Movimiento de los Focolares
Islam – Historias italianas de buena convivencia, de Luigi Accattoli

Islam – Historias italianas de buena convivencia, de Luigi Accattoli

  De la presentación: «Crece el miedo del Islam, y esta encuesta la combate contando historias de buena convivencia: más de 150, ambientadas en nuestro país o vividas por italianos esparcidos por el mundo. El libro está inspirado en la idea de que la buena convivencia es frecuente, pero que alguien lo cuente es raro. La narración pasa por eventos mínimos, como un gesto o una palabra de reconocimiento ocasionales, hasta las elecciones de vida hechas por inmigrantes que han recibido ayuda y quieren corresponder. Es frecuente el descubrimiento de historias singulares: un tunecino que hace de sacristán en Milán, un ingeniero de origen siria alcalde de un pueblito de Abruzzo, un empresario piamontés que tiene seis empleados musulmanes sobre los treinta de su empresa y los trata como a hijos, jóvenes turcos y de otros países que estudian en la Gregoriana, unos diez emigrantes islámicos en contacto con el Movimiento de los Focolares, familias observantes que mandan a sus hijos a las escuelas de las monjas o eligen para ellos la enseñanza de la religión católica. Serán entrevistados musulmanes que trabajan en la Asociación Católica de Trabajadores Italianos (ACLI), en Cáritas, en el Centro Astalli e incluso en el Vaticano». La encuesta ha sido conducida con la colaboración de Ciro Fusco y de Emilio Vinciguerra y con el aporte del Servicio Nacional para el Proyecto cultural de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI). Islam – Historias italianas de buena convivencia, de Luigi Accattoli, Ediciones Dehoniane, Bolonia 2004, pp. 222

«Hemos empezado a rezar»

 

Roxana y Susan, la primera es médico, la segunda ingeniero: ambas chiítas iraníes, han conocido el Movimiento de los Focolares en 1990 y desde entonces colaboran con el mismo. La de ellas es una historia singular, así narrada por Roxana: «Cuando estalló la revolución en nuestro país, teníamos 12 años y nos lanzamos con entusiasmo a trabajar por la paz y para que ya no hubiesen más pobres en nuestra sociedad. Pero nos sentíamos pequeñas ante una problemática tan grande: incluso nuestra fe vacilaba y poco a poco nos fuimos alejando de la práctica religiosa y de Dios. Después de graduarnos nos transferimos a Italia para continuar los estudios».

«Después del encuentro con los Focolares –cuenta Susan- hemos descubierto una nueva relación con Dios, nunca antes experimentada. Ese Dios, un tiempo tan lejano, ahora estaba vivo y nos acompañaba en cada momento. Poco a poco nació en nosotros el deseo de profundizar en nuestra religión. Hemos empezado a rezar».

Roxana describe con detalles el redescubrimiento del Islam que siguió: «Fue como si nuestra religión y la cultura de nuestro pueblo se iluminaran bajo una luz nueva. Por ejemplo, volviendo a leer algunas poesías escritas a lo largo de los siglos, hemos encontrado allí la presencia de Dios-Amor: esas palabras, tantas veces repetidas de memoria en la escuela y nunca entendidas, ahora adquirían pleno significado. Rumi, un poeta nuestro, escribe una bellísima poesía: “Con el amor las espinas se transforman en flores… con el amor, el dolor se convierte en alegría”. Un día pensé en escribir una carta a mi tío. Le hablé de cómo me sentía amada por Dios, no obstante los problemas que nunca faltan. Poco tiempo después recibí su respuesta: escribía que era bello sentir a Dios tan cerca y que en el Corán está escrito que Dios está dentro de nosotros como las venas de nuestro cuerpo. Me vinieron a la mente las palabras del Profeta (que la paz esté con Él) quien entre otras cosas dice: “A quien trata de acercarse a mi un palmo, lo acercaré codo; a quien se acerque un codo, yo me acercaré dos pasos, si alguien camina hacia mí, yo correré hacia él”. Me parecía que sólo había caminado hacia Dios y Él había corrido hacia mí, llenándome de su alegría y plenitud ».

Sacado de: Islam – Historias italianas de buena convivencia, de Luigi Accattoli, Ediciones Devoniane, Bolonia 2004, pp. 222

«Livio y los amigos de Marene»

Livio no sólo tiene seis trabajadores musulmanes, sobre un total de treinta –en su empresa de cromado de marmitas, piezas de automóviles y motocicletas, de telares y sillas de ruedas- sino que también es animador del “Grupo de los amigos de Marene (CN) y sus alrededores” que está inspirado en la “regla de oro” del Evangelio: “Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti” (Lc. 6,31). De ese grupo, que comprende también a musulmanes y no creyentes, ha nacido, como un retoño, otro grupo completamente autónomo, compuesto totalmente por senegaleses, que tiene adherentes en Senegal y en Piemonte. Los dos grupos colaboran y –dice Livio- «de una cosa nace otra cosa». Escuchémoslo: «Nuestra aventura tiene menos de diez años. En 1995 participé en un congreso focolarino en Loppiano, abierto a amigos de “convicciones diversas”, donde escuché la propuesta del arte de amar cristiano, como un ideal para proponer a todos. Regresando a casa, le dije a mi esposa, que quería hacer una experiencia distinta, que nunca había intentado en la vida: la del amor desinteresado. Y desde ahora la estamos haciendo con la ayuda de nuestros cuatro hijos. «El grupo nació en 1997. Tiene un local que hemos adaptado para este fin y allí nos vemos todas las semanas. Vienen personas de todas las edades, color y credo. Familiares, vecinos, parientes, amigos y dependientes. Uno atrae al otro. Nos encontramos para escucharnos, ayudarnos y ayudar. «Los musulmanes llegaron así: al primero lo conocimos en una situación de necesidad y decidimos asumirlo aprovechando un pedido más grande de lo común. Lo ayudamos también a encontrar un alojamiento, y se injertó bien en la empresa y nos hizo conocer a otros de sus amigos. A través de los senegaleses que trabajaban con nosotros, supimos que tantos inmigrantes africanos de esta zona provenían de una región de Senegal. Uno de ellos, con su esposa y sus hijos, es nuestro amigo, y ha sido él quien ha llevado la propuesta del ideal a su país. Él y sus amigos siempre dicen que cuando están con nosotros se sienten en familia ». Tomado de: Islam – Historias italianas de buena convivencia, de Luigi Accattoli, Ediciones Devoniane, Bolonia 2004, pp. 222

«Lanzar semillas de fraternidad y de paz para una más profunda comprensión de las riquezas de los demás »

 

Chiara Lubich en contacto con el Islam

Presidente, seis mil musulmanes participan en las actividades, es más forman parte –si entendí bien- de los Focolares: ?no teme que su Movimiento pueda recibir una influencia no controlable?
«No lo pienso. La participación en las actividades del Movimiento, sobre todo el formar parte en diversos modos, no es una improvisación. Ésta exige un serio entrenamiento de vida, compartir objetivos en modo fuerte, atento y participativo. Esto crea entre los miembros del Movimiento, más allá de las diferencias, una profunda unidad espiritual, radicada sobre grandes y reales valores sinceramente compartidos. Unidad que no cancela las diferencias sino que hace de ellas, por el contrario, elementos de enriquecimiento recíproco y –paradójicamente- lleva a una apertura y a una comprensión más profunda de las riquezas de los demás y también de las propias ».

Juzgando por el número de musulmanes involucrados en sus iniciativas, se diría que el Islam constituye hoy – para ustedes – un interlocutor privilegiado, respecto a las otras religiones…
«No diría. Son numerosos también los hebreos con los cuales mantenemos relaciones muy vivas y cordiales. Además tenemos interlocutores en el mundo hindú y en el mundo budista, sobre todo en Tailandia y en Japón –pensemos, por lo que respecta a éste último, a la gran amistad espiritual con el vastísimo Movimiento de la Rissho Kosei-Kai. Y no quiero olvidar los numerosísimos participantes en el espíritu y en las actividades del Movimiento, en África, de las religiones tradicionales: están involucrados grupos tribales enteros, como en Camerún. Los contactos con estas realidades espirituales y culturales tienen lugar a varios niveles: desde el compartir de los aspectos concretos de la vida cotidiana, dolores y alegrías, al poner en común los bienes espirituales y la repartición de los bienes materiales; hasta los encuentros de expertos alrededor de las verdades profesadas por cada uno, para conocerse mejor y conocer las riquezas que Dios siembra en las culturas del hombre. A propósito de esto, en el mes de Abril tendremos, en nuestro Centro internacional de Castelgandolfo (Rm), dos simposios con intelectuales hindúes (con ellos es ya el segundo que realizamos) y budistas respectivamente. Sucesivamente lo tendremos con un grupo de hebreos ».

Quizás el espíritu de los Focolares es el más manso entre los espíritus que soplan en la gran familia católica: ?cómo es que los más mansos han ido a elegir el interlocutor más agresivo?
«Con respecto a la mansedumbre del Movimiento, me parece justo precisar que la misma no es fácil aceptación o irenismo, sino obediencia a una de las bienaventuranzas evangélicas: esa mansedumbre, porque es caridad y no sentimiento, es también fuerza. Por otra parte, no hemos sido nosotros quienes hemos elegido los interlocutores. Nosotros decimos: ha sido Dios quien ha llevado adelante nuestro camino. Después por lo que se refiere a la agresividad en general, me parece que no se debe olvidar la violencia de la que nosotros cristianos hemos sido portadores, y por la cual Juan Pablo II sigue pidiendo perdón. Después, por lo que respecta a la agresividad del Islam, pienso que no debemos en ningún modo generalizar. Conocemos musulmanes fuertemente amantes de la paz, personas de exquisita y auténtica vida espiritual, muy capaces de dialogar. Son precisamente ellos quienes nos hacen ver el Islam bajo una luz diversa de esa con la cual, demasiado a menudo y superficialmente, éste es percibido. Después hay otro punto que hay que tener presente: la mansedumbre en uno de los dos interlocutores, antes o después suscita la mansedumbre en el otro ».

En una carta de 1980 a los Focolarinos, usted daba esta consigna: «Si en sus ciudades hay una mezquita o una sinagoga o algún otro lugar de culto no cristiano, sepan que allí está su lugar ». Repetiría esa indicación después de haber oído las palabras violentas que provienen de las mezquitas?
«La siento más actual que nunca. Ella es, en síntesis, una respuesta a la invitación de Jesús de hacerse todo a todos. Por otro lado, no creo que se pueda decir que desde todas las mezquitas provienen palabras de violencia. Además, nuestra experiencia dice que, si estas palabras son acogidas por espíritus amantes de la paz, a menudo pueden ser redimensionadas, y regresar a quien las ha dicho liberadas precisamente de la violencia, hasta cambiar el ánimo de quien las ha pronunciado».

En Pakistán ustedes han edificado incluso una ciudadela islamo-cristiana, en Dalwal, entre Lahore y Islamabad: ?sobrevivirá al incendio anti-cristiano que acecha en ese país ?
«Lo espero. De todos modos, el futuro está en las manos de Dios. A nosotros nos interesa, viviendo el momento presente, lanzar semillas de fraternidad y de paz. Y si alguna de estas semillas debe morir, esta es una enseñanza evangélica y, según las palabras de Jesús, precisamente por ello podrá dar fruto de esa vida que no pasa ».

?Han recibido críticas externas o desaprobaciones internas –después del 11 de septiembre- por el comentario mensual en idioma árabe, redactado por una teóloga iraní, que paragona pasajes del Corán y del Evangelio?
«Ningún desacuerdo o crítica, que yo sepa. Es más notamos un aumento en las solicitudes, y un ofrecimiento de participación en este tipo de trabajo por parte de otros expertos musulmanes».

Luigi Accattoli

Entrevista publicada en el Corriere della Sera, 13.02.2004