17 Feb 2012 | Sin categorizar
El Evangelio es agradable cuando se lee; pero a la hora de ponerlo en práctica provoca escándalo para la gente de bien. El Evangelio no admite estancamiento, no permite descanso. Él, el “signo de contradicción”, no promete facilidades: “He venido a traer fuego sobre la tierra y ¿qué quiero sino que arda?” La historia de Cristo en la tierra, en veinte siglos, es una serie de patíbulos, entre galeras y escarnio: y no siempre se ve la ola de lágrimas versadas a escondidas. Y sin embargo, sobre este silencio desolado y oscuro, vale la fe. Vale el creer sin haber visto. El recordar Su exhortación: “No teman, gente de poca fe. Yo he vencido al mundo”. Por poco tiempo Él desaparece y nosotros penamos, dejados solos, pero después regresa. En la mística esta noche oscura termina con una flamante irrupción del sol. Es la prueba: y quien se sostiene con fuerza obtiene la victoria. Se trata de un sufrimiento que produce vida: la del grano de trigo que muere en el surco para fructificar en el sol. “Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación”. (2 Cor. 1, 5). Quien acoge a Jesús crucificado, acoge el dolor por amor: y encuentra en este acto de amor la alegría. Se necesita un entrenamiento del Espíritu Santo para esto. Por lo tanto la existencia parece un drama crudo, con aparentes derrotas y atroces desilusiones: pero es necesario resistir. Nada se arruina de aquello que se dona en el dolor: el fruto de una resistencia en la racionalidad y en la fe, con virilidad y caridad, contribuye tanto en orden a lo civil como a lo espiritual, en donde el pueblo se convierte también mediante este medio en Cuerpo social del Cuerpo místico. Se siembra entre lágrimas, se recoge en la exultación.
16 Feb 2012 | Focolare Worldwide
“Por el notable número de personas que a través de todos los medios posibles han deseado expresar sus sentimientos de participación por la desaparición de nuestra amada Marisa se nos hace imposible agradecer personalmente a todos. Lo hacemos de esta forma expresando, además de la gratitud, nuestro profundo agradecimiento por tanto afecto hacia nuestra Marisa y hacia nosotros. Familia Baù”
15 Feb 2012 | Focolare Worldwide
Lucha contra la pobreza y Economía de comunión. El 3 de febrero fue presentado este binomio desde varios ángulos en las Naciones Unidas. Era un evento esperado, para el cual se reservó una sala de reuniones, espaciosa que tenía dos pantallas para la proyección de videos. Presencia internacional de los relatores, como es conveniente en una sede de la ONU: de Burundi, Brasil, Filipinas y algunos de los estados de USA (Boston, Indianápolis y Ciudad de Nueva York). Los presentes eran aproximadamente cincuenta, entre ellos representantes de ONG y delegados de la ONU en varios países de Africa, Europa, zona del Caribe y Norte América. El evento fue organizado por Humanidad Nueva (ONG del Movimiento de los Focolares, reconocida por el Estatuto Consultivo General del Consejo Económico y Social del ONU (ECOSOC) ) y por la Misión del Observador Permanente de la Santa Sede en la ONU. En su introducción el Nuncio Apostólico Mons. Chullikatt, trayendo a colación la encíclica Caritas in Veritate subrayó la importancia que hoy tiene la promoción integral del hombre.
La Economía de Comunión (EdC) puede ofrecer elementos innovadores en el contexto de la actual crisis económica , como hizo evidente en su intervención John Mundell, presidente de la Mundell & Associates y miembro de la EdC en USA. Junto con Elizabeth Garlow de Boston , ilustraron el estilo que caracteriza la gestión de una empresa de EdC, presentando algunos testimonios de algunos negocios que adhieren a la EdC en distintas partes del mundo. Era evidente, especialmente, la red de relaciones virtuales que se establece entre las distintas empresas Futuro y raíces: son algunos de los jóvenes presentes, – Claudia Herrero Martins Menegassi y John Paul Dominic Flores Yumul, provenientes respectivamente de Brasil y Filipinas, – enfocaron el contexto en el cual nació la EdC: en Brasil, en 1991, por una inspiración de Chiara Lubich. Subrayaron la necesidad de desarrollar la “cultura del dar” que se opone a la del “poseer” y el rol activo de la persona que se encuentra en necesidad, característica típica del proyecto. Este tema fue el argumento principal de la50º sesión de la Comisión para el Desarrollo Social, que trata la erradicación de la pobreza, por lo que la presentación de la EdC constituye un evento paralelo. Alexis Nsabinama, joven de Burundi, comunicó su experiencia que se realiza en muchas partes de Africa donde la Economía de Comunión, encontrándose con fuertes valores comunitarios, típicos de este continente, encuentra un terreno fértil. Fue significativa la lectura del “Mensaje de los Jóvenes de San Pablo al Mundo” que fue lanzado en el aniversario de los 20 años de EdC en Brasil (mayo del 2011)
El mensaje, junto con la experiencia de Economía de Comunión, sobre como “erradicar la pobreza a través de la fraternidad” y algunas propuestas sobre las tasas de transacciones financieras, se encuentra en el documento preparatorio, y está a disposición en el sitio de las Naciones Unidas en varios idiomas. Hugh Timothy Duggan, consultor de la representación de los Estados Unidos en la ONU, pidió la adhesión de la EdC al programa de las Naciones Unidas “Global compact” (que con sus 8.700 adherentes de 130 naciones es la mayor iniciativa de tipo voluntario sobre la responsabilidad social de las empresas). En conclusión: el diálogo con los participantes subrayó el carácter positivo de recibimiento por parte de quienes asistieron. Fuente: EdC online .
13 Feb 2012 | Focolare Worldwide
«Mi hermana María Asunta, por una leucemia fulminante, ya no estaba más. Una sensación de impotencia me envistió. ¿Qué sentido tiene la vida – me preguntaba- si la muerte se lleva consigo sueños, deseos, conquistas…? Todo perdió su sentido. Ya no quería vivir. Regresaban a mi mente los últimos instantes de vida de María Asunta. Las fuerzas la habían abandonado. Abrir los párpados era un esfuerzo enorme que podía costarle la vida. Sin embargo mientras la llevaba de vuelta a casa, saliendo de la ambulancia en la camilla, al escuchar la voz de los parientes y amigos venidos a darle el último saludo, reaccionó. Vi un cambio repentino en su rostro. No sólo abrió los ojos sino que levantó la cabeza y sonrió a cada uno. Y no dejó de sonreír hasta que no terminó de saludar a todos. Sólo cuando escuchó que se cerraban las puertas de casa a sus espaldas, dejó caer la cabeza sobre la almohada y entró en coma.
¿Por qué lo hizo? Mientras reflexionaba sobre este absurdo, me pareció intuir el por qué. El amor que la empujaba a preocuparse de todos menos de ella, le había permitido, en cierto sentido, vencer la muerte y sus ojos eran el testimonio más evidente: no traslucían miedo a la muerte sino una serenidad que parecía querer consolar a las personas cercanas, casi como diciendo: “Estén tranquilos porque yo soy feliz”. Como un relámpago un pensamiento cruzo por mi mente: “Antonio el muerto eres tú, ¡Asunta está viva!”. Entonces me dije: “¡Basta de perder tiempo! La única dirección que mi vida puede tomar es el amor”. Empecé con pequeñas cosas, a amar a las personas que tenía a mi lado, con mucha simplicidad. Pero con el tiempo esta llamita estaba por apagarse, porque amar siempre, es muy difícil y no siempre encontraba una respuesta ante mi forma de ser, es más, a veces encontraba burlas. Es ese período tuve la posibilidad de escuchar un vídeo en donde Chiara Lubich habla del dolor de Jesús en la cruz, cuando grita “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Me sentí como liberado. Chiara en pocos minutos había desenredado cada nudo. A pesar de que no sabía nada de mí, estaba allí para explicarme la vida. Me dio a entender que ningún dolor podía ser despreciado sino amado, porque estaba contenido en el dolor de Jesús. La palabra “absurdo” podía describir perfectamente mi estado de ánimo ante la muerte de mi hermana. ¡Es absurdo morir con 20 años! Pero cuando acepté ese absurdo, volví a encontrar el sentido de mi existencia y entendí, como lo hizo mi hermana, que se puede vencer la muerte. Antonio (Téramo, Italia)