Movimiento de los Focolares
Conmoción y gratitud por Juan Pablo II de parte de hebreos, musulmanes y budistas

Conmoción y gratitud por Juan Pablo II de parte de hebreos, musulmanes y budistas

 Después del paso a la otra vida del Papa siguen llegando, por e-mail, ecos del Movimiento de los Focolares en el mundo. Son particularmente significativas en este momento las expresiones de íntima participación y gratitud por Juan Pablo II de los amigos hebreos, musulmanes y budistas que espontáneamente las han querido comunicar a los centros del Movimiento. Referimos algunos fragmentos. Mundo hebreo Ecos de los amigos hebreos nos llegan desde Argentina y Uruguay«La actitud del Papa ha construido puentes” (Rabino Daniel Goldman – Buenos Aires) – «Habrá un antes y un después en la historia gracias a Juan Pablo II (Rabino Adrián Herbst – Buenos Aires) – “Ha sido el Papa que más ha trabajado en el diálogo hebreo-cristiano. Su grandeza radica en el haber pedido perdón por lo errores cometidos en el pasado y, así como él nos ha definido “los hermanos mayores”, hoy podemos decir que está muriendo Juan Pablo II “nuestro hermano mayor” (el Presidente de la AMIA, Asociación Mutua Israelita Argentina, Abraham Kaul) – “El pueblo hebreo nunca había experimentado un sentimiento así por un Papa, por lo que ha hecho por nosotros” (una amiga hebrea de la Comisión de Asociaciones Femeninas Hebraicas, Uruguay). Mundo musulmán De los ecos llegados desde Turquía, Argelia y Estados Unidos En Turquía las primeras personas que se pusieron en contacto con el focolar de Estambul, ayer, fueron precisamente nuestros amigos musulmanes. – Una mujer, conmovida, decía: “Me perece que mi alma, una parte de mí, se está yendo”. – Un estudiante “Ruego a Dios que no nos deje sin personas como él… También yo, como las personas de todo el mundo, estoy cerca de ustedes en estos momentos de sufrimiento y rezo con los amigos cristianos”. Desde Argelia: Una pareja musulmana recuerda que, cuando el Papa estuvo en Marruecos, les impresionó por su apertura delante de 10.000 jóvenes, en Casablanca. Esta mañana me dijeron: “�El Papa es un santo! Ha hecho mucho por el mundo, ha tenido mucho valor. Ha hecho lo que Dios quería. Estaba en contra de las divisiones y las guerras. Para nosotros ha sido un Padre”. De los Estados Unidos llegan los ecos de algunos Imán con quienes desde hace tiempo los focolares del lugar se mantienen en diálogo: – “En Juan Pablo II vivía la ‘esencia’ de Cristo, sirviendo a todas las personas, no sólo a los católicos, sino extendiendo una mano hacia todos, para que viviéramos una vida mejor. Ha tocado a la puerta de las conciencias de los líderes del mundo para que reconocieran su deber de hacer algo más por las personas que sufren, en todas partes del mundo. Esto me ha atraído y lo he comunicado a mis seguidores” (Imán W. D. Mohammed – líder de 2 millones de musulmanes afro-americanos) – “Con este Papa he sentido una relación personal. He apreciado sobre todo sus palabras al mundo después del 11 de septiembre, cuando dijo que lo que había sucedido no era culpa de la religión. Ha sido muy reconfortante y conmovedor. Lo considero un hermano, un amigo, un miembro de la familia. Me va a hacer falta, pero sé que lo que ha comenzado vivirá para siempre”. (Imán Sultan Salahuddin, Chicago) – “No puedo pensar en otra persona de la historia reciente que tenga tal grandeza e impacto en la sociedad y en el mundo. Ha trabajado para sacar lo mejor de la humanidad”. (Imán Bilal Muhammed, Kansas City) – “Su vida, lo que ha hecho, y su modo de actuar han cambiado la visión del mundo sobre las diferencias étnicas. Lo he observado durante años y he visto los cambios que han ocurrido y que han tenido como un efecto en cadena en toda la humanidad. He apreciado el hecho que ha abrazado el Islam en un momento en el que no era muy popular acercarse a nosotros”. (Ijlal Munir, musulmana y gerente de una empresa de W. D. Mohammed , Chicago) – “Juan Pablo II ha tenido una fuerza espiritual que ha ido más allá de las barreras religiosas. Ha tenido una influencia espiritual fenomenal que nos ha llegado a todos” (Dr. Imán Mikal Ramadam, Chicago) – “Papa Juan Pablo II es uno de los grandes y maravillosos signos históricos del amor por la humanidad del Gran Misericordioso, del Gran Benefactor. Juan Pablo II con su valiente defensa de la libertad, de la justicia y de la igualdad entre los miembros de la familia humana, nos ha hecho recordar nuestra responsabilidad individual y colectiva y utilizar los recursos que Dios nos ha dado al servicio de la humanidad”. (Imán Malik Shabazz, de la mezquita de Beacon – Nueva York) Mundo budista De los ecos llegados desde Japón y de Tailandia. Desde el focolar de Tokio: “Nuestros amigos budistas viven junto con nosotros estas horas con grandísimo afecto e intensidad”. – “Ahora todo el mundo está en oración por Juan Pablo II, figura histórica grandísima, líder excepcional de la paz, porque en él todos ven a Dios” (Rev. Nissho Takeuchi, de la Nichirenshu, Templo Myokenkakuji – Osaka) – Un budista que estuvo en Roma y se encontró con el Papa: “Mi niña, que ahora tiene 9 años, de pequeña recibió una caricia en la cabeza por parte del Papa. Todavía ahora tengo viva en mis ojos la figura de Juan Pablo II que nos hizo sentir ese calor, aunque nosotros no éramos cristianos. También yo, como hombre, quiero vivir mi vida siguiendo el corazón del Papa. Me surge sólo decirle ‘gracias’. Y que pueda descansar en paz”. (Koichi Kawamoto, del movimmiento Rissho Kosei Kai) – La figura del Papa ha sido para mí un modelo de vida. En una audiencia pública en la Plaza San Pedro vi al Papa que saludaba primero a las personas enfermas o en silla de ruedas, “perdiendo” tiempo con toda esta gente. Y vi que lo hacía con mucho amor, descubriendo así que para el Papa la existencia de estas personas es “preciosa”. Regresando en el Japón quise hacer lo mismo siguiendo su ejemplo: llamé a las personas con discapacidades o enfermas de los templos budistas que tengo confiados para saludarlas y conocerlas” (Rev. Yasuo Koike – responsable del Movimiento Rissho Kosei Kai de Chiba, cerca de Tokio) Los amigos budistas del Movimiento de los Focolares de Tailandia se unen al mundo cristiano para rezar por él, con afecto y respeto profundo y nos hacen sentir su cercanía espiritual. – En la sala del Gran Maestro Ajhan Thong, en Chiang Mai, resalta una gran foto de él con el Santo Padre con ocasión de una audiencia en el Vaticano. Desde entonces habla a menudo a sus seguidores de la grandeza espiritual del Papa para todo el mundo. En estos días reza en un modo especial por el Papa. – El monje Phramaha Thongrat en una llamada telefónica, ha dicho que el Papa no sólo es su gran hermano, �es su padre! (Los budistas tailandeses llaman “padre” o “madre” a personas de alta espiritualidad, guías espirituales importantes para sus vidas). Y quiso dedicarle una poesía: Mi padre fue al Paraíso En los largos años que mi padre moraba en el Vaticano, brillaba lo bello y reinaba la alegría. Hoy sin él la ciudad está vacía. Desorientación, dolor y lágrimas: todo habla de su inmenso amor. Si, amor es la palabra que él ha pronunciado para el mundo entero. Su mensaje ha cambiado el recorrido de cada hombre. Su herencia permanecerá por siempre, hasta los últimos confines de la tierra: fundamento para la paz verdadera, de un mundo que el mal no volverá a conocer. Hoy mi padre ha ido al Paraíso; ha concluido su camino terreno y se va… pero su corazón estará siempre lleno de una alegría que se desborda. mi padre nos ha indicado el camino de los sabios que lleva a la sabiduría eterna. Phramaha Thongrat, monje budista

Comentario de Chiara Lubich de la Palabra de vida del mes de abril 2005

Jesús solía hablar por medio de imágenes y parábolas. Era un modo simple y eficaz de enseñar las verdades más profundas que traía con él. La semejanza del pastor con su rebaño, en la cual se integra esta Palabra de Vida, les recordaba a sus oyentes escenas familiares de la vida cotidiana. Jesús habla de ladrones y asaltantes que, como lobos rapaces, hacen estragos con el rebaño. En cambio él se compara a un buen pastor, aquel a quien realmente le interesan sus ovejas, las guía y las defiende, hasta el punto de jugarse la vida, si fuera necesario.
Sólo que, más allá de las palabras, esto en Jesús se vuelve realidad: él realmente murió en la cruz “para que tuviéramos Vida” (1).

«Yo he venido para que tengan Vida…»

Vino porque el Padre lo envió a traernos su vida divina. En efecto, Dios ha amado tanto al mundo que le dio a su hijo, para que quien cree en él no muera, sino que tenga la vida eterna (2).
La vida que Jesús vino a traernos no es la simple vida terrenal, que hemos recibido de nuestros padres. En efecto, la vida que él nos dona es “vida eterna”, es decir, la participación en su vida de Hijo de Dios, el ingreso en la comunión íntima con Dios: es la misma vida de El. Jesús nos la puede comunicar porque él mismo es la Vida. “Yo soy la Vida” (3), ha dicho de sí mismo, y “de su plenitud todos nosotros hemos participado” (4).
Pero, pero sabemos, la vida de Dios es el amor.
Jesús, hijo de Dios que es amor, al venir a esta tierra, vivió por amor, y nos trajo el mismo amor que arde en él. Nos dona la misma llama de ese infinito incendio y nos quiere “vivos” de su vida.

“… y la tengan en abundancia”

Dado que Jesús no sólo posee la vida, sino que “es” la Vida, él la puede dar en abundancia, así como da también la plenitud del gozo (5).
El don de Dios siempre es sin medida, infinito y generoso como él. Por eso, Dios sale al encuentro de las aspiraciones más profundas del corazón humano, a su hambre de una vida plena y sin fin. Sólo él puede colmar el ansia de infinito. Su vida, en efecto, es “vida eterna”, un don no sólo para el futuro, sino para el presente. La vida de Dios en nosotros comienza ya desde ahora y no muere más.
¿Cómo no pensar en esos cristianos realizados que son los santos? Se muestran tan plenos de vida que la desbordan a su alrededor.
¿De dónde provenía esa mirada universal de San Francisco, capaz de acoger a los pobres, encontrarse con el Sultán, reconocer en toda criatura a sus hermanos y hermanas? ¿De dónde provenía ese amor laborioso de la Madre Teresa de Calcuta, que se hizo madre para todo niño abandonado, y hermana para cada persona sola que encontraba? Ellos poseían una vida extraordinaria, la que les había dado Jesús.

«Yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia»

¿Cómo vivir esta Palabra?
Recibamos la vida que Jesús nos dona, y que ya vive en nosotros por el bautismo que hemos recibido y por nuestra fe. Vida que siempre puede crecer, en proporción a cuanto amemos. Es el amor el que hace vivir. Quien ama, dice San Juan, permanece en Dios6, participa de su misma vida. Sí, porque si el amor es la vida y el ser de Dios, el amor es también la vida y el ser del hombre. Como también es verdad que todas las veces que no amamos, es como si no viviéramos.
Un testimonio elocuente de ello ha sido la partida al Cielo de Renata Borlone, una focolarina de la cual en estos días se ha iniciado su causa de beatificación. Al haber aceptado con todo el corazón, como voluntad de Dios, la noticia de la muerte inminente, decía que quería dar testimonio de que “la muerte es vida”, es resurrección, y se hizo el propósito de demostrarlo, con la ayuda de Dios, hasta el final. Y lo logró, transformando así un acontecimiento luctuoso, en un tiempo de Pascua.

Chiara Lubich

1) I Jn 4, 9;
2) Cf Jn 3, 16;
3) Cf Jn 14, 16;
4) Jn 1, 16;
5) Cf Jn 17, 13;
6) I Jn 4, 16.

 

Feliz Pascua de Resurrección

Feliz Pascua de Resurrección

 Cada año nos sentimos envueltos por una atmósfera especial. Y no puede ser de otro modo, porque en estos días recordamos y revivimos, condensados, muchos misterios de nuestra fe. En efecto estos son los días del amor, porque todo lo que recordamos es amor. Jueves Santo Amor el sacerdocio que posee un carácter ministerial, es decir de servicio y es por lo tanto amor concreto. Amor la Eucaristía en la que Jesús nos da todo sí mismo. Amor la unidad, efecto del amor, que Jesús ha invocado al Padre: “Que todos sean uno, como tú y yo”. Amor ese mandamiento que Jesús conservó en su corazón toda su vida, para revelarlo el día entes de morir. “Ámense, como yo los he amado. De esto conocerán que son mis discípulos, si se aman recíprocamente”. No podemos pasar este día sin un momento de reflexión, en el que expresemos a Jesús la total adhesión de nuestra alma a ese mandamiento que llamó “suyo” y “nuevo”. Un mandamiento que no ha dejado sin explicación, cuando agregó: “Ninguno tiene un amor más grande que quien da la vida por sus amigos”. Viernes Santo Es precisamente con la muerte en Cruz, el Viernes Santo, que Jesús nos imparte la altísima, divina, heroica lección de qué es el amor. Había dado todo: una vida junto a María, de privaciones y en la obediencia. Tres años de predicación revelando la Verdad, dando testimonio del Padre, prometiendo el Espíritu Santo y haciendo toda clase de milagros de amor. Tres horas en la cruz, desde la cual da el perdón a sus verdugos, abre el Paraíso al ladrón, nos dona a nosotros la Madre y, finalmente, su Cuerpo y Sangre, después de habérnoslos dado místicamente en la Eucaristía. Le quedaba la divinidad. Su unión con el Padre, que lo había hecho tanto potente en la Tierra, como Hijo de Dios, y tanto regio en la cruz, tenía que dejar de hacerse sentir, desunirlo en cierto modo de Aquél que había dicho que era uno con Él: «El Padre y yo somos uno” (Jn. 10,30). En Él el amor se había anulado, la luz apagado, la sabiduría callaba. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en quien todos nosotros nos encontramos, experimentara la separación del Padre. Tenía que experimentar el abandono de Dios, para que nosotros no estuviéramos nunca más abandonados. Jesús supo superar tan inmensa prueba volviéndose a abandonar en el Padre. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23,46) – y así ha vuelto a componer la unidad rota de los hombres con Dios y entre ellos. Y se manifiesta en nosotros ahora como remedio de toda desunidad, como llave de la unidad. Ahora nos toca a nosotros corresponder a esta gracia y hacer nuestra parte. Porque Jesús se ha recubierto de todos nuestros males, nosotros podemos descubrir detrás de cada dolor, de cada separación nuestra, a él mismo, su rostro. Lo podemos abrazar en los sufrimientos, en las divisiones, y decirle nuestro sí como hizo Él, volviéndose a someter a la voluntad del Padre. Y Él vivirá en nosotros –quizás todavía adolorados- como Resucitado; lo demostrará la paz que regresará a nosotros. Pascua de Resurrección Jesús es fiel a su promesa: “donde dos o más están reunidos en mi nombre, es decir en mi amor, yo estoy en medio de ellos”. Sí, donde dos o más están unidos en Su amor se hace presente el Resucitado, y trae consigo los dones del Espíritu: luz, alegría, paz, amor. Es la experiencia hecha con estupor desde los inicios cuando en Trento, durante el segundo conflicto mundial, con mis primeras compañeras, hicimos nuestro ese mandamiento: ámense como yo los he amado y estrechamos un pacto: : “yo estoy dispuesta a morir por ti, yo por ti…”. Y �es precisamente el Resucitado lo que el mundo espera hoy! Espera testigos que puedan decir a todos, en verdad: lo hemos visto con los sentidos del alma, lo hemos descubierto en la luz con la que nos ha iluminado; lo hemos tocado en la paz que nos ha infundido; hemos sentido su voz en el fondo del corazón; hemos gustado su gloria inconfundible. Podremos así asegurar a todos que Él es la felicidad más plena y devolver la esperanza al mundo.