Movimiento de los Focolares
Nos ha dejado Piergiorgio Colonnetti

Nos ha dejado Piergiorgio Colonnetti

Hombre de una grandísima humildad, poseía como característica la capacidad de ponerse al servicio de los demás con gran inteligencia, profunda actitud de escucha y comprensión.

Había nacido en Turín en 1930. En 1956 conoció a los Focolares, participando después en una de las primeras Mariápolis en Fiera di Primiero. En 1957 se casó con Simonetta. Juntos constituyeron una de las primeras familias focolar. Se mudaron a Roma, en 1967, cuando a Pier Giorgio le pidieron que trabajara en la fundación “Ayuda a la Iglesia que sufre”. Chiara Lubich lo llamó desde 1987 a ocupar cargos de responsabilidad en diferentes ámbitos del Movimiento.

El funeral se celebró el jueves 18 de julio de 2013, a las 15 hs., en el Centro Internacional de los Focolares en Rocca di Papa.

Nos ha dejado Piergiorgio Colonnetti

En Eslovaquia: una oportunidad para la Economía de Comunión

En junio, en dos ciudades eslovacas, se presentó el libro que cuenta la vida del desaparecido empresario francés de la Economía de Comunión (EdC), François Neveux.

La primera cita tuvo lugar el 12 de junio en Košice en la sala de la librería Panta Rhei, que no pudo contener al vasto público: estaban presentes personas provenientes no sólo de las ciudades cercanas, sino también de Polonia, Ucrania y de la República Checa. Además los participantes tenían las más variadas experiencias profesionales y de vida; asistieron empresarios y estudiantes, desocupados y empleados públicos. Para la ocasión fueron a Eslovaquia los coordinadores de la EdC de Francia y su esposa, Françoise. Juntos describieron a François Neveux, como un “empresario de relaciones”.

Su testimonio, en el que pudieron referir muchos pequeños y grandes hechos de su vida, fue particularmente apreciada, porque si bien las “teorías” pueden estar sujetas a discusión y permiten que emerjan pareceres contrastantes, una vida como la de François no deja cabida a argumentos discordantes. Finalmente Françoise tuvo la posibilidad de firmar el libro y de hacer coloquios personales con los participantes.

El 13 de junio el evento fue en Bratislava, capital del país. Allí estuvieron presentes también varios políticos interesados en la EdC. Muy vivo el momento de diálogo al final de la presentación. Un político comentaba: “La filosofía que tiene como base la EdC nos puede ayudar a escribir leyes innovadoras y realizar políticas nuevas. La Economía de comunión es el camino”.  El evento fue objeto también de un servicio de la televisión católica eslovaca Lux, que contribuyó a difundir el espíritu que anima el proyecto.

En la capital de Eslovaquia está presente también la histórica empresa In Vivo que adhirió a la EdC. Es una empresa que desde hace años produce y vende cerámica, tiene su sede en el centro histórico de Bratislava y es muy apreciada y conocida por su originalidad. In vivo nació en 1991, enseguida después del lanzamiento del proyecto, por inspiración de Chiara Lubich en Brasil ese mismo año.

“Las relaciones construidas ciertamente no se agotan con la presentación del libro” –escribe la eslovaca Maja Calfova – todo lo contario han nacido nuevas relaciones y se han reforzado las que existían”, tanto que la comisión local de la EdC ha tomado nuevas energías. Uno de sus miembros llegó a afirmar: “Dentro de nosotros sentimos que no podemos estar en paz hasta que la EdC no se encarne en nuestro país y en aquellos cercanos”.

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Vittoria Salizzoni, una biografía

Un libro ‘escrito con el corazón’, el testimonio de una de las primeras jóvenes protagonistas que siguieron a Chiara Lubich desde el inicio, en Trento, en una aventura espiritual que a los largo de los años ha involucrado a millones de personas. Cuando se habla de Chiara y de sus ‘primeras compañeras’, estaba también ella, Vittoria Salizzoni, “Aletta” para todos, junto a Dori Zamboni, Graziella De Luca, Silvana Veronesi, Bruna Tomasi, Palmira Frizzera, Gisella y Ginetta CalliariNatalia DallapiccolaGiosi GuellaValeria RonchettiLia BrunetMarilen Holzauser.

Aletta vivió con Chiara los albores de los Focolares y sus recuerdos, algunos de los cuales son inéditos, fueron tomados de sus discursos o intervenciones, y son básicamente episodios de vida. Así como los informes de su trabajo, durante un cuarto de siglo, para dar impulso al Movimiento de los Focolares en los países de Medio Oriente.

Se trata de memorias, relatadas con un estilo simple y espontáneo, que no pretenden delinear una historia del Movimiento, pero de las que se deduce la vitalidad y el coraje que acompañaron eventos y viajes. Hoy, habiendo alcanzado sus 87 años, a quien le pregunta cómo está, responde: “¡Me siento rica!…”.

Reportamos un episodio del nuevo volumen (Aletta cuenta… una trentina con Chiara Lubich, Colección Città Nuova Per), en donde cuenta sobre los años vividos en Líbano, durante la guerra (1975-1990).

“Creíamos en el Evangelio en medio de las bombas y del odio, de los heridos y los muertos, casi como en un oasis de personas que trataban de poner en práctica el amor recíproco y la comunión de los bienes, no sólo entre ellas, sino también con los demás, también con los musulmanes”.

Había mucha ayuda recíproca, por ejemplo una auténtica competencia para poner en común habitaciones y apartamentos: muchas familias abrieron sus casas a los que vivían en las zonas más peligrosas. Quienes tenían casas en la montaña o en lugares seguros acogían a los demás que se habían quedado sin casa.

Cuando escaseaban los víveres, quien tenía pan lo distribuía a quien no tenía. Lo mismo con el agua. Quien iba a buscarla decía a los demás: “Denme sus bidones, traemos agua también para ustedes”, y había que hacer largas filas, durante horas, en las fuentes, siempre con el temor de que pudiera empezar un bombardeo.

Hubo momentos en los que nos sentimos perdidos, pero en el sostenernos espiritualmente unos a otros surgía como consecuencia el ayudarnos materialmente. Todo nacía de allí, no como en las asociaciones de ayuda, sino como una sociedad donde se vive el Evangelio.

Todos vivíamos en la misma condición, sólo podíamos amar y esto la guerra no nos lo impedía, todo lo contrario. Se puede decir que nos formó. Sentíamos el apoyo continuo del Movimiento [de los Focolares] y la cercanía de Chiara Lubich, quien siempre estaba pendiente, en los momentos más difíciles y tormentosos de la situación libanesa».

Nos ha dejado Piergiorgio Colonnetti

Encender la llama en los jóvenes

Nuestro sistema educativo ha preparado para este mundo a hombres que no comprenden la sociedad en la que deben vivir. Este sistema está destinado a destruir nuestra civilización y ya la está destruyendo.  Es inútil culpar a los políticos, a los empresarios, a los abogados… Hemos dado a muchos de nuestros jóvenes el primer empujón para que se introduzcan en el camino de la criminalidad. Es culpa nuestra si las calles están repletas de delincuentes. Es el momento de reparar esta locura. Es el momento de recoger a esta juventud, tan preciosa para la sociedad, y alimentarla con la fuente de la Vida.

Si los resultados no son buenos -¿quién de nosotros puede librarse de esta responsabilidad? ¡Que cada uno examine su conciencia y examine también su filosofía de vida! Puesto que rechazamos las enseñanzas de la religión no logramos darnos cuenta de las más graves mutilaciones del laicismo. El hecho de haber alejado la religión de nuestra vida significa haber reducido la cultura a la erudición, la vida a la técnica, la ciencia a los manuales. Significa haber privado el espíritu del hombre de los valores del espíritu. Significa haberle quitado a la sociedad los principios constitutivos para constituirse y gobernarse, haberle quitado los criterios para elegir entre el bien y el mal, con sentido de responsabilidad y conciencia de la culpa. Una cultura sin Dios es una cultura a la que le falta la idea de un juez infalible, y por lo tanto de una sanción segura e inevitable ante cada acción humana. Y un ciudadano que no cree e ignora la sanción eterna tiende fácilmente a abusar del hermano, también porque ignora que se trata de un abuso moral. El hombre aprende cómo se hace una máquina pero desconoce como fue hecho él mismo. Sabe para qué sirve la atmósfera pero ignora para qué sirve el alma.

Educar, formar, es encender una llama. Si queremos formar jóvenes capaces de elevarse por encima de la ganancia económica y del placer sensual, hay que elevarlos con una fe superior a la materia y al sentido. El hombre se eleva mediante un impulso sobrenatural, que no lo hace superhombre, sino que lo confirma como semejante a Dios. Este impulso de ascender se llama amor a Dios y su natural expansión es el amor al hombre. Genera hambre y sed de justicia y el joven, ávido de ella, lleva esta hambre a la sociedad.

La llama encendida se debe alimentar y hay que educar al joven para que custodie y haga crecer el calor y la luz.  El tiene necesidad de una educación que no se limite solo a la infancia, sino que vaya del nacimiento hasta la muerte, es decir a lo largo de toda la vida en el cual hay que arder y dar luz. Esta llama tiene necesidad de alimento, y el alimento es variado, son palabras, libros, espectáculos, y son sobre todo ejemplos y experiencias. Esta llama viva permite que se experimente  la gracia divina que empuja a ir hacia los seres más atormentados, hacia los menos dotados, los débiles, los derrotados, los despreciados, para compensar en ellos, con nuestro don, nuestras deficiencias. Orientarse hacia ellos es necesario, como es necesario aspirar a la salud, aunque estemos enfermos, es más, justo porque estamos enfermos. Es necesario que todos colaboremos para suscitar una disposición de paz y de fuerza, de colaboración y de altruismo, para convertirnos en divulgadores de la verdad.

Igino Giordani en: La società cristiana, Città Nuova, 2010 (ed. Salesiana, 1942).

Nos ha dejado Piergiorgio Colonnetti

De emigrantes a hermanos

Provienen de países y culturas muy distintas:Albania, Ucrania, Georgia, Marruecos, Senegal, Rumania, Nigeria, Bielorrusia. Como tantos otros de sus connacionales, a menudo han dejado situaciones dramáticas a sus espaldas y a sus seres queridos, detrás  de la esperanza de un trabajo y de una nueva perspectiva de vida.

Arribaron a Acquaviva delle Fonti, una pequeña ciudad de la provincia de Bari que, como  otras de Italia meridional se ha convertido en meta o estación de paso de sueños y deseos. Aquí la comunidad de los Focolares ya desde hace tiempo se siente interpelada por esta presencia: “Sentíamos en nuestro corazón la exigencia ­–escriben- de lograr que muchos extranjeros emigrantes pudieran sentirse acogidos en nuestra ciudad”. Se entretejieron relaciones personales, se crearon vínculos de amistad que superaban barreras y desconfianza: “hace tres años -´prosiguen- pensamos organizar un momento de fiesta para compartir todos juntos durante el período navideño, para que pudieron respirar en cierta forma el sentido de familia, en lugar de la soledad y la emigración que tantos lamentablemente experimentan”. Las relaciones se fortalecieron, el encuentro navideño se volvió una costumbre: “a esa que llamamos la ‘fiesta de los pueblos’, nuestros amigos sentían la libertad de extender la invitación a otros amigos extranjeros, que estábamos felices de acoger”.

Este año estuvieron presentes unas cincuenta personas de todas las edades y de distinto credo religioso: “Gracias al clima familiar que ya se había instaurado anteriormente y que enseguida se renovó, espontáneamente empezaron a compartir las experiencias de la llegada a Italia, poniendo en común alegrías y sufrimientos”,

La propuesta de vivir la “regla de oro” – haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti – como base para construir la fraternidad universal y punto en común a pesar de la diversidad de credo religioso, fue aceptada y adoptada por todos. Experimentaron como “el amor recíproco abate toda distancia. En el buffet que concluía la velada había platos típicos de las distintas tierras de proveniencia, preparados por nuestros amigos. La alegría más grande fue experimentar qué significa ser una familia”.

Abdul, de Senegal, al final de la velada, invitó a algunos de la comunidad a participar en un encuentro de oración en un pueblo cercano: “Fue grande su alegría y su sorpresa al vernos llegar, había 200 senegaleses musulmanes, descalzos, sentados en los tapetes, que leían el Corán. Abdul nos presentó a su lider espiritual y todavía dos días después seguía agradeciéndonos conmovido por nuestra visita”.

Otro gesto concreto fue la apertura de una “oficina de escucha”, a cargo de toda la cominudad, se ocupa de identificar las necesidades y poner a disposición los talentos de personas voluntarias, quienes ofrecen lecciones de italiano para los niños y sus padres, brindan ayuda para resolver problemas burocráticos o también ofreecen consultas médicas de distinto tipo.

Esta experiencia de familia –concluyen- y los frutos que de ella surgen, nos da la seguridad de que el mundo unido no es una utopía, sino una realidad viva en medio nuestro”.