Movimiento de los Focolares
DIALOP: diálogo entre cristianos y la izquierda europea en búsqueda de un cambio real.

DIALOP: diálogo entre cristianos y la izquierda europea en búsqueda de un cambio real.

Desde hace casi diez años se está realizando un proyecto de diálogo entre socialistas/marxistas y cristianos europeos que lleva el nombre de DIALOP. Nos hemos encontrado con algunos de los protagonistas de este diálogo hace pocos días, mientras visitaban el Centro Internacional de los Focolares en Rocca di Papa (Italia) “Pienso que con la elección del Papa Francisco la situación ha cambiado completa y sustancialmente. No sólo para la Iglesia Católica, sino también para todas las fuerzas filosóficas y culturales que se sienten en oposición al neoliberalismo.  Porque lo que enseña el Papa –diría– es una forma de unir, que es contraria al consumismo individual. Ello lleva al Papa y a los sectores de la Iglesia que lo siguen a una posición cercana a la posición de la izquierda, que trata de enfatizar los valores colectivos comunes”. Así se expresa Walter Baier uno de los exponentes de DIALOP, un proyecto de diálogo entre socialistas/marxistas y cristianos, que comprende intelectuales, académicos, políticos, activistas y estudiantes de distintos países europeos.  “Creemos que el diálogo es la forma mejor para realizar un verdadero cambio y trabajamos para transformar el mundo en un lugar mejor en donde vivir”, dicen. La experiencia de DIALOP tuvo su comienzo durante la audiencia privada que el Papa Francisco les concedió a dos políticos de izquierda: Alexis Tsipras de Grecia y Walter Baier de Austria, junto con Franz Kronreif del Movimiento de los Focolares, el 18 de septiembre de 2014. En esa ocasión la conversación se centró en la crisis ambiental y en la crisis social mundial. Terminando la audiencia, el Papa Francisco los invitó a lanzar un diálogo transversal, capaz de involucrar a los estratos más amplios de la sociedad y sobre todo de los jóvenes. “Represento el partido de la Izquierda Europea desde hace tres meses –se presenta Baier–. Soy un principiante. El Partido de la Izquierda Europea ahora está compuesto por 35 partidos provenientes de 27 países europeos. Los países pertenecen a la Unión Europea y diría que nuestra comprensión de Europa debería ser realmente mucho más amplia que mirar sólo a la parte privilegiada de Europa, por así decir. Tomamos en serio el paneuropeísmo, que tenemos que comprender, es decir Europa no sólo es distinta, sino que también está herida por profundas divisiones sociales y económicas.  Y una de las exigencias fundamentales de la izquierda tendría que ser la de realizarlo. Alcanzar un tenor de vida digno en todas partes en Europa para nuestra familia. Algo que hemos aprendido también por estar juntos, con nuestros hermanos cristianos en diálogo, es el consenso diferenciado y el disenso calificado que constituyen realmente un método muy pero muy útil”. Cornelia Hildebrandt, perteneciente a  Trasform! Europe, no duda frente a las guerras que están realizándose hoy: “La afirmación del Papa Francisco de que toda guerra es un fracaso de la política es compartida por nosotros de izquierda. En estos tiempos ricos de conflictos, pensamos que el diálogo no es solamente una necesidad urgente, sino también un imperativo categórico. Se requiere toda nuestra fuerza para imponer una paz sustentable contra la destrucción del ambiente, las condiciones de vida de las personas contra la barbarie”. Dialogar significa acoger al otro en la propia casa. Es ser el anfitrión del invitado. No es sólo un instrumento, sino también un encuentro constante, un recorrido de experiencia intelectual y espiritual compartida, en la cual la particularidad de las diferentes partes intervinientes no desaparece, sino que se despliega y se desarrolla más claramente. Con estos encuentros, los opuestos se vuelven complementarios. Y justamente Hilodebrandt explica el concepto del consenso diferenciado y del disenso calificado: “Adoptamos y adaptamos un método que se utiliza en el ecumenismo entre las Iglesias cristianas. Las afirmaciones de base formuladas de un modo incoherente por la sociedad y el mundo tienen que formar una sólida base. Para que los intervinientes puedan hablar y actuar juntos, las declaraciones de base tienen que hacer explícita referencia a textos originales para ser compatibles con las respectivas tradiciones de la Iglesia Católica y de la izquierda de Transform! Europe y otros. Además hay que formular preguntas con precisión. A partir de allí se puede empezar una búsqueda de declaraciones claras comunes, que reflejen la propia tradición y se enriquezcan”. Angelina Giannopoulou es una joven griega de Tranform! Europe, que con decidida vehemencia cuenta su propia experiencia de camino en Dialop y hace hincapié en la importancia de la presencia juvenil, para el presente y el futuro de esta realidad.  Además presenta también el  “Proyecto DialogUE”, en colaboración con la Comunidad Europea y un consorcio de 14 Organizaciones de la sociedad civil, que tendrá un sitio importante en la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa con una jornada dedicada a la comunicación y contará con la participación de políticos, expertos y jóvenes. Seguirán en momentos diferentes otros simposios sobre la ecología y las políticas sociales. “No podemos adaptarnos a la situación en la que nos encontramos hoy en Europa y en el mundo, pienso que ésa es la vocación más fuerte de Dialop” concluye Walter Baier.

Carlos Mana

Para más informaciones y poder acceder al “DIALOP Position Paper” puede visitarse la página web de Dialop (https://dialop.eu/).

La regla de la verdadera fraternidad

Con ocasión de la Jornada dedicada a las buenas acciones, compartimos el mensaje de paz y esperanza contenido en la «Regla de Oro», lanzada por Chiara Lubich a los numerosos jóvenes reunidos en el Coliseo (Roma) para el Supercongreso de los Chicos por la Unidad, el 26 de mayo de 2002. https://youtu.be/mFd1zik02H0

El fruto de la Redención

Jesús ha resucitado. ¡Feliz Pascua! A partir del relato del Evangelio, Igino Giordani nos revela la dimensión fraterna de la resurrección. Jesús, resucitando de entre los muertos, se apareció a las mujeres que habían acudido al sepulcro, y les dijo: No teman; vayan a anunciar a mis hermanos… Y así, en el momento final, dio a los discípulos el nombre definitivo: el de hermanos. Fuera de la muerte, en la gloria, definió así la relación con los hombres. Tal como se presentó entonces, sigue presentándose hoy, como hermano: el primogénito. Al resucitar, había vencido a la muerte y restablecido la fraternidad. Había venido a la tierra para restablecer la paternidad del Padre; había descendido a los infiernos para vencer al enemigo de los hombres; ahora declaraba restablecida la fraternidad de los hijos, en la familia de Dios. Todos estamos en la redención y, por tanto, todos somos hermanos. Si no nos consideramos hermanos, estamos fuera de la redención.

Igino Giordani

Igino Giordani, Il fratello, (I edizione Città Nuova 2011 – III edizione, Figlie della Chiesa 1954).

“¡Ven, Señor Jesús!”

En el centro de la Semana Santa publicamos este pensamiento de Chiara Lubich tomado de una conferencia telefónica del Jueves Santo de 1989. Hoy es Jueves Santo, un día muy especial para nosotros, que nos recuerda varias realidades divinas que están en el corazón de nuestra espiritualidad, de tal modo que cada año, en su aniversario, nos damos cuenta de todo el atractivo de este día, y no resulta inusual que nuestra alma se llene de algo del Paraíso. ¿Cómo no sentir que nuestro corazón se dilata si el Jueves Santo subraya de una manera extraordinaria el Mandamiento nuevo de Jesús, la unidad, su testamento, la Eucaristía, su extraordinario don, y el sacerdocio que la hace posible? Por tanto, detengámonos hoy con inmensa gratitud en estos extraordinarios misterios que son fundamentales para todo cristiano y en especial para nosotros. Y mañana será Viernes Santo, que también nos lleva al corazón del cristianismo y de nuestra espiritualidad: Jesús muere, muere abandonado. ¿No les parece que en un mundo como el actual, atrapado por el consumismo y por otros males, este sea un buen momento para afrontar, de alguna manera, un tema como el de la muerte que hoy nadie o muy pocos están dispuestos a considerar? Nosotros debemos hacerlo por coherencia con nuestro Ideal, que nos enseña cómo afrontar todos los momentos de la vida y, por tanto, también el paso a la otra, a la vida eterna. Y lo afrontamos permaneciendo en el ámbito de la oración, nuestro tema preferido en estas últimas semanas. Existe una oración muy breve, maravillosa. El Espíritu la puso en labios de la Esposa, la Iglesia, y está dirigida al Esposo, a Jesús. El Apocalipsis, el último de nuestros libros sagrados, termina con ella. Dice así: «¡Ven, Señor Jesús!”[1]. «¡Ven, Señor Jesús!” Esta podría ser nuestra oración pensando, esperando, preparándonos para la muerte. Sí, porque tenemos o debemos tener nuestro concepto exacto de la muerte: no es el final, sino el principio; el encuentro con Jesús. Es más, no es algo opcional, está en el programa de todos; un día llegará para todos, es la voluntad de Dios para todos. Sí, es la voluntad de Dios para mí, para nosotros, para todos. Hay que saber acogerla como tal, como voluntad de Dios. En general, ¿cómo aceptamos la voluntad de Dios? Hemos comprendido que la voluntad de Dios, cualquiera que sea, es la expresión del amor de Dios por nosotros. Por tanto, no es lógico ni justo aceptarla únicamente con resignación, sino que conviene verla como lo mejor que nos puede suceder. Por ello, nos esforzamos en vivir de tal manera que la voluntad de Dios sea la nuestra. Y nos empeñamos en vivirla no solo con todo el amor, sino con entusiasmo, porque sabemos que, mediante ella, estamos encaminados hacia una aventura divina, en parte conocida, en parte por descubrir, y así cumplimos el designio de Dios sobre nosotros. Precisamente por este modo de afrontar la voluntad de Dios,  es por lo que se distingue un focolarino, porque sobre este punto tuvo lugar la conversión que cambió de rumbo nuestra vida. (…) «¡Ven, Señor Jesús!” (…) Pero esta oración también es adecuada para otras ocasiones. Podemos decir: «¡Ven, Señor Jesús!” esperando la santa Comu­nión. Podemos decirla antes de un encuentro con alguna persona o grupo mediante el cual queremos amarlo a Él por encima de todo. Y antes de realizar su voluntad, cualquiera que esta sea. «¡Ven, Señor Jesús!» Mirándote a ti, el amor, nuestra vocación, no tendrá temores. Mientras esperamos tu venida, construiremos bien esta vida y, en cuanto comience la otra, nos lanzaremos en la aventura sin fin. Tú venciste la muerte. Con esta oración, comprendemos que Tú, desde ahora, también la has vencido en nosotros, en nuestros corazones. «¡Ven ─ por tanto─ Señor Jesús!», siempre, a todos nosotros.

Chiara Lubich

(Chiara Lubich, Buscando las cosas de arriba, Ciudad Nueva Madrid, 1993, pp. 136-138)  [1] Ap 22, 20.