Cien años de Frère Roger Schutz

Chiara Lubich, Gabri Fallacara, Frère Roger Schutz (1978).

Chiara Lubich, Eli Folonari, Frére Roger Schutz

Chiara Lubich, Gabri Fallacara, Frère Roger Schutz (1978).

Chiara Lubich, Eli Folonari, Frére Roger Schutz
«La aventura de la unidad»: a Chiara Lubich y a sus primeras compañeras les gustaba definir así la elección de Dios como Ideal que las llevó a vivir por la unidad de la familia humana. Graziella De Luca estuvo con ella desde los albores. Imposible contar en pocas líneas su riquísima vida que la ha visto difundir la espiritualidad de la unidad en muchos lugares y en muchos corazones. «Fuego he venido a traer a la Tierra y cómo querría que ya estuviera ardiendo» (Lc 12, 49) es la Palabra de Jesús que Chiara Lubich le había indicado como meta, y también por su marcado espíritu apostólico que, con sencillez, la hacía acercarse tanto a diputados como a sencillos obreros, para contarles el descubrimiento que había cambiado su vida, el encuentro con el amor de Dios. Graziella De Luca, nacida en Trento el 21 de marzo de 1925, se ha apagado el 9 de mayo a las 15.35, mientras las focolarinas que estaban con ella estaban recitando el “Ven Espíritu Santo”; lo escribe la Presidente de los Focolares Maria Voce para informar a las comunidades en todo el mundo. «¡Agradezcamos a Dios por su riquísima vida! – continúa – Recemos por ella, con la alegría de pensarla ahora en el seno del Padre, junto a la Virgen y a todos nuestros seres queridos. Y, con confianza, le encomendamos la Obra “en salida”, seguros de que nos ayudará a incendiar el mundo con el amor». Live streaming de los funerales: live.focolare.org/graziella
«En estas horas, en las que nos sentimos literalmente bombardeados por la violencia y las guerras, en medio de tanta indiferencia, nosotros queremos testimoniar con fuerza que otro mundo existe, porque ¡sí existe!». Así comenzaron diciendo, desde el escenario del Auditorium de Loppiano, Nino, Nahomi, Luigi y Anna, quienes condujeron con entusiasmo y profundidad las dos horas de diálogo con los 1.400 jóvenes presentes. La 42° edición del Meeting de jóvenes italianos de los Focolares, se llevó a cabo – como todos los años – el 1°de mayo en la ciudadela de Loppiano (Florencia) y eligió como título: “OUTSIDE, Look, Choose, Be” (Salir, mirar alrededor, elegir, ser). Fueron numerosas las propuestas de los Jóvenes por un Mundo Unido que apoyan la cultura de la fraternidad, como método para salir de la inercia personal y social y comprometerse a cambiar el mundo. Con la Expo de los “Fragmentos de Fraternidad”, exhibieron la solidaridad y la participación social a través de una red de organizaciones dirigidas por jóvenes.
«Me llamo Kareem, soy palestino. Tengo 23 años y me gradué en Administración de Empresas. Después de la caída del gobierno de Arafat, para nosotros los cristianos de la Franja de Gaza, empezaron las dificultades. En aquella época éramos aproximadamente 2000 sobre 1 millón y medio de habitantes. Luego nos redujimos mucho numéricamente. Fueron bombardeadas incluso dos iglesias». Es uno de los fuertes testimonios del 1° de mayo. «La guerra empezó en 2008 – continúa Kareem – Un día me cayó una bomba muy cerca, al punto que la explosión me tiró al suelo. ¡Tanta destrucción, tantas personas muertas! Antes que nada intenté ir donde mi papá en la oficina de las Naciones Unidas, porque me parecía el lugar más seguro, pero no fue posible. Sólo 4 horas más tarde logré llegar a mi casa y tuve que pasar incluso sobre los cuerpos de los muertos. Mi mamá lloraba porque no tenía noticias mías. Vivimos 28 días en esta constante tensión. Luego, logramos dejar la Franja de Gaza para ir a Jordania. Con las personas del Focolar, experimentando una vida fraterna, logré poco a poco superar el fuerte trauma y empezar a creer que con el amor es posible construir un mundo de paz. Hace 7 meses que me encuentro en Loppiano. Para mí, vivir con jóvenes de culturas y religiones distintas es una experiencia nueva, porque en Gaza no teníamos contactos externos. Trato de abrirme, de aceptar a los demás. Ahora me siento en casa; encontré el tesoro que buscaba». «Después del terremoto de Haití en 2010, que provocó la muerte de más de 220 mil personas, miles de haitianos emigraron a Brasil». Joao de Florianópolis, en el sur de Brasil, abre un escenario sobre esa realidad social: «Muchos de ellos son graduados, pero, como no hablan bien el portugués, encuentran trabajo sólo como albañiles y a menudo reciben sueldos bajos y son tratados con desprecio. Nos preguntamos qué podíamos hacer. Para tener un primer contacto, recolectamos ropa y comida. No sabíamos cómo movernos: ellos hablaban francés y criollo haitiano, y nosotros no conocíamos su cultura. Pero el deseo de poner en práctica esa frase del Evangelio “era extranjero y me acogiste”, superó cualquier obstáculo. Poco a poco nos conocimos y entendimos cuáles eran sus principales dificultades. La primera era el idioma. Empezamos a dictar clases de portugués, con diapositivas, videos y música. Luego los ayudamos en los trámites para pedir los documentos y para la inscripción a los cursos técnicos que el gobierno ofrece gratuitamente, de manera que puedan conseguir un trabajo, una vida mejor. Organizamos veladas culturales, con comidas, bailes y cantos típicos de su tierra. Fuimos a la playa y jugamos al fútbol juntos. Ahora queremos constituir una asociación para aprovechar todas las posibilidades que ofrecen las instituciones para favorecer su integración social y cultural. No todo está resuelto y tenemos aún mucho trabajo por hacer, pero nos parece que se plantó una semilla de fraternidad».
Éste es un flash sobre el Meeting 2015, rico de testimonios y de muchas propuestas concretas para responder a las urgentes necesidades de muchos. Mientras tanto, desde hace años, en Italia funciona una red de jóvenes, de asociaciones, de organizaciones, que trabaja en varios niveles del tejido social, hacia las que el papa Francisco llama periferias existenciales: “Queremos hacer emerger este sotobosque de solidaridad que existe y que está construyendo un presente y un futuro de paz, pero que no es suficientemente conocido” – explican los jóvenes de los Focolares.
Bobo Dioulasso es la segunda ciudad de Burkina Faso, la más cercana a Bamako, capital de Malí, donde se presentaron algunos casos de Ébola. Entre las dos ciudades hay un gran intercambio social y económico con un continuo vaivén de personas y mercancías. «Era necesario actuar con urgencia para reducir al máximo el riesgo de que el virus llegara también a Burkina – escribe el equipo de sensibilización contra la enfermedad del virus Ébola del Movimiento de los Focolares en Bobo Dioulasso -. En la práctica, se necesitaba instruir sobre las medidas de prevención al mayor número posible de personas, pero la situación política del país no siempre permitía una intervención gubernamental». «Entonces decidimos hacer algo nosotros. Félicité es una voluntaria, médica epidemióloga que trabaja en el OOAS (Organización de la Salud para Oeste de África). Su función es precisamente la de formar al personal sanitario en la lucha contra las epidemias. Ella misma trabajó en países como Guinea-Conakry, Liberia, Sierra Leona. Félicité en seguida dio su disponibilidad». «Lo primero que teníamos que hacer era avisar al obispo, pero en ese momento no se encontraba en la ciudad. Fuimos entonces a hablar con el vicario general, el Abbé Sylvestre, quien nos aseguró el pleno apoyo de la diócesis para animar al clero y a los fieles para que se informaran acerca de las necesarias medidas que había que adoptar. Carlo, un focolarino médico del dispensario de la Mariápolis Victoria (Man), desde Costa de Marfil nos envió unos audiovisuales, que nosotros luego duplicamos para los distintos grupos de jóvenes y adultos que llevarían adelante la sensibilización. Enviamos este material también a un sacerdote y a un docente de otras dos ciudades (Dedougou y Toussiana), interesados en nuestra iniciativa. Félicité se encargó de la formación de los grupos, ayudada por 15 estudiantes de países del Oeste de África enviados por la OOAS, algunos de ellos musulmanes». «La campaña empezó en febrero, primero en los encuentros del Movimiento de los Focolares, para extenderse luego a los distintos barrios, a las parroquias y también a un gran congreso de jóvenes organizado por la misma diócesis de Bobo Dioulasso. El domingo fuimos a hablar también en las iglesias. Pudimos intervenir en una emisora radial privada, en la diocesana y también en la nacional, utilizando los tres idiomas más hablados aquí: francés, diula y mooré».
«Esta campaña nos dio la posibilidad de conocer a muchas personas. Cuando Jean-Bernard explicó a sus vecinos qué pensaba hacer en el barrio, cada uno quiso ofrecer algo. Estuvo quien consiguió la amplificación, quien invitó a un cantante para la animación, otro se encargó del transporte del material y otro más del agua para beber. En la presentación estuvieron presentes unas 200 personas. La voz pasó también a los barrios cercanos y Jean-Bernard tuvo que repetir la presentación varias veces. En una de ellas, un enfermero profesional se ofreció para contestar las preguntas; en otra, llegó un experto en los idiomas locales, óptimo traductor. Los funcionarios del Municipio, a los que se les pidió el permiso para realizar la manifestación, se mostraron muy agradecidos». «Mientras tanto supimos que en Malí la enfermedad había sido erradicada, por lo tanto el riesgo en Burkina Faso se había drásticamente reducido. Lo importante ahora es seguir respetando las medidas de prevención. Esta experiencia fue también una gran oportunidad para aprender a trabajar juntos para nuestra gente. Ahora es necesario ir adelante».