18 Jul 2020 | Sin categorizar
¿Qué aprendimos de la pandemia? ¿Con qué herramientas podemos construir un mundo nuevo? ¿Cuál es la contribución específica de cada uno de nosotros? El diálogo espontáneo de María Voce el 16 de julio con una comunidad de los Focolares. Desde hace algunos años, el 16 de julio es siempre una doble fiesta para las comunidades de los Focolares en el mundo: se recuerda el especial pacto de unidad que Chiara Lubich vivió con Igino Giordani en el año 1949 y también el cumpleaños de su presidenta, María Voce. También este año, el momento de fiesta para ella se ha convertido en una oportunidad de diálogo espontáneo e informal para abrir su corazón a los presentes hablando sobre el significado de ese día especial, sobre la vida de los Focolares en estos últimos tiempos y sobre la contribución del carisma de la unidad en este período tan crucial para la humanidad. Las expresiones de buenos deseos y afecto que le han llegado desde todo el mundo han sido numerosas y, por eso María Voce desea agradecer a cada uno particularmente. Publicamos a continuación parte de su diálogo, adjuntando también fragmentos de algunos videos espontáneos de ese momento. “(…) Esta pandemia también nos ha dado una gran lección, ¿no? Hay que reconocerlo. Nos ha hecho sufrir, y todavía nos está haciendo sufrir. No sabemos cuántas consecuencias dolorosas podrán provenir todavía de esta pandemia ¿verdad? Pero ha sido también una gran lección. La lección principal es que nos ha dicho: todos ustedes son iguales. Todos ustedes son iguales: los ricos, los pobres, los poderosos, los miserables, los niños, los adultos, los inmigrantes… todos son iguales. Esto es lo primero. Lo segundo: todos son iguales, pero hay alguien que sufre más a pesar de la igualdad. Entonces, ¿cómo es que son todos iguales? Todos ustedes son iguales porque Dios los creó a todos iguales; muy diferentes unos de otros, pero todos hijos suyos, todos creados por Él con el mismo amor, un gran amor. Después llegaron los hombres y comenzaron a hacer distinciones, y seguimos haciendo distinciones: este sí, este no; este vale más, este menos. Este puede darme algo, este no puede darme nada; este me explota, este menos… y empezamos a hacer las diferencias y ¿qué sucede con las diferencias? Ocurre que hay países donde los hospitales están bien equipados y otros donde no los hay; países que tienen mascarillas para todos, y aquellos que no las tienen. Hay poblaciones, incluso en nuestra Italia, donde llega la fibra óptica y pueden seguir las clases a distancia, y hay pueblos que no la tienen. Por lo tanto: todos iguales ante Dios, pero no todos iguales ante los hombres, no todos son iguales en el corazón de los hombres. ¿Esto también es así para nosotros? Tal vez yo también a veces estoy más a gusto con una persona que con otra y hago esta diferencia entre una persona y otra; lo veo yo también y entonces ¿vivo realmente el pacto si soy así?¿Ese pacto que me lleva a estar dispuesta realmente a dar la vida el uno por el otro? Pero no por el otro que me gusta, sino por cualquier otro sea quien sea. Hoy se dice que hay que crear un mundo nuevo; la humanidad, todos dicen que debemos construir un mundo nuevo. Pues bien, a pequeña escala Chiara hizo un mundo nuevo; la familia de Chiara esparcida en el mundo es −en pequeño− un mundo nuevo. Naturalmente es un intento, es un boceto, una pequeña señal, pero significa que es posible. Entonces, si ha sido posible hacerlo a pequeña escala, porque este pequeño grupo −que además es pequeño relativamente porque lo componen varios cientos de miles de personas esparcidas por el mundo−, este pequeño pueblo que es el pueblo de Chiara, ¿no está a disposición de todos diciendo que el mundo nuevo es posible? Es posible. Debemos estar convencidos de que es posible; además ¿cómo era el pasapalabra de hoy? ‘Creer en la fuerza del amor’. Por eso, en primer lugar creer que el amor es una fuerza. ¿Lo hemos experimentado? Sí, lo hemos experimentado muchas veces. Pero ahora, ha disminuido un poco; el termómetro del amor ha disminuido. ¡Pongámosle un poco de mercurio que lo haga subir! Hagamos subir el amor y verás cómo sube todo. Seremos esta realidad que pasa por el mundo al que beneficiaremos, sin necesidad de ir diciendo: ‘Mira, nosotros hacemos esto, ven con nosotros porque somos así’. No, nosotros somos los que somos, somos como los demás; somos unos desastres como todos, pero vivimos el paraíso y no queremos salir del paraíso. Sin embargo queremos estar con los otros, no queremos quedarnos entre nosotros en el paraíso. Queremos llevar este paraíso a los demás, no queremos tenerlo para nosotros, porque sería cómodo… y luego que el mundo se las apañe. ¡No! El mundo debe salvarse, el mundo debemos salvarlo con nuestro amor”.
9 Abr 2020 | Senza categoria
- Fecha de la muerte: 10/04/2020
- Rama de pertenencia: Voluntaria
- Nación: Alemania
14 Mar 2020 | Sin categorizar
Las palabras de Jesús Morán, Copresidente del Movimiento de los Focolares, en la Homilía de la Misa celebrada en privado y transmitida a través de streaming el 14 de marzo 2020. Homilía del 14 de marzo de 2020 (…) En estas últimas semanas -entre otras cosas, de Cuaresma bien entrada- en mi alma predominaba un pensamiento: la vanidad de todas las cosas, la precariedad de nuestra inteligencia para comprender profundamente la realidad, la vida, el curso de la historia. De hecho, ha sido suficiente un virus, un microorganismo acelular para poner en peligro todos nuestros grandes razonamientos y nuestras seguridades, nuestros planes económicos, nuestras estrategias políticas; para desatar el pánico en todo el mundo y poner de relieve las miserias de la así llamada globalización. Como tituló un periódico hace unos días, usando la jerga del fútbol: Coronavirus 1 – Globalización 0. Esa es la triste verdad. Cuando pensaba en las cosas que en los últimos años se han escrito sobre el fenómeno de la cultura en nuestros tiempos, los innumerables análisis y contraanálisis acerca del futuro de la historia, etc. etc., me invadía un sentimiento de desolación y de tristeza casi paralizante. Pero fue entonces cuando llegué a un redescubrimiento formidable: la Revelación, la Palabra de Dios dirigida al hombre en palabras y en la inteligencia del hombre; el pensamiento de Dios con palabras humanas sobre las profundidades de la vida y de la historia; una bocanada de sentido. De hecho, creo que solo la Palabra de Dios nos da respuestas para este momento que vivimos, porque solo ella conserva una sabiduría eterna que va más allá de los tiempos sin perder el significado. A la luz de la Revelación nos damos cuenta de un hecho que es tanto más desconcertante cuanto paradójico: que vivimos un tiempo de gracia. ¡Sabiduría! Esta es la clave exacta. Este es verdaderamente el momento de la sabiduría, un tiempo para la sabiduría; una visión de la realidad que viaja en otros parámetros, hoy extremadamente obligatoria e indispensable. (…) Sabiduría que conduce a una inteligencia de la realidad iluminada por el amor y que, precisamente por esta razón, desencadena un formidable movimiento de fraternidad. Verdaderamente Dios puede hacer cosas prodigiosas, incluso en medio del mal. Lo derrota con su designio de amor. Chiara recorrió con su vida casi un siglo, y lo hizo como un río de sabiduría que ha irrigado la tierra. Atenta a los acontecimientos de la historia, no se detuvo en la superficie de las cosas, sino que se adentró en profundidad y altura para acceder al pensamiento y a la visión de Dios y desde Dios. Por eso no prestó atención a nada más que a Su Palabra. La unidad, en efecto, es el proyecto de Dios sobre la humanidad, el testamento de Jesús, el Verbo encarnado. Ahora podemos ver cómo esta palabra, unidad, puesto que está anclada en la Revelación, va más allá de los episodios pasajeros, los tiempos y las épocas. Ella representa una perspectiva de significado que involucra el pasado, el presente y el futuro. Una perspectiva profética capaz de desencadenar las mejores energías de los hombres y de las mujeres de todas las latitudes, culturas, razas y condiciones sociales. Fuertes en la unidad, podemos transformar la “globalización de la indiferencia” en “globalización de la fraternidad” La competición no ha terminado. Estamos seguros de una cosa: el triunfo será de la misericordia Dios.
22 Feb 2020 | Sin categorizar
El Movimiento de los Focolares recomienda adoptar escrupulosamente las medidas de precaución y seguridad establecidas por las autoridades sanitarias del propio país Tras la detección de casos de infección por Coronavirus (COVID-19) también en Italia, el Centro Internacional del Movimiento de los Focolares, al tener la propia sede en Italia y siendo organizador y sede de eventos en los que participan personas provenientes de muchos países, invita a la gran familia del Movimiento de los Focolares de todo el mundo a vivir con la atención necesaria y con un gran sentido de responsabilidad esta emergencia sanitaria en vista de la salud personal y del bien común. En particular el Movimiento de los Focolares recomienda adoptar escrupulosamente las medidas de precaución y seguridad establecidas por las autoridades sanitarias del propio país y seguir atentamente las comunicaciones al respecto. En lo que se refiere a los eventos organizados en el Centro Internacional, el Centro mismo está en estrecho contacto con las autoridades sanitarias y civiles locales para monitorear los desarrollos y adoptar las medidas que sean necesarias. El Centro Internacional recomienda hacer lo mismo en lo que se refiere a los grandes eventos en otros países. En cualquier caso, sigue siendo válida la invitación de María Voce (Emmaus) del 1 de febrero para tener –precisamente como familia mundial de los Focolares- un amor incondicional hacia todos, un amor “que no hace ninguna diferencia, que no tiene miedo. Porque, de todos modos, el hermano que puede contagiarte sigue siendo tu hermano y tienes que cuidarlo“.
27 May 2019 | Sin categorizar
Jesús Resucitado nos invita a “salir” de nosotros mismos, de nuestras seguridades frágiles y de nuestros límites El examen aprobado El clamor de una pelea entre dos estudiantes se oía hasta en el corredor, en donde, esperando mi turno para dar examen, paseaba de un lado a otro ansiosamente. Pasó por mi mente la idea de ir a calmarlos, pero me frenaba la preocupación de que justo en ese momento me llamaran para rendir y que pensaran que estaba ausente. Mejor que otros hagan eso… Pero los gritos subían de tono, no me podía quedar indiferente ante la necesidad del prójimo, que para mí era muy importante. Entonces, al rato, fui corriendo a separarlos y tranquilizarlos a los dos. Cuando volví al piso superior, algunos minutos más tarde, oí mi nombre. En el aula respondí a todas las preguntas y aprobé. Un examen superado. Pero no había fracasado tampoco en mi otro examen. (Antonio – Italia) En el convento Después de algunos años de entusiasmo desde cuando había entrado en el convento, lentamente se abría camino en mí la sensación de vivir una vida sin afecto, casi sin humanidad. Un día, internada en un hospital, estaba completamente sola, mientras veía a todas las otras pacientes circundadas de afecto y ternura. Más tarde, con la angustia de haberme equivocado en la vida, me puse a rezar y entendí que Dios me confiaba la misión de ser yo, para las demás, la fuente de ese afecto que buscaba para mí. Cuando volví, me sentía “curada”, tenía la fuerza de recomenzar. Y las cosas ya no eran como antes. (G.d.G. – Eslovenia) Tecnología A mi esposo le interesan todas las novedades informáticas; mientras que yo, frente a ciertos instrumentos me siento inútil y soy lenta para adecuarme a lo nuevo. Con el tiempo fue naciendo en mí una sensación de inferioridad, que él acentuaba, haciéndome notar lo que yo no entendía o incluso poniéndome en ridículo frente a nuestros hijos. Terminé deshaciéndome del celular y me encerré en un gran mutismo. Pero nuestro hijo mayor le hizo entender a su padre que algo no andaba bien, como por ejemplo, que yo había ido al médico y él ni siquiera me había preguntado cómo me había ido, agregando: “Si tu técnica te hace estar tan distraído, ¿para qué quisiste formar una familia?”. Cuando, más tarde, mi esposo vino a pedirme perdón, le dije que teníamos que estar agradecidos por los hijos que tenemos. (E.d.F. – Eslovaquia) Divorcio Cuando nuestra hija nos comunicó que estaba por divorciarse, nos propusimos compartir su dolor, sus dudas, sus problemas, sin juzgar. A menudo le hablábamos por teléfono para hacerle sentir que no estaba sola. Cuando con sus hijos vino a nuestra casa, durante algunos días la acogimos con particular afecto. Cuando volvió a su casa después de esos días, nos llamó para decirnos que ya no quería seguir con los trámites del divorcio, y deseaba hacer todo lo posible para salvar y reconstruir su matrimonio. (J.S. – Estados Unidos)
Recogido por Chiara Favotti