30 Nov 2009 | Focolare Worldwide
Díficil el camino de montaña. Manejo el auto de un amigo anciano. Él conoce estas callecitas y lo veo cómo con la mano hace gestos para que disminuya la velocidad, acelere, prosiga con prudencia. De reojo sigo sus gestos, que en ciertas ocasiones, apenas los manifiesta. Hago todo mi esfuerzo para estar en perfecta sintonía y lograr manejar exactamente como mi amigo manejaría. Me lo imagino como un director de orquesta y siento una inmensa felicidad cuando logro ejecutar perfectamente la pieza. En la noche me llama por teléfono Massimiliano, un monje de un antiguo convento. Desde hace un tiempo la relación con su superior se había vuelto difícil y me dice que ya no tiene la fuerza para soportarlo y que por lo tanto decidió abandonar el camino emprendido. Le cuento sobre el director de orquesta y me doy cuenta de que su silencio se ha vuelto denso. Luego me dice: “Quizás mi error fue haber esperado algo de parte del superior, sin embargo él no puede tocar mi instrumento, no puede sustituirme. ¡Él puede solamente ayudarme a estar en armonía con los demás! Debo volver a apropiarme de mi instrumento, es decir, de mi responsabilidad y mostrar mi talento en la armonía del conjunto”. Massimiliano llora. Al terminar la llamada me doy cuenta que una idea nacida de un gesto de amor ha liberado un rayo de luz que alguien, en alguna parte, esperaba. (T. M., Cechia)
30 Nov 2009 | Palabra de vida, Sin categorizar
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La luz se manifiesta en las “buenas obras”. Resplandece a través de la obras buenas que hacen los cristianos.
Me dirás: no solo los cristianos hacen buenas obras. Hay también otros que colaboran con el progreso, construyen casas, promueven la justicia…
Tienes razón. Ciertamente el cristiano hace y debe también hacer todo esto, pero no es sólo ésta su función específica. Él debe hacer las buenas obras con un espíritu nuevo, ese espíritu que hace que ya no sea él que viva en sí mismo, sino Cristo en él.
El evangelista, de hecho, no piensa solamente en actos de caridad aislados (como visitar a los prisioneros, vestir a los desnudos o como todas las obras de misericordia actualizadas a las exigencias de hoy) sino que piensa en la adhesión total de la vida del cristiano a la voluntad de Dios, hasta hacer de toda su vida una buena obra.
Si el cristiano hace esto, él es “transparente” y la alabanza que surgirá por cuanto hace no llegará a él, sino a Cristo en él, y Dios, a través suyo, estará presente en el mundo. La tarea del cristiano es, entonces, dejar transparentar esa luz que lo habita, ser el “signo” de esta presencia de Dios entre los hombres.
“Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.”
Si la obra buena de todo creyente tiene esta característica, también la comunidad cristiana en medio del mundo tiene que tener la misma específica función: revelar a través de su vida la presencia de Dios, que se manifiesta allí donde dos o tres están unidos en su nombre, presencia prometida a la Iglesia hasta el final de los tiempos.
La Iglesia primitiva daba gran importancia a estas palabras de Jesús. Sobre todo en los momentos difíciles, cuando los cristianos eran calumniados, entonces los exhortaba a no reaccionar con violencia. Su comportamiento tenía que ser la mejor refutación del mal que se decía en contra de ellos.
Se lee en la carta a Tito: “Exhorta también a los jóvenes a ser moderados en todo, dándoles tú mismo ejemplo de buena conducta, en lo que se refiere a la pureza de doctrina, a la dignidad, a la enseñanza correcta e inobjetable. De esa manera, el adversario quedará confundido, porque no tendrá nada que reprocharnos.”
“Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.”
La vida cristiana vivida es luz también el día de hoy para llevar a los hombres a Dios.
Te cuento una anécdota.
Antonieta es de Cerdeña, pero por trabajo tuvo que ir a Francia, a Grenoble. Es empleada en una oficina donde muchos no tienen ganas de trabajar. Ya que es cristiana y ve en cada uno a Jesús, para servir, ayuda a todos y está siempre tranquila y sonriente. A menudo hay alguien que se enoja, levanta la voz y se desahoga con ella, tomándole el pelo: “Ya que tienes ganas de trabajar, toma, escribe también lo que me toca a mí”.
Ella calla y trabaja duramente. Sabe que no son malos. Probablemente cada uno tiene sus cruces.
Un día el jefe se acerca a ella cuando los demás no están y le pregunta: “Ahora tienes que decirme cómo haces para no perder nunca la paciencia, para sonreír siempre”. Ella se retrae diciendo: “Trato de estar calma, de tomar las cosas por su lado bueno”.
El jefe golpea con un puño el escritorio y exclama: “¡No, acá seguramente Dios tiene algo que ver, de otro modo es imposible! ¡Y pensar que yo no creía en Dios!”
Unos días después llaman a Antonieta desde dirección, donde le dicen que será trasladada a otra oficina “para que – explica el director – lo transforme como lo hizo con el que ahora está”.
“Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.”
Chiara Lubich
1. Palabra de vida de agosto de 1979, publicada íntegramente en Essere la Tua Parola. Chiara Lubich e cristiani di tutto il mondo, vol. II, Città Nuova, Roma 1982, pp. 53-55.
2. Carta a Tito, 2, 6-8.
12 Nov 2009 | Sin categorizar
La abolición de las armas nucleares y de aquellas convencionales con una drástica reducción general del presupuesto militar: es el objetivo de la campaña internacional de desarme lanzada en
la Conferencia Mundial Juvenil que tuvo lugar en San José, de Costa Rica, del 7 al 10 de noviembre pasados. Es una iniciativa del Global Youth Network, sección juvenil de Religiones por la paz, desde hace años comprometida en el esfuerzo de movilizar energías y capacidades creativas de los jóvenes de distintos credos en vista de la paz. En la Conferencia estaban presentes, entre otros promotores de la iniciativa, algunos Jóvenes por un mundo unido de los países limítrofes y representantes del Centro para el diálogo interreligioso de los Focolares. Se trata de un plan global adoptado por la VIII Asamblea Mundial de las Religiones por la Paz, que tuvo lugar en Kyoto en el 2006, y que había identificado en la seguridad compartida, un elemento clave para el mundo de hoy. La elección de Costa Rica tiene un valor particularmente significativo. El pequeño Estado centroamericano es, de hecho, el único país en el mundo que ha aprobado, ya en 1948, una ley para el desarme interno, reflejado después en el estado de desmilitarización, incluido en la Constitución del año sucesivo. La iniciativa de Global Youth Network es apoyada por varias organizaciones entre las cuales la Mayors for Peace (Alcaldes por la Paz) que acomuna a 2.926 alcaldes de otras tantas ciudades de 134 países.
31 Oct 2009 | Palabra de vida, Sin categorizar
¿Te causa impresión esta frase?
Creo que tienes razón al quedar perplejo y pensar todo lo que convendría hacer. Jesús no dijo nada al azar. Por lo tanto, es necesario tomar en serio estas palabras, sin pretender diluirlas.
Pero intentemos comprender su verdadero sentido desde Jesús mismo, desde su modo de comportarse con los ricos. Él frecuentaba también personas de buen pasar. A Zaqueo, que regala solamente la mitad de sus bienes, le dice: la salvación ha entrado en esta casa.
Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio, entre otras cosas, de que en la Iglesia primitiva la comunión de bienes era libre y por lo tanto que la renuncia concreta a todo cuanto se poseía no era un requisito.
Jesús no pensaba, entonces, en fundar solamente una comunidad de personas llamadas a seguirlo radicalmente, que dejan de lado toda riqueza.
Y sin embargo dice:
“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos.”
¿Qué es, entonces, lo que Jesús condena? Seguramente no los bienes de esta tierra en sí mismos, sino al rico que se apega a ellos.
¿Y por qué?
Es claro: porque todo le pertenece a Dios, y el rico en cambio se comporta como si las riquezas fueran propias.
En efecto, con facilidad las riquezas ocupan en el corazón humano el lugar de Dios y enceguecen, inducen a cualquier vicio. Pablo, el Apóstol, escribía: “Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición. Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos."(1)
Ya Platón había afirmado: “Es iposible que un hombre extraordinariamente bueno sea al mismo tiempo extraordinariamente rico”.
¿Cuál debe ser entonces la actitud de quien posee bienes? Se requiere que tenga el corazón libre, totalmente abierto a Dios, que se sienta administrador de sus bienes y sepa, como dice Juan Pablo II, que sobre éstos grava una hipoteca social.
Si los bienes de esta tierra no son un mal en sí mismos, no hay por qué despreciarlos, pero es necesario usarlos bien.
No es la mano, sino el corazón el que debe estar lejos de ellos. Se trata de saberlos emplear para el bien de los demás.
“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos.”
Tal vez digas: en realidad, yo no soy rico, de manera que estas palabras no se refieren a mí.
Presta atención. La pregunta que los discípulos, sorprendidos, le hicieron a Cristo enseguida después de esta afirmación fue: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?” (2). Lo cual dice a las claras que esas palabras estaban dirigidas de alguna manera a todos.
También alguien que lo dejó todo para seguir a Cristo puede tener el corazón apegado a miles de cosas. Incluso el pobre que insulta porque le tocan su bolsa puede ser un rico a los ojos de Dios.
Chiara Lubich
Publicación mensual del Movimiento de los Focolares
Extractos de la palabra de vida de julio de 1979, publicada en Essere la Tua Parola. Chiara Lubich e cristiani di tutto il mondo, vol. II, Città Nuova, Roma 1982, pp. 41-43.
(1) Primera carta a Timoteo, 6, 9-10.
(2) Evangelio de Mateo, 19, 25
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13 Oct 2009 | Focolare Worldwide
Nací y crecí en una familia que se siempre se esforzó en transmitirme valores cristianos, basados en el respeto y atención hacia los demás, sin distinciones. Valores que considero universales. Desde chico mantuve el propósito de vivir de este modo, ya sea con mi equipo de fútbol, o en el colegio o con mis amigos. Siempre me esforcé en ir contra la corriente, o sea, tratar de no dejarme arrastrar por todo lo que el mundo me proponía. De hecho, en Europa, de donde provengo, la sociedad se basa sobre todo en el materialismo y es mucho más importante tener y aparentar que “ser”. Pero llegué a un momento de mi vida en el que la felicidad de un momento y los placeres pasajeros me hicieron perder el rumbo. En síntesis, me vendí al mundo. Quería conocer todo lo que hasta ese momento yo había considerado el camino más simple y, al mismo tiempo, más vacío. Así comenzó un nueva fase de mi vida, donde el respeto hacia las personas y también hacia Dios ya no tenia valor. Experimenté cosas que me satisfacían por un tiempo, pero luego me invadía un gran vacío interior, una gran soledad. De este modo llegué hasta el fondo del pozo. Más de una vez decidí recomenzar y volver a mis orígenes, reencontrarme con los valores en los cuales siempre había creído y que estaban enterrados bajo muchas cosas vanas. Ahora, en esta ciudadela donde convivo con jóvenes de todo el mundo, estoy haciendo una experiencia muy linda. Estoy descubriendo cosas que no conocía, gracias a las personas que me rodean. Descubro en el hermano un camino para crecer, un espejo donde reflejarme. Estoy buscando y encontrando el amor puro, sin otros intereses, un amor que nace del alma, sin prejuicios. Este amor, que tiene raíces en el Evangelio vivido, me lleva a desapegarme de las cosas pasajeras, y es un camino hacia la verdadera libertad. Un camino que me conduce hacia Dios, junto a los demás. (J. – Italia)