10 Dic 2013 | Sin categorizar
Desde pequeña, Lucía es una niña de una alegría irrefrenable y contagiosa. Ultima de ocho hermanos, crece en una familia muy pobre de Terlano (Bolzano-Italia). A pesar de las dificultades económicas, los esposos Degasperi mantienen siempre una gran confianza en Dios. Con el paso de los años, Lucía está convencida de que el amor en la tierra no existe y el pensamiento de amar sin ser correspondida la angustia. Cuando Lucía cumple los veinte años, de forma imprevista su hermano Carlos cambia su actitud en la casa: comienza a hacer las camas, a lustrar los zapatos… Llena de curiosidad, Lucía le pregunta el motivo de su cambio y su hermano la invita a ir a una Mariápolis, un encuentro de varios días de los Focolares. Allí, Lucía queda profundamente impresionada cuando escucha muchas experiencias concretas que se basan en la certeza de que Dios es amor y que ama a todos personalmente, tanto que, presa de una gran inquietud, deja la Mariápolis antes de que termine. Quedó impactada por una frase: “Cualquier cosa que hagan por el más pequeño, la hicieron a mi” (Mt 25, 40). A partir de 1964, la espiritualidad de la unidad se empieza a difundir en Alemania. Lucía se encuentra en Berlín Oeste y en los primeros años de la década del ’80, el régimen de la DDR (por su sigla en alemán), obliga a muchos adherentes de la espiritualidad de los Focolares a reunirse en situación de semiclandestinidad y con mil dificultades.
Antes de mudarse para Lipsia, Lucía debe pasar un mes en un Lager (campo de concentración). Los otros internados se quedan impresionados por su amor: ella ordenaba la habitación donde dormían varias personas y les entrega el café que ella quería llevarse a Lipsia. Poco a poco, muchos siguen su ejemplo y el último día, una de las guardias le confiesa: «Una unidad tan linda entre nosotros no la hemos visto nunca…». Con el teléfono controlado y las células de micro-espionaje en el auto, Lucía utiliza su inventiva, y encuentra mil estrategias para verse con las personas que le fueron confiadas: invita a los niños a almorzar, organiza fiestas para los jóvenes, visita a muchas familias. En 1989, las focolarinas y las gen (las jóvenes de los Focolares) en la DDR festejan la caída del muro de Berlín con un largo viaje a Trento y a Roma, donde muchas personas, por primera vez conocen a Chiara Lubich. Continúan años de gran entusiasmo, pero, de forma imprevista, en 1994 a Lucía se le diagnostica un tumor. Es un dolor muy fuerte como contará años después: «Fue como una condena a muerte.» Sucedió un poco antes de comprender que «había llegado el momento de volver a confiar mi vida a Dios» Vivir el momento presente es algo que la ayuda mucho y se convierte en luz para muchas personas. Con los años, disminuye su fuerza física mientras que crece la vida espiritual. «No te digo ‘coraje’ Lucía –le escribe Chiara el 3 de diciembre de 2003- tienes todas las gracias que precisas y mucho más. Debes ser feliz». Con gran serenidad, el 10 de diciembre, Lucía parte para el Cielo. «Gracias por el amor concreto que siempre tuviste», «Gracias por tu sonrisa que construía siempre la familia»; «Gracias por tu fuerza», son algunos de la gran cantidad de mensajes que llegaron de todas partes del mundo en los días siguientes a su fallecimiento.
9 Dic 2013 | Senza categoria
- Fecha de la muerte:12/10/2013
- Rama de pertenencia:voluntaria
- Pais:Italia
9 Dic 2013 | Focolare Worldwide

En la ciudad de Cochabamba, Bolivia , donde la población está constituida por un 50% de niños y adolescentes, en su mayoría, abandonados por sus padres, desde hace algunos años, desempeña su actividad la Asociación de Voluntariado ONLUS, llamada “Casa de los Niños”.
“Somos fruto del encuentro con el rostro de Jesús que se ve concretamente en las personas que entraron en nuestra historia”. Así nos escriben los responsables del proyecto que están motivados por sueños de esperanza y de bienestar hacia las personas que viven situaciones dolorosas o de marginación, especialmente los niños.
Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, expresó una vez, el deseo de que se pudieran cerrar los orfanatos, con la esperanza de que cada uno de los pequeños huéspedes pudiera gozar del calor y del amor de una familia. “Siguiendo este sueño de Chiara Lubich – cuentan- nos pusimos a trabajar, allí donde es posible, recomponiendo, alojando transitoriamente y sosteniendo a las familias o a los familiares de los niños que sufren mayor abandono. En estos últimos 6 años, con la ayuda de muchas personas, hemos logrado reunir casi un centenar de familias, ofreciéndoles una vivienda digna”
Un ejemplo es el caso de M.R., que fue diagnosticada hace 8 años con el virus de HIV (Sida). Cuando los trabajadores de la Asociación la conocieron no hablaba y no caminaba. Había sido excluida de la terapia intensiva, donde había sido hospitalizada por una infección, y fue recibida en la “Casa de los Niños”. “M.R. dentro de pocos meses cumplirá 10 años – cuentan con alegría-. Mientras tanto su mamá, que había sido echada de su casa, porque la consideraban responsable de esta situación, fue también acogida por la institución. Así se recompuso un pequeño núcleo familiar”

“Nuestro Centro – continúan– es ahora punto de referencia de todas las instituciones públicas de la ciudad para los que viven con el virus de HIV. El 20% de las familias de Cochabamba, portadores del virus, viven aquí con nosotros. También el 30% de los niños HIV positivos, de la ciudad, son huéspedes de nuestra “Ciudadela Arcobaleno”, donde viven junto con otros 200 niños con historias diferentes sobre sus espaldas”
La acción concreta, siempre fundamental y necesaria, no puede ser separada de aquello que da sentido y valor a cada gesto: “El arte del encuentro marcó nuestra vida- cuentan los trabajadores- y lo que vemos florecer a nuestro alrededor es fruto de la relación con personas extraordinarias con las cuales compartimos la vida y los anhelos más profundos. Esta situación nos permite abrazar el dolor inocente, el de los niños que sufren la injusticia más absurda, de una vida que no han elegido y que los obliga a luchar contra corriente desde el primer instante. Nosotros estamos aquí con ellos, con la tenacidad de los pobres y la fe de los débiles. Creemos ingenuamente, que, a pesar de las cotidianas derrotas, el bien siempre triunfa”
7 Dic 2013 | Sin categorizar

El Movimiento de los Focolares pide la apertura de la causa de beatificación y canonización de Chiara Lubich – 7 Dicembre 2013
Es durante esta fecha simbólica del 7 de diciembre, que la presidente de los Focolares Maria Voce anuncia la inminente presentación de la solicitud al Obispo de Frascati, Mons. Raffaello Martinelli, para abrir la causa de beatificación de Chiara Lubich.
7 de diciembre de 1943: fecha que recuerda el nacimiento del Movimiento de los Focolares. En realidad, ese día, como ella misma cuenta, Chiara Lubich no tenía la intención de fundar nada, sino solo el deseo de seguir a Dios.
7 de diciembre de 2013: han pasado 70 años, y los frutos y las consecuencias inesperadas de esa donación se han manifestado de muchas maneras. El nacimiento de una Obra, los Focolares, el reconocimiento a la figura de Chiara como portadora de un carisma, en beneficio de muchos, y su fidelidad al mismo. El día de su funeral, el 18 de marzo de 2008, miles de personas de todo el mundo le rindieron homenaje, y los testimonios de personas pertenecientes a varias Iglesias cristianas, fieles de otras religiones, exponentes de la cultura y del mundo laico y político destacaron el impacto del carisma de Chiara en su vida personal, y para el mundo que cada uno representaba.

Phramaha Thongratana Thavorn, monje budista tailandés – 18 de marzo de 2008
«La herencia de Chiara es una de las mayores bendiciones espirituales de nuestro tiempo», dijo el rabino de Jerusalén David Rosen. Y Samuel Kobia, ex secretario general del Consejo Ecuménico de las Iglesias: «Centrándose en la espiritualidad de la unidad, [ella] tuvo un profundo impacto en el movimiento ecuménico». «Chiara no es solo vuestra, también es nuestra. Es más, es del mundo entero», son palabras de Phramaha Thongratana Thavorn, monje budista tailandés. «Su experiencia de un cristianismo libre de cualquier dogmatismo y todo revelado en el mandatum novum [mandamiento nuevo] es una gran lección tanto para los creyentes como para los no creyentes», escribió el filósofo Massimo Cacciari.
En la Iglesia católica se acostumbra presentar a los propios fieles, como estímulo para la vida cristiana, a personas que se han distinguido por un particular testimonio de fe y amor a Dios. Este es el resultado de un proceso canónico de verificación, que también se refiere al patrimonio de vida, de pensamiento y de acción de la persona, y que no se puede iniciar hasta pasados cinco años de su muerte.
En estos años, pensando en Chiara y en su herencia, personas comunes y también cualificadas, católicos y pertenecientes a otras Iglesias, religiones y culturas – a pesar de la diversidad de sus respectivas visiones – han expresado el deseo de que pudiese suceder así, también para ella. Un reconocimiento dirigido a animar más a los cristianos y no cristianos, a un nuevo compromiso moral y espiritual para el bien de la humanidad. Un estímulo para hacer propio el deseo, muchas veces expresado por Chiara, de santificarse juntos, para proponer a la Iglesia no la santidad de un individuo, sino la santidad del pueblo.

© CSC Media
En una entrevista a Città Nuova en marzo 2013, cuando al copresidente de los Focolares, Giancarlo Faletti, se le preguntó acerca de la diversa visión por parte de los cristianos no católicos, que también ellos forman parte del Movimiento, sobre la proclamación de la santidad de una persona respondió de este modo: «Creo que esta nueva experiencia no tiene que enriquecerse por la posible magnitud de la celebración de la beatificación o canonización, sino que tiene que evidenciar la presencia de Dios en una persona, intuir qué ha obrado en ella», y – a través de su testimonio – en muchos.
Para mayor información:
comunicado de prensa – biografía Chiara Lubich
7 Dic 2013 | Sin categorizar
( Italiano) http://vimeo.com/80976960 «Me han pedido que recuerde hoy, 7 de diciembre de 1973, el día 7 de diciembre de 1943, que hemos considerado siempre la fecha oficial del inicio del Movimiento. Se trata de mi consagración a Dios. Creo que para los más jóvenes y para los nuevos, sea algo grato describir aquel sencillo día. Tratar‚ de hacerlo mirando al hecho en sí mismo, Obra del Señor, y no a mí misma. ¡Imaginen a una chica enamorada! Enamorada con aquel amor que es el primero, el más puro, el que aún no ha sido declarado, pero que comienza a quemar el alma. Con una sola diferencia: la chica enamorada así, en esta tierra, tiene en los ojos la figura de su amado; esta otra, no lo ve, no lo oye, no lo toca, no advierte su perfume con los sentidos del cuerpo, sino con los del alma, a través de los cuales el Amor con la A mayúscula ha entrado y la ha invadido totalmente. Por eso siente una alegría característica, que difícilmente se vuelve a experimentar en la vida: alegría secreta, serena, exultante. Unos días antes del 7 de diciembre me habían dicho que velase durante la noche precedente, al lado del crucifijo, para prepararme mejor al casamiento con Dios, casamiento que debía realizarse en el modo más secreto. Estábamos al corriente Dios, el confesor y yo. A la noche traté de hacer esta vigilia, arrodillada al lado de la cama, delante de un crucifijo de metal que ahora tiene mi madre. Recé, me parece, un par de horas. Pero, siendo joven y poco convencida de ciertas prácticas que después se manifestaron no conformes con mi vocación, me quedé dormida, después de haber notado que el crucifijo estaba completamente mojado por la humedad de mi aliento durante la oración. Este hecho me ha parecido un símbolo: el crucificado que habría tenido que seguir, no habría sido tanto el de las llagas físicas, que muchas espiritualidades pusieron de relieve, sino el de los dolores espirituales (en aquel tiempo yo no conocía al Abandonado) que Jesús había probado». (leer más)