31 Jul 2009 | Palabra de vida, Sin categorizar
¿Sabes cuándo aparece esta frase en el Evangelio? La escribe San Juan el evangelista antes de que Jesús se disponga a lavar los pies a sus discípulos y se prepare para su pasión.
En los últimos momentos que vive con los suyos, Jesús manifiesta de una manera suprema y más explicita el amor que desde siempre sentía por ellos.
«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo».
Las palabras “hasta el extremo” significan hasta el final de su vida, hasta el último aliento. Pero también indican la idea de la perfección. Quieren decir: los amó completamente, totalmente, con una intensidad extrema, hasta el culmen.
Los discípulos de Jesús permanecerán en el mundo mientras que Jesús estará ya en la gloria. Se sentirán solos, tendrán que superar muchas pruebas; precisamente para cuando lleguen esos momentos, Jesús quiere que estén seguros de su amor.
«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo».
¿No percibes en esta frase el estilo de vida de Cristo, su modo de amar? Lava los pies a sus discípulos. Su amor lo lleva a realizar hasta ese servicio que en aquel tiempo estaba reservado a los esclavos. Jesús se está preparando para la tragedia del Calvario, para dar a los suyos y a todos, además de sus extraordinarias palabras, de sus mismos milagros, de todas sus obras, incluso la vida. Lo necesitaban; es la mayor necesidad que tiene todo hombre: ser liberado del pecado, que significa de la muerte, y poder entrar en el Reino de los Cielos. Debían tener paz y alegría en la Vida que ya no acaba.
Y Jesús se ofrece a la muerte, gritando el abandono del Padre, hasta tal punto que al final puede decir: «Todo está cumplido».
«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo».
Hay en estas palabras la tenacidad del amor de un Dios y la dulzura del afecto de un hermano.
Nosotros, los cristianos, también podemos amar así, porque Cristo está en nosotros.
Sin embargo, ahora no quisiera proponerte que imites a Cristo en el morir por los demás (cuando era su hora); no quisiera ofrecerte como modelos necesarios al Padre Kolbe, que muere por un hermano prisionero, ni al Padre Damián, que haciéndose leproso con los leprosos, muere con ellos y por ellos.
Puede ser que a lo largo de tus años, nunca se te pida ofrecer tu vida física por los hermanos. Pero lo que sin duda Dios sí te pide es que los ames hasta el fondo, hasta el final, hasta tal punto que tú también puedas decir: «Todo está cumplido».
Eso hizo la pequeña Cetti, de 11 años, en una ciudad italiana. Vio a su amiga y compañera Georgina, de su misma edad, muy triste. Quiso tranquilizarla, pero no lo consiguió. Entonces quiso ir hasta el fondo y saber el porqué de su angustia. Se le había muerto su papá y su mamá la había dejado sola con su abuela y se había ido a vivir con otro hombre. Cetti intuyó la tragedia y se puso en acción. Aun siendo pequeña, le pidió a su compañera que le permitiera hablar con su madre, pero Georgina le ruega que antes la acompañe a la tumba de su papá. Cetti la acompaña con gran amor y oye cómo Georgina le pide entre el llanto a su papá que venga a llevársela.
A Cetti se le parte el corazón. Había allí una pequeña iglesia en ruinas. Entran. Sólo quedaban un pequeño sagrario y un crucifijo. Cetti dice: «¡Mira, en este mundo todo se destruirá, pero ese crucifijo y ese sagrario quedarán!» Georgina responde, secándose las lágrimas: «¡Sí, tienes razón!» Después, con delicadeza, Cetti coge a Georgina de la mano y la acompaña a ver a su mamá.
Al llegar, le dice decididamente estas palabras: «Mire, señora, aunque esto no me incumba, le digo que usted ha dejado a su hija sin un cariño materno que necesita. Y aún le digo más, que usted nunca estará en paz hasta que no se la lleve con usted y se arrepienta”.
Al día siguiente, Cetti anima con amor a Georgina cuando se ven en el colegio. Pero sucede algo nuevo: un coche viene a buscar a Georgina; lo conduce su mamá. Y desde aquel día el coche sigue viniendo, porque Georgina ya vive con ella, que ha dejado definitivamente la amistad con aquel hombre.
De la pequeña y gran acción de Cetti se puede decir: “Todo está cumplido”. Todo lo hizo bien. Hasta el fondo. Y lo consiguió.
Piensa un poco. ¿Cuántas veces has empezado a interesarte por alguien al que después has abandonado, acallando tu conciencia con mil excusas? ¿Cuántas acciones has comenzado con gran entusiasmo y luego no las has continuado ante dificultades que te parecían superiores a tus fuerzas?…
La lección que Jesús te da hoy es ésta:
«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo».
Hazlo.
Y si algún día Dios te pidiera de verdad la vida, no titubearás. Los mártires iban a la muerte cantando. Y el premio será la gloria más grande, porque Jesús ha dicho que nadie en el mundo tiene mayor amor que aquél que derrama su sangre por sus amigos.
Chiara Lubich
27 Jul 2009 | Sin categorizar
Como el Padre me ha enviado a mí… Entre las divinas palabras que pronunció [Jesús], hay una que da vértigos si se la piensa pronunciada por Dios y permite comprender la excelencia de una elección. Es una comparación paradójica, pero verdadera y cargada de misterio. Cristo la dirige a los que serían, en los siglos, sus sacerdotes: “Como el Padre me ha enviado a mí, yo los envío a ustedes” (Jn 20, 21). ¿Quién es, entonces, el sacerdote? Es aquel que Cristo ha elegido para continuarlo en el tiempo. Lamentablemente a veces el sacerdote no es así. Por otra parte, si el sacerdote no es Cristo, es bien poco. Sus prédicas suenan vacías y las iglesias quedan desiertas. Porque la palabra que Cristo daba era él mismo. Si el sacerdote primero vive lo que predica y luego habla, su palabra será Cristo y será, también él, otro Cristo. Entonces sus palabras arrastrarán multitudes y las iglesias se verán desbordadas. En efecto, no es la ciencia lo que hace al sacerdote, sino el carisma vivificado por el amor. Chiara Lubich, El celibato sacerdotal, Città Nuova 14 (1970/3), p. 9 Extraido del libro: Come il Padre ha amato me… 365 pensieri per l’anno sacerdotale, Città nuova 2009 http://editrice.cittanuova.it/notizia.asp
15 Jul 2009 | Focolare Worldwide
Un relato a dos voces: Tom, que nos ha dejado hace algunos años, y Jeanne, su esposa, que ha compartido con él esta experiencia. “Mi campo de trabajo se estaba reduciendo, y habiendo ahorrado algo de dinero, pensé que era el momento de empezar una actividad propia. Precisamente en ese momento supe de la Economía de Comunión, y con mi esposa Jeanne nos sentimos atraídos en seguida por la posibilidad de ser responsables de proveer a las necesidades de nuestra familia sino también a las de muchos en el mundo”. “Saber preparar y compartir la comida era tradicional en la familia Petrucci desde hacía varias generaciones, y fue así que decidimos abrir un restaurante en Camarillo, California: el Petrucci’s”. Jeanne, quien trabajó los últimos años en el restaurante, describe cómo Tom administraba la empresa: “Quería dar a cada uno de sus colaboradores la posibilidad de mejorarse: si alguien había sido contratado como lavaplatos o chofer, pero quería aprender un trabajo de nivel superior, Tom le daba siempre la posibilidad de hacerlo; después si alguien se volvía experto en el nuevo trabajo y no había un cargo adecuado para él, no trataba de retenerlo en la empresa: muchos tenían una familia a quien sostener y Tom deseaba que pudieran mejorar y tener éxito”. Tom escribía: “En nuestro restaurante tratamos de trabajar como si todo dependiese de nosotros, pero sabiendo que en realidad todo depende de Dios. Jean y yo sabemos muy bien que no tendremos nunca grandes ganancias, pero sentimos que logrando dar trabajo a diez personas, asegurando de este modo una entrada a diez familias, y además contribuyendo a reducir el problema de la pobreza, hemos logrado objetivos mucho más grandes que tienen sabor a eternidad”. “Durante el breve espacio de meditación matutina escogemos un pensamiento clave para poner en práctica durante el día. A veces me bombardean miles de ideas sobre cómo administrar mejor el restaurante, sobre cómo ganar más, y así por el estilo, pero la unidad de los demás hace que me mantenga orientado en ‘lo que cuenta verdaderamente’. Este momento de la mañana vivido juntos refuerza en mi alma la decisión que con Jeanne tomamos cuando comenzamos con esta aventura: que es amar el momento presente y buscar la voluntad de Dios, no la nuestra. Cuando empezamos esta actividad sabíamos muy poco sobre cómo administrar un restaurante. Si tiene éxito, es porque está en Sus planes”. “Desde el mes de apertura del restaurante, decidimos dar siempre una suma mensual para los pobres. Un acto de fe que nos ha ayudado a mantener siempre en el primer lugar la importancia del dar”. (Tom y Jeanne Petrucci, de L’amore come piatto principale en Economía de Comunione, Revista quadrimestrale, Anno X/n.2, noviembre 2004).
30 Jun 2009 | Palabra de vida, Sin categorizar
La verdadera riqueza
¿Eres joven y reclamas una vida ideal, totalitaria, radical? Escucha a Jesús. Nadie en el mundo te pide tanto. Tienes la oportunidad de demostrar tu fe y tu generosidad, tu heroísmo.
¿Eres maduro y anhelas una existencia seria, comprometida, pero segura? ¿O anciano, y deseas vivir tus últimos años abandonado a quien no engaña, sin preocupaciones que te agotan? Vale también para ti esta palabra de Jesús.
Contiene una serie de exhortaciones por las cuales Jesús te invita a no preocuparte por lo que comerás o vestirás, exactamente como hacen los pájaros del aire que no siembran y los lirios del campo que no hilan. Por eso, debes alejar de tu corazón toda inquietud por las cosas de la tierra, porque el Padre te ama mucho más que a los pájaros y que a las flores, y él mismo piensa en ti. Por eso te dice:
“Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla.”
El Evangelio, en su conjunto y en cada palabra, constituye un requerimiento totalitario hacia los hombres de lo que son y de lo que tienen. Dios no pedía tanto antes de que viniera Cristo. El Antiguo Testamento consideraba un bien, una bendición de Dios la riqueza terrenal y, si pedía dar limosna a los necesitados, era para obtener benevolencia del Omnipotente.
Más tarde, en el judaísmo, la idea de la recompensa en el más allá se había vuelto más común. Un rey respondía a quien le reprochaba por derrochar sus bienes: “Mis antecesores acumularon tesoros para este mundo, yo en cambio acumulé tesoros para el cielo”. […].
Entonces, la originalidad de la palabra de Jesús está en el hecho de que Él te pide un don total, te pide todo. Quiere que tú seas un hijo despreocupado, que no tenga preocupaciones por este mundo, un hijo que se apoya solamente en Él. Sabe que la riqueza es un obstáculo enorme para ti, porque ocupa tu corazón, mientras que Él quiere tener todo el espacio para sí.
Y si no puedes deshacerte de los bienes materialmente, porque estás ligado a otras personas, o porque tu posición te obliga a un entorno digno y adecuado, ciertamente tienes que desprenderte de los bienes espiritualmente y comportarte como un simple administrador. Así, mientras te manejas con la riqueza de los demás y, la administras para ellos, te haces un tesoro que la pollilla no corre y el ladrón no se lleva.
Pero ¿estás seguro de que tienes que retener todo? Escucha la voz de Dios dentro de ti; pide consejo, si no sabes decidir. Verás cuántas cosas superfluas encontrarás entre lo que tienes. No las conserves. Da, da, a quien no tiene. Pon en práctica las palabras de Jesús: “Vende… y da”. Así llenarás las bolsas que no envejecen. Es lógico que para vivir en el mundo haga falta interesarse también por el dinero, por las cosas. Pero Dios quiere que te ocupes, no que te preocupes. Ocúpate de lo mínimo que es indispensable para vivir según tu estado, según tus condiciones. Por el resto:
“Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla.”
Pablo VI era realmente pobre. Lo testimonió el modo con el cual quiso ser sepultado: en un pobre féretro, en la tierra. Poco antes de morir había dicho a su hermano. “Desde hace tiempo preparé las valijas para este importante viaje”.
Esto es lo que debes hacer: preparar las valijas. En los tiempos de Jesús tal vez se llamaban bolsas. Prepáralas día a día. Llénalas lo más que puedas de lo que puede ser útil a los demás. Tienes verdaderamente lo que das. Piensa en cuánta hambre hay en el mundo. Cuánto sufrimiento. Cuántas necesidades…
Pon allí también cada acto de amor, cada obra a favor de los hermanos.
Cumple estas acciones por Él. Díselo en tu corazón: por Ti. Y hazlas bien, con perfección. Están destinadas al cielo, permanecerán por la eternidad.
Chiara Lubich
Palabra de vida, marzo de 1979, publicada por entero en Essere la Tua Parola. Chiara Lubich e cristiani di tutto il mondo, vol. I, Città Nuova, Roma 1980, pp. 189-191.