30 Mar 2010 | Sin categorizar
Después de un largo viaje —no sólo por los 12.000 km recorridos, sino principalmente debido a una falla del avión— Bruna Tomasi llegó a Santiago de Chile. Había sido invitada, antes del trágico terremoto que azotó el país, para conmemorar y celebrar el segundo aniversario de la muerte de Chiara.
Ni bien llegó, se interesó inmediatamente por los afectados por el sismo y por de la situación de las ayudas, que comenzaron a movilizarse inmediatamente acaecida la tragedia.
Al día siguiente, visitó un centro del Movimiento ubicado en una zona popular de la capital, donde se encontró con un grupo de jóvenes de los Focolares. Les comunicó la experiencia que vivió con Chiara en el surgimiento del Movimiento, cuando «todo se derrumbaba, y quedaba sólo Dios, a quien descubrimos como amor”. Bruna hizo hincapié en la importancia de «no perder nunca el entusiasmo, y continuar salvando antes que nada la unidad, la concordia, entre ustedes». Viniendo de ella, no se trataba de palabras, nada más, sino de una realidad vivida durante más de 65 años.
El día esperado por todos fue el domingo 14 de marzo, cuando, en el Aula Magna de la Universidad Católica, muchos se congregaron para conocer y escuchar a Bruna. Con fuerza, ella participó a todos la experiencia de Dios Amor y la novedad del carisma de la unidad. Entre los presentes se encontraban representantes de otros movimientos eclesiales, de la Iglesia Ortodoxa y de la comunidad judía. Algunas impresiones: «Necesitábamos escuchar estas palabras» (Mov. Fondacio). «Nos quedó grabado el anhelo de santidad» (Comunidad católica Shalom).
Se trató de un día maravilloso para el Movimiento de los Focolares en Chile. No sólo por esta visita excepcional de Bruna, sino también porque durante la misa, que concluyó el encuentro, el cardenal Francisco Javier Errazurz, Arzobispo de Santiago, ordenó al primer focolarino sacerdote chileno, Juan Ortiz. El cardenal, tras recordar con conmoción a Chiara, concluyó animando a “continuar acrecentando el fuego del amor y de la unidad entre ustedes, de modo que este amor atraiga a cada vez más personas a Cristo, a fin de que sea un faro de la luz en nuestra cultura, una presencia que interpele, una presencia profética de la unidad de la Iglesia, un testimonio vivo de que la fraternidad de la familia humana es más fuerte que el egoísmo, la enemistad y la indiferencia. ¡El amor es más fuerte!”.
30 Mar 2010 | Sin categorizar
“Sacerdotes hoy” es el título de una tarde que pretende ofrecer una respuesta, sobre todo mediante el lenguaje del testimonio y del arte, a los graves retos que se presentan ante los sacerdotes de hoy por parte de la Iglesia y de la sociedad. El evento tendrá lugar el 9 de junio próximo en el Vaticano, en el Aula Pablo VI, en el ámbito de las manifestaciones de conclusión del Año Sacerdotal. Se espera la participación de sacerdotes provenientes de 70 naciones de los cinco continentes.

Los promotores de la iniciativa son los sacerdotes del Movimiento de los Focolares y del Movimiento de Schoenstatt, en colaboración con la Renovación Católica Internacional (ICCRS) y otras asociaciones eclesiales.
El programa delineará en tres momentos la identidad del sacerdote de hoy: Hombres de Dios-hermanos entre hermanos-profetas de un mundo nuevo. Cada “etapa” será introducida por un pensamiento de Benedicto XVI (en vídeo). En la parte conclusiva se propondrán algunos pensamientos de Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, y del Padre Josef Kentenich, fundador de Schoenstatt.
Muchos los testimonios: de un sacerdote de Irlanda sobre la fidelidad al llamado de Dios; desde Burundi, los sobrevivientes a un asalto al seminario menor de Buta; de Alemania, un sacerdote que superó el problema del alcohol con la ayuda de la comunidad. Otros aportes hablarán de la experiencia de la enfermedad; de la vida afectiva y del celibato vivido en un contexto de fraternidad; de la pastoral en el ambiente multicultural y multirreligioso de hoy en día. Y todavía, desde Brasil, una vasta acción de evangelización junto a los laicos en el sur del país.
El Card. Claudio Hummes, Prefecto de la Congregación para el Clero, presidirá las Vísperas con las que se concluirá la velada. El Card. Francisco Javier Errázuriz, Arzobispo de Santiago de Chile, ex presidente del CELAM, intervendrá con un testimonio teológico.
La parte artística estará a cargo del International Multiartistic Performing Group Gen Verde, junto con sacerdotes de varias partes del mundo. Las coreografías serán ejecutadas por seminaristas del Centro internacional de espiritualidad de comunión “Vinea mea” de Loppiano (Florencia).
El programa podrá ser seguido en muchos países del mundo gracias a los satélites del Centro Televisivo Vaticano, de Telepace y de otras redes, y será transmitido por Internet.
Están previstas múltiples iniciativas en preparación a esta importante manifestación.
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29 Mar 2010 | Sin categorizar
Es precisamente con la muerte en Cruz, el Viernes Santo, que Jesús nos imparte la altísima, divina, heroica lección de qué es el amor. Había dado todo: una vida junto a María, de privaciones y en la obediencia. Tres años de predicación revelando la Verdad, dando testimonio del Padre, prometiendo el Espíritu Santo y haciendo toda clase de milagros de amor. Tres horas en la cruz, desde la cual da el perdón a sus verdugos, abre el Paraíso al ladrón, nos dona a nosotros la Madre y, finalmente, su Cuerpo y Sangre, después de habérnoslos dado místicamente en la Eucaristía.
Le quedaba la divinidad. Su unión con el Padre, que lo había hecho tanto potente en la Tierra, como Hijo de Dios, y tanto regio en la cruz, tenía que dejar de hacerse sentir, desunirlo en cierto modo de Aquél que había dicho que era uno con Él: «El Padre y yo somos uno” (Jn. 10,30). En Él el amor se había anulado, la luz apagado, la sabiduría callaba. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en quien todos nosotros nos encontramos, experimentara la separación del Padre. Tenía que experimentar el abandono de Dios, para que nosotros no estuviéramos nunca más abandonados. Jesús supo superar tan inmensa prueba volviéndose a abandonar en el Padre. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23,46) – y así ha vuelto a componer la unidad rota de los hombres con Dios y entre ellos. Y se manifiesta en nosotros ahora como remedio de toda desunidad, como llave de la unidad. Ahora nos toca a nosotros corresponder a esta gracia y hacer nuestra parte. Porque Jesús se ha recubierto de todos nuestros males, nosotros podemos descubrir detrás de cada dolor, de cada separación nuestra, a él mismo, su rostro. Lo podemos abrazar en los sufrimientos, en las divisiones, y decirle nuestro sí como hizo Él, volviéndose a someter a la voluntad del Padre. Y Él vivirá en nosotros –quizás todavía adolorados- como Resucitado; lo demostrará la paz que regresará a nosotros. Chiara Lubich