Movimiento de los Focolares

Tsunami y terremoto en Indonesia

Más de 1.200 cadáveres se encontraron después del terremoto y el tsunami que afectó a la isla de Sulawesi. El sitio del Vaticano informa que “se encontraron 1.203 cuerpos, pero algunos todavía no han sido identificados o recuperados”, dijo Insan Nurrohman, vice presidente de Aksi Cepat Tanggap, una de las principales ONG de Indonesia. Los socorristas trabajan sin descanso. Lograr sacar a las personas que todavía están vivas es una tarea delicada. “El gobierno está mandando maquinaria pesada para liberar los escombros –afirma Matteo Amigoni, responsable de Cáritas italiana para Indonesia y Filipinas- pero hay que sortear el problema de la falta de electricidad y gasolina, que no permite utilizar los medios”. En el Angelus, el Papa Francisco dijo: “Rezo por los difuntos, tristemente numerosos, por los heridos y por cuantos han perdido la casa y el trabajo. Que el Señor los consuele y sostenga los esfuerzos de quienes están comprometidos en llevar socorro”.

Ancianos, las raíces de todo pueblo

“Ustedes, que han atravesado muchas estaciones, son el vivo testimonio de la constancia en la adversidad, pero también del don de la profecía, que recuerda a las nuevas generaciones que la atención y la protección de quienes nos han precedido son agradables y apreciadas por Dios, y que gritan a Dios cuando no les ponemos atención”. Al pronunciar estas palabras, el 24 de septiembre pasado, el Papa Francisco se dirigió a las personas ancianas presentes en la Catedral de Santiago, en Riga (Letonia), pero también a todos los ancianos del mundo, a quienes el 1° de octubre está dedicada una Jornada internacional. “Ustedes que se han prodigado en cuerpo y alma, que han dado la vida en pos de la libertad de su patria, a menudo se sienten olvidados. Aunque suene paradójico, hoy, en nombre de la libertad, los hombres libres someten a los ancianos a la soledad, al aislamiento, a la falta de recursos y a la exclusión, incluso a la miseria. (…) Ustedes que han atravesado muchas estaciones, no olviden que son las raíces de un pueblo”.

Evangelio vivido: La única ley es la del amor

Separación Nunca me hubiera imaginado que nuestros padres se podían separar. Pero, en cambio, sucedió y en ese momento – con una incógnita por el futuro y la certeza de que ya nada sería como antes – me invadieron pensamientos tristes y confusos. Nosotros, tres hermanos, nos quedamos con mamá, una “súper mamá”, como la llamamos. Pero todo había cambiado. Antes nunca habíamos tenido problemas en el colegio, y ahora empezábamos a tenerlos. Cuando nos dimos cuenta de eso, nos esforzamos más, sobre todo para darle una alegría a ella. Vivir sin un padre no es fácil, pero desde pequeños nuestros padres y abuelos nos habían enseñado a no juzgar. Uno de los momentos más bellos es cuando rezamos todos juntos y le pedimos a Dios que se cumpla su plan sobre cada uno. J. P. L. – Colombia Alumno difícil Muchos años atrás llegó a mi clase un alumno particularmente difícil, porque tenía una situación familiar complicada. A veces tenía reacciones violentas, y entonces algunos padres presentaron una queja al Director. Frente a la posibilidad de que se lo expulsara obtuve el permiso de poderme ocupar personalmente de él; por lo tanto avisé a mis colegas y conseguí también la colaboración de los alumnos. Al mismo tiempo una familia de amigos tomó contacto con sus padres para apoyarlos mientras la situación no se hubiera sanado. Mucho tiempo después volví a esa ciudad, de la que me había ausentado desde hacía años. Volví a ver a mi alumno, ya ccrecido y hecho todo un excelente padre de familia T. M. – Italia La torta Un vecino nuestro se oponía a una remodelación que queríamos hacerle a nuestra casa, con razones objetivamente injustas. Cansado de recibir sus cartas de protesta, mi marido consultó a un abogado, pensando en la posibilidad de hacerle un juicio. Pero luego, hablando del tema juntos, elegimos otro camino, el que nuestro corazón nos sugería, que era intentar construir un puente entre él y nosotros. Preparé una torta, y fuimos a verlo. Él nos dijo: “¿Cómo han sabido que hoy es el cumpleaños de mi hija?”. El choque que preveíamos se transformó en un encuentro. Algunos días después ellos nos devolvieron la visita, y ahora tenemos nuevos amigos. M. – España Una pared entre nosotros Siete años de matrimonio no nos habían llevado a la tan deseada unidad de nuestros corazones. Triste y agobiado, pensaba yo que las causas eran la inmadurez y la incompatibilidad de nuestros caracteres. En ese clima, lo que hacíamos era juzgarnos, y la pared de la incomunicación entre nosotros se hacía cada vez más alta. Además pesaba el sentimiento de culpa por no lograr transmitir a nuestros hijos el amor que un marido y una esposa debían irradiar. Cuando había decidido ya dejar de luchar, la cercanía de unos amigos que viven el Evangelio nos ayudó a derribar ese muro. Por parte de mi señora también llegaban señales que me hacían tener confianza. Aprendimos a acogernos, a pedirnos perdón cuando nos equivocamos, a vernos como un regalo y a considerar los fracasos como una ocasión para volver a empezar y amarnos. Ayudados por la amistad y por las oraciones de los demás, nos dimos cuenta de que Dios nos ama y conduce nuestra familia. L. – Italia

Amar a Jesús en el otro

Amar a Jesús en el otro

«Lo que hayan hecho al más pequeño de mis hermanos, me lo han hecho a mí» (Mt 25,40): esta Palabra expresa de una manera definitiva quién es el hombre y cuál es su realidad. Esta interpretación del hombre es ciertamente un escándalo, no menor que el que Jesús suscitaba declarándose Hijo de Dios. En el nombre de la libertad de cada uno, de su identidad y peculiaridad, el hombre piensa poder cuestionar el hecho que se lo identifique con Jesucristo. El hombre quiere ser amado por sí mismo, por lo que es, no quiere ser degradado a una suerte de máscara de Jesús. Teme que ese mayor amor que él recibe por amor a Jesús sea algo que no lo tiene en cuenta, que le roba el amor que él quiere para sí mismo, y del cual tiene necesidad. Pero el que para amar a Jesús en el otro descuida al otro como persona, descuida también a Jesús. Y el que considera que reconocer la presencia de Jesús en el hombre significa disminuir su realidad, en realidad no ha entendido para nada la presencia de Jesús en el prójimo. Dado que Jesús se identificó con el hombre, Dios mismo, que es Amor, se identificó con él. Pero el amor no es un afirmarse a sí mismo que consume al otro y lo anula, es algo que se dona, y en esa donación ofrece al otro la libertad de poder ser él mismo. Jesús no me deja solo. Él está de mi lado, me acepta así como soy, y lo que me concierne, lo concierne también a él. Yo sigo siendo yo mismo, más aún, paso a ser plenamente yo mismo, justamente porque no me quedo solo. El misterio de Cristo es el misterio de todo hombre. ¿Qué significa para la persona con quien me encuentro y qué significa para mí y para mi vida? Con referencia al otro, significa que no estoy tratando con alguien que simplemente es un eslabón de una cadena, una arandela de un engranaje o un simple número en la gran cantidad de personas existentes. Cada vez que me encuentro con un rostro humano, me encuentro con Dios en su realidad incondicionada, me encuentro con esa voz que por encima de cualquier rostro humano pronuncia una vez más lo que dijo de Jesús en el monte de la Transfiguración: “Éste es mi hijo predilecto!” (Mc 9,7). Sin excepciones. El hombre no puede robarse a sí mismo su última dignidad. Por más que sea un criminal o un malhechor, yo nunca podré considerarlo un caso perdido. En cada uno me encuentro con Cristo, no porque es bueno o porque se lo merezca, y ni siquiera porque accedió a la luz divina en su vida, sino porque Dios lo adoptó de una manera irrevocable como hijo. Por cierto el hombre está sumergido en la vida divina por la gracia de Dios que dejó entrar en él, por la elección de creer personalmente, que se dio mediante el bautismo en el nombre de Jesús. Pertenecer a Jesús no es algo “automático”. Cuando una persona nace, Cristo ya asumió en él su vivir y su morir, su culpa y su extraviarse: todo fue asumido por la vida y la muerte de Cristo, que dio su vida por cada uno. Por ello, en cada prójimo nos encontramos con Jesús. Y nos encontramos con él en un modo particular en los últimos, en quien parece estar más lejos de él, en las personas en las que su rostro parece haberse oscurecido. ¿Cómo es posible? En la cruz, viviendo el abandono de Dios, haciéndose incluso pecado (2 Cor 5,21), Jesús se identificó con lo que está más lejos de Dios, que parece contraponerse más a él. Sólo descubriendo a Cristo en el prójimo y donando a cada uno ese amor humano que se dirige de una manera indivisa a él y al mismo Cristo, todo prójimo podrá descubrir su propia identidad con Jesús, su cercania a él, el estar plenamente asumido por él. (Extraído de: Klaus Hemmerle,“Offene Weltformel”, Neue Stadt, pág. 31-33)

El día nace de la noche

El día nace de la noche

Familias desmembradas, pobreza, inseguridad extrema. Aumentan los precios, falta de alimentos, de transporte público, energía eléctrica y agua corriente. La crisis de todo un país se sintetiza en la oración que se reza antes de la cena, la primera plegaria que Agostino y Marisa recitan en tierra venezolana: “Señor, gracias porque hemos podido encontrar alimento, y lo podemos comer y compartir”. «Teniamos planeado encontrarnos con familias, primero en el Centro Mariápolis cerca de Caracas, luego en Valencia y en Maracaibo. Emeris y Oscar nos acompañaron y nos hicieron partícipes de su vida». Agostino y Marisa, que habían vivido muchos años en Santo Domingo, reviven la experiencia del contacto con la pobreza, vivida por muchos en ese país, y del dolor del desapego de los familiares, obligados a emigrar. La misma experiencia que vivieron miles y miles de italianos, huyendo de la crisis de post-guerra. Se embarcaban con maletas de cartón. «El pueblo venezolano durante décadas acogió a los inmigrantes y ahora está obligado a emigrar. Del bienestar a la inseguridad extrema. Nos dijeron: “Éramos ricos y en la abundancia y no lo sabíamos, ahora todo es precioso”». “La crisis es la bendición más grande para las personas y las naciones, porque las lleva a progresar. La creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura…”. Así decía Albert Einstein, en 1931. «Había que tener agallas para escuchar allí estas palabras», contenidas en un video realizado por Familias Nuevas. Las familias nos pidieron que lo presentáramos al día siguiente también. Nos dijeron: “Habéis estado en Santo Domingo y en Cuba para ayudarnos aquí, hoy”. “Esta crisis económica nos abrió los ojos a las necesidades del prójimo”». En Caracas el programa va adelante «lleno de actividad: charlas personales, almuerzos, cenas con familias. Por turnos habían pedido permisos en los trabajos, y venían a la casa de Emeris e Oscar. Contamos una experiencia que para nosotros había sido fundamental. Teníamos que decidir dónde vivir y teníamos ideas completamente distintas. Entonces, una noche hicimos el pacto de hacer propio, en profundidad, el deseo del otro. Surgió una solución inesperada, que contenía los elementos importantes de ambos, pero era nueva. Un fruto del amor recíproco». Nos refieren: «Muchas familias tienen coche, pero es muy difícil repararlo, ya sea por el costo que tiene el arreglo, como por la falta de obreros especializados, que han emigrado. Un problema grande son los neumáticos. Emeris y Oscar también estaban preocupados por un neumático gastado. Después de algunos días nosotros compramos dos de los cuatro neumáticos, era lo que ahorraríamos de la comida. Los cambiaron, y esto nos permitió viajar». Valencia, a dos horas de Caracas, sufre la falta de agua y hay mucha dificultad con el transporte público. «En un pueblito rural, Guacamaya, nos encontramos con la comunidad que antes estaba en contacto con Ofelia, obligada a partir. Están decididos a encontrar el modo para ir adelante sin tener que dejar el país». Estaban presentes también muchos jóvenes, «como esponjas absorbían cada cosa que se decía». «Después de dos días, el viaje a Maracaibo corría el riesgo de suspenderse por controles y bloqueos. Pero fue todo bien. Sin electricidad todo se hacía difícil: mucho calor, la imposibilidad de encender los acondicionadores, falta de conexión internet, programas que cambiaban. La noche en que debiamos volver a la ciudad nos esperaba una cena con dos familias, pernoctaríamos en casa de otra familia y desayunaríamos en otra, para poder ver a todos sin pesar económicamente sobre nadie. Por la ruta, un bloqueo por manifestantes nos constriñe a volver atrás. La familia que nos recibe nuevamente, como no estaba en su programa que volviéramos, no tenía nada en casa. Con pasta que teníamos nosotros, cocinamos. Una velada hermosa. Increíblemente había corriente eléctrica, lo cual nos permitió descansar a la noche. Al día siguiente, llegando a Maracaibo, supimos que allí no había habido luz y para todos había sido un alivio ese cambio de programa». En su narración, está también este episodio: «La mañana del encuentro con la comunidad el transporte escaseaba y había largas colas para los alimentos. La familia que había organizado todo llegó tras largas peripecias. Su hija les había propuesto que rezaran para encontrar un medio de transporte, y después de poco tiempo un coche se detuvo y les ofreció llevarlos». Esto también es Venezuela hoy.