4 Jul 2015 | Focolare Worldwide
La “minga” es una actividad comunitaria que hace parte integrante de la cultura andina. Consiste en trabajar juntos, amigos y vecinos, en pos de una finalidad solidaria. En días pasados, el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, se dirigió a los ciudadanos de la capital ecuatoriana, invitándolos a realizar una minga para embellecer la ciudad con vistas a la llegada del Santo Padre. Su propuesta encontró una adhesión inmediata. De tal suerte que el sábado 27 de junio, mientras los trabajadores municipales limpiaban el centro histórico de la ciudad – que en 1978 la Unesco declaró patrimonio cultural de la humanidad – los ciudadanos pintaban las casas, ponían flores en los balcones, arreglaban los andenes. También ésta es una manera para decirle al Papa que los ecuatorianos lo esperan con alegría. Mientras tanto miles de personas, jóvenes y no tan jóvenes, están involucradas en la organización de los distintos eventos. Escribe Catalina Hinojosa, joven quiteña del Movimiento de los Focolares: «Hace casi dos meses que estamos trabajando en la comisión de los líderes. Somos miembros de varios movimientos y de distintas parroquias. Al inicio no era para nada fácil trabajar juntos. Las dificultades que hemos tenido que afrontar eran las típicas de todas las personas que en algún momento llegan a interactuar: la diversidad de ideas, la impresión que las propias propuestas no son tomadas en cuenta, la expectativa de que los demás se comprometan de cierta forma, etc. En fin, estábamos corriendo el riesgo de que nuestras reuniones se transformaran en las típicas reuniones de copropietarios de un condominio. En cambio logramos elevar el termómetro del amor, también impulsados por el deseo que el Santo Padre encuentre ya aquí, entre nosotros, aquella alegría que él se ha comprometido en traernos: “Quiero ser testigo de esta alegría del Evangelio y llevarles la ternura y la caricia de Dios” nos dijo en su videomensaje. Además nos pidió que rezáramos por él, algo que hemos estado haciendo siempre, al inicio y al final de cada reunión. Ahora podemos decir que hemos hecho la experiencia de construir una verdadera familia, una gran familia. Estamos realmente dispuestos a vivir y ofrecer cada cosa el uno por el otro. “La esperanza no defrauda” dijo el Papa en su videomensaje. Y nosotros lo hemos experimentado».
2 Jul 2015 | Focolare Worldwide
https://vimeo.com/132331626 Quienes experimentan los efectos de la Economía de Comunión (EdC), afirman que se trata de una forma de vivir, además de ser una manera de administrar una empresa. Tal vez es precisamente por esto que las más variadas empresas deciden administrar la propia actividad según el espíritu de EdC. Complex Projekt, que se desempeña en el diseño y la construcción de carreteras, autopistas, puentes, es una de ellas. Cuando, a principios de los años ’90, nació en Brasil la EdC, la empresa polaca atravesaba una situación muy difícil. La caída del régimen comunista generaba fuertes dudas e inseguridades y la transición al sistema capitalista suscitaba un sinnúmero de preguntas y mucha desconfianza. El concepto mismo de propiedad creaba en los empresarios inquietudes y desazón interior. Andrzej Miłkowski, presidente de Complex Projekt, encontró en la EdC la respuesta a su necesidad de «liberarse de la presión de la propiedad», como él mismo advertía. Gracias a la EdC descubrió que era «simplemente un administrador» y que –sus palabras son, comprensibles en dicho contexto – «el propietario de la empresa era Dios». Así que Milkowski se dio cuenta de que es el capital humano lo que más cuenta en la empresa. Una buena administración, afirma, depende de los valores en los que se cree. En su caso se trataba de los valores evangélicos, puestos en práctica aplicando la enseñanza de S. Juan Pablo II: “ser más que hablar”. Éste es un lenguaje que podría parecer ajeno al mundo de la empresa, pero que a la larga ha marcado realmente la diferencia en Complex Project. «Nuestro trabajo consiste en realizar proyectos complejos de infraestructura y esto comporta una elevada responsabilidad – explica Milkowski. En la propuesta de EdC encontré la necesaria libertad interior y la distancia de mí mismo, valores que me han llevado a tomar decisiones ya no sólo mías, sino que eran fruto de objetivos compartidos. Decisiones que luego demostraban ser las correctas para el desarrollo de la empresa». Milkowski cuenta que con los colegas y el personal tratan de vivir teniendo como fundamento el respeto recíproco, buscan difundir una atmósfera de confianza y ponen en primer lugar las relaciones interpersonales. De hecho, en el reglamento interno se menciona la Regla de Oro presente en casi todos los textos sagrados de las distintas religiones: ‘Todo lo que quieran que los hombres les hagan a ustedes, háganles de igual manera a ellos’, «es como una oportunidad – explica el presidente – para que cada empleado haga sus elecciones con libertad».
Hace 2 años Andrzej Miłkowski empezó a pasar gradualmente la administración de la empresa a su hijo Stanisław. También este cambio generacional se está dando a la luz de los valores adquiridos en estos años. «Pienso – reflexiona Andrzej – que éste es el resultado del estilo de vida laboral que todos en la empresa, el personal y los administrativos, recibimos de Dios. Si cada día hacemos el intento, aunque pequeño, de vivir los valores evangélicos, practicando la oración y acercándonos a la Eucaristía – concluye el empresario polaco – recibimos del Creador un ‘algo más’ de capacidad también ante los problemas que comporta el diseño de los proyectos, como también en la resolución de cuestiones profesionales y familiares; y para escuchar y hablar. Así construimos el Reino de Dios… y lo demás se nos dará por añadidura. Esto lo experimentamos cada día. En efecto, a pesar de la crisis, la empresa sigue desarrollándose y creciendo».
30 Jun 2015 | Focolare Worldwide
«Cuando hablamos de emigración, los números dicen más que las palabras: de un informe publicado en octubre de 2014, se deduce que en el mundo somos 7.124 millones de personas. Si la riqueza se repartiera equitativamente, cada persona poseería un promedio de renta anual de casi 14.000 dólares norteamericanos. Pero la realidad es que 2.700 millones de personas tienen una renta de 2 dólares y medio al día. Ahora, esta desigualdad económica, que es una desigualdad social, tiene un impacto muy fuerte en el fenómeno de la emigración: pueblos enteros se trasladan hacia países más ricos» ¿Quién es el emigrante? En el 2013, la ONU consideró que en el mundo se trasladaron 232 millones de personas. Y define al emigrante como “una persona que deja su propio país por motivos de trabajo y se establece en otro lugar por un período superior a 12 meses”. «Es la única definición que existe… que considero incompleta – subraya Flavia Cerino-. En efecto, están los refugiados (aquellos que precisan un asilo político en otro país), los prófugos que huyen de situaciones de guerra, los llamados “clandestinos” (que se trasladan sin tener un documento idóneo para entrar en otro Estado). Y las razones son también muy variadas: guerra, pobreza, estudio, intereses culturales, catástrofes naturales… Por lo tanto las condiciones humanas que se definen con la palabra, emigrante, son muy distintas». ¿Cuáles son las palabras que más se repiten en los informes de los trabajos de grupo que se realizaron durante la Escuela Internacional de Humanidad Nueva en la que se trató este tema? Durante los talleres hubo expresiones muy evidentes. «La primera es “miedo”; un miedo a algo diferente de mí mismo – continúa Cerino-. En realidad la diversidad (lo vemos en la naturaleza, también la diversidad biológica) es una gran riqueza. Perdiéndola estaríamos destinados a la extinción. Hay que considerar obviamente el miedo que nace de la inseguridad y que nos lleva al tema del orden público, de la seguridad nacional. Una cosa, por lo tanto, es el orden público y otra cosa es el miedo a la diversidad. Otro aspecto que se repitió frecuentemente es el de la familia. El emigrante que se va sólo dejando la familia, difícilmente describe las dificultades que encuentra para no preocupar a sus seres queridos. En cambio, tendría que lograr contarle a su familia la situación real en que vive, para que tengan un conocimiento global de lo que implica emigrar, también en vista a la reunificación de la familia, porque en general las familias aspiran permanecer juntas. Otra palabra repetida en los talleres fue: interculturalismo. Esto es la capacidad de superar el miedo de la diversidad para crear lugares, espacios, ambientes de encuentro y de conocimiento. Que no es sólo cultural, sino existencial, la posibilidad de compartir los problemas. El emigrante debería poder estar en la condición de dar: en cambio él mismo considera que no tiene nada para dar, cuando no es reconocido como persona, cuando no puede ejercer una ciudadanía activa, por lo tanto está siendo excluído de antemano».
Flavia Cerino cita una pregunta que Igino Giordani se planteaba hace muchos años: “¿Qué hago yo por esta persona?”, refiriéndose al que emigra. «Es la pregunta que ahora nos hacemos nosotros. ¿Qué hacemos? Hay miles de experiencias, grandes iniciativas. Mi experiencia y la de muchos de ustedes se alterna entre dos elementos: el primero es que todo nace de una sensibilidad personal. Es decir yo, persona, me siento interpelada y cuestionada por un problema que veo en mi vecino de casa, en la realidad en la que vivo. Y trato de comprender qué puedo hacer, dirigiéndome a las personas y a las instituciones que tienen la competencia para actuar. Porque se trata de aliviar, de que la vida del emigrante resulte más fácil en mi ciudad. En la práctica, a la pregunta “¿qué puedo hacer yo?”, puedo responder comenzando a actuar según lo que está a mi alcance: por lo tanto, juntándome con alguien que comparta mi deseo, comenzando por pequeños gestos, puedo entrelazar los nudos de una red, allí donde estoy; mediante gestos simples que generan una humanidad renovada a mi alrededor». Fuente: “Reflexiones sobre la emigración y el interculturalismo”, intervención desarrollada durante la Escuela Internacional de Humanidad Nueva (febrero de 2015), coordinada por Flavia Cerino, experta en emigración – www.umanitanuova.org
30 Jun 2015 | Sin categorizar

Foto CSC Media
Para el último saludo a Pascual Foresi llegaron realmente muchas personas a Rocca di Papa (Roma). Algunas provenían de otros países de Europa. Para no hablar de las innumerables entradas a la conexión en streaming. Es un testimonio de la estima y del reconocimiento hacia esta importante figura de los Focolares. El Padre Foresi contribuyó mucho al desarrollo del Movimiento, desde que Chiara Lubich, en los inicios, quiso que estuviera junto a ella y lo consideró cofundador, junto con Igino Giordani. Ahora los tres –Lubich, Giordani, Foresi- reposan en la pequeña capilla del Centro Internacional, signo visible de una triada que, ahora reunida en el cielo, sigue sosteniendo a cuantos en el mundo están comprometidos en el camino de la unidad que surge del carisma de Chiara. Pascual nace en Livorno en 1929. Con sólo catorce años, para ofrecer un servicio a Italia, como escribió, escapa durante la noche para unirse a los grupos de la Resistencia que luchan por una nueva Italia. Es en ese período que se abre camino en su mente la idea del sacerdocio. De regreso a su casa, entra en el seminario diocesano de Pistoia (donde se había trasladado su familia) y después al Colegio Capranica de Roma para frecuentar la Universidad Gregoriana. Pero esa vida no parece satisfacerlo plenamente. 
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Mientras tanto, Palmiro, su papá, diputado del Parlamento italiano, conoce a Igino Giordani quien a su vez le presenta a Chiara Lubich. Profundamente impresionado por la radicalidad evangélica de esa chica trentina, el diputado Foresi quiere hacer que se encuentre con su hijo quien estaba en búsqueda de un cristianismo auténtico. La invitan a encontrarse con la élite católica del lugar. No pudiendo ir personalmente, Chiara manda a Graziella De Luca, una de sus primeras compañeras, quien por una equivocación llega al día siguiente de lo establecido. En la casa, la recibe Pascual, quien no estaba para nada interesado en conocerla, pero por pura cortesía se ofrece a acompañarla donde un sacerdote que iba a estar en el encuentro que se había programado para el día anterior, Durante el trayecto, siempre para no ser descortés, le dirige alguna pregunta sobre su experiencia espiritual y queda profundamente impresionado, a tal punto, que pide conocer a Chiara. En la Navidad de 1949, Pascual transcurre algunos días en Trento. El encuentro con Chiara es una experiencia realmente fulgurante para él, y decide ir a vivir al primer Focolar masculino de Roma. Allí encuentra la confirmación de su vocación al Focolar –que como él mismo dijo: «no era entrar en un instituto religioso más bello y más santo que los otros, sino era entrar en una revolución cristiana religiosa y civil que renovaría a la Iglesia y a la humanidad». Chiara descubre en Pascual una característica especial y le pide que comparta con ella la guía del Movimiento. 
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En su entrega a Dios en el Focolar, Pascual encuentra la forma de saciar su sed de radicalidad y siente que vuelve a florecer su llamado al sacerdocio. Su tarea se hace más específica. Por su profundo conocimiento de la Teología, Pascual Foresi puede reconocer todo el alcance teológico y doctrinal contenido en las intuiciones de Chiara y se convierte en un interlocutor calificado en la relación con la Iglesia, sobre todo, en el período que el naciente Movimiento estuvo bajo el estudio del Santo Oficio. Pero la función del Padre Foresi de más peso fue la de la “encarnación”, es decir, ayudó a Chiara a concretar en obras el Carisma de la Unidad que había sido puesto en ella: la ciudadela de testimonio de Loppiano, cerca de Florencia, el grupo editorial Città Nuova, y el Instituto Universitario Sophia surgido en Loppiano en el 2007. «En un momento dado –cuenta él mismo- tuve la impresión de que me había equivocado en todo lo que había hecho en mi vida y especialmente en esas cosas positivas que había contribuido a hacer, porque eran mías y no de Dios». Se trata de una prueba espiritual, que Dios permite en los grandes de espíritu para una profunda purificación y un desapego de todo lo que no es Él. Y es precisamente durante esta prueba espiritual, que parece comprometer incluso su bienestar físico, que alcanzan un mayor cumplimiento las innumerables obras que Chiara vio realizarse junto al Padre Foresi, quien estaba junto a ella como copresidente. Sus libros Teología de la socialidad y Conversaciones con los focolarinos, han sido una fuente de inspiración también para otros escritores del Movimiento. Después de la muerte de Chiara fue determinante el sereno aporte del Padre Foresi durante la Asamblea General convocada para elegir a la presidente que por primera vez tenía que suceder a la fundadora. ¡Gracias, Padre Foresi!