Movimiento de los Focolares
Focolares “ambulantes”

Focolares “ambulantes”

Focolares ambulantes por el mundo”, los había definido Chiara Lubich. Están formados por jóvenes, adultos, o familias, religiosos o adolescentes. Un proyecto que se repite, gracias a las experiencias positivas y a los frutos que esta original modalidad de encuentro e intercambio está llevado a varias partes del mundo. Un de éstas fue en Maputo, la capital y ciudad más grande de Mozambique, además de ser el puerto de la bahía Delagoa, en la costa del Océano Indico. La ciudad sudafricana, llena de mercados coloridos repletos de gente, muy animada sobre todo en las horas nocturnas, posee una estación ferroviaria proyectada por Gustave Eiffel; allí se “estableció”, del 1º al 30 de agosto, un Focolar “temporáneo” constituido por Antonietta, Giovanni y Perga (de Loppiano), el Padre Rogelio (Religioso de Maputo), el Padre Stefan (de Suiza) y Fátima (del Focolar de Johannesburgo). “A la llegada a Maputo enseguida establecimos entre nosotros un pacto de unidad. En los distintos encuentros que realizamos durante los días siguientes, con las personas del lugar, jóvenes, familias reunidas en las casas junto con sus colegas de trabajo y amigos, religiosos y religiosas, vimos que la luz del carisma de Chiara Lubich entraba en sus corazones, fascinados por el Evangelio que se convierte en vida. Otros lindos momentos de familia fueron los que pasamos con el Arzobispo Padre Francisco Chimoio, quien nos recomendó “que no perdamos nuestra alegría y que la llevemos al mundo”, y con el Nuncio Edgar Pena, quien subrayó la importancia de “sembrar”» Un “tour”, no ciertamente turístico, en el Zimbabue, durante dos semanas del mes de agosto, fue la experiencia vivida por tres focolarinas. «Una experiencia – escribe Cielito de Portugal- que aconsejaría a muchos porque abre el corazón, la mente y el alma a las necesidades de la humanidad. Dos semanas que me parecieron meses, tal fue la intensidad de cada jornada». Después de una breve excursión por Johannesburgo (Sudáfrica), como «primer acercamiento a la pobreza de este continente, pero todavía muy distinto de lo que habríamos visto después», el pequeño grupo se trasladó a Bulawayo, donde fueron huéspedes de una señora que vivía en un barrio de la periferia y compartieron completamente sus condiciones de vida y su pobreza. «Zimbabue- explica- es un pueblo mayormente cristiano y la vida de las personas transcurre en torno a las parroquias, con un fuerte sentido de pertenencia a las mismas. Nuestros amigos del Movimiento habían preparado para nosotros, como programa, un “tour” por las distintas parroquias de la ciudad. Son más de mil las personas con quienes nos encontramos en esos días, muchos de ellos niños y jóvenes, a quienes nos presentamos contando nuestras experiencias basadas en el Evangelio. Partíamos cada mañana confiándonos a María, sin saber con quién nos encontraríamos. Poníamos en la mochila lo que nos parecía que podía ser útil, y nos lanzábamos, confiando únicamente en el Espíritu Santo. Dejando a Dios el “gobierno” de la jornada, asistíamos con asombro a lo que Él actuaba. Encontramos generosidad, prontitud y compromiso, incluso en medio de la pobreza de bienes, y esto fue para nosotros un gran testimonio». «En la segunda semana – concluye- nos trasladamos al interior del país, a una misión (un colegio fundado por los Jesuitas hace 130 años) y desde allí fuimos a una remota aldea rural, para visitar a un grupo de personas que desde hace años vive la Palabra de Vida. Gente muy pobre, pero capaz de dar una acogida exquisita. Su generosidad, su fe sencilla y profunda, y la pureza de su corazón nos conquistaron. En este lugar remoto, en medio de la nada, vimos con nuestros ojos que el carisma de la unidad es verdaderamente universal».

Entre el cielo y la tierra

Entre el cielo y la tierra

© Ave Cerquetti, ‘Crocifissione’ – Lienz (Austria) 1975

«María, a los pies de la cruz, no se desmayó sino que elevando el corazón y la mirada al Padre, le ofreció a aquel Hijo, como prenda del pacto reconstruido y como garantía del cambio realizado, como ofrenda preciosa, hostia inestimable. En el horizonte entre el cielo y la tierra, estuvo entonces cual María de los dolores, la desolada: la mujer que más sufría; pero, no vencida bajo la tragedia y consciente del servicio que había de prestar –la sierva del Señor– a los hijos de Él, estuvo también como sacerdote en el altar, el altar único de la cruz, adorando, para ofrecer así a la justicia eterna a ese Hijo sin mancha, que se inmoló por todos. Su resistencia se mantuvo imperturbable incluso después, cuando los soldados, tras haber desclavado el cadáver del Crucificado, se lo arrojaron a sus brazos y desaparecieron con la multitud, a través de los callejones, en las pequeñas casas adormecidas bajo la oscuridad de la noche. Entre los últimos relampagueos y flores de estrellas, en el silencio yacente sobre la tragedia consumida, Ella estuvo todavía sola, para seguir ofreciendo al Padre a aquel inocente desangrado, el Hijo sin igual, al que estrechaba entre sus brazos recién muerto, así como un día, cuando niño, predilecto de los ángeles, lo había estrechado en Belén, recién nacido. Nacido a la vida en las manos de una virgen, se había alejado de la vida en las manos de una virgen: Virgo altare Christi. Entonces, recién nacido, ahora, apenas muerto era el precio con el que rescataba a todos del dolor, fruto de la culpa del pecado. Es la actitud sublime de la virgen cristiana que, apoyada en Dios, no teme. ¡Cuántas veces la Iglesia perseguida –Cristo desangrado– ha sido recogida en brazos de las vírgenes humildes y fuertes, mientras que la mayoría de las personas alrededor huían o se escondían! Vírgenes, consagradas o no, madres de corazón virginal y pocos hombres, siguiendo el ejemplo de Juan, fueron testigos repetidamente de los renovados estragos del Calvario y mantuvieron vivo en el corazón a Cristo místico. Confiando en Dios, María ofrece el Hijo al Padre, restituyéndolo, para identificarse con Su voluntad. En aquella hora, su frágil cuerpo femenino permanece erguido como un altar, sobre el que se inmola su Hijo, cordero inmaculado, por la salvación de todos. Su fe es la fe del sacerdote que inmola en una hora trágica, la más decisiva de las horas transcurridas en el acontecer del mundo. Cada alma es virgen –enseña san Agustín– puesto que forma parte de la Iglesia que es virgen. Este misterio nos asocia a la desolación de María, al mismo tiempo que nos une a la pasión de Jesús; pasión que virginiza las almas arrepentidas, presentes en la cruz con el corazón de María. María, a los pies de la cruz, ofreciendo el Hijo al Padre, encarna el sacerdocio universal de la Iglesia: realiza el primer gesto de dicho sacerdocio, ese que la Iglesia no deja de repetir. Encarna la Iglesia, y la simboliza, también ella virgen y madre, que prosigue la obra de María, que se une con la de Jesús. Para denotar la belleza y la pureza y, al mismo tiempo, la naturaleza y la misión de la Iglesia, desde el principio se la comparó a María, y se la vio casi como la Virgen Madre esparcida por el universo, para llevar todas las almas a Cristo. Ella repite la belleza única de la virginidad de la Virgen, para recomenzar, sin pau¬sas, la obra redentora de Cristo». Igino Giordani, Maria modello perfetto, Città Nuova, Roma, 2012, pp.139-141

“Los focolares: la espina dorsal de Fontem”

“Los focolares: la espina dorsal de Fontem”

Con una carta dirigida «a la estimada Presidente María Voce», Asabaton Fontem Njifua, la máxima autoridad tradicional del lugar donde está situada una ciudadela de los Focolares (sudoeste de Camerún), escribe: «No tengo nada que decir en particular – se lee en la misiva enviada el 28 de agosto desde el Palais d’Azi – más que expresar mi profunda y sincera gratitud a los miembros de todo el Movimiento de los Focolares y sobre todo a los que trabajan en Fontem». «Ya estás al tanto – escribe dirigiéndose a María Voce – de la crisis sociopolítica que ha afectado a nuestro país, en modo particular a las regiones anglófonas. Fontem es una de las aldeas en las que el impacto de la crisis ha sido y es muy fuerte». Recordando el aplelativo atribuido a Chiara Lubich por su predecesor, en el año 2000, que era “reina enviada por Dios”, el Fon usa palabras amargas para describir la situación actual: «Como seres humanos, hemos intentado de distintas maneras hacer resurgir la paz que existía antes y ayudar a la gente a vivir la vida que Mama Chiara – Mafua Ndem nos enseñó, pero la mayoría, si no la totalidad, de nuestros esfuerzos se revelaron inútiles. Muchos de mi pueblo e incluso miembros del Movimiento han sido víctimas de la crisis. Me viene el pensamiento de que justamente las personas que trajeron a Fontem la vida, la esperanza, el amor, la unidad y la luz de Dios están sometidas ahora a un tratamiento inhumano. Mi corazón llora cuando pienso en los esfuerzos de desarrollo y las infraestructuras construidas por el Movimiento de los Focolares se ha destruido y no podemos hacer casi nada para salvarla. Todo ello y muchas otras cosas me llevan a expresar una profunda gratitud a todos los miembros del Movimiento residentes en Fontem, que han resistido la prueba del tiempo y han permanecido fieles a la causa de la unidad, de la paz y del amor». «En la actual crisis – explica el soberano – miles de personas han escapado de sus casas y han encontrado refugio en el Centro Mariápolis de Fontem. Mi gratitud es aún más grande por el hecho que los focolarinos han decidido quedarse con mi gente, a pesar de que muchos han huido del país. Una recompensa le espera a cada uno de ellos en el Paraíso. En todo esto aprendí una gran lección – indicada con letras mayúsculas por el Fon – la de VIVIR JUNTOS COMO UNA FAMILIA. Ellos son realmente una familia leal. No nos han abandonado y pido que no nos abandonen. El Movimiento de los Focolares es como la espina dorsal de Fontem, sin la cual no somos nada». Tras haber pedido con palabras acongojadas que se rece al Padre por su pueblo, y para que vuelva la paz al Camerún, el Fon concluye: «Nuestro mayor deseo es el de vivir las palabras de Mama Chiara “QUE TODOS SEAN UNO. Acuérdense de nosotros en la oración porque es la única cosa de la que tenemos necesidad ahora. El hombre fracasó, pero Dios no puede fracasar». Leer la carta (en inglés)