30 Jun 2015 | Focolare Worldwide
«Cuando hablamos de emigración, los números dicen más que las palabras: de un informe publicado en octubre de 2014, se deduce que en el mundo somos 7.124 millones de personas. Si la riqueza se repartiera equitativamente, cada persona poseería un promedio de renta anual de casi 14.000 dólares norteamericanos. Pero la realidad es que 2.700 millones de personas tienen una renta de 2 dólares y medio al día. Ahora, esta desigualdad económica, que es una desigualdad social, tiene un impacto muy fuerte en el fenómeno de la emigración: pueblos enteros se trasladan hacia países más ricos» ¿Quién es el emigrante? En el 2013, la ONU consideró que en el mundo se trasladaron 232 millones de personas. Y define al emigrante como “una persona que deja su propio país por motivos de trabajo y se establece en otro lugar por un período superior a 12 meses”. «Es la única definición que existe… que considero incompleta – subraya Flavia Cerino-. En efecto, están los refugiados (aquellos que precisan un asilo político en otro país), los prófugos que huyen de situaciones de guerra, los llamados “clandestinos” (que se trasladan sin tener un documento idóneo para entrar en otro Estado). Y las razones son también muy variadas: guerra, pobreza, estudio, intereses culturales, catástrofes naturales… Por lo tanto las condiciones humanas que se definen con la palabra, emigrante, son muy distintas». ¿Cuáles son las palabras que más se repiten en los informes de los trabajos de grupo que se realizaron durante la Escuela Internacional de Humanidad Nueva en la que se trató este tema? Durante los talleres hubo expresiones muy evidentes. «La primera es “miedo”; un miedo a algo diferente de mí mismo – continúa Cerino-. En realidad la diversidad (lo vemos en la naturaleza, también la diversidad biológica) es una gran riqueza. Perdiéndola estaríamos destinados a la extinción. Hay que considerar obviamente el miedo que nace de la inseguridad y que nos lleva al tema del orden público, de la seguridad nacional. Una cosa, por lo tanto, es el orden público y otra cosa es el miedo a la diversidad. Otro aspecto que se repitió frecuentemente es el de la familia. El emigrante que se va sólo dejando la familia, difícilmente describe las dificultades que encuentra para no preocupar a sus seres queridos. En cambio, tendría que lograr contarle a su familia la situación real en que vive, para que tengan un conocimiento global de lo que implica emigrar, también en vista a la reunificación de la familia, porque en general las familias aspiran permanecer juntas. Otra palabra repetida en los talleres fue: interculturalismo. Esto es la capacidad de superar el miedo de la diversidad para crear lugares, espacios, ambientes de encuentro y de conocimiento. Que no es sólo cultural, sino existencial, la posibilidad de compartir los problemas. El emigrante debería poder estar en la condición de dar: en cambio él mismo considera que no tiene nada para dar, cuando no es reconocido como persona, cuando no puede ejercer una ciudadanía activa, por lo tanto está siendo excluído de antemano».
Flavia Cerino cita una pregunta que Igino Giordani se planteaba hace muchos años: “¿Qué hago yo por esta persona?”, refiriéndose al que emigra. «Es la pregunta que ahora nos hacemos nosotros. ¿Qué hacemos? Hay miles de experiencias, grandes iniciativas. Mi experiencia y la de muchos de ustedes se alterna entre dos elementos: el primero es que todo nace de una sensibilidad personal. Es decir yo, persona, me siento interpelada y cuestionada por un problema que veo en mi vecino de casa, en la realidad en la que vivo. Y trato de comprender qué puedo hacer, dirigiéndome a las personas y a las instituciones que tienen la competencia para actuar. Porque se trata de aliviar, de que la vida del emigrante resulte más fácil en mi ciudad. En la práctica, a la pregunta “¿qué puedo hacer yo?”, puedo responder comenzando a actuar según lo que está a mi alcance: por lo tanto, juntándome con alguien que comparta mi deseo, comenzando por pequeños gestos, puedo entrelazar los nudos de una red, allí donde estoy; mediante gestos simples que generan una humanidad renovada a mi alrededor». Fuente: “Reflexiones sobre la emigración y el interculturalismo”, intervención desarrollada durante la Escuela Internacional de Humanidad Nueva (febrero de 2015), coordinada por Flavia Cerino, experta en emigración – www.umanitanuova.org
30 Jun 2015 | Sin categorizar

Foto CSC Media
Para el último saludo a Pascual Foresi llegaron realmente muchas personas a Rocca di Papa (Roma). Algunas provenían de otros países de Europa. Para no hablar de las innumerables entradas a la conexión en streaming. Es un testimonio de la estima y del reconocimiento hacia esta importante figura de los Focolares. El Padre Foresi contribuyó mucho al desarrollo del Movimiento, desde que Chiara Lubich, en los inicios, quiso que estuviera junto a ella y lo consideró cofundador, junto con Igino Giordani. Ahora los tres –Lubich, Giordani, Foresi- reposan en la pequeña capilla del Centro Internacional, signo visible de una triada que, ahora reunida en el cielo, sigue sosteniendo a cuantos en el mundo están comprometidos en el camino de la unidad que surge del carisma de Chiara. Pascual nace en Livorno en 1929. Con sólo catorce años, para ofrecer un servicio a Italia, como escribió, escapa durante la noche para unirse a los grupos de la Resistencia que luchan por una nueva Italia. Es en ese período que se abre camino en su mente la idea del sacerdocio. De regreso a su casa, entra en el seminario diocesano de Pistoia (donde se había trasladado su familia) y después al Colegio Capranica de Roma para frecuentar la Universidad Gregoriana. Pero esa vida no parece satisfacerlo plenamente. 
Foto CSC Media
Mientras tanto, Palmiro, su papá, diputado del Parlamento italiano, conoce a Igino Giordani quien a su vez le presenta a Chiara Lubich. Profundamente impresionado por la radicalidad evangélica de esa chica trentina, el diputado Foresi quiere hacer que se encuentre con su hijo quien estaba en búsqueda de un cristianismo auténtico. La invitan a encontrarse con la élite católica del lugar. No pudiendo ir personalmente, Chiara manda a Graziella De Luca, una de sus primeras compañeras, quien por una equivocación llega al día siguiente de lo establecido. En la casa, la recibe Pascual, quien no estaba para nada interesado en conocerla, pero por pura cortesía se ofrece a acompañarla donde un sacerdote que iba a estar en el encuentro que se había programado para el día anterior, Durante el trayecto, siempre para no ser descortés, le dirige alguna pregunta sobre su experiencia espiritual y queda profundamente impresionado, a tal punto, que pide conocer a Chiara. En la Navidad de 1949, Pascual transcurre algunos días en Trento. El encuentro con Chiara es una experiencia realmente fulgurante para él, y decide ir a vivir al primer Focolar masculino de Roma. Allí encuentra la confirmación de su vocación al Focolar –que como él mismo dijo: «no era entrar en un instituto religioso más bello y más santo que los otros, sino era entrar en una revolución cristiana religiosa y civil que renovaría a la Iglesia y a la humanidad». Chiara descubre en Pascual una característica especial y le pide que comparta con ella la guía del Movimiento. 
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En su entrega a Dios en el Focolar, Pascual encuentra la forma de saciar su sed de radicalidad y siente que vuelve a florecer su llamado al sacerdocio. Su tarea se hace más específica. Por su profundo conocimiento de la Teología, Pascual Foresi puede reconocer todo el alcance teológico y doctrinal contenido en las intuiciones de Chiara y se convierte en un interlocutor calificado en la relación con la Iglesia, sobre todo, en el período que el naciente Movimiento estuvo bajo el estudio del Santo Oficio. Pero la función del Padre Foresi de más peso fue la de la “encarnación”, es decir, ayudó a Chiara a concretar en obras el Carisma de la Unidad que había sido puesto en ella: la ciudadela de testimonio de Loppiano, cerca de Florencia, el grupo editorial Città Nuova, y el Instituto Universitario Sophia surgido en Loppiano en el 2007. «En un momento dado –cuenta él mismo- tuve la impresión de que me había equivocado en todo lo que había hecho en mi vida y especialmente en esas cosas positivas que había contribuido a hacer, porque eran mías y no de Dios». Se trata de una prueba espiritual, que Dios permite en los grandes de espíritu para una profunda purificación y un desapego de todo lo que no es Él. Y es precisamente durante esta prueba espiritual, que parece comprometer incluso su bienestar físico, que alcanzan un mayor cumplimiento las innumerables obras que Chiara vio realizarse junto al Padre Foresi, quien estaba junto a ella como copresidente. Sus libros Teología de la socialidad y Conversaciones con los focolarinos, han sido una fuente de inspiración también para otros escritores del Movimiento. Después de la muerte de Chiara fue determinante el sereno aporte del Padre Foresi durante la Asamblea General convocada para elegir a la presidente que por primera vez tenía que suceder a la fundadora. ¡Gracias, Padre Foresi!
29 Jun 2015 | Focolare Worldwide
Estelle es la mayor de ocho hermanos, de una familia marfileña. Después de haber trabajado durante tres años como secretaria en una clínica médica de Abidjan, en el 2006 se trasladó a Man y allí colaboró en la construcción del centro médico del Movimiento de los Focolares, como responsable de la relación con los patrocinadores. Cuando el proyectó terminó, decidió perfeccionar sus competencias en el campo de la administración. Mientras tanto, como tenía que sostener a su familia por la muerte de su padre, solicitó y obtuvo una beca de Fraternidad con África. De esta forma, mientras trabajaba, se especializó a distancia en “Administración de organizaciones, ONG y asociaciones sin fines de lucro” en una universidad de Burkina Faso. Una vez terminados sus estudios, con la ayuda del tutor y de AMU, fue a Burundi para realizar una pasantía en administración y finanzas en CASOBU, una ONG que promueve el desarrollo humano y comunitario a través de actividades y proyectos basados en valores de solidaridad y desarrollo sostenible. “Para mí fue una hermosa oportunidad concreta, porque era la primera vez que salía de Costa de Marfil y pude conocer otras culturas y aprender mucho de CASOBU, por ejemplo, su experiencia en el microcrédito. Cuando volví a mi país, decidí empezar también yo a proponer este modelo de microcrédito a partir de personas que conocía. Formamos ya dos grupos que hasta hoy parecen marchar bien…”, cuenta Estelle. Todo lo que recibió, impulsó Estelle a comprometerse en Fraternidad con África: “Terminando mis estudios, pensé que, aunque no tenía la posibilidad de dar un aporte material, podía poner mi tiempo libre a disposición del proyecto”. Comenzó entonces a trabajar en la administración, finanzas y gestión del almacén del centro médico y también a redactar las actas, hacerse cargo de la administración y participar en la comisión que evalúa las candidaturas y hace el seguimiento de los estudiantes que reciben las becas, una experiencia que ella conoce muy bien, también porque fue a su vez beneficiaria.
El centro médico de Man nació en el 2002, durante la guerra civil, cuando se cerró el hospital. Al inicio prestaba sus servicios en un apartamento de tres habitaciones; luego, en el 2008, se inauguró el actual CMS (Centro Médico Social) que cuenta con consultorios, dispensario, farmacia y laboratorio. Pero hoy el flujo de pacientes se ha incrementado a tal punto que se está construyendo un nuevo Centro, en el que además, habrá servicios de diagnóstico con el objetivo de mejorar la calidad de los servicios sanitarios y reducir la desnutrición infantil en la zona de Man, además de reforzar la educación de las madres en el campo de la nutrición. En Man, la situación sanitaria de la población es crítica. Todo se paga con anticipación y sin posibilidad de reembolso. Dada la pobreza en la que vive una gran parte de la población, las familias generalmente alcanzan a cubrir los gastos de alimentación y educación, pero, si aparece una enfermedad, se va donde el médico sólo cuando el estado del paciente ya es grave. El nuevo centro médico, cada año, podrá atender a unos seis mil pacientes adultos y a tres mil niños. Cfr. AMU noticias 2/2015
27 Jun 2015 | Sin categorizar
«La revista francesa “Paris Match” ha publicado un largo artículo sobre un documento importantísimo que puede desvelarnos algo de Aquél a quien amamos. Lo he leído deprisa, pero me ha impresionado. Durante este año – por deseo de los gen – he tratado de hablar de un solo argumento: Jesús crucificado y abandonado. Queremos conocer ese misterio, queremos desentrañarlo. Queremos ver, saber y comprender, en la medida de los posible, lo que puede ser considerado el vértice de la pasión de Jesús. “Paris Match” refería un estudio realizado acerca del sudario – la Síndone – que envolvió el cuerpo de Jesús cuando fue sepultado. Se conserva en Turín. Los estudios realizados sobre este extraordinario trozo de tejido hacen pensar que sea verdaderamente auténtico. El mismo revela algo, mejor dicho, mucho, de Cristo cuando vivía su agonía elevado allá arriba entre la tierra y el cielo. Hoy querría hablarlos de este Jesús Hombre. Me interesa muchísimo, porque en aquellas carnes vivía esa Alma que atravesó la terrible oscuridad del abandono. El sudario, como dice “Paris Match”, es en sí mismo un reportaje: de hecho muestra impresos muchos signos del cuerpo santo de Cristo. Dice que Jesús era un hombre fuerte y trabajador: la musculatura de la espalda y del brazo derecho y las manos lo demuestran. La musculatura de las piernas dice que era un caminador: y nosotros por el Evangelio sabemos algunas de estas cosas. Fue terrible su flagelación: más de cien golpes dados con un preciso orden. Clavados sus pies, todo su cuerpo estaba privado de cualquier apoyo y caía hacia delante, sujeto solamente por los clavos de las manos. La corona de espinas no fue como siempre la imaginamos. La presencia de grandes agujeros en la cabeza dice que le hincaron en la cabeza un casco entero de espinas. El rostro, con un ojo tumefacto, no estaría tan ensangrentado como el resto del cuerpo, lo cual confirmaría el episodio de la Verónica que conocemos por tradición. Una rodilla está lesionada por una fuerte caída. Sangre de todas partes. Una espada atravesó su corazón, entrando por la parte baja del tórax… Dolor, dolor, dolor indescriptible, inconcebible. Así por tres largas, eternas horas, sin descanso, sin perder la conciencia nunca. He comprendido que nadie en el mundo puede decir que ha sufrido como Él; y que Él puede decir algo más, siempre, a cualquier persona del mundo visitada por algún sufrimiento. Un joven coreano, hace unos días, me preguntó: « ¿Por qué sufrió Jesús?». Había que reajustar una fractura entre Dios y el hombre. Sólo un precio como el suyo habría podido repararla. Hoy parece que hayan decaído los tiempos en los que los cristianos meditan los dolores de Jesús y siguen paso a paso su subida al Calvario. Sin duda han ido cayendo en desuso algunas prácticas oxidadas por el tiempo y vaciadas de significado, al no ser ya expresión de amor verdadero. «Mujeres, ¿por qué lloráis por mí? No lloréis por mí, sino por vosotras mismas» (Lc 23, 28), ha repetido Jesús hoy a ciertos cristianos que no comprenden sino la superficie de las cosas y tienen en sí una piedad petrificada o casi, sólo sentimental. Es necesario comprender dos cosas antes de penetrar en el misterioso dolor de nuestro Amigo crucificado, vivo entre los vivos, por todos los siglos. Y es que Él ha soportado todo por amor. Y que nosotros debemos responder a su amor con nuestro amor. ¿Cómo? Debemos hace de todo dolor físico, pequeño o grande, que nos afecte, un don a Él, para continuar, también en nosotros, veinte siglos después, su Pasión para la salvación del mundo. Él, en efecto nos ha advertido: «Si alguno quiere venir en pos de mí… tome su cruz y me siga» (Mt 16, 24; Mc 8, 34; Lc 9, 23)». Chiara Lubich
De “Gen”, junio 1970: editorial
Centro Chiara Lubich
26 Jun 2015 | Sin categorizar

Luigino Bruni
«Sobre nuestro sistema capitalista se cierne una enorme demanda de justicia, que se eleva desde las víctimas y los excluidos. Una demanda que ya no se ve ni se oye y por eso es especialmente grave. El Papa Francisco es hoy la única autoridad moral global capaz, antes que nada, de ver y oír esta gran demanda ética sobre el mundo (esto depende de su propio carisma) para, después, plantear preguntas radicales (esto nace de su ágape). No hay ninguna “agencia” mundial tan libre como él de los poderes fuertes de la economía y la política. Por desgracia, ni la ONU ni la Comisión Europea ni, mucho menos, los políticos nacionales demuestran tener una libertad semejante, hasta el punto de que siguen «vendiendo al pobre por un par de sandalias» (Amós). Véase lo que está ocurriendo en Italia con la nueva regulación de los juegos de azar. Algunos comentaristas, sedicentes amantes del libre mercado, han escrito que la encíclica Laudato si’ va contra el mercado y contra la libertad económica; que es una expresión del anti-modernismo e incluso marxismo de este Papa «venido casi del fin del mundo». En la encíclica no hay nada de eso, todo lo contrario. Francisco nos recuerda que el mercado y la empresa son valiosos aliados del bien común mientras no se conviertan en ideología, mientras la parte (el mercado) no se convierta en el todo (la vida). El mercado es una dimensión de la vida social esencial para todo bien común (son muchas las palabras de la encíclica que elogian a los empresarios responsables y a las tecnologías puestas al servicio de un mercado que incluye y crea trabajo). Pero esta dimensión no es la única, ni siquiera la primera.
El Papa, en primer lugar, le recuerda al mercado su vocación de reciprocidad y de «mutuo provecho». En base a esto, critica a las empresas que depredan a las personas y a la tierra (y lo hacen a menudo), porque con ello niegan la naturaleza misma del mercado, enriqueciéndose gracias al empobrecimiento de la parte más débil. En un segundo nivel, Francisco nos recuerda algo fundamental que hoy se olvida sistemáticamente. La tan cacareada «eficiencia», palabra clave de la nueva ideología global, no es nunca un asunto meramente técnico y por tanto éticamente neutral (34). El cálculo coste-beneficio, que se encuentra en la base de todas las elecciones “racionales” de las empresas y las administraciones públicas, depende claramente de qué se consideren costes y de qué se consideren beneficios. Durante décadas hemos pensado que eran eficientes las empresas que no incluían entre sus costes el daño que causaban a los mares, a los ríos o a la atmósfera. Pero el Papa nos invita a ampliar el cálculo a todas las especies, incluyéndolas en una fraternidad cósmica, extendiendo la reciprocidad también a los seres vivos no humanos, dándoles voz en nuestros balances económicos y políticos. Pero hay todavía un tercer nivel. Aunque se reconozca el «mutuo provecho» como ley fundamental del mercado civil e incluso se extienda a la relación con otras especies vivas y con la tierra, el «mutuo provecho» no puede y no debe ser la única ley de la vida. Es importante, pero no la única. También existe lo que el economista y filósofo indio Amartya Sen llama «obligaciones de poder». Debemos actuar responsablemente con la creación porque hoy la técnica ha puesto en nuestras manos un poder que nos permite originar unilateralmente consecuencias muy graves para otros seres vivos con los que estamos vinculados. Todo en el universo está vivo, y todo nos llama a la responsabilidad. Tenemos obligaciones morales que no nos generan ningún provecho. El «mutuo provecho» del buen mercado no es suficiente para cubrir todo el espectro de la responsabilidad y de la justicia. Incluso el mejor mercado, si se convierte en el único criterio, se transforma en un monstruo. No hay ninguna lógica económica que nos impulse a dejar bosques en herencia a los que vivirán dentro de mil años, y sin embargo tenemos obligaciones morales para con esos futuros habitantes de la tierra. Otra cuestión muy importante es la de la «deuda ecológica» (51), que representa uno de los puntos más elevados y proféticos de la encíclica. La despiadada lógica de la deuda de los estados domina la tierra, pone de rodillas a pueblos enteros (como en el caso de Grecia) y a muchos otros los tiene bajo chantaje. En el mundo, se ejerce mucho poder en nombre de la deuda y el crédito. Pero también existe una gran «deuda ecológica» del Norte del mundo con respecto al Sur. Un 10% de la humanidad ha construido su propio bienestar descargando los costes en la atmósfera de todos, y sigue produciendo “cambios climáticos «. La expresión “cambios” despista, porque es éticamente neutral. El Papa, en cambio, habla de «contaminación» y de deterioro de ese bien común llamado clima (23). El deterioro del clima contribuye a la desertificación de regiones enteras, que influye decisivamente en la miseria, la muerte y la migración de los pueblos (25). Esta inmensa «deuda ecológica» y de justicia global no la tenemos en cuenta cuando cerramos nuestras fronteras a los que vienen hasta nosotros porque estamos quemando su casa. Esta deuda ecológica no tiene ningún peso en el orden político mundial. Ninguna Troika condena a un país porque haya contaminado o desertificado otro país, y así la «deuda ecológica» sigue creciendo ante la indiferencia de los grandes y poderosos. Termino con un consejo para aquellos que todavía no hayan leído esta maravillosa encíclica. No empiecen a leerla en su estudio o sentados en el sofá. Salgan de casa, vayan a un prado o a un bosque y empiecen allí a meditar el cántico del Papa Francisco. La tierra de la que nos habla es una tierra real, que se puede tocar, sentir, oler, ver y amar. Y terminen después la lectura en alguna periferia real, entre los pobres. Vean el mundo de los ricos epulones desde los lázaros y abracen al menos a uno de ellos, como Francisco. En estos lugares podremos aprender de nuevo a «sorprendernos» (11) por las maravillas de la tierra y de los hombres, y así tal vez podamos comprender y rezar Laudato si’». de Luigino Bruni publicado en Avvenire el 24/06/2015