Movimiento de los Focolares

Sentía que estaba cayendo en la nada….. después la fuerza para llegar al tratamiento

No tenía la capacidad de admitir que estaba enfermo de alcoholismo. Por otro lado sentía vergüenza porque no lograba resistir ante el alcohol, pero rechazaba todo intento de los demás de ayudarme. En esta creciente angustia le imploré a Dios que me concediera la gracia.
Era evidente, yo era frágil como un vaso de arcilla, pero estaba seguro de que Él me podía abrir de par en par una vía de salida.
Una mañana en un almacén de muebles, empecé un coloquio personal, abierto, profundo, con un amigo. No era una simple conversación, sino un intercambio esencial, exigente, con momentos durísimos, pero saludables: el amigo me ofreció cualquier tipo de apoyo, con tal de que yo me decidiera a salir de mi enfermedad.
Este sacar al sol mi situación y admitir por mi parte la debilidad, me liberó. Me sentía profundamente nada, pero al mismo tiempo estaba seguro del amor de Dios, en quien confiaba, y del amor de mi amigo. Y advertí la fuerza de encaminarme hacia un fuerte tratamiento a nivel médico, psíquico y espiritual: un camino exigente y duro.
Poco a poco desapareció la sensación de aislamiento. Experimenté el perdón y empecé a perdonar también yo. Conquisté la sinceridad y también la justa humildad, conociendo mis virtudes y mis defectos. A un cierto punto dejé de lado todas mis metas, abandonándome a los planes de Dios y elegiendo como nunca antes a Jesús Crucificado como mi único bien. Me pareció el boleto de entrada a una nueva vida.
Ahora vivo con una alegría de todo especial, como una persona que ha renacido. A pesar de que en el trabajo el alcohol está siempre a la mano, ya ha pasado un año y medio sin recaídas. Los médicos se maravillan y lo consideran un milagro. Yo veo la gracia recibida.

X.E. Austria

“Mina de oro”: sobre las huellas de los grandes santos españoles

Al encontrar a Ignacio en Manresa, a Teresa en Ávila, a Juan de la Cruz en Segovia, encontré a gigantes de la santidad que alcanzaron gloriosamente la meta, recorriendo un camino espiritual que conduce individualmente a Dios.

Los episodios extraordinarios de sus vidas, las palabras santas que dijeron, esas divinas que escucharon, los diversos ambientes que los recuerdan y que todavía conservan el perfume del amor ardentísimo a Dios de estas almas elegidas, produjeron en mí un notable, fuerte efecto. Excavaron un deseo insaciable: ir a fondo, desarrollar al máximo nuestra relación personal con Dios. Advertí dentro de mí la urgencia, la necesidad y la belleza de revisar los momentos sagrados que la voluntad de Dios sobre nosotros ha reservado para esta finalidad, y de poner en práctica, con un empeño multiplicado, los momentos de oración durante la jornada. Para nosotros son “el vestido” que nos ponemos, la premisa para poder salir a amar a los hermanos.

Sí: �el vestido! Pero �de qué vestido se trata? Es el vestido de oro de la unión con Dios. Es y debe ser oro, oro, oro. Y puede convertirse en una mina de oro si lo mejoramos amando, por Dios, a los hermanos.

Empecé a vivir así, tratando de perfeccionar, casi de esculpir esos momentos.

�Y cuál fue el primer resultado?

Tal vez porque “A quien tiene le será dado”, cada día que pasa experimento el empuje de hacerlo mejor, cada vez mejor, como si nunca fuera suficiente.

Pero el efecto más fuerte, extraordinario yo diría, de todo este empeño ha sido, paradójicamente, ver con mayor claridad y precisión y sentirme atraída por todas esas palabras de la Escritura, del Nuevo Testamento, que mejor corresponden al aspecto típico, sobre todo comunitario de nuestra espiritualidad y permiten su realización. Por ejemplo: “Que todos sean uno” (cf. Jn 17, 21), y aquí son necesarios los hermanos; “Ámense mutuamente como yo los he amado” (cf.Jn 15,12), y aquí se necesita el hermano; “Ámense profundamente los unos a los otros” (cf 1Ped 4,8), etc. Palabras que se refieren a mí con mis hermanos. Palabras que, si bien las ponemos en práctica después de habernos puesto el vestido que les dije, sin duda deben, de algún modo, por una trama divina, precederlo, para que nuestra vida se realice plena y cristianamente.

�Acaso no es necesario dejar la ofrenda en el altar – una de nuestras prácticas – para reconciliarse con el hermano, si hiciera falta?

Pero esto no es todo. Advertí la atracción, la importancia que tienen para nosotros otras Palabras de la Escritura que alcanzan sin duda, la necesaria, cristiana renuncia, la anulación de sí tan admirada por ejemplo en los santos españoles. Anulación que no es perseguida directamente sino por medio de lo que nosotros llamamos la visibilidad de nuestras acciones para la gloria de Dios. Son por ejemplo: “Ustedes son la luz del mundo (…) debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo” (Mt 5,14-16). “Glorifiquen al Padre que está en el cielo” , y no a nosotros; otra vez la renuncia a sí mismo, a nosotros.

Sentí también la atracción de otras Palabras que piden que mostremos al mundo no tanto las renuncias que el Evangelio requiere a todos los cristianos, cuanto la riqueza y la belleza de los dones de Dios, que como Padre nos da. Como esa referida al “céntuplo” que el Evangelio promete a quien deja todo (y aquí está la pobreza, el desapego); o la que dice ”Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, �cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! ” (Mt 6,28-30). Siempre y cuando tengamos fe en él, renunciando – y aquí está la anulación – a preocuparnos.

Son aspectos que nos parece que pueden mostrar un rostro nuevo de la Iglesia: el del Resucitado.

Tendremos la oportunidad de seguir profundizando estos aspectos de la vida cristiana. Pero es necesario renacer espiritualmente, viviendo este lema: “Oro más oro = mina de oro”. Es decir, oro, ahondando en la unión con Dios, en la oración; más oro, amando, amando a los demás, amando desde la mañana hasta la noche, amando siempre. Si recogemos amor en la unión con Dios, y recogemos amor amando a los hermanos, nuestro corazón se vuelve una mina de oro, y puede derramar este oro sobre el mundo.

Suscitar por doquier fragmentos de fraternidad por la paz entre los pueblos: el compromiso de cristianos e hindúes

Suscitar por doquier fragmentos de fraternidad por la paz entre los pueblos: el compromiso de cristianos e hindúes

   

Chiara Lubich salió el 4 de enero para un nuevo viaje a India. En programa encuentros de diálogo con hindús y miembros de otras religiones, y con la Iglesia local: Obispos, sacerdotes, religiosos, y adherentes a muevos movimientos y comunidades eclesiales. Etapar previstas: Mumbai (Bombay), Coimbatore (en el Tamil Nadu), Delhi. El viaje apunta a consolidar el diálogo iniciado hace dos años con algunas instituciones gandhianas en el Tamil Nadu y con la Universidad Somaiya de Mumbai, y a profundizar los contactos establecidos con el Movimiento Swadhyàya con ocasión de la Jornada de oración por la paz, de Asís, del 24 de enero de 2002. En especial, en seno a este último, el jueves 16 de enero, en un estadio de Mumbai, encontrará a miles de jóvenes del Movimiento hindú Swadhyàya, difundido en todo el País.

El evento que ha suscitado sorpresa recíproca por los muchos elementos comunes ha sido el encuentro con la Swadhyaya Family, un vasto movimiento hindú con más de 8 millones de adherentes, fundado por Shri Pandurang Shastri Athavale, conocido como Dada-ji (maestro, hermano mayor). Enseña que Dios reside en cada ser humano y que el cumplimiento de la unidad espiritual llevará a la solución de los problemas mundiales. El primer contacto tuvo lugar precisamente con ocasión de la Jornada de la paz de Asís, en la que tomaron la palabra sólo dos mujeres: Didi Talwakar, hija y heredera espiritual del fundador de la Swadhyaya Family y Chiara Lubich. En el primer encuentro, que tuvo lugar en Rocca di Papa, fue común el descubrimiento de la sintonía entre el espíritu de la Swadhyaya Family y del Movimiento de los Focolares. Y esto les hizo experimentar una profunda fraternidad. En Mumbai/Bombay se registraron otros dos importantes encuentros que han señalado una profundización en el diálogo iniciado hace dos años, cuando Chiara Lubich realizó su primer viaje a India: en el Somaiya College, instituto a nivel universitario con 25.000 estudiantes y más de 30 facultades y departamentos, una de las instituciones hindúes más comprometidas en el diálogo interreligioso; y en el Bharatiya Vidya Bhavan, centro cultural parauniversitario que cuenta con un centenar de sedes en India y quince en el extranjero, nacido para el redescubrimiento de las raíces de la cultura hindú y para su desarrollo. Un organismo del que hacen parte hindúes, musulmanes, cristianos, zoroastrianos y budistas. Chiara llegó a India el 4 de enero. El primer encuentro lo tuvo con el Cardenal Dias, arzobispo de Mumbai y con su predecesor el Cardenal Simon Pimenta, para iniciar su viaje en plena comunión con la Iglesia local. El Cardenal Dias la había invitado también a llevar su carisma de unidad al clero, seminaristas, religiosos, y religiosas de la diócesis, con quieres Chiara se encontró el 9 de enero; y a participar, el 12 de enero, en el 3� Encuentro de los Movimientos Eclesiales que han emprendido un camino de comunión: estaban presentes más de 3500 personas, de 16 Movimientos y asociaciones. Chiara Lubich acaba de regresar de India, mientras que sus colaboradores han viajado a Coimbatore, en el Tamil Nadu, y proseguirán después para Delhi. Allí les espera un denso programa de encuentros con el mundo hindú y con las iglesias locales. (27-01-2003)