Movimiento de los Focolares

Comentario de Chiara Lubich de la Palabra de vida del mes de Marzo 2005

No hay en nuestra vida una realidad más misteriosa que el dolor. Querríamos evitarlo pero, tarde o temprano, siempre llega. Desde un banal dolor de cabeza, que parece contaminar las acciones cotidianas más simples, hasta el disgusto por un hijo que toma por un camino equivocado; desde el fracaso en el trabajo, hasta el accidente de tránsito que nos arrebata un amigo o un familiar; desde la humillación por un examen no aprobado, hasta la angustia por las guerras, el terrorismo, las catástrofes ambientales…
Ante el dolor nos sentimos impotentes. Incluso quien está a nuestro lado y nos quiere, muchas veces es incapaz de ayudarnos a resolverlo; y sin embargo a veces nos basta con que alguien lo comparta con nosotros, quizás en silencio.
Esto es lo que hizo Jesús: vino a estar junto a cada hombre, a cada mujer, hasta compartir todo lo nuestro. Y más todavía: cargó con nuestro dolor a sus espaldas y se hizo dolor con nosotros, al punto de gritar:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado»

Eran las tres de la tarde cuando Jesús lanzó ese grito al cielo. Hacía tres largas horas que colgaba clavado de pies y manos en la cruz.
Había vivido su breve vida en un constante acto de entrega a todos: había curado enfermos y resucitado muertos, había multiplicado panes y perdonado pecados, había pronunciado palabras de sabiduría y de vida.
Luego, ya en la cruz, perdona a los verdugos, abre el Paraíso al ladrón, y finalmente nos entrega a nosotros su cuerpo y su sangre, después de que ya nos los había dado en la Eucaristía. Y por último grita:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado»

Sin embargo, Jesús no se deja vencer por el dolor. Como por una alquimia divina, lo transforma en amor, en vida. En efecto, precisamente cuando parece experimentar la lejanía infinita del Padre, con un esfuerzo inmenso e inimaginable cree en su amor y se vuelve a confiar totalmente a él: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”1.
Restablece la unidad entre el Cielo y la tierra, nos abre las puertas del Reino de los Cielos, nos convierte plenamente en hijos de Dios y hermanos entre nosotros.
Este es el misterio de muerte y de vida que celebramos en estos días de Pascua de resurrección.
Es el mismo misterio que experimentó en plenitud María, la primera discípula de Jesús. También ella, al pie de la cruz, estaba llamada a “perder” lo más precioso que podía tener: a su Hijo Dios. Pero, en ese momento, justamente porque acepta el plan de Dios, se convierte en Madre de muchos hijos, Madre nuestra.

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado»

Con su dolor infinito, precio de nuestra redención, Jesús se solidariza totalmente con nosotros, carga con nuestro cansancio, con nuestras ilusiones, nuestras incertidumbres, nuestros fracasos, y nos enseña a vivir.
Si él ha asumido todos los dolores, las divisiones, los traumas de la humanidad, tengo que pensar que donde veo un sufrimiento, en mí o en mis hermanos o hermanas, lo veo a él. Todo dolor físico, moral, espiritual me recuerda a él, es una presencia suya, un rostro suyo.
Puedo decir: “En este dolor te amo a tí, Jesús abandonado. Eres tú, que haciendo tuyo mi dolor, vienes a visitarme. ¡Por eso te abrazo!”.
Si luego nos ponemos enseguida a amar, a responder a su gracia, a querer lo que Dios quiere de nosotros en el momento siguiente, a vivir nuestra vida por él, probamos que, por lo general, el dolor desaparece. Y esto sucede porque el amor atrae los dones del Espíritu: alegría, luz, paz. Resplandece entonces, en nosotros, el Resucitado.

Chiara Lubich

 

La impresión de haber encontrado un santo. Un recuerdo que no se borrará nunca

La impresión de haber encontrado un santo. Un recuerdo que no se borrará nunca

De mons. Giussani tengo un recuerdo que no se borrará nunca. Tuve con él un coloquio personal en Milán, en noviembre de 1998, poco después del histórico encuentro de los Movimientos con el Papa en la Plaza de San Pedro, la vigilia de Pentecostés de ese año. Es una de las pocas veces que he tenido la impresión de encontrar a un santo, una santidad conquistada con no pocos sufrimientos. Después, ha sido fuerte otra impresión, que he repetido a sus colaboradores: “�He encontrado un carisma auténtico!”.

El Papa, en esa vigilia de Pentecostés, nos había pedido “comunión y compromiso”.Era por este motivo que yo había ido a Milán. Ese encuentro con el Papa fue para todos nosotros, como Mons. Giussani después escribió también en una carta a su Fraternidad, “la jornada más grande de nuestra historia”. Y agregaba: “Lo dije también a Chiara y a Kiko, a quienes tenía a mi lado en la Plaza San Pedro: �cómo se hace, en estas ocasiones, a no gritar nuestra unidad?”. “Nuestra responsabilidad es por la unidad, hasta valorar incluso la más mínima cosa buena que hay en el otro”. Desde entonces no faltaron las ocasiones para hacer crecer el conocimiento recíproco y la comunión, sea personal que como Movimientos, en Italia y en otros países. En el corazón me queda una inmensa gratitud por su vida gastada sin medida al servicio de un carisma que ha inyectado a la Iglesia una nueva corriente de intensa vida espiritual, abriendo de par en par, a miles de hombres y mujeres del mundo, el encuentro personal con Jesús y suscitando tantas obras concretas como respuesta a las expectativas de nuestro tiempo. Ahora la mía, nuestra oración, es, no sólo por él, sino por su Obra, en la certeza que producirá nuevos y abundantísimos frutos del Espíritu. Chiara Lubich

Desde Tailandia: respuestas del alma en el post-tsunami

  «Después de estos eventos ya no se logra ser como antes. Me sucede que me despierto en la noche y pienso en mis hermanos y hermanas del sur. Conozco estas zonas: son verdaderas perlas de belleza. Está todo destruido: cosas y vidas humanas… Resuenan dentro las preguntas que desde hace milenios nos persiguen y nos interpelan: “�Qué es el hombre? �Qué es la vida que estamos viviendo?” Resuena en todo el país este grito: “�Por qué… por qué todo esto?” Este dolor surca el aire, con el terrible hedor de los cuerpos en descomposición. No se puede caminar ni siquiera un metro sin ver uno. Budistas y cristianos están de acuerdo en afirmar que el trabajo más grande post-catástrofe será el espiritual: dar una respuesta a esta sensación de extravío que atenaza las almas de muchos. No se pueden contar las personas que de repente, después de meses y meses de escasez de donadores, �se han volcado literalmente a las calles de los hospitales, en busca de una jeringa para donar su sangre! Sí, hay demasiados donadores, tantos que, ya dos veces, un amigo y yo, hemos tenido que devolvernos. Sigo sin dormir durante la noche: escucho los gritos de la gente que sufre y de los miles que corren para socorrerlos. Volviendo a casa encuentro en una pequeña caja blanca: son los ahorros de un estudiante de Ciencias Políticas, quien con sus amigos, en pocas horas, ha recogido una buena cantidad de dinero: sin embargo lo consideraban un “insensible”… Pocas horas antes un muchachito nos trajo su bolsa de ropa “para los nuestros del sur”. Lo mismo otra familia: todos corren, todos hacen algo. Uno de nuestros amigos me pidió el carro prestado: finalmente tenía una buena ocasión para hacer algo positivo con su vida, distribuyendo una buena cantidad de ropa superflua: imposible usar la moto. El pueblo ha cambiado, la gente está transformada. Desde hace veinte años conozco los tai, y nunca los he visto así, en donación y todos juntos. Están felices de estar aquí, de llorar por sus muertos que ahora son míos y con muchos hacer lo que es posible. Todos se han movilizado: también el helicóptero de una princesa, que transportará a un pequeño sueco de pocos meses, salvado por milagro. Pienso en esa actriz que reconocí en medio de las ayudas, de los paquetes, de las medicinas por distribuir. Se veía en sus ojos luminosos que el amor nos ilumina dentro, nos transfigura. Incluso ese ricachón, con su paracaídas motorizado, vino al sur para sobrevolar la zona del desastre y advertir sobre la presencia de cadáveres. Recuperar los cuerpos en descomposición es la alarma del momento. Este país, por lo tanto, no sólo es sensible a los boletines económicos, sino que también sabe llorar por sus muertos como por aquellos que habían venido aquí sólo para unas vacaciones y han perdido la vida. Somos hombres, somos hermanos es la respuesta que me nace dentro en estas horas post-tsunami. La solidaridad que respiras en el aire caminando por las calles es más fuerte que el odio estúpido y ciego que las noticias de guerra te querrían presentar. La gente le presta atención a las miles de historias de solidaridad “hasta dar la vida”, nacidas durante y después de la ola. Una joven inglesa llora por un desconocido tailandés con una camiseta roja, que la salvó haciéndola aferrarse a un árbol. Después él desapareció en el agua. Nos miramos todos, incluso al semáforo, con ojos diferentes. Se anulan distancias y distancias. Ya no nos aturde el éxito, la salud, el bienestar. �Habría podido estar yo en su lugar! Es esto en definitiva el sentido de la vida, y la tragedia te lo revela: el amor nace del dolor, vivido y superado a favor del otro ser humano. Por esto tengo confianza que ese “que todos sean una cosa sola” un día se realizará. (L. B. – Tailandia) Sacado de CN n. 2/2005

No olvidamos las víctimas del Tsunami

No olvidamos las víctimas del Tsunami

Las adopciones a distancia y los proyectos de reconstrucción y apoyo económico se mueven juntos para garantizar ya sea un primer aporte, para hacer frente así a la emergencia, que una ayuda económica que apunte al restablecimiento y al desarrollo económico y social. Gracias a nuestros amigos musulmanes en Indonesia, se han abierto algunos caminos para favorecer las ayudas a la población. Las primeras intervenciones Hasta el 1º de febrero habían llegado a la AMU 280.000 € provenientes de todo el mundo, también de las zonas más pobres. De este modo han iniciado algunos proyectos en India, Indonesia y Tailandia. India De Madras, Tamil Nadu, una joven con el hermano y sus amigos ha organizado una red de ayuda a las personas del lugar. Con la suma enviada está manteniendo 14 niños que no llegan a los dos años, algunos adultos enfermos, ha adquirido medicinas para un hospital de las hermanas franciscanas de Madras, y ahora propone la adquisición de redes de pesca para 333 familias de Nargecoil y material escolar para 250 niños. He aquí lo que nos escribe: «En Nargecoil hay familias que como trabajo producen redes de pesca. Pero han perdido casi todo. Con nuestra ayuda podrían retomar el trabajo. Cada familia de pescadores tiene necesidad de una red de 5 Kg. Los pescadores viven en una aldea en Kovalam en el Tamil Nadu que dista alrededor de dos horas de Mandras. De este modo podríamos ayudar sea a las familias que producen redes, que a las que tienen necesidad. Los pescadores son católicos, hindúes y musulmanes. El obispo de Kovalam ya ha intervenido, pero han quedado todavía 333 familias sin ninguna ayuda. Un cardiólogo de Madras ha donado una gran embarcación y si las familias tienen las redes la pueden usar juntos. De hecho estas familias no quieren tanto el plato de arroz que el gobierno pasa todos los días, teniendo que recorrer larguísimas distancias para tener su ración, sino que estarían felices de recibir una ayuda para poder volver a trabajar. Mi hermano y su amigo fueron ayer a ver la situación para transportar las primeras redes desde Nargecoil a Kovalam (700 Km.). Encontraron el transporte gratis: unos autotanques de gasolina y los camiones que transportan las bombonas de gas. El total necesario para estas redes será de 7.200 Euro.

“Existen dos escuelas católicas. Los niños están traumatizados y es necesario ayudarlos a volver lo más pronto posible a la escuela para regresar a la normalidad. Ya hemos logrado encontrar los uniformes y los zapatos, la pequeña pizarra donde escriben, un cuaderno… faltan todavía 250 niñas. El total del gasto sería alrededor de 1000 Euros”. Indonesia Entre los varios proyectos hemos comenzado uno de sostén alimenticio y escolar de 400 niños de Aceh, Nias y refugiados en Medan, mientras esperamos adopciones a distancia regulares; un sostén a las actividades de E., musulmana, que lleva ayuda a un campo de prófugos musulmanes en Aceh; comenzó a funcionar un primer «campo de trabajo» en Sumatra: desde el 5 hasta el 13 de febrero, durante los días de vacaciones por el año nuevo Chino, desde Singapur dos grupos de jóvenes se pusieron en viaje para ayudar con el propio trabajo y el dinero enviado de la AMU a las personas afectadas por el Tsunami. Estos jóvenes prestarán sus servicios en Aceh, guiados por un pastor metodista, y en Nias, por un párroco católico. Para cubrir estas necesidades ya ha sido asegurado un primer financiamiento de 36.000 Euros Thailandia Hemos decidido colaborar con el proyecto de la Conferencia Episcopal tailandés para relanzar la economía local. a través de la compra de lanchas para los pescadores afectados por el tsunami. Fueros destinados a tal fin 50.000 Euro.