23 Ago 2015 | Sin categorizar
«Si está fuera de la acción centrífuga del amor, el hombre por encima de todas las cosas busca la distinción. Y en la misma religiosidad encuentra miles de razones para separarse, anulando, de esta forma, la libertad de movimiento, restaurada por Jesús, cuando derribó las paredes de la división e hizo que no existiera ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, sino que todos somos uno en Dios. […] Aquí está el objetivo del amor, el objetivo de la existencia: hacer de todos, uno. Hacer de todos, el Uno, que es Dios. Por el impulso de la caridad divina toda la existencia, toda la historia se convierte en una marcha de regreso hacia la unidad. Todo proviene de Dios; a Dios todo vuelve. Hacerse uno con el hermano, es desaparecer en él, de modo que entre Dios, el hermano y yo se establezca, mediante la supresión de mi yo, un paso directo, un descenso sin obstáculos, – del Uno al otro, de modo que en el hermano encuentro a Dios. El hermano me sirve de templo para encender en él la luz de Dios. Así, a Dios, lo encuentro en el sacramento del altar y también, por causa del amor, en la persona del hermano. El hermano rompe las barreras, y en la brecha deja pasar la vida: la vida que es Dios. El hermano se convierte en “ianua caeli”, en la puerta al Paraíso. Existen cristianos, que van a servir a los humildes, en los estratos sociales más bajos, no tanto para convertirlos, sino para convertirse ellos mismos. Dando amor bajo la forma de servicio (a los enfermos, a los desocupados, a los ancianos, a todos los descartados por la sociedad) encuentran a Cristo; y así reciben mucho más de lo que donan. Donan un pan, y encuentran al Padre. Se convierten los asistentes y se convierten también los asistidos. Se santifican a sí mismos y santifican a los prójimos. Es decir, se asciende hasta Dios, descendiendo a cualquier nivel humano, para servir, desde allí abajo, a todos los hombres, en cualquier plano hayan sido colocados. Así es como el samaritano encontró a Dios, descendiendo del caballo y recogiendo al hermano que se desangraba en la tierra ardiente; mientras que el sacerdote judío, que no miraba al desafortunado que estaba en el suelo porque miraba a Dios que estaba en el cielo, no encontró ni a Dios ni al hermano. No encontró a Dios porque no se dirigió hacía su hermano. Es éste el modo de actuar del Padre, que proclama su gloria en lo más alto de los cielos mandando al Hijo para que nazca en el más miserable de los albergues: un establo. Estableció así una línea directa entre las estrellas y los establos, por el hilo divino del amor. Así, los últimos serán los primeros. Es un vuelco de todas las cosas. O sea, el modo de calcular es el de Dios, que cuenta comenzando desde abajo, mientras que nosotros contamos comenzando desde arriba. Y el que es primero para nosotros se convierte en el último para Él, y viceversa, por lo tanto, la riqueza, el poder, la gloria, que para nosotros están arriba para Él están abajo. Son cero. Con este metro se miden exactamente los hombres y las cosas». (Extraído de Igino Giordani, El hermano, Cittá Nuova, Roma 2011, pág. 78-80)
22 Ago 2015 | Focolare Worldwide
«Desde el año 1994 realizo mi servicio en la Pastoral Penitenciaria de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, que incluye la ciudad de Guantánamo. Junto con otros voluntarios asisto a los presos/as y a sus familiares, pues ellos son los más pobres entre los pobres. Cuando conocí la espiritualidad de la unidad, en el 2007, fue como si un rayo de luz penetrara dentro de mí. Lo que más me impresionó fue constatar que siempre se buscaba lo que nos une y no lo que nos separa. Compartir con otros este modo de vivir me ayudó mucho en mi servicio a los presos. Hay quien me dice: “¿Cómo puedes trabajar, visitar a asesinos, violadores, etc., si luego cuando salen, la mayoría no se acuerda de quién los acompañó en su proceso? La espiritualidad de Chiara Lubich, en cambio, me ayuda a ver en cada uno de ellos el rostro de Jesús crucificado y abandonado, con la convicción de que nosotros sólo sembramos la semilla del Evangelio, sin esperar nada en cambio. Esta convicción me fortalece, me sustenta y no me hace sentir sola. Me impide caer en la tentación de abandonar este servicio y, al final, siempre recibo más de lo que doy. Desde hace tiempo hemos comenzado a llevar todos los meses la hoja de la Palabra de Vida a los presos y a sus familias. Al cabo de un tiempo, cuál sería nuestra sorpresa al saber que en el grupo de internos del “Régimen especial” compartían la Palabra cada mes y la ponían en práctica. Así, formaron una pequeña comunidad con un joven al frente y las experiencias que hacen son maravillosas, como cuenta Y.: “En los años de la juventud, cometí crímenes que me valieron la cadena perpetua. Me encuentro en la cárcel de la ciudad de Guantánamo (no lejos de la conocida cárcel estadounidense de altísima seguridad). Encontré la fe en Dios a través de personas del Movimiento de los Focolares que desde hace varios años vienen regularmente a visitarme. También escribí la historia de mi encuentro con Dios y cómo renació en mí la esperanza de la Vida que no termina. Todos los días me comprometo a poner en práctica la Palabra de Vida del mes». Un día nos decía por teléfono: “Tengo fiebre y un fuerte dolor de cabeza; tenía necesidad de escucharte y aproveché este momento de permiso para hacerlo. Hablar con ustedes es un bálsamo para mí”. Le aseguramos que rezamos por él, que Jesús vino a salvarnos para siempre, más allá de cómo ha sido nuestra vida terrena. Nos dice que está seguro de eso y agrega que “es lo que todos los días me da la fuerza para seguir amando a todos”». (Carmen, Santiago de Cuba)
21 Ago 2015 | Focolare Worldwide

(AP Photo/Raad Adayleh)
El 7 de agosto pasado, la iglesia católica de Jordania quiso recordar, con una noche ecuménica de oración, el trágico evento ocurrido hace un año, que llevó a emigrar a más de 100.000 cristianos. «Más de 2000 fieles, en su mayoría iraquíes refugiados, rezaron con solemnidad y con dolor en la plazoleta de la iglesia de Fuheis», escriben desde Amman. «Ha sido de gran consuelo la lectura de la carta escrita por el Papa Francisco, pero también la noticia de la ayuda concreta en dinero que la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) decidió enviar y que permitirá a 1400 niños iraquíes ir a la escuela este año». En la velada de oración estuvieron presentes el Secretario General de la CEI, Mons. Galantino, acompañado por el Pbro. Ivan Maffeis; el Patriarca caldeo de Irak Mons. Louis Sako, con sus vicarios Mons. Salomone Warduni y Mons. Basil Yaldo; el Patriarca de los latinos, Mons. Fuad Twal; el actual obispo de los latinos en Jordania, Mons. Marun Lahham; y el obispo emérito de los latinos Mons. Salim Sayegh. Estuvo presente también, el Secretario de la Nunciatura, Mons. Roberto Cona, y algunos sacerdotes de varios ritos, también de la Iglesia Ortodoxa, presentes en Jordania e Irak, y algunas personalidades civiles. Ha sido un evento dentro del marco de los encuentros de oración de los cristianos.
«Después de la oración –escriben las focolarinas de Fheis – estaba prevista una cena para las autoridades religiosas presentes, en la casa de las Hermanas del Rosario, ofrecida por la Cáritas local. Pero, repentinamente, el obispo latino de Ammán, de acuerdo con el Secretario de la Nunciatura, ¡quiso que la cena tuviera lugar en nuestra casa! Por lo tanto, a último momento comenzamos con la preparación de la cena pero siempre con gran alegría y emoción por la inesperada bendición de Dios de poder convertirnos en una casa acogedora para la Iglesia». «Vinieron alrededor de 40 personas, entre ellas, el Alcalde de la ciudad a quien acompañaron algunas personalidades civiles. Los cardenales, patriarcas y obispos quisieron rezar en nuestra capilla: fue un momento sagrado». «En este período de incertidumbre y de grandes amenazas para la paz y para los cristianos presentes en Medio Oriente, este momento de oración conjunta, por la atmósfera de paz y de unidad en que se realizó ha sido un fuerte llamado de unidad y. una tregua para estas tierras tan castigadas».
19 Ago 2015 | Focolare Worldwide
«Me llamo Marco y tengo 35 años. Desde el 2008 trabajo como profesor suplente de Religión Católica. Lamentablemente –por situaciones burocráticas- me llaman a trabajar en forma esporádica y salteada: tres días en una escuela, después pasan meses, y me llaman de otra parte por una semana. Después, algunos días en un lado y otros, en otro. Trabajo una media de dos meses al año. En mi calidad de funcionario del Estado no puedo tener dos trabajos y siempre tengo que estar disponible cuando me llaman a dar clases, de lo contrario –si me niego- otros toman mi lugar. Teniendo tiempo a disposición me dedico a varios quehaceres de la casa, vivo con mis padres, tengo algunos compromisos en la parroquia, colaboro con la formación de los jóvenes y adultos de un oratorio y coordino los encuentros de la Palabra de Vida una vez al mes. Soy voluntario en un hogar para ancianos y formo parte del comité diocesano para el ecumenismo y el diálogo interreligioso. Son todas actividades que me mantienen ocupado y activo. Pero cuando no tengo trabajo, empieza a crecer en mí una sutil sensación de insuficiencia, baja autoestima y todo me parece cada vez más difícil. Un día, un amigo, conociendo mi situación laboral, me llamó por teléfono para decirme que había conocido a un chico que estaba en el colegio y necesitaba clases privadas de latín y griego. Mi amigo confiaba en mi capacidad de estudio y estaba seguro de que lo podía hacer muy bien. De hecho, después del colegio nunca me desvinculé de las lenguas antiguas. Es más, para comprender mejor el Antiguo Testamento, en mi tiempo libre también estudiaba hebreo bíblico. Sin embargo, ante la propuesta, mi primera reacción fue la de rechazarla. Tenía 10 días para decidir qué hacer. Después de este periodo, el chico buscaría a otros profesores privados. Quien está familiarizado con el arte de la traducción sabe que una cosa es traducir para sí mismos o traducir por diversión, y toda otra cosa es dar lecciones privadas a alguien que necesita progresar y debe tener buenos resultados en el boletín de las notas. Tenía necesidad de trabajar, aunque esto significaba para mí tener que retomar las normas gramaticales del griego y del latín en diez días, volverlas a entender y saberlas comunicar. Tenía que abandonar todos mis compromisos por siete días y estudiar de 8 a 10 horas al día, sentado ante los libros para lograrlo. Tenía que dar un salto en el vacío. Y así fue: empecé a estudiar como un loco. Después de algunos días, ese mismo amigo me ofreció un lugar en su casa y hasta me dio las llaves. Otro amigo que supo de mi “nuevo trabajo”, me mencionó que también su hijo tenía necesidad de clases de refuerzo, pero más que un profesor necesitaba un tutor: no sólo clases de latín y griego, sino también de filosofía, literatura italiana e inglés, es decir, había que cubrir toda el área humanística. El suyo era un caso desesperado. No sólo esto. Se trataba de un chico muy problemático desde el punto de vista relacional, y estaba en el último año del liceo y a finales de enero no lo habían podido evaluar en ninguna de las materias. Me abandoné en Dios y respondí positivamente. Hoy, el chico ha empezado a sacar 8.50 y 9 y ya le tomó el gusto al estudio. También sus relaciones personales están empezando a mejorar. Recientemente hice un mes completo de suplencia, seguí dando clases privadas a la tarde y mantuve los compromisos que tenía antes».
18 Ago 2015 | Focolare Worldwide
Observando este año la composición de la sala del centro Chiara Lubich, en Trento, podríamos sorprendernos ante una espléndida heterogeneidad: 250 jóvenes de los 16 a los 30 años provenientes de más de 20 naciones, 70 entre sacerdotes y seminaristas y unos 20 adultos comprometidos a vivir la espiritualidad de los Focolares a nivel parroquial o diocesano. ¿Cuál es la idea de este encuentro desarrollado del 2 al 7 de agosto en Trento? ¿Qué vincula a tantas realidades culturales diferentes? Una primera respuesta la encontramos en el título del encuentro: “También ahora como ayer”. Y una segunda, en la misma ciudad de Trento. Estos jóvenes, adultos y sacerdotes se han reunido para reflexionar sobre el primer núcleo generador del propio carisma espiritual y recorrer (también físicamente) el camino que desde 1943 inspiró y conformó al Movimiento de los Focolares. «Empezamos el encuentro en un clima de alegría explosiva –cuentan Ludovico y Eleonora-. El programa quería ser una inmersión en la vida de los primeros tiempos, con la radicalidad de la vida de la Palabra».
En el evento se alternaron argumentos temáticos y paseos a los lugares donde los Focolares dieron sus primeros pasos: la Plaza Cappuccini, Fiera de Primiero, Tonadico, Goccia d’Oro… «Durante la Misa en la Iglesia de los Capuchinos –escribe Zbyszek – nos declaramos que estábamos dispuestos, con la gracia de Cristo, a dar la vida el uno por el otro, empezando por las pequeñas cosas cotidianas. En ese lugar donde Dios selló el pacto de unidad entre Chiara y Foco (Igino Giordani), también nosotros quisimos renovar ese amor recíproco, que “También ahora como ayer” queremos vivir». Después tuvimos la oportunidad de enriquecernos mediante la intervención de expertos en comunicación, en diálogo interreligioso, y en cooperación y desarrollo de la AMU (Acción Mundo Unido). Con su aporte reflexionamos sobre la comunicación y los desafíos de nuestra sociedad multiétnica y multirreligiosa. Además, se dedicó mucho espacio a profundizar el tema de la inmigración y de la acogida mediante la preciosa colaboración ofrecida por el “Proyecto Cinformi”, que presentó el modelo de acogida propuesto y aplicado en la ciudad de Trento, y puso también a disposición sus talleres activos que se realizaron durante dos visitas a los campos de refugiados. Vivimos momentos inolvidables en el encuentro con un centenar de refugiados que están a la espera de un futuro.
Algunos de ellos vinieron a visitarnos a la escuela. Cuenta Rita: «Me impresionó mucho Lamin, un joven musulmán de Ghana, quien escribió una poesía a su mamá y nos la quiso leer a todos. Una poesía llena de nostalgia pero también de esperanza. Los ojos de estas personas lo dicen todo. No se pueden olvidar». Como conclusión, dos metas. Una a corto y otra a largo plazo. La primera es reencontrarnos en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se realizará el próximo año en Cracovia (Polonia); y la segunda, la unidad del mundo como objetivo –según la oración de Jesús “Que todos sean uno”-, por lo cual estamos convencidos de que vale la pena dar la vida. «Nos vamos con el compromiso de ser “Palabra viva” –escriben Danilo y Emmanuel- y de llevar esta agua pura de la fuente” a nuestros países y a la cotidianidad de nuestras periferias, donándonos a cada prójimo que pase a nuestro lado».