda de una vida más auténtica. En la nueva universidad conocí a una chica húngara. Me impresionaba su alegría y también su forma de acoger a todos. Se había incluso ofrecido a ayudarme con el idioma húngaro. Desilusionada de las amistades anteriores, su modo de actuar me produjo curiosidad. Me preguntaba: ¿será sincera o estará fingiendo? Pero… comencé a confiar en ella. Compartíamos todo: alegrías, dolores, fracasos. También los bienes materiales. Cuando ella viajaba a ver a su familia, a un pueblito que quedaba a 50 km de Budapest, me invitaba a ir con ella, para que yo no sintiera la ausencia de mi familia. Ellos eran campesinos, existía un gran amor entre ellos y una cálida hospitalidad. Pero me hacía una pregunta: cada día a una hora determinada y una tarde por semana, ella desaparecía sin dar explicaciones. ¿Dónde iba? Yo sólo sabía que ella se reunía con otras amigas. Se trataba –después lo descubrí- de otras chicas que formaban parte del grupo de las jóvenes de la comunidad de los Focolares que estaba naciendo en Hungría. En aquella época – se vivía bajo el régimen socialista-, cualquier persona que descubrieran que estaba involucrada en un movimiento religioso era perseguida con graves consecuencias, como por ejemplo la pérdida del trabajo o del cupo en la Universidad. Un día, sin embargo, ella sintió que podía confiar en mí. Me contó cómo había conocido el Movimiento de los Focolares. Un sacerdote de su pueblito le había contado la historia de Chiara Lubich, una joven como nosotros, de nuestra edad, y cuánto la había impresionado el hecho de que ella, durante la Segunda Guerra Mundial, viendo que en la vida todo se destruía bajo las bombas y no dejaba en pie ningún ideal, quiso que Dios fuera el ideal de su vida y vivir según Su voluntad. Y me explicó que se encontraba con estas amigas, y que juntas trataban de poner a Dios en el primer lugar de su vida, viviendo cada día la palabra de Vida, una frase del Evangelio con una explicación de Chiara; después se intercambiaban las experiencias de la vida cotidiana para ser ¡¡un don una para la otra!! Todo esto me impresionó profundamente. Comencé a leer el Nuevo Testamento que nunca había abierto antes de ese momento, y esto fue decisivo para mi futuro. La vida comenzó a cambiar. A cada persona que encontraba durante el día no podía ignorarla ni juzgarla, ni mucho menos menospreciarla porque en mí había entrado otra mentalidad: todos somos hijos de un Único Padre y por lo tanto hermanos entre nosotros. Cada persona era candidata a la unidad (pedida por Jesús: Padre, que todos sean uno): ya fuera buena, mala, fea, antipática, grande o pequeña. Dentro de mí se despertó la teología patrística vivida, y en especial aquél: “Veo a mi hermano, veo a mi Dios” de San Juan Crisóstomo. Comenzaron a derribarse los muros de los prejuicios que tenía dentro. Comprendí que el Evangelio no era algo que sólo se lee en la iglesia y nada más, sino que podía ocasionar una revolución, si lo tomábamos en serio y lo transformábamos en vida en todos lados: ¡en la universidad, en la fábrica, en el hospital, en la familia! Dentro de todo este entusiasmo y alegría que ya inundaba mi vida, existía un gran dolor: las otras chicas eran todas católicas y yo era la única ortodoxa. Ellas asistían cada día a la Santa Misa. Tenía el gran deseo de estar con ellas en ese momento pero me sugirieron que buscara mi iglesia ortodoxa allí en Budapest, para poder ir a la Liturgia y recibir la Eucaristía. Esta separación era dolorosa, pero Chiara invitaba a los miembros del Movimiento que pertenecían a otras Iglesias cristianas a amar su propia iglesia, así como ella había hecho con la suya. Esta explicación me dio una gran paz y una vez más confirmé en mí que la sabiduría, el amor y la discreción que Chiara tenía hacia los creyentes de otras Iglesias no podía ser otra cosa que un fruto de una intervención de Dios en nuestra época. Encontré la Iglesia Ortodoxa, y la empecé a conocer. Iba todos los domingos y con la bendición del sacerdote podía tomar la comunión cada vez que había liturgia. En este nuevo comienzo no me dejaron nunca sola. Muchas veces las otras chicas católicas venían conmigo. La vida litúrgica y sacramental ya no era algo formal, sino la forma de cultivar mi relación de amor con Jesús, la activación de la gracia de Dios en mi corazón y esto me ayudó en la lucha cotidiana y multiplicó los frutos del amor, de la alegría y de la paz dentro de mí». Experiencia contada en Estambul, el 14 de marzo de 2015, en ocasión de la presentación de los primeros libros de Chiara Lubich traducidos al griego.
23 Oct 2015 | Sin categorizar
Palabras como “Evento Histórico”, “ahora se ha sembrado una semilla que fructificará”, “hemos hecho una experiencia de comunión”, “ya no hay vuelta atrás”, “solo en comunión podremos resolver los problemas de México”, se escuchan en los pasillos y son una expresión de lo vivido. Con el lema “Juventud, familia y vida, unidos en la alegría de la nueva evangelización”, el Primer Encuentro de Juntos por México quiso acompañar a cada uno de los presentes a realizar un camino desde el análisis y descubrimiento de la realidad de la familia y de la situación en general del país norteamericano, hasta la autoconciencia de la necesidad e importancia del papel que cada uno tiene como persona pero también por el don de pertenecer a un movimiento dentro de la Iglesia.
Durante los trabajos del encuentro se contó con la participación de Anna y Alberto Friso, miembros del Pontificio Consejo para las Familias quienes dijeron sentirse felices por el “calor de la fraternidad y de la comunión de los carismas que juntos se vuelven una gran riqueza para toda la Iglesia”. Al hablar sobre los actuales ataques a la familia, afirmaron no tratarse de un fenómeno nuevo sino que ha estado presente a lo largo de la historia. Por ello exhortaron a ver con confianza a la familia, porque ella es “una pequeña iglesia”. A la mañana del sábado el programa ha iniciado con un interesante panel que ha contado con la participación de personalidades de la vida académica y la sociedad civil, miembros de las mas prestigiosas instituciones del País como el IMDOSOC, Mexicanos Primeros, A favor de lo mejor, México Evalúa, que a través de su trabajo y experiencia han ofrecido puntos para analizar la realidad de México y el mundo en el contexto de la educación, la acción social y la comunicación. En un siguiente espacio, los miles de asistentes han podido sumarse a una veintena de conferencias simultáneas en las que especialistas han abordado diversos temas; como el compromiso de los jóvenes en la política, la familia, la sociedad, los medios de comunicación, para empezar a trazar líneas de acción y respuestas concretas. Momento cúlmen del encuentro, se alcanzó la plena identificación con cada uno de los presentes, fue el panel sobre los laicos en el mundo en el que ha participado, junto con Giovanni Impagliazzo (comunidad de San Egidio), Ricardo y Lucy Araujo (Movimiento Familiar Cristiano), Javier Albarrán (Instituto de formación para los laicos), Consuelo Queremel (Orden Franciscano Seglar) el P. Ricardo Sada (Regnum Christi) , Jesús Morán, co-presidente del Movimiento de los Focolares, como dirigentes de movimientos laicales en México y el mundo. Durante su intervención, Morán Cepedano ha hecho énfasis en retomar el mensaje mariano de Guadalupe y ha exhortado a los laicos mexicanos a pasar de la devoción a María –algo sin duda al corazón de la religiosidad– al “ser María”; Al concluir, ha invitado también, a vivir relaciones trinitarias entre las personas como entre los movimientos eclesiales, en las que unas y otras vivan por los dolores y las alegrías de las demás. Los testimonios de Liana Rebolledo, Eduardo Verástegui y Emanuel, conocidos artistas mexicanos, permitieron ver a los presentes que en cualquier situación se puede dar testimonio veraz de la fe. El Encuentro Juntos por México ha sido definido como un espacio histórico en el momento que lanzó oficialmente la plataforma del Voluntariado Nacional Católico que busca articular, involucrar y crear sinergias entre las miles de iniciativas sociales, educativas, de salud y asistenciales que católicos en todo México ya llevan adelante. Además de un manifiesto donde se expresa claramente el sentir de los católicos mexicanos y su compromiso en renovar, en unidad, cada ambiente. El Primer Encuentro Nacional ha sido posible gracias a Juntos por México, Unión Nacional de Movimientos Católicos, A.C, una iniciativa emergida hace 7 años con el fin de articular el trabajo del laicado mexicano, de procurar la unidad y compartir la rica experiencia y los carismas que cada movimiento, organización y asociación atesoran. Desde sus primeros pasos Juntos por México ha sido acompañado y bendecido por la conferencia del Episcopado Mexicano, especialmente por los Obispos responsables de la Dimensión Episcopal de los Laicos, ahora presidida por Mons. Faustino Armendariz que ha dado un empuje generoso y gran reconocimiento. El encuentro, más que una reunión de personas, podemos decir que fue una experiencia de unidad en la diversidad y pudo dar un paso importante para hacer de la Iglesia, en México, la Iglesia y la casa de la comunión.
22 Oct 2015 | Sin categorizar
«Desde pequeña, el lugar de mis sueños era Canadá. Claro que nunca hubiera pensado ir y menos a una pequeña ciudad de nombre Saskatoon, en las praderas del Saskatchewan. Y es todavía más hermosa la ocasión que me llevó a ese lugar: fui para asistir a la última sesión de la Consulta entre la “Alianza Evangélica Mundial” (World Evangelical Aliance-WEA) y el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, que integro desde el 2009. Recuerdo, que, segura de la experiencia emprendida con los luteranos del Sur de Brasil, pensaba que iba a recorrer un camino seguro. Pero, desde el primer contacto, me di enseguida cuenta de que se trataba de otra realidad. Encontraba un grupo de Evangelicals – en algunos países son llamados ‘Evangélicos’, en otros países ‘Evangelicales’- con ellos participan grupos de cristianos de distintas confesiones: luteranos, reformados, bautistas, pentecostales, menonitas y anglicanos. Entre ellos se identifican con un proyecto misionero común aunque son Iglesia de forma muy distinta cada grupo. Los participantes eran trece -cinco católicos y ocho evangélicos-. Yo era la única mujer y la única laica. Los países de procedencia expresan la riqueza del grupo: Brasil, Canadá, Colombia, Filipinas, Alemania, Guatemala, Italia, Kenia, España y los Estados Unidos. Viví una semana inolvidable intercalada con oración, estudio, reflexión y discusiones, a veces fuertes. ¿Qué tenemos en común? ¿Qué nos separa? Son preguntas que nos permitieron conocernos mejor sobre todo a nivel confesional y misionero. La diversidad que encontré fue una inmensa riqueza y un serio desafío. En primer lugar, tratamos de aclarar nuestras posiciones para tratar de superar los conflictos a través de un diálogo vivido en la verdad y en la caridad. No fue fácil y las dificultades no faltaron. Sentíamos el dolor de la división. Nos dimos cuenta de que existe un largo camino por recorrer. ¿Qué hacer? ¿Dejar las cosas así como están o avanzar? Personalmente, descubrí que cada obstáculo puede convertirse en una ocasión de diálogo y una invitación a tener una medida de amor todavía mayor. Se trata de enfrentar las dificultades a la luz del Evangelio: trabajar como auténticos discípulos de Cristo. Entre los católicos había obispos, sacerdotes y laicos. Inclusive nosotros, procediendo de países y realidades diferentes, teníamos puntos de vista distintos, pero, juntos, hicimos una experiencia vital de plena comunión, que nos llenó de alegría. Una comunión real y fraterna, que se fue construyendo en el correr de los años, junto con la esperanza de que cada uno de nosotros puede contribuir a la reconciliación entre católicos y evangelicals en su propia tierra. Ahora estamos esperando la publicación de la síntesis final de esta Consulta. El papa Francisco, como fruto de una experiencia personal, de amistad consolidada con ellos, ha comenzado una nueva “marcha” hacia este diálogo. Y, alentados por él, quisiéramos promover por doquier esta experiencia, porque es en la comunidad local donde se puede vivir juntos; es allí que nos perdonamos recíprocamente; es allí que podemos dar el testimonio que nos pidió Jesús: “Por esto todos reconocerán que son mis discípulos, por el amor de unos hacia otros” (Jn, 13, 35)».