21 Abr 2015 | Focolare Worldwide
Hoy empieza el debate de la ONU sobre la “Promoción de la tolerancia y la reconciliación: favoreciendo sociedades pacíficas, acogedoras y contrastando el extremismo violento”. Entre los líderes religiosos invitados está María Voce, presidente del Movimiento de los Focolares. Tres preguntas antes de entrar en la sede de las Naciones Unidas:
¿Cómo se siente antes de participar en este evento de alto nivel con representantes de los 193 Estados miembros?
«Estoy bastante tranquila. A veces en estas organizaciones lo que falta es precisamente el testimonio de cuanto ya se hace en el mundo por la paz. Tengo la impresión de que a menudo quienes que trabajan por ella se sienten solos y tienen necesidad de que alguien éste con ellos en el campo, trabajando por los mismos fines. Con un ideal tan grande, como el que nos ha dado Chiara Lubich, no trabajamos sólo por la reconciliación y la justicia social, sino que éstos son pasos para llegar a la unidad».
Mirando el mundo de hoy, algunos piensan que las religiones levan más a la división que a la paz…
«Ciertamente ninguna religión es autora de la guerra. La palabra religión quiere decir vínculo, es un vínculo entre las personas. ¿Cómo puede una religión generar la guerra? La guerra nace en el corazón de las personas, y ellas, no importa la religión a la que pertenezcan, pueden ser buenas o malas. Muchas veces la religión se usa como un pretexto para justificar motivaciones muy terrenales y antihumanas: el deseo de poder, de aplastar a los más débiles, de vender los propios productos, incluidas las armas. La raíz de las guerras sin duda no está en las religiones, sino en estos otros motivos que en el fondo siempre son fruto del egoísmo».
¿Con los enfrentamientos que existen actualmente, por ejemplo en Medio Oriente o en Nigeria, usted sigue siendo optimista de que la paz sea posible?
«No puedo no ser optimista porque Jesús es la paz. Y como nosotros seguimos a Jesús, tenemos que creer que la paz es posible. Es verdad que Él mismo ha dicho ‘He venido a traer la espada’, pero quiere decir tomar una posición decidida. Creo que las religiones pueden ayudar a hacer que se despierte la conciencia de la humanidad: la paz no es solamente un bien entre otros bienes porque, sin la paz todos los otros bienes no sirven de nada. Se puede trabajar por la paz si nos ponemos todos juntos, tanto el rico como el pobre, tanto el potente como el menos potente, el religioso como quien no se reconoce en ninguna religión. Tenemos que trabajar por estas relaciones de paz en la familia humana, donde verdaderamente somos todos iguales, y tenemos que dar testimonio de esta igualdad».
El Debate a Alto Nivel en el Palacio de Cristal de Nueva York es una iniciativa del Presidente de la Asamblea General Sam Kutesa, del Secretario General Ban Ki-moon y del Alto Representante de la Alianza de las Civilizaciones Nassir Abdulaziz Al-Nasser. El 21 de abril se hablará de las estrategias para lograr sociedades que incluyan a todos. El 22 de abril los líderes de varias religiones han sido invitados a dar un testimonio del potencial que tienen para construir la tolerancia y la reconciliación.
Susanne Janssen, New York
Conexión vía streaming de la web TV de las Naciones Unidas: http://m.webtv.un.org
20 Abr 2015 | Senza categoria
Una mirada viva, una sonrisa dulce, con un velo de tristeza, que permanece cuando cuenta los trágicos acontecimientos del país que se convirtió ahora en su patria por propia elección. Ghada, ¿qué es lo que te ha empujado a volver a Siria?
A los 20 años dejé la familia y la patria para seguir a Dios. En septiembre de 2013, cuando decidí volver a Siria, el entusiasmo era el mismo. Estaba intacto. No me asustaba la idea de que podría morir. Mucho más me atraía el deseo de vivir al lado de las personas que años anteriores había conocido y quería que ellos sintieran que no habían sido abandonados. Me impulsó el deseo de compartir su vida, sus temores, la precariedad de su modo de vivir cotidiano. Aquí, de hecho, las bombas explotan cuando menos te lo esperas.
Pero, ¿no existe ningún aviso previo a los bombardeos para poderse proteger de algún modo?
No hay sirenas que anuncien los raid y tampoco se puede confiar en una estrategia que haga suponer cuándo y dónde caerán las bombas. Por otro lado, estamos ya en el 5º año de guerra y no podemos estar atrincherados por siempre. Uno se puede detener un día, un mes, pero después, aunque truenen los morteros, la vida debe continuar: los niños van a la escuela y los padres van a trabajar para mantener la familia. Todo va adelante, en la precariedad y en el riesgo más absoluto. Había vivido el mismo drama cuando estaba en el focolar en Líbano, pero aquí todo se agravó más, todo es más difícil. Aquí se respira terror y violencia en cada rincón.
Tú ya estuviste en Siria en el pasado. ¿Nos puedes decir algo del cambio que encuentras?
Cuando estaba en el focolar de Líbano, viajaba a Aleppo, a Homs y también a Damasco porque ya había muchas personas que deseaban mantenerse en contacto con los Focolares. Por la sensibilidad y la profundidad interior del pueblo sirio, resultaba fácil estrechar vínculos significativos. Se compartían los valores cristianos, que son aquí muy sentidos. Aún dentro de la pluralidad de las Iglesias y de ritos distintos, propia de esta tierra, había y hay todavía gran armonía entre todos. Cuando en el ’94 se planificó el focolar en Aleppo, fui enviada a abrirlo junto con otras dos focolarinas. Me quedé durante 9 años. Para Siria eran momentos de prosperidad: el país no tenía deuda pública y el PIL estaba en constante incremento. De noche las chicas podíamos salir libremente.
Ahora hay una tempestad. Pero lo peor es la ausencia de perspectiva de que esta guerra pueda terminarse.
Volví, para decir junto con los otros focolarinos que están en Siria, que no los hemos olvidado, que Jesús nos hizo una única familia y por esto queremos correr los mismos riesgos. También nosotros, de hecho, como todos, vamos al trabajo, a la iglesia, al mercado, sin saber si volveremos a casa. Estamos allí por el amor que nos liga y la comunidad en Siria sabe que estamos dispuestos también a dar la vida por ellos.
Del mismo modo que ellos también están dispuestos a darla por nosotros. Esta reciprocidad es de verdad excepcional. Compiten para hacernos sentir bien, para compartir con nosotros todo lo que tienen.
Ustedes las focolarinas, están en Damasco, una ciudad fascinante, rica en arte, en historia, una famosa meta turística. ¿Cómo se vive allí, hoy?
En la ciudad, pero también en los pueblos, cada día se desafía a la muerte. El transporte a menudo no existe por la falta de gasoil y los continuos sitios de bloqueo. Se sabe cuándo se sale pero no se sabe cuándo se vuelve. En las casas falta la electricidad y también el agua durante horas. Se llega a la exasperación. A tal punto que el éxodo –para quienes quieren dejar el país- está en continuo aumento. Se calcula que la emigración, tampoco está exenta de enormes riesgos, ha superado los 6 millones de personas. Pero la religiosidad es siempre muy fuerte. En el Vía Crucis del viernes santo, aún conscientes de que las bombas podían explotar de un momento a otro, los cristianos estaban todos en la procesión, llevando con ellos también a los niños. Recientemente los muchachos que conocemos hablaron por skype con un grupo de coetáneos portugueses. Ellos querían organizarse para mandar ayuda y preguntaban qué era lo que más precisaban. Y ellos, aun teniendo necesidad de muchas cosas materiales, seguían repitiendo: «Recen por nosotros, recen por la paz, recen para que se detenga este espiral de odio»
La elección de ustedes de quedarse en Siria, es una elección fuerte, valiente…
No nos sentimos héroes. Tampoco estamos aquí a título personal. Antes de partir pude encontrar al papa Francisco y en sus palabras de aliento sentí todo el amor de la Iglesia que se acerca a este pueblo tan probado. Nos sentimos sostenidos también por el amor de todo el Movimiento de los Focolares esparcido en todo el mundo. Precisamos este amor para seguir esperando, impotentes frente a la supremacía de los intereses económicos y a la proliferación del mercado internacional de armas. Nuestra misión es participar y compartir los dolores cotidianos de la gente. Festejamos juntos los aniversarios, construimos momentos de distensión entre adultos y niños para tratar de aliviar el stress. Organizamos momentos de espiritualidad, rezamos juntos por la paz. En Navidad nuestros jóvenes organizaron un concierto al que asistieron 300 personas, entre ellos también amigos musulmanes. Recientemente festejamos una boda. En la familia habían sido asesinados dos hijos y a causa del luto, la chica no podía salir de la casa vestida de novia. Entonces salió del focolar, y todos nosotros la acompañamos a la iglesia. Tratamos de integrarnos en las iniciativas de la Iglesia local y con las otras expresiones eclesiales que están aquí, nos ayudamos a aliviar los sufrimientos y las privaciones de la gente. Para continuar juntos esperando y creyendo, sosteniendo cada esfuerzo a fin de que la paz llegue.
20 Abr 2015 | Focolare Worldwide

En el distrito de Rotorua (Nueva Zelandia), el espesor de la corteza terrestre es de apenas 4 km. Aquí se pueden admirar espectaculares géiseres en erupción e, inclusive en la ciudad, charcos humeantes con burbujitas que se mueven en la superficie. Desde la tierra sale un calor que alcanza hasta los 120°C. Aquí los colonizadores ingleses habían intentado reproducir las termas romanas.
Aún hoy la actividad termal es un atractivo turístico muy importante para Rotorua, una ciudad sumergida en el verde y rodeada por colinas. A las orillas del lago homónimo surge el Keswick Christian Camp, una estructura recreativa. Para participar en un encuentro promovido por los Focolares, se dieron cita allí unas 156 personas procedentes de varias ciudades de las dos islas principales que conforman Nueva Zelandia. Su objetivo era el de pasar tres días juntos, lejos de la rutina diaria, para profundizar la espiritualidad de la unidad.
Maoríes, filipinos, chinos, coreanos, holandeses, anglosajones, italianos, malteses, singapurenses, taiwaneses, walisianos, franceses, tokelauanos, hindúes, pakistaníes…: una sorprendente variedad étnica en el bosquejo de humanidad que ha ido componiendo. A pesar de tanta diversidad, desde el primer momento se respiraba una atmósfera de familia.
Además de los momentos de espiritualidad y de actividades recreativas, el programa preveía amplios espacios para favorecer el conocimiento recíproco y el intercambio entre todos. Muy impactante el relato de la familia Pitcaithly, de Christchurch, la segunda ciudad del país, recientemente destrozada por dos fuertes terremotos. Una tragedia que unió a la población en un coro de solidaridad con el lema: “Kia kaha, stay strong Christchurch!”(traducción?), al que contribuyeron también donaciones recogidas por los Focolares en varias partes del mundo.
De Gisborne, la ciudad que goza del privilegio de ser la primera en ver cada día el nuevo amanecer, se presentó la actividad de “Fish & Chips Club”(“Club del Pescado y las Papas fritas”). Entre sus finalidades está la de recolectar fondos a favor de actividades formativas para los jóvenes, llevadas adelante por personas de varias Iglesias cristianas junto a otras de convicciones no religiosas. Juntos tratan de hacer algo útil por los demás. A pesar de la pluralidad, los jóvenes y los adultos se reúnen cada mes para reflexionar sobre el Evangelio y compartir las experiencias que surgen y tratan de ponerlo en práctica. Una manera realmente significativa para crecer como personas y sacar fuerzas para llevar adelante las distintas actividades artesanales y deportivas de un club en el que cada uno puede ser sí mismo y donde se trata de subrayar no tanto lo que separa, sino los valores que se pueden compartir.
Aunque Nueva Zelandia puede parecer un país acomodado y acogedor, una familia hindú-pakistaní contó cuán difícil ha sido para ellos insertarse en esta sociedad. Martis, padre de dos hijos, trabajaba en un asilo para ancianos y su esposa Antonieta, en una pequeña empresa de procesamiento de carnes. En un determinado momento, ambos perdieron el trabajo. La búsqueda de un nuevo empleo se prorrogaba sin resultado, hasta que decidieron volver a su patria. Faltando sólo diez días para que se les venciera la visa, alguien en una ciudad cercana, logró conseguir una entrevista de trabajo para Martins y por lo tanto, la posibilidad de renovar el permiso de residencia. Fue grande la alegría de todos y de esta familia que dio un fuerte testimonio del amor de Dios que se manifiesta a través de la comunidad.
Teresa, hablando a nombre de los jóvenes presentes, dijo: «La experiencia de estos días nos dio la carga necesaria para volver a nuestras respectivas ciudades y volver a empezar». Anne, una señora anciana maorí, muy estimada por su tribu, concluyó: «Aroha te mea nui o te ao Katoa»; lo que en su idioma significa: «El amor es el don más grande de todo el mundo».
17 Abr 2015 | Focolare Worldwide
«La empresa donde trabajaba, en el 2014 – cuenta Rosette- me destinó a la región de Kurdistán iraquí (KRI). Para facilitar la inserción laboral de mi marido Eric, también él con un óptimo currículo, pensamos ubicarnos en Dubái, un rico emirato árabe donde se vive de forma placentera con todo tipo de confort. A causa de esta riqueza muchos extranjeros vienen a Dubái para obtener una vida mejor para ellos mismos y para sus familias, aunque esto signifique abandonar a sus seres queridos en sus países de origen.
En uno de mis viajes a Kurdistán, aun estando en el aeropuerto con dos horas de anticipación, fui borrada de la lista de pasajeros. Estaba nerviosa porque significaba tomar un avión más pequeño que salía a la una de la madrugada. Faltaba mucho tiempo para el embarque pero igualmente fui a al nuevo terminal, pues nunca se sabe si puede pasar algo imprevisto. Me resultó extraño ver tanta gente, muchas personas estaban durmiendo en el piso. Pregunté cuánto tengo que esperar. Una señora me dice: “Depende: puede salir enseguida pero puede ser también dentro de algunos días”. Efectivamente, ella estaba allí desde hacía casi dos días a causa de un error ortográfico en su visa. Y no la dejaban salir. Para comenzar una conversación le pregunté si tenía algo para comer: “Sí, tengo todavía alguna galletita y un poco de agua”. La invité a comer conmigo y después de mucha resistencia, aceptó.
Mientras estábamos conversando, recibió una llamada de su jefe para saber cómo se encontraba y si tenía plata para permanecer allí. Ella no tenía dinero. Había enviado todo su sueldo a su hijo para que pagara la cuota de la Universidad. Cuando terminó la llamada telefónica me contó su historia: estaba separada del marido, los dos hijos vivían con la abuela en el país de origen. Ella había venido a trabajar a Dubái porque también la hija está terminando el liceo y se precisaba dinero para pagar la Universidad.
Poco después escuché que anunciaban mi vuelo. Pero quién sabe hasta cuándo ella tendría que esperar. La animé a que aceptara un dinero que le ofrecí. Le prometí que iba a rezar por su familia.
La suya es una de las tantas historias que muestran la vida de los emigrantes. Algunas familias están en Dubái porque en su tierra hay guerra (son palestinos, sirios, iraquíes): Dubái se presenta como un refugio seguro donde se puede vivir una vida normal. Para ellos el trabajo es todo, el principio y el fin, porque sin trabajo no tienen la visa y sin la visa no pueden permanecer en Dubái.
La distancia física y la soledad por vivir en un país extranjero que sufren en especial las personas que están solas, durante mucho tiempo, ofuscan también las más nobles de las intenciones. Conocemos personas que comenzaron relaciones extra conyugales, destruyendo así la familia por la cual vinieron a este lugar, limitándose a proveer a sus seres queridos sólo dinero y no más su presencia. Lamentablemente la mayoría de estas personas acepta estas soluciones como un hecho ineludible, aún si el precio que pagan por esta situación es muy alto.
Este mismo “precio” se nos estaba pidiendo a nosotros. Mis frecuentes viajes entre Kurdistán donde trabajaba y Dubái donde trabajaba Eric me llevaban a estar cada vez menos con mi esposo. Así que decidimos trasladarnos a Kurdistán, aunque esto significaba para Eric renunciar al buen trabajo que tenía en Dubái.
Al principio mi empresa aceptó, pero en el curso de posteriores conversaciones y debido a algunos episodios violentos en Kurdistán, nos dijeron que la empresa no podía garantizar la seguridad de Eric y por lo tanto él no podía permanecer allí. Uno de mis superiores me insinuó “… se acostumbrarán a vivir separados…”.
Frente a esta perspectiva decidimos inmediatamente presentar la renuncia. En ningún caso debíamos vivir separados, aunque esto significara renunciar a dos trabajos muy bien remunerados y a una carrera para la cual habíamos estudiado mucho. Confieso que fue una elección muy difícil. Sin embargo, en el corazón, los dos sentíamos que era la decisión más justa. Volvimos a nuestra tierra natal, Filipinas, empezando desde cero. Mi último día de trabajo fue el 31 de diciembre de 2014.
El pasado mes de enero, el Papa visitó Filipinas, y en el encuentro con las familias afirmó con fuerza el valor de la familia: “Debemos ser fuertes para decir que no a cualquier intento de colonización ideológica que quiera destruir la familia”. Parecía que lo decía a nosotros, y confirmaba la elección de ir contra la corriente que habíamos hecho”.
15 Abr 2015 | Focolare Worldwide
«Muchos han intentado explicar las raíces y los motivos que dieron origen a la vida monástica, pero las máximas de los Padres y su experiencia de vida nos muestran que el monje es “el mártir viviente”, y que “han dejado el mundo por la única realidad que tiene valor: Dios”. Es quien quiere responder al amor de Dios; así como lo expresa bien un versículo de la Santa Misa Copta, que nosotros llamamos Liturgia Divina, en el que la persona se dirige a Dios diciendo: “No hay nada en las palabras dichas que pueda delinear Tu amor por los hombres”. San Jerónimo dice que mediante su ascética y su vida eremítica es como si dijeran: “El amor divino me ha flechado”; y que cada uno repitiera: “He encontrado lo que mi alma anhela, lo agarro fuerte y no lo dejaré nunca”. El deseo de estos monjes era, por lo tanto, donarse completamente a este amor, y para consagrarse a Él no encontraron otra cosa que dejar la ciudad.
San Basilio lo anunciaba claramente: “Quien ama a Dios deja todo y va hacia Él”. Y se dice que para San Tawadros, discípulo de Pacomio, su “único interés en el mundo era amar a Dios con todo el corazón según el mandamiento de Jesucristo”. Se intuye que la raíz de la vida ascética es asemejarse a Cristo: el despojamiento completo de sí, seguir la voluntad del Padre, la virginidad, en un contacto continuo con Dios Padre mediante la oración. El Padre Matta El Meskin lo explica bien: “La garantía de nuestra consagración (el ser monjes) está en el aferrarse a Cristo personalmente, y atenerse a la Biblia. Y así, con Cristo y la Biblia, podremos caminar por nuestra vía, creciendo continuamente, hasta el final”.
La elección del consagrado es seguir a Jesús “Camino, Verdad y Vida”. Vivir en Cristo y por Él sólo. Seguirlo según el estilo de vida que Él vivió. Él eligió ser pobre, virgen y obediente. Entonces el monje no elige la pobreza, sino a Cristo pobre. La elección es la elección de la misma persona de Jesús, y por lo tanto de lo que Cristo vivió, de cómo lo vivió y por qué lo vivió así.
Por lo que se refiere al aspecto comunitario de la vida ascética de los monjes del desierto, podemos recordar cómo –por ejemplo en los monasterios que seguían a Pacomio- la vida de comunión era la extensión de la Iglesia primitiva del tiempo de los apóstoles. Mirando a la vida de los Padres, podemos trazar algunas características comunitarias: el amor recíproco (San Pacomio siempre solicitaba a los suyos que se amaran, y es por la caridad entre los monjes que esta vida se difundió y sigue existiendo hasta hoy); la vida en común (el “todo entre ellos estaba en común” de las primeras comunidades cristianas es la característica dominante en todos los aspectos de la convivencia de los monjes).
Las enseñanzas de los Padres del desierto me recuerdan la meditación de Chiara Lubich «El atractivo del tiempo moderno», que expresa bien lo que siento: “Penetrar en la más alta contemplación, permaneciendo mezclados entre todos, hombre junto a hombre”. Una contemplación que actualiza la vida de los Padres en este siglo, pero en medio del mundo.
La presencia espiritual de Jesús en medio con las focolarinas católicas con las que vivo en el Focolar de Suhag, el compromiso de querernos, nos ha hecho realmente hermanas y nos hace experimentar la alegría del Resucitado, más allá de nuestras diferencias. En la vida cotidiana todo lo tenemos en común: rezamos, trabajamos, gozamos y compartimos los momentos de sufrimiento de las personas que nos rodean. Tratamos de dar testimonio a todos, con nuestra vida, de que Dios es amor.
Vivir por la unidad plena de la Iglesia de Cristo “que todos sean una sola cosa”, me fascina cada vez más. Gozo de la belleza y de la variedad de los dones de Dios que encuentro en las distintas Iglesias, y por la aspiración y la emoción de ver que estamos unidos, con Cristo entre nosotros y ser el futuro de la Iglesia según el designio de Dios.
Son un testimonio de ello los pequeños y grandes pasos en el camino ecuménico, también en mi país. Desde hace algunos años, por ejemplo, se constituyó una comisión ecuménica con personas de todas las confesiones presentes en Suhag. Cada vez nos encontramos en una iglesia distinta, este año en la copta ortodoxa. El 5 de marzo estaban presentes casi todos los responsables locales de las iglesias. El tema principal era “la victoria sobre el mal”, a partir de la situación de persecución de los cristianos en Libia, se recorren las etapas del pueblo de Israel que deja Egipto. «La bandera que hondea sobre nosotros es el amor de Dios», afirmó el obispo copto ortodoxo Mons. Bakhoum, augurando a los presentes «que nos encontremos siempre en el Amor».